Presidentes que pierden elecciones de medio término tienden a blindar su política internacional  

Diversas estrategias políticas y legislativas para sobrevivir los dos años restantes de su mandato ha aplicado un presidente de Estados Unidos en el pasado cuando pierde las elecciones de medio término en ambas cámaras, tal y como ocurrió recientemente con Donald Trump, según las proyecciones divulgadas.

De acuerdo con estadísticas divulgadas por medios locales, perder las elecciones de medio término es una regularidad en la política estadounidense. En el 90% de los comicios intermedios de los últimos 80 años, el partido del presidente en funciones ha perdido escaños en el Congreso.

Cuando esto ocurre, los presidentes suelen volcar su atención hacia la política exterior, un área donde la Constitución estadounidense les otorga amplios poderes ejecutivos sin necesidad de constante aprobación parlamentaria.   

Al no contar con el apoyo del Congreso para aprobar nuevas leyes, los mandatarios recurren con mayor frecuencia al uso de órdenes ejecutivas y acciones unilaterales.  

Desde el año 1974 hasta el presente, solo el republicano George W. Bush triunfó en las elecciones de medio término de 2002, un año después de la caída de las Torres Gemelas. Pero incluso en su segundo mandato en 2006 y tras perder la mayoría en ambas cámaras tomó una fuerte decisión al día siguiente: aceptó la responsabilidad del descontento ciudadano (principalmente por la guerra contra Irak) y forzó la dimisión de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, para abrir una nueva etapa de negociación con la mayoría demócrata liderada por Nancy Pelosi.

 

Moderación de discursos y buscar puntos de encuentro

Históricamente, algunos presidentes han optado por moderar su discurso y buscar puntos de encuentro con la nueva mayoría opositora para mantener la gobernabilidad.  

El ejemplo más famoso de este tipo de reajustes es el de Bill Clinton después de que ocurriera la “Revolución Republicana” de 1994, quien adoptó una estrategia llamada “triangulación”, y adoptó algunas propuestas populares de sus opositores.    

De manera similar, Ronald Reagan en 1986 y George W. Bush en 2006 tuvieron que negociar presupuestos y leyes específicas con ingresos controlados por el partido contrario. 

Obama también cedió

La pérdida de la Cámara de Representantes significa que la oposición pasa a presidir todos los comités de investigación. Los presidentes y sus gabinetes deben prepararse para un fuerte escrutinio parlamentario.

Barack Obama, tras sufrir lo que él mismo llamó una “paliza” en las elecciones de medio término de 2010, -perdió 63 escaños en la Cámara en 2010- reformuló su discurso enfocándose en proteger a la clase media frente a los excesos de la nueva mayoría republicana.

Obama admitió públicamente que el resultado demostraba la frustración de la gente con el ritmo de la recuperación económica, lo que lo obligó a negociar con los republicanos en los años siguientes medidas fiscales y de presupuesto.

Un panorama similar al que enfrenta Donald Trump tras los resultados de las elecciones intermedias de noviembre de 2026, en el que podría esperarse que se centre de inmediato en blindar el frente político interno de cara al cierre de su administración o los siguientes desafíos electorales.

¿Qué hizo el propio Trump en 2018?

En las elecciones intermedias de 2018, durante su primer mandato, el Partido Republicano perdió 41 escaños y el control de la Cámara de Representantes. La estrategia de Donald Trump ante esta derrota se diferenció de la de sus predecesores en varios puntos clave. En lugar de admitir el revés, minimizó la derrota y proclamó una victoria parcial. Trump celebró en sus redes sociales y en ruedas de prensa lo que consideró un “tremendo éxito”. Argumentó que el golpe se contuvo gracias a que los republicanos lograron expandir ligeramente su mayoría en el Senado, salvando escaños clave en estados conservadores.

La pérdida de la Cámara de Representantes marcó el fin de sus grandes reformas legislativas unilaterales. En lugar de virar hacia el centro, Trump mantuvo una postura de confrontación con la nueva mayoría demócrata. Esto escaló rápidamente en disputas presupuestarias profundas (provocando el cierre de gobierno más largo de la historia de EE. UU. por el financiamiento del muro fronterizo) y abrió el camino para que los demócratas iniciaran investigaciones legislativas, que derivaron en su primer proceso de impeachment en 2019.

