Inside Telecom por Víctor Suárez

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Obama maniata a sus propios espías

Obama corta las alas -y alguna pata- a los halcones que le han embarrado la tarea con el tema del asilado Edward Snowden y la vigilancia sin medida a todo lo que se mueva en Internet.

En un golpe maestro que trata de domeñar la percepción pública negativa, ya asentada tras un par de meses de martilleo incesante, y volverla a su favor, el presidente de Estados Unidos ha resuelto reformar las leyes y procedimientos que han convertido a las agencias de seguridad y de espionaje de su país, las cuales formalmente se encuentran bajo su mando, en un poder omnímodo, dentro y fuera de sus fronteras.

Y de paso deja sin aliento a quienes desde posiciones cínicas critican a EEUU por sus métodos, al tiempo que iguales o peores utilizan sin pudor en sus propios predios. Los espías se pisan las mangueras.

La filtraciones de Snowden y sus derivaciones, descontando los daños colaterales, han proporcionado a Barack Obama la oportunidad de cerrar algunos capítulos pendientes en materia de seguridad nacional, que aún proyectaban la sombra ominosa de la Guerra Fría. Aunque ha dicho que ese percance no es lo más importante (“¿Es Snowden un patriota?, preguntó a los periodistas en su rueda de prensa del viernes en la Casa Blanca. “No lo creo”, se respondió), le dio pié para ponerle la mano en el pecho a Putin, el zar de Rusia, y también a quienes dentro de su propia burocracia consideran que la manera más expedita y barata de dominar al mundo es hacerle creer a la gente común que está siendo controlada constantemente.

Cuatro reformas fundamentales ha anunciado, en el entendido de que su aplicación inmediata incrementará la transparencia y la confianza pública en los programas oficiales de vigilancia llevados adelante por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y otros garitos de la inteligencia gringa.

En el horizonte no se le cruza la idea de cambiar, digamos, un cuerpo denominado Seguridad Nacional por otro llamado Digepol, éste por la Disip, y luego por un Sebin. La CIA se queda como lo que es, el FBI también. Solo que, aparentemente, con mayor control público e institucional.

Las cuatro reformas incluyen:

1.- Cambios en la sección 215 de la Ley Patriota, la más cuestionada por sus alcances y poder ilimitados. Esta sección permite a las agencias de inteligencia recopilar registros telefónicos de todos los clientes de los operadores móviles de Estados Unidos. Obama ofreció una gran revisión, mayor transparencia y mayores restricciones al uso de esas facultades. Sin embargo, no dijo hasta dónde llegaría su brazo constrictor. El Congreso se encargará de reformar la ley.

2.- Reforma de las atribuciones del tribunal de la FISA (Foreign Intelligence Surveillance Court). Esta corte secreta es la que aprueba las solicitudes de la NSA y otras agencias sobre vigilancia en Internet y del tráfico telefónico mundial. Obama admitió que esta instancia sólo escucha a un lado de la historia, el del gobierno. Se espera que en los próximos días, podría ser la semana entrante, la Casa Blanca libere una sentencia que declara inconstitucionales algunas formas de espionaje, en respuesta a una demanda de la Electronic Frontier Foundation que llevaba un par de años en gaveta.

3.- Así como los periódicos tienen un Defensor del Lector, los ayuntamientos un Defensor del Pueblo y los presos comunes un Defensor Público, la NSA tendrá un “Defensor del Espiado”. Las agencias ficharán a un oficial a tiempo completo que se encargará de procurar que se respeten los derechos a la privacidad y que se garanticen los derechos civiles. Obama dijo que estaban preparando una página web en la que el público podrá apreciar, y criticar, las actividades en las que las agencias de seguridad estuvieran involucradas. Será una especie de página de la contrainteligencia popular.

4.- Antes de presentarse en la sala de conferencias de la Casa Blanca, entre lunes y jueves, Obama se había reunido con dirigentes connotados de la industria de las TIC, con oficiales de inteligencia y del Congreso. Una vez cernidas las opiniones, sorprendió a los reporteros al decirles que estaba creando un comité consultor independiente, formado por expertos, con el fin de que revisen detenidamente las actividades de vigilancia actualmente en vigor, y que dentro de 60 días publiquen un informe preliminar y que antes de fin de año presenten un informe final con sus conclusiones sobre qué hacer. Sin embargo, no fue explícito en cuanto a declarar vinculantes o no las observaciones del comité en ciernes. Tampoco mencionó candidatos.

