Los dos apliques de Maripili y la canalla mediática roja

Hay demasiadas angustias por estos días en las filas rojas rojitas. Se nota por el lenguaje publico de sus obsecuentes fichas con las botas que gobiernan. Las mismas que le dedican canciones al sátrapa cubano o defienden, de corazón eso si, al dictador libio que para permanecer en el poder no le importan las miles de vidas que van cayendo por las balas de sus milicias. Siempre las culpas son de otros. El imperio gringo o el francés o el inglés o el saudita o el catarí o el que se aparezca en el camino.

Esta tarde escuche a la colega Maripili Hernández por Unión Radio, comprometida hasta los tuétanos con esta robolución (OJO: porque se robó la ilusión de tanta gente en esta docena de años), dedicar su programa a lo que se pueden llamar sus dos “apliques” por estos días: Gadafi y los estudiantes que hicieron la huelga de hambre.

Para el tema internacional abordó a la profesora de comunicación Maryclen Stelling, la que a veces es roja y a veces rojita, quien repitió lo que ha escrito en Ultimas Noticias o declarado en los medios afectos al chavismo: “¿Cuáles son los objetivos que realmente se persiguen? Imponer la democracia, proteger a la población civil o apoderarse del petróleo, matar a Gadafi. Se justifica la intervención militar con la excusa de que “hay que proteger al pueblo libio”, y se ratifica que la operación no persigue derrocar al régimen sino defender los derechos de la ciudadanía. Las denuncias de guerra y muerte contra Gadafi paradójicamente promueven la guerra como práctica humanitaria. ¿Una operación militar para pacificar?, ¿el uso de la fuerza para proteger a la población civil? ¿Destruir para intentar acabar con la destrucción? Dando pie a un bélico ejercicio de hipocresía que clama “no queremos la guerra, no queremos la muerte, pero llevamos la muerte”.

Según este doble estándar, lo que en Gadafi constituyen horrendos crímenes de guerra, para la coalición son actos legítimos. Pareciera no existir una ética común que se aplique en ambos casos y, paradójicamente, una carta moral, como sería el combate a la guerra y al exterminio, desdibuja los límites éticos. Y así, valores como la vida y la paz se quebrantan en nombre de una supuesta cruzada moral contra la guerra, la de Gadafi”.

Este discurso le permite a la periodista justificar su posición de apoyo a Gadafi basándose en esos conceptos pues “por allí me atacan diciendo que yo me he rasgado las vestiduras en apoyo al líder libio, cosa que no es cierta, pues lo que he hecho es coincidir con la profesora Stelling en su visión sobre Libia”. No recordó allí sus constantes ataques a todos los medios y periodistas que no coincidan con su posición acusándonos a todos, toditos, de estar parcializados, financiados por el imperialismo gringo y obedeciendo órdenes de Washington”. A los de su mismo circuito entonces.

Varias veces repetía la radiodifusora que ella no entendía como la prensa mundial trataba tan mal a Gadafi después de haberlo tenido como un ídolo. ¿Se le olvida el terrorismo del libio y la voladura del avión de Pan Am?  Tan solo el domingo El Nacional traía una entrevista con la periodista argentina Luisa Corradini que entrevistó al líder en tres oportunidades. En ellas siempre tuvo la compañía de un guardia de Gadafi asignado como su guardaespaldas y vigilante permanente. Lo reconoció en una foto. Era Abdelbaset Ali Mohmed al-Megrahi, el hombre que cometió el atentado contra el Boeing de Pan Am que estalló en 1988 sobre la ciudad escocesa de Lockerbie con 270 personas a bordo.

Cuando uno ve esas “defensas” solo se tiene la excusa de que Gadafi es el único líder del mundo que ha recibido 2 espadas de Bolívar: una en Trípoli y otra en Porlamar. Por esa improvisación generalizada en el régimen al caudillo se le ocurrió regalársela una vez en Libia y cuando visitó Margarita otra vez la sacó del estuche de sus regalos bolivarianos. La cancillería ni lo supo.

