El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, confirmó este lunes 26 de octubre que Washington conversó con las autoridades encargadas de Venezuela que facilitaran las condicienes para el regreso de María Corina Machado y aseguró que recibió garantías de que la dirigente opositora podría volver al país sin ser molestada ni enfrentar represalias.
Durante una conversación telefónica con periodistas, en la que participaron medios y agencias internacionales, Rubio aseguró que las gestiones se habían realizado varias semanas antes de que Machado regresara a Venezuela el domingo 25 de octubre, tras meses de exilio y varios intentos frustrados de retorno.
«Hace semanas, y me refiero a muchas semanas, hablamos con las autoridades interinas y les dijimos que nuestra expectativa era que ella, como venezolana, pudiera regresar a su país. Es su país, el país del que procede. Debía poder regresar sin ser molestada y sin tener ningún problema», explicó.
El jefe de la diplomacia estadounidense reveló que las autoridades venezolanas incluso les habrían comentado la posibilidad de que Machado regresara por vía aérea. «Nos dijeron que podía aterrizar en el aeropuerto si quería. Y nosotros se lo comunicamos a su equipo», afirmó.
Rubio no precisó en sus declaraciones qué funcionarios participaron en las conversaciones ni detalló el alcance formal de las garantías ofrecidas. Tampoco explicó por qué Machado terminó regresando por una ruta distinta a la posibilidad de aterrizar directamente en Venezuela.
Rubio desaconsejó un regreso tras los terremotos
El equipo de María Corina Machado había denunciado que a la líder opositora se le había bloqueado en siete ocasiones su regreso a Venezuela. El secretario de Estado reconoció que hubo una ocasión en la que él mismo recomendó a Machado no regresar: inmediatamente después de los terremotos que sacudieron Venezuela en junio. Según explicó, Washington estaba concentrado entonces en facilitar la entrada de aviones con equipos de rescate y ayuda humanitaria.
«La única vez que yo personalmente la desaconsejé regresar fue inmediatamente después del terremoto», aseguró. «En aquel momento, lo único en lo que estábamos concentrados era en conseguir que aterrizara en el país el mayor número posible de aviones con ayuda».
Rubio defendió que el proceso de conversaciones con las autoridades interinas se había desarrollado de acuerdo con los plazos previstos. «Tenemos unos plazos que ellos han aceptado y, hasta ahora, han cumplido todos y cada uno», declaró, sin precisar en ese momento a qué plazos concretos se refería.
Las sanciones como herramienta de presión
Rubio también recordó que Venezuela continúa sometida a sanciones estadounidenses y que una parte de la actividad económica que se ha recuperado desde enero depende de licencias y autorizaciones expedidas por Washington. Esas excepciones permiten determinadas operaciones comerciales y financieras, pero también mantienen al Gobierno venezolano sujeto a la capacidad de presión de Estados Unidos.
«Venezuela sigue siendo un país y una economía que funcionan bajo sanciones. Continúa fuertemente sancionada», advirtió.
El secretario de Estado sostuvo que esas medidas le otorgan a Washington un papel determinante en las conversaciones sobre el futuro político del país. Estados Unidos, dijo, mantiene «una influencia considerable sobre el rumbo de estas conversaciones y los resultados que obtenemos de ellas».
El funcionario descartó que esté dispuesto a permitir que el proceso se prolongue durante años y puso como ejemplo la posibilidad de que las autoridades venezolanas intentaran retrasar los acuerdos. «¿Y si intentan hacernos esperar dos años? Eso no va a ocurrir», aseguró.
Rubio añadió que su intención es completar la transición mucho antes de abandonar el Departamento de Estado, cuyo mandato podría extenderse hasta enero de 2029.
Un regreso tras meses de exilio y siete intentos frustrados
Machado regresó a Venezuela el domingo 25 de octubre, después de diez meses fuera del país y de siete intentos de retorno que, según la crónica de su regreso, no llegaron a concretarse. Su salida se había producido en diciembre de 2025, en una operación clandestina por el mar Caribe que le permitió viajar a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz.
La dirigente opositora reapareció en el santuario de la Divina Pastora, en Barquisimeto, y desde allí emprendió un recorrido de casi 400 kilómetros hacia Caracas. A lo largo de la ruta, ciudadanos se sumaron a la caravana en carros, motos, camiones y hasta a caballo, mientras multitudes la esperaban en distintos puntos del trayecto.
La llegada a la autopista Valle-Coche, en Caracas, estuvo marcada por una recepción multitudinaria. El regreso puso fin a meses de ausencia física y clandestinidad, pero también abrió interrogantes sobre las condiciones políticas y de seguridad que permitirán su participación en la nueva etapa de la disputa por una transición democrática en Venezuela.
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