Elio Casale: “El humor es una forma de comentar lo que el poder no quiere que se diga”

En un país donde la agenda pública suele estar marcada por la opacidad, la censura y la polarización, el humor ha encontrado una trinchera inesperada desde la cual resistir, comentar y conectar. Así lo asegura Elio Casale, uno de los fundadores de El Chigüire Bipolar, el medio satírico venezolano que desde hace 17 años ha logrado mantenerse vigente, irreverente y, sobre todo, incómodo para el poder.

En conversación con el espacio Runrunes, Casale, quien reside en Estados Unidos desde hace más de 15 años,  reflexionó sobre el rol del humor en contextos de crisis, la evolución del Chigüire como proyecto editorial y su capacidad de adaptación a las plataformas digitales y a los vaivenes emocionales de la sociedad venezolana.

Humor para informar

“El humor es algo que los venezolanos llevamos en el ADN”, afirma Casale. Pero a su juicio, más allá del alivio emocional, el humor político cumple una función crítica: “Reaccionamos a lo que ocurre. Y en un país con un vacío comunicacional tan grande, eso también es informar”.

El proyecto, nacido en 2008, se inspiró inicialmente en modelos como The Onion con la intención de parodiar la “conflictividad que había en páginas web de noticias”. Sin embargo, la clave de su perdurabilidad, de acuerdo con Casale, fue la temprana lucha por dar con una “propia voz, con nuestro propio sello, con nuestro propio tono que nos hizo distinguibles en el ecosistema de medios”.

Según Casale, esa voz “no solo logró calar muy bien entre el público, especialmente en el público joven, sino que también demostró una capacidad de adaptación impresionante a las plataformas, desde su origen como blog en Blogspot hasta la hegemonía de Twitter (X) e Instagram”. En redes, el esfuerzo se centró en lograr que “aquí es donde está la gente, la gente no va a andar buscando enlaces, sino que aquí es donde está la premisa y el remate”.

En un entorno donde la censura ha desplazado a medios tradicionales y la autocensura se ha vuelto norma, el Chigüire ha logrado sortear la represión con una estrategia clara: “Siempre recordamos que somos una página de humor. No tenemos una agenda oculta. Y hacemos chistes de todos: gobierno, oposición y lo que está en el medio”.

Casale reconoce que el consumo de contenido político en Venezuela ha seguido los mismos ciclos de la política: picos de efervescencia seguidos de largos períodos de apatía. “Hay momentos en que un chiste político funciona muy bien, y otros en que la gente simplemente no quiere saber más. Insistir en esos momentos es como echarle sal a la herida”.

Pero para enfrentar esos bajones el equipo ha diversificado su línea editorial con lo que llaman “contenido de gente”: humor sobre deportes, farándula, vida cotidiana. “Eso nos saca las patas del barro cuando la política no conecta”, explica.

Desde sus inicios como blog en 2008 hasta su consolidación en redes como Twitter, Instagram y TikTok, el Chigüire ha sabido leer el pulso de las plataformas. “Al principio adoptamos las redes por necesidad, porque eran gratis. Pero luego entendimos que había que adaptarse a su lenguaje para sobrevivir”, dice Casale.

Siempre golpear hacia arriba

En un contexto donde la crítica puede costar caro, Casale insiste en que el humor del Chigüire tiene una brújula ética clara: “Siempre punching up. Siempre hacia el poder, no hacia el que sufre”. Y aunque han recibido ataques de ambos extremos del espectro político, no se desvían de su centro: “No somos ni de derecha ni de izquierda. Somos un medio que reacciona. Y eso molesta a quienes quieren imponer una narrativa única”.

En tiempos de desinformación, propaganda y bots, la sátira cobra más relevancia que nunca. “La sátira no es nueva. Viene desde la Grecia antigua. Pero hoy, en medio de tanta mentira, sigue siendo una forma de decir lo que no se puede decir. Y en Venezuela, donde la realidad muchas veces parece una parodia de sí misma, el Chigüire Bipolar ha demostrado que el humor no solo sirve para reír, sino también para resistir, recordar y, sobre todo, seguir contando”.

