“Las Jornadas de Emergencias Pediátricas para Padres” será el sábado 3 de marzo, en el Centro Médico Docente La Trinidad, dirigido a quienes tienen niños a su cuidado.
La seguridad de los más pequeños de la familia comienza en la casa que habitan o visitan cuando van donde los abuelos o tíos. Aunque todos los miembros de la familia tienen las mismas posibilidades de sufrir un accidente, son los niños quienes los viven con mayor frecuencia al ser los más vulnerables. Es en los hogares donde las estadísticas demuestran la mayor ocurrencia de esos momentos indeseables ocasionados por caídas, quemaduras, golpes y ahogamientos.
Es vital evitar los accidentes que, usualmente, se producen por descuido de los adultos. Los padres nunca entienden la manera como suceden, pero en verdad la gran mayoría de esos eventos no son accidentales sino producto de una cadena de acontecimientos que ocurren, por ejemplo, cuando los padres llegan cansados al hogar al final de la tarde y traen a los niñitos del centro escolar. En ese momento cada quien está haciendo algo personal a la vez que descuidan al niño más pequeño. Inclusive los hermanos mayores están en lo suyo y todos asumen que el menor está vigilado por alguno, pero nadie se está ocupando del bebé. Así describe la escena el doctor Nicolás Cárdenas Rivero, pediatra del Centro Médico Docente La Trinidad.
“Lo mismo ocurre cuando la gente se muda, viaja o emigra del país, conceptuadas como situaciones de cambio profundo, rápido, en las cuales se supone que la familia en casa está haciéndolo todo y nadie está delegado para hacer nada en particular, como supervisar al menor y surge el accidente”, advierte Cárdenas Rivero.
A la altura infantil
Donde quiera que sea, hay que aprender a ver la casa de la manera como la visualiza el niño. Es prudente arrodillarse para ver los ambientes desde esa altura y obtener la perspectiva completamente diferente a la del adulto. Entender que la cocina es un lugar altamente peligroso porque hay objetos filosos, agua hirviendo, recipientes calientes, sartenes con aceite y con alta posibilidad de que los adultos tropiecen e involucren a los niños en ese enredo. “Debemos vivir pendientes de las entradas furtivas o juegos en que se llevan todo por delante”, dice el pediatra.
El baño es otro sitio de riesgo extremo. La bañera suele ser un espacio listo para resbalones que producen lesiones severas. Si los niños introducen un objeto eléctrico dentro del agua en la bañera podrían generar un shock eléctrico o quemarse con agua caliente al abrir el grifo de repente, sin retirarse de la salida del agua. El garaje también es lugar de alerta porque los adultos dejan en el piso productos de extrema toxicidad o guardados en gabinetes sin llave y a baja altura, potes con veneno para ratas, kerosene, gasoil, pulituras para autos o gasolina para la cortadora de grama. Pudieran tener mal sabor, pero al momento de ingerirlos la cantidad ha sido suficiente para causar un daño considerable.
Los medicamentos en la casa de los abuelos o en la propia son otro riesgo al ser guardados en gavetas al lado de la cama o sobre la mesa de noche para recordar su ingesta olvidando que, de nuevo, hay niños en el hogar. Aunque a los abuelos se les olviden esos detalles por estar encantados con la presencia de los nietos, son los padres quienes deben estar pendientes de colocar en sitios inaccesibles los antihipertensivos, anticonceptivos, anticonvulsionantes, calmantes, etc. En los hogares van quedando medicamentos indicados en alguna ocasión y permanecen en un gabinete ya vencidos expuestos a la curiosidad de los pequeños exploradores. Casas y edificios con piscinas deben ser objeto de medidas de protección extrema que ayudan la vigilancia de los adultos. Es prudente instalar mallas y rejas en balcones o ventanas de gran atractivo para niños. Los adultos deben anticiparse a la ocurrencia de sucesos lamentables aplicando las medidas de cuidado y protegerse de momentos tristes por lo que pueda pasar.
Serenidad en la escena
Quienes tienen a su cargo el cuidado de niños deben recibir entrenamiento para manejar algunas emergencias infantiles que van desde algo tan severo como un paro cardiorespiratorio, poco frecuente en niños, y lo usual es que se deba a una enfermedad previa que poco a poco disminuye la capacidad de reaccionar. Igual podría generarlo un choque eléctrico o un traumatismo muy fuerte a nivel de tórax en un accidente de tráfico capaz de producir un paro.
Reconoce Cárdenas Rivero que en esas circunstancias, obviamente, “los adultos pierden el control por la angustia e ignorancia del manejo de lo sucedido en el niño. Las “Jornadas de Emergencias Pediátricas para Padres” del CMDLT ofrecen el entrenamiento para que la gente entienda la posibilidad de hacer algo positivo en esos momentos. De hecho, las emergencias se clasifican en 3 tipos, la peor de todas es “no sé qué está pasando y no sé qué hacer”. La emergencia medianamente grave es “no sé qué está ocurriendo, pero sé que hacer y la mejor de todas es “sé que está pasando y sé que hacer”. Cuando los adultos saben cuál conducta asumir en cada caso disminuye el nivel de pánico en la escena al poder ejecutar acciones que corrijan el problema como las medidas correctas en caso de una hemorragia, cómo colocar al paciente bajo un choque eléctrico o lo que procede si el niño convulsiona o tiene una herida importante, antes de acudir a la emergencia. Serán capaces de resolver eventos de menor severidad como la fiebre, dolor de oídos, diarrea, vómitos, intoxicaciones, ahogos por ingesta de objetos o de líquidos intoxicantes a fin de conocer con cuales medicamentos no producir vómito, que es lo esencial en esos casos.
Los pediatras siempre predican que los adultos no se descuiden y apliquen las recomendaciones para la seguridad de los niños con detalles tan simples como no cocinar con el niño en brazos, no permitirles juegos con bolsas plásticas ni que jueguen cerca de lugares peligrosos como ventanas, escaleras, balcones, proximidades de piscinas, ascensores, etc.
Aprender a cuidar
El evento es coordinado por el pediatra Nicolás Cárdenas Rivero. Lo dictan Leonardo Chacín, José Levy Mizrahi, Alejando Mondolfi y Tony Manrique para informar sobre los procedimientos con los cuales atender emergencias menores. Darán entrenamiento teórico práctico sobre la atención a un paro respiratorio en la población pediátrica. Similar importancia revisten la fiebre, cólico, otitis, heridas, hemorragias, accidentes eléctricos o por inmersión, convulsiones, traumas cefálicos, quemaduras, intoxicaciones, vómito, diarrea, prevención de accidentes.
Los asistentes se darán cita en el auditórium “Carlos Klemprer”, del edificio “Manuel A Pulido”, desde las 8:30 a.m. hasta las 4:30 p.m. Mayor información e inscripciones en el Centro de Extensión del Conocimiento por los teléfonos 949.6249 y 949.6449 email: cec@cmdlt.edu.ve