El segundo aplique de la compañerita roja tiene que ver con los estudiantes que con sus huelgas de hambre le han bajado el cogote el régimen. Obedeciendo las instrucciones de Miraflores y del PSUV -espero que no haya sido a motu propio pues sería mucho peor- nuestra amiga se ha dado a la tarea de desprestigiar, insultar (elegantemente eso sí, si cabe), ofender y desprestigiar a los universitarios que se han enfrentado con esas huelgas (aunque creo no hay que abusar de la herramienta de Ghandi) a un gobierno que no escucha, se cree omnipotente y es a la vez agresivo y cobarde. Pues bien, como los jóvenes lograron la mayoría de sus objetivos y ya en otra oportunidad la dejaron haciendo cui-cui desde el gobierno cuando el ministro de Interior los visitó, negoció y los complació en sus peticiones, esta vez quiso desquitarse de ese mancillar rojito invitando a un personaje grotesco que se transformó en acusador y verdugo de los huelguistas tras éstos haber logrado una vez más sus objetivos. Un psiquiatra nada exitoso, reconcomiado como es costumbre en los recién llegados de hace doce años, que ha integrado juntas interventoras del Psuv en algún hospital maltrecho, de apellido Bosa fue el encargado de disparar a mansalva contra los estudiantes que tanto molestan a la conductora rojita.

De entrada coincidió con ella al acusarlos de “haber permanecido comiendo cachitos a toda hora”. El invitado profirió cosas así: “Estos jóvenes desprestigiaron las huelgas, son malintencionados, esquizofrénicos, se envilecen con el gesto, banalizan una causa noble y montaron un circo macabro. Luego, en un gesto de permisividad con su propio discurso espetó: Solo algunos son recuperables. Otros serán de la derecha pitiyanqui en un tiempo. Los manipuladores y envilecidos. A su vez esos que han sido manipulables entrarán, muy seguro, al mundo de las drogas y serán por la medida chiquita “cínicos en su vida adulta”. Ni los vecinos los apoyaron. El médico siguió diciéndoles de todo ante la complacencia -¿o el casquillo rojito?- y los acusó de haber recibido financiamiento para su comida de cachitos de jamón y para su infraestructura. Ambos dialogantes señalaron a la oposición como responsable de estas actitudes opuestas a la tradición de las huelgas y de las actitudes juveniles.

Cerrada la rueda. Reflexionen.

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Hay demasiadas angustias por estos días en las filas rojas rojitas. Se nota por el lenguaje publico de sus obsecuentes fichas con las botas que gobiernan. Las mismas que le dedican canciones al sátrapa cubano o defienden, de corazón eso si, al dictador libio que para permanecer en el poder no le importan las miles de vidas que van cayendo por las balas de sus milicias. Siempre las culpas son de otros. El imperio gringo o el francés o el inglés o el saudita o el catarí o el que se aparezca en el camino.

Esta tarde escuche a la colega Maripili Hernández por Unión Radio, comprometida hasta los tuétanos con esta robolución (OJO: porque se robó la ilusión de tanta gente en esta docena de años), dedicar su programa a lo que se pueden llamar sus dos “apliques” por estos días: Gadafi y los estudiantes que hicieron la huelga de hambre.

Para el tema internacional abordó a la profesora de comunicación Maryclen Stelling, la que a veces es roja y a veces rojita, quien repitió lo que ha escrito en Ultimas Noticias o declarado en los medios afectos al chavismo: “¿Cuáles son los objetivos que realmente se persiguen? Imponer la democracia, proteger a la población civil o apoderarse del petróleo, matar a Gadafi. Se justifica la intervención militar con la excusa de que “hay que proteger al pueblo libio”, y se ratifica que la operación no persigue derrocar al régimen sino defender los derechos de la ciudadanía. Las denuncias de guerra y muerte contra Gadafi paradójicamente promueven la guerra como práctica humanitaria. ¿Una operación militar para pacificar?, ¿el uso de la fuerza para proteger a la población civil? ¿Destruir para intentar acabar con la destrucción? Dando pie a un bélico ejercicio de hipocresía que clama “no queremos la guerra, no queremos la muerte, pero llevamos la muerte”.

Según este doble estándar, lo que en Gadafi constituyen horrendos crímenes de guerra, para la coalición son actos legítimos. Pareciera no existir una ética común que se aplique en ambos casos y, paradójicamente, una carta moral, como sería el combate a la guerra y al exterminio, desdibuja los límites éticos. Y así, valores como la vida y la paz se quebrantan en nombre de una supuesta cruzada moral contra la guerra, la de Gadafi”.