En lo que respecta a la política exterior, vía ejecutiva y haciendo uso de sus facultades constitucionales, Trump decidió avanzar en su agenda sin necesidad de aprobación legislativa, compensando la parálisis en el Congreso doméstico. Fue así como Trump redobló la presión comercial sobre Pekín y en 2019 elevó progresivamente los aranceles del 10% al 25% sobre productos chinos valorados en 200 000 millones de dólares. También, puso marcha un veto tecnológico masivo contra la firma de telecomunicaciones Huawei.

Días después de las elecciones de medio término de 2018, la Casa Blanca reimpuso formalmente todas las sanciones bancarias y petroleras contra Teherán. En abril de 2019, Trump dio el paso inédito de designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) como una Organización Terrorista Extranjera.

En América Latina, la administración Trump ejecutó un giro directo al reconocer oficialmente a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y acompañó este reconocimiento con la imposición de sanciones contra Pdvsa. El Departamento del Tesoro, bajo la Orden Ejecutiva 13850, incluyó formalmente a Pdvsa en la “lista negra” de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Esto congeló de inmediato todos los activos y propiedades de la estatal petrolera bajo jurisdicción estadounidense (unos 7000 millones de dólares, incluyendo su filial Citgo).

En el mismo sentido, endureció sustancialmente el lenguaje contra el gobierno de Nicolás Maduro, asomando que “todas las opciones estaban sobre la mesa” para presionar un retorno a la democracia en Venezuela. Un año después, se presentó una acusación formal contra Nicolás Maduro tras alegar que operaba como líder del Cártel de los Soles —un sistema de redes de corrupción y narcotráfico incrustado en altos mandos militares y funcionarios venezolanos— en presunta conspiración con las FARC para “inundar de cocaína” a Estados Unidos.

Entonces, se fijó una recompensa inicial de 15 millones de dólares por información que condujera a su arresto o condena. También se incluyeron montos por otras figuras clave como Diosdado Cabello.
.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país 

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Diversas estrategias políticas y legislativas para sobrevivir los dos años restantes de su mandato ha aplicado un presidente de Estados Unidos en el pasado cuando pierde las elecciones de medio término en ambas cámaras, tal y como ocurrió recientemente con Donald Trump, según las proyecciones divulgadas.

De acuerdo con estadísticas divulgadas por medios locales, perder las elecciones de medio término es una regularidad en la política estadounidense. En el 90% de los comicios intermedios de los últimos 80 años, el partido del presidente en funciones ha perdido escaños en el Congreso.

Cuando esto ocurre, los presidentes suelen volcar su atención hacia la política exterior, un área donde la Constitución estadounidense les otorga amplios poderes ejecutivos sin necesidad de constante aprobación parlamentaria.   

Al no contar con el apoyo del Congreso para aprobar nuevas leyes, los mandatarios recurren con mayor frecuencia al uso de órdenes ejecutivas y acciones unilaterales.  

Desde el año 1974 hasta el presente, solo el republicano George W. Bush triunfó en las elecciones de medio término de 2002, un año después de la caída de las Torres Gemelas. Pero incluso en su segundo mandato en 2006 y tras perder la mayoría en ambas cámaras tomó una fuerte decisión al día siguiente: aceptó la responsabilidad del descontento ciudadano (principalmente por la guerra contra Irak) y forzó la dimisión de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, para abrir una nueva etapa de negociación con la mayoría demócrata liderada por Nancy Pelosi.

 

Moderación de discursos y buscar puntos de encuentro

Históricamente, algunos presidentes han optado por moderar su discurso y buscar puntos de encuentro con la nueva mayoría opositora para mantener la gobernabilidad.  

El ejemplo más famoso de este tipo de reajustes es el de Bill Clinton después de que ocurriera la “Revolución Republicana” de 1994, quien adoptó una estrategia llamada “triangulación”, y adoptó algunas propuestas populares de sus opositores.    

De manera similar, Ronald Reagan en 1986 y George W. Bush en 2006 tuvieron que negociar presupuestos y leyes específicas con ingresos controlados por el partido contrario. 

