Formar ciudadanía por Antonio Ledezma

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La democracia necesita, hoy más que nunca, de una base sólida de ciudadanos dispuestos a ser los promotores del cambio social, económico y político del país. El salto hacia una nueva Venezuela es inminente, pero no hay que confundirlo con un brinco al vacío. Ahora es cuando se requiere un liderazgo bien centrado, que luche atendiendo a una estrategia y un plan con visión de corto, mediano y largo plazo, porque solo así será posible orientar a esa base social representada en la población que ha sido víctima de una alucinación colectiva, por parte de quienes se han aprovechado inescrupulosamente de sus afanes.

Por eso la ignorancia va de la mano con los demagogos, los manipuladores de oficio y esos pragmáticos que buscan el poder, aun a costa de los valores que no respetarán, porque se alistan en ese forcejeo entre pudor y poder donde siempre se impone la fuerza bruta de las ambiciones sin ética. Hay que educar ciudadanos para la libertad, para la convivencia, para la responsabilidad y la solidaridad. Hay que educar ciudadanos para la democracia. 

Aprender a respetar la opinión ajena es un ejercicio de tolerancia que se cultiva en las sociedades democráticas como un hecho normal, y por lo tanto se lo ve como frecuente, necesario y normal. Una constitución se puede escribir y reescribir, modificar, aprobar una y otra vez. Pero lo importante es que esas leyes se cumplan, se contrasten con la realidad, sean línea invisible que todos los ciudadanos sepamos ver para saber hasta dónde llega mi derecho y así deslindar los míos de los del vecino. Así lo dejó claramente establecido el mexicano Benito Juárez cuando afirmó que “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

La formación familiar es esencial porque ese blindaje moral es el que recubre la conciencia del ser humano, y cualquier seducción inescrupulosa se estrella contra ese paredón protector de la persona bien forjada en el seno familiar. Así tenemos que muchos que se encumbran en los paraninfos de prestigiosas universidades salen del recinto con el título en la mano, pero nunca tendrán la serenidad de espíritu para no sufrir de vértigo cuando se encaren con el morbo de la corrupción en la cima del ejercicio de grandes poderes.

Se podrá saber mucho de matemáticas, de ingeniería o de filosofía, pero la materia de las buenas costumbres, los hábitos para hacer lo que es correcto, se incrustan en la casa. Desde luego, lo ideal es tener ciudadanos bien forjados en la escuela y en la familia. 

@alcaldeledezma

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La democracia necesita, hoy más que nunca, de una base sólida de ciudadanos dispuestos a ser los promotores del cambio social, económico y político del país. El salto hacia una nueva Venezuela es inminente, pero no hay que confundirlo con un brinco al vacío. Ahora es cuando se requiere un liderazgo bien centrado, que luche atendiendo a una estrategia y un plan con visión de corto, mediano y largo plazo, porque solo así será posible orientar a esa base social representada en la población que ha sido víctima de una alucinación colectiva, por parte de quienes se han aprovechado inescrupulosamente de sus afanes.

Por eso la ignorancia va de la mano con los demagogos, los manipuladores de oficio y esos pragmáticos que buscan el poder, aun a costa de los valores que no respetarán, porque se alistan en ese forcejeo entre pudor y poder donde siempre se impone la fuerza bruta de las ambiciones sin ética. Hay que educar ciudadanos para la libertad, para la convivencia, para la responsabilidad y la solidaridad. Hay que educar ciudadanos para la democracia. 

Aprender a respetar la opinión ajena es un ejercicio de tolerancia que se cultiva en las sociedades democráticas como un hecho normal, y por lo tanto se lo ve como frecuente, necesario y normal. Una constitución se puede escribir y reescribir, modificar, aprobar una y otra vez. Pero lo importante es que esas leyes se cumplan, se contrasten con la realidad, sean línea invisible que todos los ciudadanos sepamos ver para saber hasta dónde llega mi derecho y así deslindar los míos de los del vecino. Así lo dejó claramente establecido el mexicano Benito Juárez cuando afirmó que “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

La formación familiar es esencial porque ese blindaje moral es el que recubre la conciencia del ser humano, y cualquier seducción inescrupulosa se estrella contra ese paredón protector de la persona bien forjada en el seno familiar. Así tenemos que muchos que se encumbran en los paraninfos de prestigiosas universidades salen del recinto con el título en la mano, pero nunca tendrán la serenidad de espíritu para no sufrir de vértigo cuando se encaren con el morbo de la corrupción en la cima del ejercicio de grandes poderes.

Se podrá saber mucho de matemáticas, de ingeniería o de filosofía, pero la materia de las buenas costumbres, los hábitos para hacer lo que es correcto, se incrustan en la casa. Desde luego, lo ideal es tener ciudadanos bien forjados en la escuela y en la familia. 

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