Este discurso le permite a la periodista justificar su posición de apoyo a Gadafi basándose en esos conceptos pues “por allí me atacan diciendo que yo me he rasgado las vestiduras en apoyo al líder libio, cosa que no es cierta, pues lo que he hecho es coincidir con la profesora Stelling en su visión sobre Libia”. No recordó allí sus constantes ataques a todos los medios y periodistas que no coincidan con su posición acusándonos a todos, toditos, de estar parcializados, financiados por el imperialismo gringo y obedeciendo órdenes de Washington”. A los de su mismo circuito entonces.

Varias veces repetía la radiodifusora que ella no entendía como la prensa mundial trataba tan mal a Gadafi después de haberlo tenido como un ídolo. ¿Se le olvida el terrorismo del libio y la voladura del avión de Pan Am?  Tan solo el domingo El Nacional traía una entrevista con la periodista argentina Luisa Corradini que entrevistó al líder en tres oportunidades. En ellas siempre tuvo la compañía de un guardia de Gadafi asignado como su guardaespaldas y vigilante permanente. Lo reconoció en una foto. Era Abdelbaset Ali Mohmed al-Megrahi, el hombre que cometió el atentado contra el Boeing de Pan Am que estalló en 1988 sobre la ciudad escocesa de Lockerbie con 270 personas a bordo.

Cuando uno ve esas “defensas” solo se tiene la excusa de que Gadafi es el único líder del mundo que ha recibido 2 espadas de Bolívar: una en Trípoli y otra en Porlamar. Por esa improvisación generalizada en el régimen al caudillo se le ocurrió regalársela una vez en Libia y cuando visitó Margarita otra vez la sacó del estuche de sus regalos bolivarianos. La cancillería ni lo supo.

El segundo aplique de la compañerita roja tiene que ver con los estudiantes que con sus huelgas de hambre le han bajado el cogote el régimen. Obedeciendo las instrucciones de Miraflores y del PSUV -espero que no haya sido a motu propio pues sería mucho peor- nuestra amiga se ha dado a la tarea de desprestigiar, insultar (elegantemente eso sí, si cabe), ofender y desprestigiar a los universitarios que se han enfrentado con esas huelgas (aunque creo no hay que abusar de la herramienta de Ghandi) a un gobierno que no escucha, se cree omnipotente y es a la vez agresivo y cobarde. Pues bien, como los jóvenes lograron la mayoría de sus objetivos y ya en otra oportunidad la dejaron haciendo cui-cui desde el gobierno cuando el ministro de Interior los visitó, negoció y los complació en sus peticiones, esta vez quiso desquitarse de ese mancillar rojito invitando a un personaje grotesco que se transformó en acusador y verdugo de los huelguistas tras éstos haber logrado una vez más sus objetivos. Un psiquiatra nada exitoso, reconcomiado como es costumbre en los recién llegados de hace doce años, que ha integrado juntas interventoras del Psuv en algún hospital maltrecho, de apellido Bosa fue el encargado de disparar a mansalva contra los estudiantes que tanto molestan a la conductora rojita.

De entrada coincidió con ella al acusarlos de “haber permanecido comiendo cachitos a toda hora”. El invitado profirió cosas así: “Estos jóvenes desprestigiaron las huelgas, son malintencionados, esquizofrénicos, se envilecen con el gesto, banalizan una causa noble y montaron un circo macabro. Luego, en un gesto de permisividad con su propio discurso espetó: Solo algunos son recuperables. Otros serán de la derecha pitiyanqui en un tiempo. Los manipuladores y envilecidos. A su vez esos que han sido manipulables entrarán, muy seguro, al mundo de las drogas y serán por la medida chiquita “cínicos en su vida adulta”. Ni los vecinos los apoyaron. El médico siguió diciéndoles de todo ante la complacencia -¿o el casquillo rojito?- y los acusó de haber recibido financiamiento para su comida de cachitos de jamón y para su infraestructura. Ambos dialogantes señalaron a la oposición como responsable de estas actitudes opuestas a la tradición de las huelgas y de las actitudes juveniles.

Cerrada la rueda. Reflexionen.

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