La política venezolana ha transitado por giros inéditos tras los acontecimientos del 3 de enero. En una nueva entrega de Espacio Runrunes, conducida por Luis Ernesto Blanco, la politóloga, investigadora y doctora por la Universidad de Oxford, Maryhen Jiménez, analizó el panorama sociopolítico del país, centrándose en el estado actual de la transición democrática, la agencia política, los límites de las dinámicas internacionales y la urgente necesidad de rescatar un rol decisivo por parte de la dirigencia venezolana.
La pérdida de la agencia
Jiménez destacó cómo la irrupción directa de actores externos después del 3 de enero ha mermado la autonomía y soberanía de los actores domésticos en la toma de decisiones y advierte que hay alguien, un tercero, que ahora tiene la capacidad de decidir y esto sobre todo es particular después de haber tenido tanta agencia en 2023 y 2024″.
Aunque la sociedad venezolana reclama y exige legitimación de los actores que están en el poder, para el mundo eso no parece ser un problema y cada vez hay más señales de normalización y reconocimiento, aunque sea transitorio, de la élite dominante, lo cual pudiera no ser necesariamente negativo, si lo que se busca es que Venezuela recupera cierta normalidad.
La politóloga señaló que, ante el agotamiento y la urgencia de resolver el día a día en medio del colapso de servicios y la fragilidad estatal, gran parte de la sociedad ha adoptado una postura de “delegar y esperar”. Sin embargo, la historia comparada demuestra el riesgo que eso implica.
“Sin presión social, y eso nos lo dicen también los estudios comparados, es muy difícil que las demandas sociales estén sobre la mesa, sean discutidas y sean implementadas”, dice Jiménez.
De la fragmentación a una «MUD 2.0»
Para que la dirigencia política recupere el control del proceso frente a acuerdos que amenazan con ser «élitescos y de espaldas a la gente», Jiménez enfatiza la necesidad crítica de la coordinación estratégica:
Aunque reconoce la diversidad de visiones e ideologías dentro de la oposición es natural y deseable en democracia, actuar de forma desarticulada fortalece al gobierno. Muestra de ello han sido los diálogos y negociaciones paralelas donde no todos los sectores opositores han caminado sobre la misma hoja de ruta.
Frente a la política venezolana predominantemente vertical y personalista, Jiménez reflexiona sobre la necesidad de articular una coalición o plataforma unificada, una especie de “Mesa de la Unidad 2.0”, que según la académica, sea un mecanismo que no solo permitiría conectar de manera directa con las demandas de la gente.
“La coordinación de la oposición es clave aquí. Más fácil sería, si tuvieras una MUD 2.0 hoy, que llame a una protesta en demanda de tal y cual el día de mañana o pasado mañana. Tienes una capacidad de convocatoria más amplia, articulada, creíble para la gente”.
Asimismo, al abordar la transición de los partidos opositores y la necesidad de trascender la postura de «partido-protesta» o de mera confrontación al régimen, Jiménez reflexiona:
“¿Dónde está la oposición venezolana hoy? ¿Cuál es su visión para la sociedad? O sea, más allá de ser antichavista, ¿qué ofrece? ¿Cómo piensa articularse? ¿Cuál es su visión sobre el pluralismo político?”.
Las reservas de resistencia
A pesar del complejo escenario de desarticulación y los intentos del poder por controlar los tiempos del cambio, Maryhen Jiménez enfatiza la valentía y el aprendizaje acumulado por la sociedad civil:
“Mi experiencia haciendo investigación en Venezuela es que la sociedad venezolana es muy valiente y que se sobrepone a los miedos. Evidentemente todavía hay, pero la sociedad venezolana aprendió también en sus momentos a expresar el rechazo y digamos a atajarlo. La agencia también aplica a la propia sociedad venezolana”.
La politóloga considera que la sociedad venezolana ha demostrado históricamente, e incluso en momentos recientes como la atención a los terremotos del 24 de junio, una altísima capacidad de organizarse de forma autónoma y desafiar la ausencia o los abusos del Estado.
“Si tú me preguntas si yo soy optimista en si viene una democracia perfecta como la hemos soñado mañana, bueno, no. Ahora, si yo soy optimista en cuanto a la capacidad de la sociedad venezolana a resistir y eventualmente a lograr cambios, sean pequeños, sean puntuales, sean más de largo plazo, ahí te puedo decir que sí, porque he visto cómo la sociedad venezolana ha resistido a todo lo que se le ha impuesto”.






