Por donde asomes hay ruina y retroceso por Damián Prat

akDSJBNUJ

Durante algunos años, no pocos partidarios del gobierno, aún esperanzados en la promesa de “la revolución”, atribuían a “burócratas” las evidencias de ruina en ésta o aquella empresa del estado u organismo público donde campeaba la corrupción.   Decían que eran “las fallas” inevitables de un proceso en el que unos pocos falsos revolucionarios, a veces “infiltrados” dañaban lo que en casi todos lados “iba muy bien”.   Aunque ya era evidente que el retroceso era lo único generalizado, se podía comprender el mecanismo “de defensa”.  Siempre es doloroso descubrir que aquello en lo que pusiste tantas esperanzas estaba fracasando. Que la falla era “el modelo”, es decir, “el sistema” que yo he calificado como “el estatismo salvaje” y no un funcionario malo aquí o allá.

Por éstos días, un reportaje en El Universal analizaba la memoria y cuenta presentada por los ministros en la AN para descubrir que todas las empresas del estado  -con un par de pequeñas excepciones-  admitían grandes pérdidas financieras.  Nosotros hemos ido mostrando año tras año el terrible y doloroso declive, el “retroceso”  enorme, la ruina a la que han sido sometidas las empresas de Guayana.  Las básicas y las “no-básicas”.  Las antiguas estatales que funcionaban bien o al menos aceptablemente por décadas y ahora están destrozadas, pero también las que han sido estatizadas en los últimos cinco o seis años.  Ya sabemos que es muy parecido lo que ocurre en otras regiones y sectores como en las plantas productoras de cemento, los centrales azucareros, las fincas de ganado lechero y/o de carne y un largo etcétera.

No es sólo Sidor que ha perdido al menos 75% de su capacidad de producción tras ser estatizada o las briqueteras cuya caída es del orden del 80%, vistas en conjunto tras sufrir el mismo proceso.  Es que empresas estatales solventes y productivas aún en épocas de bajos precios del aluminio, la alúmina y el hierro, como Venalum, Bauxilum (mina y planta) y Ferrominera, (para citar tres, pero hay mas), están hoy destrozadas. Para no hablar de cómo desaparecieron a una estatal que era modelo de calidad y gerencia como Edelca.

Venalum, que siempre fue estatal, nunca dejó de producir el tope de su capacidad instalada y se mantenía a sí misma incluso cuando el precio mundial del aluminio apenas rondaba los 1.200 a 1.300 dólares la tonelada que era el equivalente al petróleo a 8 o 10 dólares el barril. Ferrominera, extractora y vendedora de una materia prima simple siempre fue una empresa estable.   La primera, ahora no llega al 25% de su productividad de siempre y la segunda ronda el 40%.  Eso, por cierto, demuestra que ese otro extremismo histérico del “cierren todo y vendan todo porque Guayana siempre fue pérdida para la nación” es tan falso como el “estatismo salvaje”.  Extremismos irracionales o simple irracionalidad por “estar a la moda”.

En todo caso, a lo que quiero ir hoy es a que por donde usted hurgue ocurre lo mismo.  Es tan absurdo este dizque “socialismo” retrógrado, que hasta la industria del oro está “en la lona” cuando los precios de ese metal al que mientan “precioso” han hecho precios récord.  No hay explicación posible para destrozar a Minerven hasta hacerle perder el 80% de su capacidad de producción y llenarla de colosales pérdidas cuando el oro se vende a diez veces su precio “normal” de otros tiempos.  Minerven siempre fue estatal.