 

HALCONES CANDIDOS

Mientras tanto, Nueva York se había convertido esta semana en centro de sesiones de las macollas más selectas de la inteligencia digital  mundial, con motivo con la anual Conferencia Internacional de Ciberseguridad, donde uno de los ponentes fue precisamente el hombre que más ojos tiene puestos encima, el general Keith Alexander, el jefe de la agencia de espionaje (NSA) encargada del monitoreo de las comunicaciones electrónicas en el extranjero. Ya estaba en autos de lo que Obama expondría el viernes en la Casa Blanca.

Alexander es el comandante supremo, de verdad, no de un Cuartel de la Montaña anclado en una planicie rodeado de chabolas, sino el responsable de planificar, ejecutar y administrar las fuerzas de defensa ante ataques a las redes de computación del departamento (ministerio) de Defensa de Estados Unidos.

Pero, ante la comunidad más exquisita de la inteligencia mundial (a la conferencia asistieron delegados de 30 países), el general parecía herido, con ganas de vender el sofá. “Eliminaremos cerca del 90 por ciento de los administradores de sistemas (de la NSA), con el fin de reducir el número de personas con acceso a información secreta”, anunció. Pero es que Snowden no era funcionario ni de la CIA ni la NSA. Si, pero las filtraciones o el peligro de filtraciones hay que reducirlos. Alexander espera que muchas de las tareas que actualmente se realizan bajo supervisión humana podrían ser automatizadas y, a la vez, invisibilizadas. Según cálculos, los 1.000 administradores IT de la NSA quedarían reducidos a 100. Muchas de esas tareas, ciertamente, también recaen en empresas contratistas, una de ellas la que tenía a Snowden en su plantel. “Utilizando tecnologías que automaticen mucho el trabajo que hoy ejecutan empleados y contratistas, podríamos lograr que las redes de la NSA sean más seguras”, dijo. “Para remediar las vulnerabilidades, debemos empujar más”, reconoció el general.

Sin embargo, la NSA y la misma Casa Blanca consideran que el monto de los datos que pasan por sus anteojos no son tantos como los pintan. En la conferencia internacional de ciberseguridad circuló un par de memorándum de la agencia madre sobre el alcance de sus actividades de monitoreo de la metadata de las llamadas telefónicas y de la navegación en Internet de los ciudadanos nacionales y extranjeros. Según la NSA sus actividades son más limitadas de lo que se cree. Más tarde, poco después de la conferencia de prensa de Obama, ambos documentos fueron liberados al público.

Sorpresa cándida. La agencia “toca” apenas 1.6 por ciento de los estimados 1.826 petabytes de información extranjera que fluye a través de los servidores cada día. De ese 1.6% de tráfico monitoreado, la NSA dice que selecciona 0.025% para su revisión. Sin embargo, del 1,6% de los datos, sólo 0,025% se selecciona realmente para su revisión. El efecto neto es que los analistas de la NSA dicen que solo miran 0,00004% del tráfico mundial en la realización de su misión, lo cual es menos de una parte en un millón.

Miren esta declaración textual: “Si una cancha estándar de baloncesto representara el entorno mundial de las comunicaciones, la recaudación total de la NSA estaría representada por un área más pequeña que una moneda de diez centavos en medio de la extensión total de la cancha”.

¿Es una minucia este 1.6%. Un petabyte equivale a 1.024 terabytes o sea  entre 2.000 y 3.000 disco duro de un laptop promedio. Es decir, la carga revisada al día es semejante a 2 millones y cuartos de discos duros.

 

¿NADA QUE TEMER?

Obama ciertamente cree, con su última acción, haber neutralizado a los influyentes grupos internos que luchan a favor de maniatar a las agencias de espionaje (replican sin embargo con que lo anunciado es apenas un primer paso), sin abrir nuevos frentes de preocupación en esa inmensa e inquieta población, propia y extraña, que se sentiría mucho más vulnerable ante el terrorismo internacional si las barreras defensivas fueran abatidas más de la cuenta. “Quiero ser claro con todo el mundo: EEUU no está interesado en espiar a la gente común y corriente”, dijo Obama en la conferencia de prensa. “Nuestra inteligencia está enfocada ante todo en conseguir la información que sea necesaria para proteger a nuestro pueblo, y, en muchos casos, proteger a nuestros aliados”.