Obama también cedió

La pérdida de la Cámara de Representantes significa que la oposición pasa a presidir todos los comités de investigación. Los presidentes y sus gabinetes deben prepararse para un fuerte escrutinio parlamentario.

Barack Obama, tras sufrir lo que él mismo llamó una “paliza” en las elecciones de medio término de 2010, -perdió 63 escaños en la Cámara en 2010- reformuló su discurso enfocándose en proteger a la clase media frente a los excesos de la nueva mayoría republicana.

Obama admitió públicamente que el resultado demostraba la frustración de la gente con el ritmo de la recuperación económica, lo que lo obligó a negociar con los republicanos en los años siguientes medidas fiscales y de presupuesto.

Un panorama similar al que enfrenta Donald Trump tras los resultados de las elecciones intermedias de noviembre de 2026, en el que podría esperarse que se centre de inmediato en blindar el frente político interno de cara al cierre de su administración o los siguientes desafíos electorales.

¿Qué hizo el propio Trump en 2018?

En las elecciones intermedias de 2018, durante su primer mandato, el Partido Republicano perdió 41 escaños y el control de la Cámara de Representantes. La estrategia de Donald Trump ante esta derrota se diferenció de la de sus predecesores en varios puntos clave. En lugar de admitir el revés, minimizó la derrota y proclamó una victoria parcial. Trump celebró en sus redes sociales y en ruedas de prensa lo que consideró un “tremendo éxito”. Argumentó que el golpe se contuvo gracias a que los republicanos lograron expandir ligeramente su mayoría en el Senado, salvando escaños clave en estados conservadores.

La pérdida de la Cámara de Representantes marcó el fin de sus grandes reformas legislativas unilaterales. En lugar de virar hacia el centro, Trump mantuvo una postura de confrontación con la nueva mayoría demócrata. Esto escaló rápidamente en disputas presupuestarias profundas (provocando el cierre de gobierno más largo de la historia de EE. UU. por el financiamiento del muro fronterizo) y abrió el camino para que los demócratas iniciaran investigaciones legislativas, que derivaron en su primer proceso de impeachment en 2019.

En lo que respecta a la política exterior, vía ejecutiva y haciendo uso de sus facultades constitucionales, Trump decidió avanzar en su agenda sin necesidad de aprobación legislativa, compensando la parálisis en el Congreso doméstico. Fue así como Trump redobló la presión comercial sobre Pekín y en 2019 elevó progresivamente los aranceles del 10% al 25% sobre productos chinos valorados en 200 000 millones de dólares. También, puso marcha un veto tecnológico masivo contra la firma de telecomunicaciones Huawei.

Días después de las elecciones de medio término de 2018, la Casa Blanca reimpuso formalmente todas las sanciones bancarias y petroleras contra Teherán. En abril de 2019, Trump dio el paso inédito de designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) como una Organización Terrorista Extranjera.

En América Latina, la administración Trump ejecutó un giro directo al reconocer oficialmente a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y acompañó este reconocimiento con la imposición de sanciones contra Pdvsa. El Departamento del Tesoro, bajo la Orden Ejecutiva 13850, incluyó formalmente a Pdvsa en la “lista negra” de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Esto congeló de inmediato todos los activos y propiedades de la estatal petrolera bajo jurisdicción estadounidense (unos 7000 millones de dólares, incluyendo su filial Citgo).

En el mismo sentido, endureció sustancialmente el lenguaje contra el gobierno de Nicolás Maduro, asomando que “todas las opciones estaban sobre la mesa” para presionar un retorno a la democracia en Venezuela. Un año después, se presentó una acusación formal contra Nicolás Maduro tras alegar que operaba como líder del Cártel de los Soles —un sistema de redes de corrupción y narcotráfico incrustado en altos mandos militares y funcionarios venezolanos— en presunta conspiración con las FARC para “inundar de cocaína” a Estados Unidos.

Entonces, se fijó una recompensa inicial de 15 millones de dólares por información que condujera a su arresto o condena. También se incluyeron montos por otras figuras clave como Diosdado Cabello.
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*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país 

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