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En un país donde la agenda pública suele estar marcada por la opacidad, la censura y la polarización, el humor ha encontrado una trinchera inesperada desde la cual resistir, comentar y conectar. Así lo asegura Elio Casale, uno de los fundadores de El Chigüire Bipolar, el medio satírico venezolano que desde hace 17 años ha logrado mantenerse vigente, irreverente y, sobre todo, incómodo para el poder.

En conversación con el espacio Runrunes, Casale, quien reside en Estados Unidos desde hace más de 15 años,  reflexionó sobre el rol del humor en contextos de crisis, la evolución del Chigüire como proyecto editorial y su capacidad de adaptación a las plataformas digitales y a los vaivenes emocionales de la sociedad venezolana.

Humor para informar

“El humor es algo que los venezolanos llevamos en el ADN”, afirma Casale. Pero a su juicio, más allá del alivio emocional, el humor político cumple una función crítica: “Reaccionamos a lo que ocurre. Y en un país con un vacío comunicacional tan grande, eso también es informar”.

El proyecto, nacido en 2008, se inspiró inicialmente en modelos como The Onion con la intención de parodiar la “conflictividad que había en páginas web de noticias”. Sin embargo, la clave de su perdurabilidad, de acuerdo con Casale, fue la temprana lucha por dar con una “propia voz, con nuestro propio sello, con nuestro propio tono que nos hizo distinguibles en el ecosistema de medios”.

Según Casale, esa voz “no solo logró calar muy bien entre el público, especialmente en el público joven, sino que también demostró una capacidad de adaptación impresionante a las plataformas, desde su origen como blog en Blogspot hasta la hegemonía de Twitter (X) e Instagram”. En redes, el esfuerzo se centró en lograr que “aquí es donde está la gente, la gente no va a andar buscando enlaces, sino que aquí es donde está la premisa y el remate”.

En un entorno donde la censura ha desplazado a medios tradicionales y la autocensura se ha vuelto norma, el Chigüire ha logrado sortear la represión con una estrategia clara: “Siempre recordamos que somos una página de humor. No tenemos una agenda oculta. Y hacemos chistes de todos: gobierno, oposición y lo que está en el medio”.

Casale reconoce que el consumo de contenido político en Venezuela ha seguido los mismos ciclos de la política: picos de efervescencia seguidos de largos períodos de apatía. “Hay momentos en que un chiste político funciona muy bien, y otros en que la gente simplemente no quiere saber más. Insistir en esos momentos es como echarle sal a la herida”.

Pero para enfrentar esos bajones el equipo ha diversificado su línea editorial con lo que llaman “contenido de gente”: humor sobre deportes, farándula, vida cotidiana. “Eso nos saca las patas del barro cuando la política no conecta”, explica.

Desde sus inicios como blog en 2008 hasta su consolidación en redes como Twitter, Instagram y TikTok, el Chigüire ha sabido leer el pulso de las plataformas. “Al principio adoptamos las redes por necesidad, porque eran gratis. Pero luego entendimos que había que adaptarse a su lenguaje para sobrevivir”, dice Casale.

Siempre golpear hacia arriba

En un contexto donde la crítica puede costar caro, Casale insiste en que el humor del Chigüire tiene una brújula ética clara: “Siempre punching up. Siempre hacia el poder, no hacia el que sufre”. Y aunque han recibido ataques de ambos extremos del espectro político, no se desvían de su centro: “No somos ni de derecha ni de izquierda. Somos un medio que reacciona. Y eso molesta a quienes quieren imponer una narrativa única”.

En tiempos de desinformación, propaganda y bots, la sátira cobra más relevancia que nunca. “La sátira no es nueva. Viene desde la Grecia antigua. Pero hoy, en medio de tanta mentira, sigue siendo una forma de decir lo que no se puede decir. Y en Venezuela, donde la realidad muchas veces parece una parodia de sí misma, el Chigüire Bipolar ha demostrado que el humor no solo sirve para reír, sino también para resistir, recordar y, sobre todo, seguir contando”.

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