 

 

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Obama maniata a sus propios espías

Obama corta las alas -y alguna pata- a los halcones que le han embarrado la tarea con el tema del asilado Edward Snowden y la vigilancia sin medida a todo lo que se mueva en Internet.

En un golpe maestro que trata de domeñar la percepción pública negativa, ya asentada tras un par de meses de martilleo incesante, y volverla a su favor, el presidente de Estados Unidos ha resuelto reformar las leyes y procedimientos que han convertido a las agencias de seguridad y de espionaje de su país, las cuales formalmente se encuentran bajo su mando, en un poder omnímodo, dentro y fuera de sus fronteras.

Y de paso deja sin aliento a quienes desde posiciones cínicas critican a EEUU por sus métodos, al tiempo que iguales o peores utilizan sin pudor en sus propios predios. Los espías se pisan las mangueras.

La filtraciones de Snowden y sus derivaciones, descontando los daños colaterales, han proporcionado a Barack Obama la oportunidad de cerrar algunos capítulos pendientes en materia de seguridad nacional, que aún proyectaban la sombra ominosa de la Guerra Fría. Aunque ha dicho que ese percance no es lo más importante (“¿Es Snowden un patriota?, preguntó a los periodistas en su rueda de prensa del viernes en la Casa Blanca. “No lo creo”, se respondió), le dio pié para ponerle la mano en el pecho a Putin, el zar de Rusia, y también a quienes dentro de su propia burocracia consideran que la manera más expedita y barata de dominar al mundo es hacerle creer a la gente común que está siendo controlada constantemente.

Cuatro reformas fundamentales ha anunciado, en el entendido de que su aplicación inmediata incrementará la transparencia y la confianza pública en los programas oficiales de vigilancia llevados adelante por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y otros garitos de la inteligencia gringa.

En el horizonte no se le cruza la idea de cambiar, digamos, un cuerpo denominado Seguridad Nacional por otro llamado Digepol, éste por la Disip, y luego por un Sebin. La CIA se queda como lo que es, el FBI también. Solo que, aparentemente, con mayor control público e institucional.

Las cuatro reformas incluyen:

1.- Cambios en la sección 215 de la Ley Patriota, la más cuestionada por sus alcances y poder ilimitados. Esta sección permite a las agencias de inteligencia recopilar registros telefónicos de todos los clientes de los operadores móviles de Estados Unidos. Obama ofreció una gran revisión, mayor transparencia y mayores restricciones al uso de esas facultades. Sin embargo, no dijo hasta dónde llegaría su brazo constrictor. El Congreso se encargará de reformar la ley.

2.- Reforma de las atribuciones del tribunal de la FISA (Foreign Intelligence Surveillance Court). Esta corte secreta es la que aprueba las solicitudes de la NSA y otras agencias sobre vigilancia en Internet y del tráfico telefónico mundial. Obama admitió que esta instancia sólo escucha a un lado de la historia, el del gobierno. Se espera que en los próximos días, podría ser la semana entrante, la Casa Blanca libere una sentencia que declara inconstitucionales algunas formas de espionaje, en respuesta a una demanda de la Electronic Frontier Foundation que llevaba un par de años en gaveta.

3.- Así como los periódicos tienen un Defensor del Lector, los ayuntamientos un Defensor del Pueblo y los presos comunes un Defensor Público, la NSA tendrá un “Defensor del Espiado”. Las agencias ficharán a un oficial a tiempo completo que se encargará de procurar que se respeten los derechos a la privacidad y que se garanticen los derechos civiles. Obama dijo que estaban preparando una página web en la que el público podrá apreciar, y criticar, las actividades en las que las agencias de seguridad estuvieran involucradas. Será una especie de página de la contrainteligencia popular.

4.- Antes de presentarse en la sala de conferencias de la Casa Blanca, entre lunes y jueves, Obama se había reunido con dirigentes connotados de la industria de las TIC, con oficiales de inteligencia y del Congreso. Una vez cernidas las opiniones, sorprendió a los reporteros al decirles que estaba creando un comité consultor independiente, formado por expertos, con el fin de que revisen detenidamente las actividades de vigilancia actualmente en vigor, y que dentro de 60 días publiquen un informe preliminar y que antes de fin de año presenten un informe final con sus conclusiones sobre qué hacer. Sin embargo, no fue explícito en cuanto a declarar vinculantes o no las observaciones del comité en ciernes. Tampoco mencionó candidatos.

