
James Brabazon se une a un duro policía mientras éste lucha contra una epidemia de secuestro en la capital de Venezuela.
El inspector Héctor Ramírez se acuesta sobre mi colega, el reportero Kiki King. Su Beretta 9mm en la mano, asomado sobre su casco antibalas observa el callejón que está más abajo, mientras nos grita a los demás que nos quedemos agachados lo más pegado al piso posible. Mientras Ramírez pasa sobre mi compañera, levantando un poco la cabeza, otra ráfaga de balas pasa por encima de nuestras cabezas, esta vez utilizaron un silenciador, pero el miedo es el mismo y nos pegamos aún más a la grama en el piso.
Estamos bajo fuego en el amanecer en El Valle, un barrio de Caracas, capital de Venezuela y capital mundial del secuestro. Cada día más de 5 personas son secuestradas para cobrar rescate en Venezuela – una tasa per capita mayor que cualquier otra en el mundo.
Héctor Ramírez es el director de la fuerza élite antisecuestro de la policía. Hemos estado con él durante tres semanas con acceso exclusivo a su unidad, y ahora nos está disparando la banda más notorias de secuestradores de la ciudad.
Liderizada por “El Viejo”, un fugado de la cárcel sentenciado por ser asesino en serie, a quien Ramírez ha estado persiguiendo desde Enero. La banda tomó a su última víctima dos días antes y hay que apurarse para liberarlo antes de que “El Viejo” lo mate.
Con 5 nuevos asesinatos a su nombre en las últimas 5 semanas, “neutralizar a El Viejo” – como se describe la operación – se ha vuelta el objetivo número 1 de Ramírez y su equipo.
Los hombres de Ramírez y los secuestradores han estado intercambiando disparos esporádicamente por 30 minutos. Más abajo donde sigue el barrio, también se oyen disparos y silbidos de celebración y gritos de emoción.
Levanto mi cámara para tratar de filmar tres cuerpos que están siendo arrastrados desde una casa, maltratados y llenos de sangre, los cuales envueltos en sábanas son montados en ambulancias que están a la espera. Los titulares de la prensa y el respiro callado de la población los acompañan.
Miembros de un grupo táctico – y secreto – armados con rifles de asalto y equipos de protección antibalas de la policía observan como la unidad de Ramírez intercambia apretones de manos y abrazos.
Pero los momentos de éxito duran poco, para Ramírez por lo menos. El Viejo recibió un tiro cuando fue alcanzar su arma para disparar contra el equipo que entró para arrestarlo. Dos de los miembros de su banda también murieron, pero también murió la víctima. – Un prestamista clase media de na urbanización del este de Caracas. Este fue ejecutado por ordenes de “El Viejo’ el día anterior.
Hay muchas familias asustadas en Caracas, y muchas lloran a seres queridos. Venezuela tiene estadísticas que no son alentadoras: con 20,000 homicidios aproximado (aunque el gobierno se niega a liberar cifras oficiales), el país compite con media docena de otros lugares desafortunados por el lugar de infamia de ser el número 1 en tasa de homicidios. Según reportes en Venezuela existe un arma de fuego por cada dos ciudadanos, haciendo de Venezuela el país más armamentista del mundo. Y cada año hay al menos 2000 secuestros a lo largo del país.
Nuevamente, la cifra exacta de cuantas personas son secuestradas es desconocida: En un país conocido por la corrupción policial, la mayoría no son reportados y las recompensas son pagadas rápidamente – e ilegalmente – fuera del escrutinio público.
Entre el 2008 y el 2009, El Instituto Nacional de Estadísticas en Venezuela, estimó que hubo unos sorprendentes 16,917 secuestros a nivel nacional. Estos resultados fueron ocultados por el Gobierno, pero no antes de que se colaran a la prensa.
Cualquiera que sea el número real, una cosa es segura, Caracas esta en el medio de la crisis del secuestro. Así sea por algunas horas amarrado en la parte trasera de su propio carro, o el secuestro dure días, semanas o meses en una casa en algún barrio, lo cierto es que docenas de personas son víctimas de esta práctica cada mes.
Casi todas las personas con las que conversamos conocen a alguien que ha sido secuestrado. El miedo generado por esto ha permeado todos los aspectos de la vida de este espacio urbano de la captal caótica y violenta de Venezuela.
Negocios, familias y grupos de amigos tienen fondos destinados a los secuestros. Guardan dinero en efectivo en caso de que sea necesario pagar algún secuestro. Los residentes más ricos están invirtiendo en carros blindados y contratando guardaespaldas. Los de clase media deciden cambiar rutas, dejar las joyas en casa, y no caminar NUNCA a ningún lado.
Ni siquiera la clase trabajadora – bautizada por Chávez como la vanguardia de su revolución – están seguros en sus casas de esta epidemia. Desesperados y sin dinero, solo les queda rogar. Filmamos a un mecánico suplicar por la liberación de su compañero de trabajo, mientras le decía por teléfono al secuestrador que ya había empeñado el collar de su esposa y vendido su moto, y no tenía más nada que dar.
Asesinos en serie convertidos en secuestradores, Como “El Viejo” no son comúnes; Para la mayoría de las bandas el secuestro es un negocio, por eso la mayoría de las víctimas son liberadas, asustados y traumatizados, pero vivos. Sin embargo los tiempos están cambiando: violaciones, asesinatos y los secuestros de niños, antes inexistentes, cada día son más comunes.
La crisis del secuestro en Venezuela comenzó hace diez años, motivado por el crimen organizado colombiano y la liberación, por parte de Chávez, de miles de criminales violentos durante la reforma del código penal.
Exigir recompensas de los ciudadanos adinerados de Venezuela presentaba un riesgo mínimo para las bandas que aparecieron a lo largo del país. El gobierno mostró muy poco interés en la situación de la clase media alta.
Siendo mucho más lucrativo que robar, el secuestro se convirtió en la nueva actividad para hacerse rico en Venezuela, no solo para criminales de poca monta, si no para el crimen organizado también.
Cuando el gobierno se dio por enterado de esta situación, todos eran vulnerables, ya era muy tarde. Con el pago de los rescates las bandas se volvieron más fuertes, y la policía atiborrada de casos, se volvió ineficiente en la materia.
Aquí entra el inspector Héctor Ramírez, una nueva raza de policía. Reclutado por el CID de Venezuela, Ramírez es francotirador, cinta negra en Karate y atleta. El típico policía completo pero con la sumatoria de ser ingeniero de telecomunicaciones y experto de sistemas. Pero a pesar de que confía en su Beretta, es verdaderamente su Blackberry su arma principal en la lucha contra el secuestro que tiene a su ciudad de rehén.
Apodado “El Ingeniero” Ramírez lidera un equipo muy técnico cuyas oficinas parece el set del drama de HBO “The Wire”. Buscando los teléfonos de donde llaman los secuestradores, ubicándolos por medio de triangulación, al igual que utilizando la información para encontrar las guaridas de las bandas, Ramírez comanda una impresionante unidad de inteligencia, que aunque están en desventaja en armas y números, están colaborando a acabar con el secuestro caso por caso.
Sentado en la parte de atrás de su patrulla, sudando de la larga caminata de vuelta al tope del barrio, Ramírez dijo en voz baja “ nos sentimos mal porque lo que temíamos que pasara pasó. El Viejo mató otra víctima. Y aunque haya sido la última y sabemos que la ciudad ahora es más segura sin él. Es triste que mis colegas tengan que decirle a otra familia más que han recuperado el cuerpo de su ser querido”
Fuente: The Independent



