Maduro promete una “marea roja” para frenar el repunte de Capriles por Daniel Lozano de La Nación de Argentina

Nicolás Maduro comienza a sentir el aliento de Henrique Capriles en su nuca política, gracias a tres días triunfales para la oposición.

Todas las encuestas reflejaban la semana pasada una cómoda ventaja oficialista de 10 a 20 puntos porcentuales, sustentada en el huracán emocional que despertó tras la muerte del líder revolucionario Hugo Chávez. Hoy esa ventaja se redujo.

Según dos encuestas y un tracking (medición diaria a través de llamadas telefónicas) a los que tuvo acceso LA NACION, Maduro mantendría una ventaja de alrededor de 8% frente a Capriles, quien podría incluso superar el techo de 6,5 millones de votos alcanzados el 7 de octubre pasado.

La ola de fervor popular que acompaña al líder opositor entusiasma a la oposición y genera cierto nerviosismo en las filas gubernamentales. “La oposición ha sido mucho más eficiente en su campaña, aunque partía de una situación demoledora”, considera Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis.

La hoja de ruta chavista pretendía consolidar su ventaja en la campaña más corta y desequilibrada de la historia de Venezuela.

Los fondos del Estado cubrían las promesas de Maduro y el aparato mediático chavista repetía una y otra vez mensajes de Chávez para favorecer a su heredero. Mientras, la maquinaria electoral del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) afilaba sus garras para celebrar una nueva victoria. En el último triunfo de Chávez, la Operación Remate aportó, el fin de semana electoral, un millón de votos a la causa revolucionaria, rompiendo las estimaciones que vaticinaban un resultado mucho más estrecho que los 10,7 puntos que separaron finalmente a ambos candidatos.

La campaña actual no prometía grandes emociones hasta que, de repente, cantó un “pajarito chiquitico”. Las visiones de Maduro, sus excesos espirituales y sus diversos errores comenzaron a desnudar a un candidato endeble.

En paralelo, Capriles despegaba. A la ofensiva, sin la inocencia de meses atrás, con mensajes y denuncias contundentes, pero manteniendo la apuesta por la reconciliación, el candidato transformado en líder opositor dejó en claro que él no es “el mismo del 7 de octubre”. “Toleré mucho abuso, yo voy a defender todos los votos del pueblo, de nuestra Venezuela. Si creen que somos pendejos, se quedarán con las ganas”, dijo.

 

 

Fue una actriz, querida por los venezolanos, la que dio señales de que algo estaba cambiando. “Nicolás no es Chávez, pero Capriles tampoco es CAP [Carlos Andrés Pérez] ni Caldera. La Venezuela que ofrece Capriles se parece a la que yo quiero para mi familia”, sostuvo Gledys Ibarra en el acto de apoyo del mundo de la cultura al abanderado opositor.

La protagonista de Por estas calles , la telenovela escrita por Ibsen Martínez que en los 90 hipnotizó a los venezolanos por sus denuncias sociales y políticas, sorprendió a una parte del país que no suele acceder a los enunciados opositores.

Las palabras de Ibarra, sumadas a la denuncia de la muy popular actriz Norkis Batista (prohibieron la representación de su obra Orgasmos en un hotel de Venetur como represalia política) y a las ironías de varios humoristas famosos, iniciaron el punto de inflexión en la campaña.

El mitin histórico del sábado en San Cristóbal [“Jamás se había visto nada parecido en Táchira, incluso nos sorprendió a nosotros”, reconoció uno de los colaboradores de Capriles a LA NACION] y la marcha Caracas Heroica del domingo en la avenida Bolívar, rebautizada “el caprilazo”, reunieron a más de un millón de personas en reclamo de un cambio.

“Maduro sacará todas las cartas mágicas para repotenciarse en fase final. Aumento de salario y mercenarios salvadoreños vienen en ese combo”, vaticinó ayer León. Dicho y hecho. El oficialismo contraatacó con nuevas denuncias de increíbles conspiraciones, dirigidas a su público más fanático, y convocando una concentración no programada de empleados públicos. Ante ellos, Maduro prometió aumentar el salario mínimo entre 38% y 45%.

El gobierno lanzará el resto con la concentración de hoy en Caracas, en la que pretenden llenar siete céntricas avenidas. Cientos de ómnibus, financiados con fondos públicos y llegados desde todo el país, colapsarán la capital. La “marea roja” chavista contará con un invitado de lujo: Diego Maradona.

“Yo le voy a meter no menos de 15 puntos de diferencia. Cuidado si llego a 20. Lo que te espera es un nocaut”, arengó Maduro, que aprovecha cada mitin para ofrecer una lluvia de millones. En Vargas: un hospital, 10.109 viviendas, 100 millones para un estadio y un teleférico. Promesas que llegaron minutos después de ponerse un sombrero con un pajarito pegado en la copa. Un nuevo guiño a lo que el presidente encargado define como su “espiritualidad”.