El diputado Américo DeGrazia  hizo circular ayer otras informaciones, de las que sé están muy bien sustentadas, pero sobre zonas, rubros y sectores a los que miramos poco.  Él nos ha dicho que hoy intentará abrir un debate en la Asamblea Nacional sobre el caso.  Veremos si los que taparean la corrupción y la destrucción, cierran la puerta a ese asunto crucial.   En todo caso esperamos tenerlo hoy, vía teléfono en nuestro Público y Confidencial radio. Un ejemplo:  la producción de maíz  -fundamental para la harina de maíz, el aceite de maíz y mucho mas-   en la zona de La Paragua (sureste de Bolívar, mas allá del Cerro Bolívar) que solía ser de unos 120 millones de kilos/año, ahora apenas llega a 30.  Allí se explica parte de la escasez. La verdadera “guerra económica” es la del gobierno contra Venezuela. Otro ejemplo: aquel famoso Hato La Vergareña, tan venido a menos.  La casi total parálisis de proyectos industriales aledaños a Ciudad Piar.  En fin, él lo explicará mejor hoy porque es muy extenso y completo.

Ya no hay forma de escudarse en “burócratas infiltrados”.  ¿O es que acaso todos son así?.   En realidad, los que funcionan medianamente bien son las excepciones.  El meollo del drama es “el modelo estatista salvaje” que según sus cultores es socialismo aunque solo sea una mala copia del fracasado modelo soviético o fidelista.  Porque “socialismos” democráticos, progresistas, de avanzada, que potencian lo mejor de la economía de mercado con leyes que protegen la justicia social, han tenido éxito en gobiernos de varios períodos en Alemania (Brandt), Suecia (Palme), Noruega, España (Felipe), Chile (Lagos), etc.

Otro asunto cardinal es el afán totalitario.  Bajo la excusa de “defender la revolución”  (¿cuál revolución?, por cierto y además)  han puesto bajo control a  todas las instituciones del estado impidiendo el control, el equilibrio y los factores de corrección, amplificando la corrupción en gran escala, la impunidad y la profundización de las ruinas.   No hay parlamento, contraloría, fiscalía, poder judicial, defensoría, que le pongan coto al desastre, a los negocios corruptos y al manejo irresponsable de los bienes públicos.  Asunto de fondo a considerar.

Damián Prat

depece54@gmail.com

@damianprat 

www.publicoyconfidencial.com

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Durante algunos años, no pocos partidarios del gobierno, aún esperanzados en la promesa de “la revolución”, atribuían a “burócratas” las evidencias de ruina en ésta o aquella empresa del estado u organismo público donde campeaba la corrupción.   Decían que eran “las fallas” inevitables de un proceso en el que unos pocos falsos revolucionarios, a veces “infiltrados” dañaban lo que en casi todos lados “iba muy bien”.   Aunque ya era evidente que el retroceso era lo único generalizado, se podía comprender el mecanismo “de defensa”.  Siempre es doloroso descubrir que aquello en lo que pusiste tantas esperanzas estaba fracasando. Que la falla era “el modelo”, es decir, “el sistema” que yo he calificado como “el estatismo salvaje” y no un funcionario malo aquí o allá.

Por éstos días, un reportaje en El Universal analizaba la memoria y cuenta presentada por los ministros en la AN para descubrir que todas las empresas del estado  -con un par de pequeñas excepciones-  admitían grandes pérdidas financieras.  Nosotros hemos ido mostrando año tras año el terrible y doloroso declive, el “retroceso”  enorme, la ruina a la que han sido sometidas las empresas de Guayana.  Las básicas y las “no-básicas”.  Las antiguas estatales que funcionaban bien o al menos aceptablemente por décadas y ahora están destrozadas, pero también las que han sido estatizadas en los últimos cinco o seis años.  Ya sabemos que es muy parecido lo que ocurre en otras regiones y sectores como en las plantas productoras de cemento, los centrales azucareros, las fincas de ganado lechero y/o de carne y un largo etcétera.

No es sólo Sidor que ha perdido al menos 75% de su capacidad de producción tras ser estatizada o las briqueteras cuya caída es del orden del 80%, vistas en conjunto tras sufrir el mismo proceso.  Es que empresas estatales solventes y productivas aún en épocas de bajos precios del aluminio, la alúmina y el hierro, como Venalum, Bauxilum (mina y planta) y Ferrominera, (para citar tres, pero hay mas), están hoy destrozadas. Para no hablar de cómo desaparecieron a una estatal que era modelo de calidad y gerencia como Edelca.

