El terrorista del avión de Pan-Am se muere abandonado por Gadaffi

El verdadero tubazo periodístico de estos días en Libia se lo lleva el colega Nic Robertson de CNN con este descubrimiento.

Abdel Basset al-Megrahi está en coma en Trípoli, muy cerca de la muerte, y es probable que se lleve a la tumba uno de los secretos mejor guardados por el régimen del Coronel Muammar Gadaffi.

Al-Megrahi es uno de los tres terroristas responsables del atentado contra el vuelo 105 de PanAm ocurrido el  21 de diciembre de 1988 que provocó el estallido del avión y la muerte de las 259 personas a bordo sobre la localidad inglesa de Lockerbie así como once de sus pobladores.

El corresponsal de CNN Nic Robertson  encontró el domingo en Trípoli a al-Megrahi bajo el cuidado de su familia en una palaciega villa -a medio terminar-   y sobreviviendo con un goteo de suero intravenoso y una máscara de oxígeno. El enfermo de cáncer y ex agente de inteligencia libio puede ser el único y último hombre vivo que sabe con precisión quien en el  gobierno de Gadaffi autorizó colocar la bomba en la aeronave que no solo acabo con la vida de esas 290 personas sino que además terminó con la existencia de esa emblemática aerolínea de los Estados Unidos; permitió que el mundo entero se diera cuenta del terrorismo libio al descubrir a los responsables y luego con la petición de libertad del terrorista recluido en una cárcel inglesa por razones humanitarias, tras un cáncer de próstata, se fueran dando algunos pasos para llegar a donde estamos hoy respecto a Gadaffi.

Con la suficiente entereza su hijo, Khaled al-Megrahi le explicó muchas cosas a Robertson de CNN.  “Acabamos de darle oxígeno. Nadie nos da ningún consejo”, “no era esto lo que estaba preparado para cuando Al-Megrahi fue liberado de prisión en Escocia el 2009, tras pasar ocho años de una sentencia de cadena perpetua por la voladura de la aeronave. Los médicos que lo habían estado tratando del cáncer de próstata le habían dado solo tres meses para vivir, y fue puesto en libertad por esa argumentación hace dos años.

Él recibió una bienvenida de héroe en Trípoli, enfureciendo a muchos en los Estados Unidos y Gran Bretaña. Y con el reciente derrocamiento del viejo hombre fuerte de Libia Muamar Gadafi, políticos de ambos lados del Atlántico han llamado a al-Megrahi a ser enviado nuevamente a prisión.

El terrorista Al-Megrahi ha-sido objeto de agrias disputas.


Sin embargo, el Consejo Nacional de Transición, el movimiento rebelde que derrocó al Gadafi, anunció ayer que no permitirá que al-Megrahi sea extraditado.

“No vamos a dar a ningún ciudadano de Libia a Occidente”, afirmó el ministro de Justicia del Consejo Nacional de Transición, Mohammed al-Alagi.

Al-Megrahi ha tenido una vida más larga de lo esperado. Él hizo una aparición pública con el Coronel Gadafi en julio, confinado en una silla de ruedas. Él siempre mantuvo su inocencia.

Con la caída de Trípoli a los rebeldes, su cuidado ha sido dejado a su hijo y  a su octogenaria madre. El hijo Khaled al-Megrahi  insistió ante la cámara de CNN: “No hay ningún médico. No hay nadie para preguntar. Nosotros no tenemos ni siquiera una línea de teléfono para llamar a nadie”.

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El verdadero tubazo periodístico de estos días en Libia se lo lleva el colega Nic Robertson de CNN con este descubrimiento.

Abdel Basset al-Megrahi está en coma en Trípoli, muy cerca de la muerte, y es probable que se lleve a la tumba uno de los secretos mejor guardados por el régimen del Coronel Muammar Gadaffi.

Al-Megrahi es uno de los tres terroristas responsables del atentado contra el vuelo 105 de PanAm ocurrido el  21 de diciembre de 1988 que provocó el estallido del avión y la muerte de las 259 personas a bordo sobre la localidad inglesa de Lockerbie así como once de sus pobladores.

El corresponsal de CNN Nic Robertson  encontró el domingo en Trípoli a al-Megrahi bajo el cuidado de su familia en una palaciega villa -a medio terminar-   y sobreviviendo con un goteo de suero intravenoso y una máscara de oxígeno. El enfermo de cáncer y ex agente de inteligencia libio puede ser el único y último hombre vivo que sabe con precisión quien en el  gobierno de Gadaffi autorizó colocar la bomba en la aeronave que no solo acabo con la vida de esas 290 personas sino que además terminó con la existencia de esa emblemática aerolínea de los Estados Unidos; permitió que el mundo entero se diera cuenta del terrorismo libio al descubrir a los responsables y luego con la petición de libertad del terrorista recluido en una cárcel inglesa por razones humanitarias, tras un cáncer de próstata, se fueran dando algunos pasos para llegar a donde estamos hoy respecto a Gadaffi.

Con la suficiente entereza su hijo, Khaled al-Megrahi le explicó muchas cosas a Robertson de CNN.  “Acabamos de darle oxígeno. Nadie nos da ningún consejo”, “no era esto lo que estaba preparado para cuando Al-Megrahi fue liberado de prisión en Escocia el 2009, tras pasar ocho años de una sentencia de cadena perpetua por la voladura de la aeronave. Los médicos que lo habían estado tratando del cáncer de próstata le habían dado solo tres meses para vivir, y fue puesto en libertad por esa argumentación hace dos años.

Él recibió una bienvenida de héroe en Trípoli, enfureciendo a muchos en los Estados Unidos y Gran Bretaña. Y con el reciente derrocamiento del viejo hombre fuerte de Libia Muamar Gadafi, políticos de ambos lados del Atlántico han llamado a al-Megrahi a ser enviado nuevamente a prisión.

El terrorista Al-Megrahi ha-sido objeto de agrias disputas.


Sin embargo, el Consejo Nacional de Transición, el movimiento rebelde que derrocó al Gadafi, anunció ayer que no permitirá que al-Megrahi sea extraditado.

“No vamos a dar a ningún ciudadano de Libia a Occidente”, afirmó el ministro de Justicia del Consejo Nacional de Transición, Mohammed al-Alagi.

Al-Megrahi ha tenido una vida más larga de lo esperado. Él hizo una aparición pública con el Coronel Gadafi en julio, confinado en una silla de ruedas. Él siempre mantuvo su inocencia.

Con la caída de Trípoli a los rebeldes, su cuidado ha sido dejado a su hijo y  a su octogenaria madre. El hijo Khaled al-Megrahi  insistió ante la cámara de CNN: “No hay ningún médico. No hay nadie para preguntar. Nosotros no tenemos ni siquiera una línea de teléfono para llamar a nadie”.

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