Desde hace más de 10 años, el pueblo venezolano ha sido vÃctima de una polÃtica económica suicida. Ideada por su incompetencia más manifiesta, Jorge Giordani, e implantada por Hugo Chávez, esta polÃtica se basó en el inmenso influjo de dólares que provienen de la comercialización del petróleo. Prometiendo sacarnos del rentismo, se comenzó a expropiar y expoliar empresas e industrias que en su gran mayorÃa se encuentran en niveles de operación inferiores a los del momento en que pasaron a manos del gobierno.
Todo esto vino acompañado del nefasto control cambiario. Uno que ha durado más de 10 años y que no impidió que se diera la más grande fuga de divisas que ha sufrido el paÃs en toda su historia. Esta desacertada polÃtica puso en manos de una clase polÃtica inepta y sin visión de grandeza ni de futuro, la posibilidad de crear una serie de mecanismos que hicieran difÃcil adquirir divisas que facilitaran el desarrollo de una economÃa saludable y productiva.
Su incapacidad más manifiesta, Jorge Giordani, llegó al improperio de decir que Venezuela tenÃa todos los dólares que necesitaba. Eso no lo dice el ministro de finanzas de ningún paÃs en el cual la clase polÃtica tenga los estudios mÃnimos necesarios para el ejercicio del cargo. Lo cierto es que Giordani no tiene ninguna cualificación académica que le permitiera ejercer con propiedad, ninguno de los cargos que ocupó durante los últimos catorce años.
Los resultados de la ignorancia como ejercicio de poder están a la vista. Venezuela es, en este momento, un paÃs con una población que sufre una de las peores calidades de vida del hemisferio. Mis investigaciones me han permitido conocer que en el chavismo hay toda una campaña según la cual se le hace creer a sus seguidores que paÃses como Colombia o Perú se encuentran peor que nosotros.
Eso queda desmentido por los números a nivel macroeconómico. Como única muestra diremos que la inflación de un mes en nuestro paÃs es superior a la anual de los dos paÃses mencionados. Además, los ciudadanos de esos paÃses no tienen que sufrir largas colas para comprar alimentos. Más especÃficamente, cualquier ciudadano colombiano o peruano, puede adquirir libremente los dólares que pudiera necesitar. Como detalle en esos paÃses no hay problema alguno para, teniendo los recursos, comprar el vehÃculo que se quiera a precios muy por debajo de los nuestros.
Como consecuencia de la desastrosa polÃtica económica, en Venezuela estamos esperando una nueva devaluación de la moneda. La misma vendrá acompañada de aumentos de la electricidad, el servicio de agua, servicio de gas, aumento de la gasolina y todas esas medidas que suele recomendar el Fondo Monetario Internacional al que no hace falta pertenecer para seguir sus recetas.
Tocará oÃr a algún fanático desaprensivo decir que la devaluación no le importa porque él no compra dólares. La triste realidad es que lo peor está por venir. Y lo que tenemos ya es lo suficientemente malo. Este martes 5/8, pude leer un artÃculo de Aporrea en el que el autor dice haber sido testigo de varios ataques de epilepsia en las calles de Caracas. Elemental, el control de cambio ha hecho desaparecer del mercado una gran cantidad de medicinas, entre ellas, los anticonvulsivos.
Lo cierto es que un paÃs tan dependiente de las importaciones como el nuestro, no puede seguir siendo sometido a la ignominia de un control de cambio que ha servido para enriquecer indecentemente a burócratas del régimen y empobrecer brutalmente a más del 90% de la población.
En este momento es imposible comprar un vehÃculo, viajar al extranjero, hacer un mercado completo, rendir la quincena, conseguir las medicinas que prescriben los médicos, conseguir que un organismo público atienda a un paciente oncológico, arreglar un vehÃculo al que le falta un repuesto, que el cajero automático te dé el papelito con tu saldo, y un largo etcétera de necesidades que no pueden ser satisfechas.
Todo esto en medio de la más alta y larga bonanza petrolera de nuestra historia. El único problema es que esa riqueza fue neutralizada por la ignorancia de una clase polÃtica voraz que cual marabunta desintegró nuestros recursos y nos lanzó en el foso de la pobreza. Ellos disfrutan de una Venezuela privada: chofer, carro, guardaespaldas, viajes en aviones privados, todos los dólares que necesiten, atención médica en el extranjero y algunos con hijos cursando estudios en colegios y universidades alrededor del mundo.
Los partidos polÃticos de oposición nunca la habÃan tenido tan fácil. El gobierno no puede justificar el desastre que estamos viviendo. Es hora de que los dirigentes polÃticos comiencen a hablar de los problemas que sufren los venezolanos. El debate salida-vÃa electoral es un sin sentido para un venezolano que le toca sufrir el dÃa a dÃa de la peor calidad de vida de nuestra historia. Es hora de conectarse con el venezolano y con sus desgracias.
 Jose Vicente Carrasquero




