Ser el mejor… Querer ser el mejor… Trabajar por ser el mejor… Creerse predestinado a ser el mejor… Es obligatorio ser el mejor… El mundo es de quienes lo hacen mejor… Le pagan más al mejor… Es más famoso el mejor… Todos quieren ser el mejor y algunos llegan a serlo…como sea.
Podríamos decir que desde la pila bautismal, literalmente, Barry Bonds estaba predestinado a inscribir su nombre en la historia del beisbol. El ahijado de Willie Mays haría lo que su padre Bobby no pudo hacer por sus complejos como consecuencia del racismo y ese resentimiento que siempre evidenció y que lo llevaron a convertirse en un alcohólico y a no poder alcanzar las dimensiones que si logró su compadre, quien pudo superar la segregación para ubicarse entre los más grandes de todos los tiempos.
Bonds creció con la gloria muy cerca y además con condiciones físicas y talento superiores. Destacó desde siempre con un bate en la mano y además era veloz y hábil para fildear.
Cuando llegó a las Mayores se convirtió de inmediato en una sensación. Bonds quería los faros sobre si, era un estelar jugador de los Piratas de Pittsburg, pero aún no era tan destacado como esperaba, como creía merecer.
Esto no lo digo yo; palabras más o menos, lo declaró Bobby Bonds en el documental “Baseball’ de Ken Burns, sobre el carácter irascible de su hijo, quien a veces se aislaba y pedía que no le hablaran y Bobby buscaba explicar por qué Barry era tan reservado y en ocasiones agresivo con los periodistas, fanáticos e incluso sus compañeros.
“Es así porque es mi hijo, así lo crié”-dijo.
Anhelaba el reconocimiento desde siempre y en ocasiones pareció que ni los “MVP” o los Guantes de Oro le bastaban, él iba por la historia.
Quién sabe cómo habría sido la carrera de Bonds si no coincide con la “era de los esteroides”.
La tentación de poder llegar a las metas más encumbradas, como los 73 jonrones de 2001, sin que nadie preguntara cómo era posible.
Después de la huelga de 1994, el espectáculo de los hombres enormes dando batazos de vuelta completa se convirtió en un oxígeno que mejor no saber de dónde venía. Era muy conveniente.
Las sustancias para mejorar el rendimiento eran ilegales, pero en las Grandes Ligas no había ningún control, así que la impunidad también sirvió de alimento.
Muchos, muchos, veíamos como extraño lo que ocurría y de alguna manera fuimos cómplices mientras disfrutamos de las kilométricas conexiones.
Esos jonronres se tradujeron en rating, grandes titulares que vendieron muchos diarios y revistas, estadios repletos y miles de fanáticos delirantes viendo la pelota alejarse del plato. Esos jonrones significaron mucha plata.
¿Los que usaron los esteroides son culpables? Es probable que si, pero no es tan sencillo el juicio, en el caso específico de Bonds podríamos verlo también como una víctima de si mismo, de su ambición, seguramente pensó que se le hacía tarde para llegar y prefirió el atajo, un camino que muchos transitaron caminando de puntillas, tratando de no ser vistos, porque sabían que no era lo correcto, aunque no había nadie impidiendo que agarraran por esa calle.
Sin embargo todos vimos cómo sus cuerpos evidenciaban que algo no era normal, pero no parecía importarnos.
Y bueno ahora deben vivir con las consecuencias de haber pretendido ser los mejores.
Nunca sabremos si habrían podido serlo, sus historias se opacaron con los esteroides y ni un asterisco luce suficiente para recordar que esos jonrones pueden ser muchos pero no tan gloriosos como para llegar a Cooperstown y ese podría ser el gran castigo, que 762 jonrones no lo dejen alcanzar la morada de los mejores. Quién sabe si no le sobraron justamente los que dio ayudados por los anabólicos.
Estas líneas no buscan exculpar a Bonds o a ninguno, no estoy de acuerdo con los esteroides, me cuesta creer que no supieran lo que consumían y pienso que no es justo comparar los batazos de Barry Bonds con los de Ken Griffey Jr, por ejemplo, pero creo que es un cuento gris para otros, además de los jugadores…
Al final perdió el beisbol, nadie gana cuando hay trampa.
Pero el beisbol sabe reponerse, ya lo ha hecho antes…