 

HALCONES CANDIDOS

Mientras tanto, Nueva York se había convertido esta semana en centro de sesiones de las macollas más selectas de la inteligencia digital  mundial, con motivo con la anual Conferencia Internacional de Ciberseguridad, donde uno de los ponentes fue precisamente el hombre que más ojos tiene puestos encima, el general Keith Alexander, el jefe de la agencia de espionaje (NSA) encargada del monitoreo de las comunicaciones electrónicas en el extranjero. Ya estaba en autos de lo que Obama expondría el viernes en la Casa Blanca.

Alexander es el comandante supremo, de verdad, no de un Cuartel de la Montaña anclado en una planicie rodeado de chabolas, sino el responsable de planificar, ejecutar y administrar las fuerzas de defensa ante ataques a las redes de computación del departamento (ministerio) de Defensa de Estados Unidos.

Pero, ante la comunidad más exquisita de la inteligencia mundial (a la conferencia asistieron delegados de 30 países), el general parecía herido, con ganas de vender el sofá. “Eliminaremos cerca del 90 por ciento de los administradores de sistemas (de la NSA), con el fin de reducir el número de personas con acceso a información secreta”, anunció. Pero es que Snowden no era funcionario ni de la CIA ni la NSA. Si, pero las filtraciones o el peligro de filtraciones hay que reducirlos. Alexander espera que muchas de las tareas que actualmente se realizan bajo supervisión humana podrían ser automatizadas y, a la vez, invisibilizadas. Según cálculos, los 1.000 administradores IT de la NSA quedarían reducidos a 100. Muchas de esas tareas, ciertamente, también recaen en empresas contratistas, una de ellas la que tenía a Snowden en su plantel. “Utilizando tecnologías que automaticen mucho el trabajo que hoy ejecutan empleados y contratistas, podríamos lograr que las redes de la NSA sean más seguras”, dijo. “Para remediar las vulnerabilidades, debemos empujar más”, reconoció el general.

Sin embargo, la NSA y la misma Casa Blanca consideran que el monto de los datos que pasan por sus anteojos no son tantos como los pintan. En la conferencia internacional de ciberseguridad circuló un par de memorándum de la agencia madre sobre el alcance de sus actividades de monitoreo de la metadata de las llamadas telefónicas y de la navegación en Internet de los ciudadanos nacionales y extranjeros. Según la NSA sus actividades son más limitadas de lo que se cree. Más tarde, poco después de la conferencia de prensa de Obama, ambos documentos fueron liberados al público.

Sorpresa cándida. La agencia “toca” apenas 1.6 por ciento de los estimados 1.826 petabytes de información extranjera que fluye a través de los servidores cada día. De ese 1.6% de tráfico monitoreado, la NSA dice que selecciona 0.025% para su revisión. Sin embargo, del 1,6% de los datos, sólo 0,025% se selecciona realmente para su revisión. El efecto neto es que los analistas de la NSA dicen que solo miran 0,00004% del tráfico mundial en la realización de su misión, lo cual es menos de una parte en un millón.

Miren esta declaración textual: “Si una cancha estándar de baloncesto representara el entorno mundial de las comunicaciones, la recaudación total de la NSA estaría representada por un área más pequeña que una moneda de diez centavos en medio de la extensión total de la cancha”.

¿Es una minucia este 1.6%. Un petabyte equivale a 1.024 terabytes o sea  entre 2.000 y 3.000 disco duro de un laptop promedio. Es decir, la carga revisada al día es semejante a 2 millones y cuartos de discos duros.

 

¿NADA QUE TEMER?

Obama ciertamente cree, con su última acción, haber neutralizado a los influyentes grupos internos que luchan a favor de maniatar a las agencias de espionaje (replican sin embargo con que lo anunciado es apenas un primer paso), sin abrir nuevos frentes de preocupación en esa inmensa e inquieta población, propia y extraña, que se sentiría mucho más vulnerable ante el terrorismo internacional si las barreras defensivas fueran abatidas más de la cuenta. “Quiero ser claro con todo el mundo: EEUU no está interesado en espiar a la gente común y corriente”, dijo Obama en la conferencia de prensa. “Nuestra inteligencia está enfocada ante todo en conseguir la información que sea necesaria para proteger a nuestro pueblo, y, en muchos casos, proteger a nuestros aliados”.

 

 

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