Es muy común ver a millones de viajeros venezolanos en las calles de Madrid u otras ciudades del mundo gracias a los dólares regalados en el último despilfarro petrolero (unos dÃas en Madrid puede ser muy económico por el control de cambio). Al regresar a Venezuela podemos escucharlos decir con envidia, que caminar por las calles de Madrid o en las Ramblas de Barcelona en la madrugada, luego de una noche de copas no tiene precio, refiriéndose a la seguridad y contraponiéndolo a las noches de terror caraqueñas en las que se muere o es herida una persona cada 30 minutos, como si fuera el lejano Oeste de las pelis.
No imagina el venezolano que la seguridad de esas calles sà tuvo precio. El precio que pagaron generaciones que se inmolaron trabajando para garantizar un mejor porvenir para sus hijos, luego de que el barbarismo de los extremos ideológicos arrasara Europa, como le ocurre hoy a Venezuela. El precio del racionamiento, de la baja ingesta calórica y de las carencias que fortalecieron el carácter europeo, durante otras décadas. Por eso, el español no olvida a Marta del Castillo, está presente en los medios de comunicación y en la memoria de todo español, porque olvidarse de Marta del Castillo, es darle la espalda a su propia seguridad.
Los venezolanos están conmocionados, pero el planeta está espantado. La tragedia de una ex Miss Venezuela que fue asesinada junto a su pareja en una carretera sin luz, sin vigilancia policial y azotada desde hacÃa mas de cuatro años por la banda que dejo huérfana a su pequeña hija que recibió un baño de balas junto a sus padres, tiene al mundo abrumado. Mónica fue una más entre los 176.833 homicidios ocurridos apenas durante el último Gobierno (según cifras oficiales) o 223.441 (según ONG’s), sin contar con los 278.987 heridos de bala que se salvan en los hospitales para alcanzar una barbarie entre 455.820 oficialmente y 502.428 extraoficialmente. A más de medio millón de venezolanos les metieron una bala en el cuerpo en poco más de una década. Nada despreciable si recordamos que “200.000 hombres y mujeres fueron asesinados lejos del frente” durante lo que Paul Preston llamo ‘El Holocausto Español’ de la Guerra Civil (Preston, 2011).
En Venezuela en los últimos cinco años, un millón de chicos entraron al sistema judicial por vivir de su arma, mientras que más de 130.000 ingresaron en los penales por traficar con drogas. Se trata de un drama social tremendo, pues las estadÃsticas bastan para demostrar que la violencia y las drogas son el primer empleador en Venezuela. Y es que en este paÃs las cárceles tienen puerta giratoria, tan brutal que de ese millón de chicos sólo queda adentro el 0,8% y no durante mucho tiempo. No bastando con esto, los encargados de la seguridad nos explican que el 20% de los delitos han sido cometidos por policÃas (YVKE, emisora oficial).
Mientras Venezuela danza con la muerte, una burbuja petrolera impone el dinero fácil como medio de vida en sus calles y las cifras registran más muertos que en la guerra civil de Sierra Leona. Ante la indignación mundial, el Gobierno anuncia un cambio de Gabinete, pero ratifica a los encargados de la seguridad publica y continúa con el plan de meter en prisión a los comerciantes violándoles el debido proceso. Pasados unos dÃas, la mayorÃa de los venezolanos volverán a distraer su atención de la muerte de Mónica porque aún no han entendido la importancia que tiene no olvidar a Marta del Castillo, mientras esperan que las lÃneas aéreas europeas les vuelvan a vender pasajes para 2014, y poder decir que eso de caminar por las Ramblas de Barcelona no tiene precio.
Thays Peñalver es columnista del diario venezolano ‘El Universal’
Publicado en www.elmundo.es




