¿Elecciones para qué? por Luis DE LION

oficialismo

 

Maduro ha decidido meterle miedo a Venezuela. Grita y se exaspera como si los demócratas estuvieran a las puertas del poder. ¿Es esa una manera de hacer campaña? La crisis en el seno del PSUV y la lista interminable de escándalos de corrupción, han hecho que Maduro y Diosdado, reaccionen de esa manera. No obstante, que siendo minoritaria en aceptación la dictadura chavista de Maduro, sigue atornillada al poder gracias al secuestro de las instituciones y del chorrito petrolero que por nada en el mundo aflojan.

A fin de cuentas es la única y verdadera amenaza que hace temblar a Maduro y sus esbirros, perder las prebendas de la renta petrolera. Pero eso no se va a decidir en las parlamentarias. Un escrutinio que de hacerse bajo las elementales normas de transparencia, sería una contundente y amarga derrota para el gorilazgo en el poder.

Mientras el país se asfixia en su marasmo, hace quince años, la verdad del chavismo, es que se trata de un grupo de potentados y de barones de todo tipo de tráficos, dispendiosos del erario público y de un clientelismo electoral primario que borró del escenario a los propios militantes del PSUV. Un fracaso partidista al que por cierto a Maduro no le temblará el pulso al momento de echarle toda la culpa a Diosdado.

La verdad insoportable, es que desde hace rato, los demócratas debieron salir ganadores en todas las elecciones. Poco importa el país, hay que destruir a esa gente -los ciudadanos-, no es un asunto de ideología.  La táctica, no es nueva y al chavismo le ha funcionado desde casi siempre. Contar con la ayuda culposa de una dirigencia que se empeña en autocalificarse como “democrática” y jugando el juego con la dictadura, jugar con fuego, para salvar uno que otro curul y luego estigmatizar a los ciudadanos.

Pero ese jueguito, visto el estado en que se encuentra el país, no es un asunto de elemental táctica política entre asociados de facto. El declive es total, la parálisis es insostenible, la galopante inflación vuelve arena el poco dinero en los bolsillos de los venezolanos, el sector privado es un espejismo. Pero ésta lista, nada exhaustiva, sería secundaria, si las parlamentarias fueran la ocasión para refundar las derruidas estructuras de nuestro país.

No hay que ser un genio para, constatar que la dictadura no escatima en desviar la atención de los potenciales electores, sobre el verdadero sentido del próximo escrutinio. Rendir cuentas es lo de menos, lo vital es intimidar a la población. Los trapos rojos ya se volvieron una gruesa e impenetrable manta. Una maniobra cuyo precio sabemos que no lo pagarán ni la dictadura, ni sus colaboradores.

@ldelion

luisdelion@gmail.com

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Maduro ha decidido meterle miedo a Venezuela. Grita y se exaspera como si los demócratas estuvieran a las puertas del poder. ¿Es esa una manera de hacer campaña? La crisis en el seno del PSUV y la lista interminable de escándalos de corrupción, han hecho que Maduro y Diosdado, reaccionen de esa manera. No obstante, que siendo minoritaria en aceptación la dictadura chavista de Maduro, sigue atornillada al poder gracias al secuestro de las instituciones y del chorrito petrolero que por nada en el mundo aflojan.

A fin de cuentas es la única y verdadera amenaza que hace temblar a Maduro y sus esbirros, perder las prebendas de la renta petrolera. Pero eso no se va a decidir en las parlamentarias. Un escrutinio que de hacerse bajo las elementales normas de transparencia, sería una contundente y amarga derrota para el gorilazgo en el poder.

Mientras el país se asfixia en su marasmo, hace quince años, la verdad del chavismo, es que se trata de un grupo de potentados y de barones de todo tipo de tráficos, dispendiosos del erario público y de un clientelismo electoral primario que borró del escenario a los propios militantes del PSUV. Un fracaso partidista al que por cierto a Maduro no le temblará el pulso al momento de echarle toda la culpa a Diosdado.