Venalum, que siempre fue estatal, nunca dejó de producir el tope de su capacidad instalada y se mantenía a sí misma incluso cuando el precio mundial del aluminio apenas rondaba los 1.200 a 1.300 dólares la tonelada que era el equivalente al petróleo a 8 o 10 dólares el barril. Ferrominera, extractora y vendedora de una materia prima simple siempre fue una empresa estable.   La primera, ahora no llega al 25% de su productividad de siempre y la segunda ronda el 40%.  Eso, por cierto, demuestra que ese otro extremismo histérico del “cierren todo y vendan todo porque Guayana siempre fue pérdida para la nación” es tan falso como el “estatismo salvaje”.  Extremismos irracionales o simple irracionalidad por “estar a la moda”.

En todo caso, a lo que quiero ir hoy es a que por donde usted hurgue ocurre lo mismo.  Es tan absurdo este dizque “socialismo” retrógrado, que hasta la industria del oro está “en la lona” cuando los precios de ese metal al que mientan “precioso” han hecho precios récord.  No hay explicación posible para destrozar a Minerven hasta hacerle perder el 80% de su capacidad de producción y llenarla de colosales pérdidas cuando el oro se vende a diez veces su precio “normal” de otros tiempos.  Minerven siempre fue estatal.

El diputado Américo DeGrazia  hizo circular ayer otras informaciones, de las que sé están muy bien sustentadas, pero sobre zonas, rubros y sectores a los que miramos poco.  Él nos ha dicho que hoy intentará abrir un debate en la Asamblea Nacional sobre el caso.  Veremos si los que taparean la corrupción y la destrucción, cierran la puerta a ese asunto crucial.   En todo caso esperamos tenerlo hoy, vía teléfono en nuestro Público y Confidencial radio. Un ejemplo:  la producción de maíz  -fundamental para la harina de maíz, el aceite de maíz y mucho mas-   en la zona de La Paragua (sureste de Bolívar, mas allá del Cerro Bolívar) que solía ser de unos 120 millones de kilos/año, ahora apenas llega a 30.  Allí se explica parte de la escasez. La verdadera “guerra económica” es la del gobierno contra Venezuela. Otro ejemplo: aquel famoso Hato La Vergareña, tan venido a menos.  La casi total parálisis de proyectos industriales aledaños a Ciudad Piar.  En fin, él lo explicará mejor hoy porque es muy extenso y completo.

Ya no hay forma de escudarse en “burócratas infiltrados”.  ¿O es que acaso todos son así?.   En realidad, los que funcionan medianamente bien son las excepciones.  El meollo del drama es “el modelo estatista salvaje” que según sus cultores es socialismo aunque solo sea una mala copia del fracasado modelo soviético o fidelista.  Porque “socialismos” democráticos, progresistas, de avanzada, que potencian lo mejor de la economía de mercado con leyes que protegen la justicia social, han tenido éxito en gobiernos de varios períodos en Alemania (Brandt), Suecia (Palme), Noruega, España (Felipe), Chile (Lagos), etc.

Otro asunto cardinal es el afán totalitario.  Bajo la excusa de “defender la revolución”  (¿cuál revolución?, por cierto y además)  han puesto bajo control a  todas las instituciones del estado impidiendo el control, el equilibrio y los factores de corrección, amplificando la corrupción en gran escala, la impunidad y la profundización de las ruinas.   No hay parlamento, contraloría, fiscalía, poder judicial, defensoría, que le pongan coto al desastre, a los negocios corruptos y al manejo irresponsable de los bienes públicos.  Asunto de fondo a considerar.

Damián Prat

depece54@gmail.com

@damianprat 

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