 

Fuente: La Nación (Argentina)

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Nicolás Maduro comienza a sentir el aliento de Henrique Capriles en su nuca política, gracias a tres días triunfales para la oposición.

Todas las encuestas reflejaban la semana pasada una cómoda ventaja oficialista de 10 a 20 puntos porcentuales, sustentada en el huracán emocional que despertó tras la muerte del líder revolucionario Hugo Chávez. Hoy esa ventaja se redujo.

Según dos encuestas y un tracking (medición diaria a través de llamadas telefónicas) a los que tuvo acceso LA NACION, Maduro mantendría una ventaja de alrededor de 8% frente a Capriles, quien podría incluso superar el techo de 6,5 millones de votos alcanzados el 7 de octubre pasado.

La ola de fervor popular que acompaña al líder opositor entusiasma a la oposición y genera cierto nerviosismo en las filas gubernamentales. “La oposición ha sido mucho más eficiente en su campaña, aunque partía de una situación demoledora”, considera Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis.

La hoja de ruta chavista pretendía consolidar su ventaja en la campaña más corta y desequilibrada de la historia de Venezuela.

Los fondos del Estado cubrían las promesas de Maduro y el aparato mediático chavista repetía una y otra vez mensajes de Chávez para favorecer a su heredero. Mientras, la maquinaria electoral del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) afilaba sus garras para celebrar una nueva victoria. En el último triunfo de Chávez, la Operación Remate aportó, el fin de semana electoral, un millón de votos a la causa revolucionaria, rompiendo las estimaciones que vaticinaban un resultado mucho más estrecho que los 10,7 puntos que separaron finalmente a ambos candidatos.

La campaña actual no prometía grandes emociones hasta que, de repente, cantó un “pajarito chiquitico”. Las visiones de Maduro, sus excesos espirituales y sus diversos errores comenzaron a desnudar a un candidato endeble.

En paralelo, Capriles despegaba. A la ofensiva, sin la inocencia de meses atrás, con mensajes y denuncias contundentes, pero manteniendo la apuesta por la reconciliación, el candidato transformado en líder opositor dejó en claro que él no es “el mismo del 7 de octubre”. “Toleré mucho abuso, yo voy a defender todos los votos del pueblo, de nuestra Venezuela. Si creen que somos pendejos, se quedarán con las ganas”, dijo.

 

 

Fue una actriz, querida por los venezolanos, la que dio señales de que algo estaba cambiando. “Nicolás no es Chávez, pero Capriles tampoco es CAP [Carlos Andrés Pérez] ni Caldera. La Venezuela que ofrece Capriles se parece a la que yo quiero para mi familia”, sostuvo Gledys Ibarra en el acto de apoyo del mundo de la cultura al abanderado opositor.

La protagonista de Por estas calles , la telenovela escrita por Ibsen Martínez que en los 90 hipnotizó a los venezolanos por sus denuncias sociales y políticas, sorprendió a una parte del país que no suele acceder a los enunciados opositores.

Las palabras de Ibarra, sumadas a la denuncia de la muy popular actriz Norkis Batista (prohibieron la representación de su obra Orgasmos en un hotel de Venetur como represalia política) y a las ironías de varios humoristas famosos, iniciaron el punto de inflexión en la campaña.

El mitin histórico del sábado en San Cristóbal [“Jamás se había visto nada parecido en Táchira, incluso nos sorprendió a nosotros”, reconoció uno de los colaboradores de Capriles a LA NACION] y la marcha Caracas Heroica del domingo en la avenida Bolívar, rebautizada “el caprilazo”, reunieron a más de un millón de personas en reclamo de un cambio.

“Maduro sacará todas las cartas mágicas para repotenciarse en fase final. Aumento de salario y mercenarios salvadoreños vienen en ese combo”, vaticinó ayer León. Dicho y hecho. El oficialismo contraatacó con nuevas denuncias de increíbles conspiraciones, dirigidas a su público más fanático, y convocando una concentración no programada de empleados públicos. Ante ellos, Maduro prometió aumentar el salario mínimo entre 38% y 45%.

El gobierno lanzará el resto con la concentración de hoy en Caracas, en la que pretenden llenar siete céntricas avenidas. Cientos de ómnibus, financiados con fondos públicos y llegados desde todo el país, colapsarán la capital. La “marea roja” chavista contará con un invitado de lujo: Diego Maradona.

“Yo le voy a meter no menos de 15 puntos de diferencia. Cuidado si llego a 20. Lo que te espera es un nocaut”, arengó Maduro, que aprovecha cada mitin para ofrecer una lluvia de millones. En Vargas: un hospital, 10.109 viviendas, 100 millones para un estadio y un teleférico. Promesas que llegaron minutos después de ponerse un sombrero con un pajarito pegado en la copa. Un nuevo guiño a lo que el presidente encargado define como su “espiritualidad”.

 

Fuente: La Nación (Argentina)

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