La verdad insoportable, es que desde hace rato, los demócratas debieron salir ganadores en todas las elecciones. Poco importa el país, hay que destruir a esa gente -los ciudadanos-, no es un asunto de ideología.  La táctica, no es nueva y al chavismo le ha funcionado desde casi siempre. Contar con la ayuda culposa de una dirigencia que se empeña en autocalificarse como “democrática” y jugando el juego con la dictadura, jugar con fuego, para salvar uno que otro curul y luego estigmatizar a los ciudadanos.

Pero ese jueguito, visto el estado en que se encuentra el país, no es un asunto de elemental táctica política entre asociados de facto. El declive es total, la parálisis es insostenible, la galopante inflación vuelve arena el poco dinero en los bolsillos de los venezolanos, el sector privado es un espejismo. Pero ésta lista, nada exhaustiva, sería secundaria, si las parlamentarias fueran la ocasión para refundar las derruidas estructuras de nuestro país.

No hay que ser un genio para, constatar que la dictadura no escatima en desviar la atención de los potenciales electores, sobre el verdadero sentido del próximo escrutinio. Rendir cuentas es lo de menos, lo vital es intimidar a la población. Los trapos rojos ya se volvieron una gruesa e impenetrable manta. Una maniobra cuyo precio sabemos que no lo pagarán ni la dictadura, ni sus colaboradores.

@ldelion

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Maduro ha decidido meterle miedo a Venezuela. Grita y se exaspera como si los demócratas estuvieran a las puertas del poder. ¿Es esa una manera de hacer campaña? La crisis en el seno del PSUV y la lista interminable de escándalos de corrupción, han hecho que Maduro y Diosdado, reaccionen de esa manera. No obstante, que siendo minoritaria en aceptación la dictadura chavista de Maduro, sigue atornillada al poder gracias al secuestro de las instituciones y del chorrito petrolero que por nada en el mundo aflojan.

A fin de cuentas es la única y verdadera amenaza que hace temblar a Maduro y sus esbirros, perder las prebendas de la renta petrolera. Pero eso no se va a decidir en las parlamentarias. Un escrutinio que de hacerse bajo las elementales normas de transparencia, sería una contundente y amarga derrota para el gorilazgo en el poder.

Mientras el país se asfixia en su marasmo, hace quince años, la verdad del chavismo, es que se trata de un grupo de potentados y de barones de todo tipo de tráficos, dispendiosos del erario público y de un clientelismo electoral primario que borró del escenario a los propios militantes del PSUV. Un fracaso partidista al que por cierto a Maduro no le temblará el pulso al momento de echarle toda la culpa a Diosdado.

La verdad insoportable, es que desde hace rato, los demócratas debieron salir ganadores en todas las elecciones. Poco importa el país, hay que destruir a esa gente -los ciudadanos-, no es un asunto de ideología.  La táctica, no es nueva y al chavismo le ha funcionado desde casi siempre. Contar con la ayuda culposa de una dirigencia que se empeña en autocalificarse como “democrática” y jugando el juego con la dictadura, jugar con fuego, para salvar uno que otro curul y luego estigmatizar a los ciudadanos.

Pero ese jueguito, visto el estado en que se encuentra el país, no es un asunto de elemental táctica política entre asociados de facto. El declive es total, la parálisis es insostenible, la galopante inflación vuelve arena el poco dinero en los bolsillos de los venezolanos, el sector privado es un espejismo. Pero ésta lista, nada exhaustiva, sería secundaria, si las parlamentarias fueran la ocasión para refundar las derruidas estructuras de nuestro país.

No hay que ser un genio para, constatar que la dictadura no escatima en desviar la atención de los potenciales electores, sobre el verdadero sentido del próximo escrutinio. Rendir cuentas es lo de menos, lo vital es intimidar a la población. Los trapos rojos ya se volvieron una gruesa e impenetrable manta. Una maniobra cuyo precio sabemos que no lo pagarán ni la dictadura, ni sus colaboradores.

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