El cambio democrático, progresista, de ideas avanzadas, que requiere Venezuela y por el cual luchamos, es, si, un cambio en el “modelo” económico y político ruinoso, destructor, con afán totalitario. El “modelo” del “estatismo salvaje”, de la gran corrupción roja y de las imposiciones “me-da-la-gana”. No obstante, tenemos que ser enfáticos y asumir plenamente que no se trata de sustituir una intolerancia por otra, un fundamentalismo extremista por otro. No se trata de hacer el “revanchismo al revés” ni repetir el estilo excluyente. Para empezar porque se trata de un asunto de valores y principios democráticos, pero además por un asunto algo mas práctico: Venezuela no es viable si se excluye a los venezolanos que en éstos años han respaldado al gobierno. Igual como no ha sido viable una “revolución” que se cree “el reino de los moralmente superiores” y por tanto han actuado excluyendo y despreciando a millones. Excluir hace imposible – mas temprano que tarde- la convivencia y sin ésta el país es un permanente conflicto en lugar de un espacio creativo y productivo.
Por éstos días leí un tuit de un importante y conocido activista muy crítico del “chavismo de izquierda” (ya que la mayor parte de la jerarquía gubernamental roja es militarista y de derecha aunque hagan cháchara de “socialismo”). Se quejaba en su tuit de que en el debate interno del Psuv se les descalificaba acusándolos de “traidores”, “enemigos” y otras lindezas semejantes. “¿Vamos a debatir así entre nosotros?”, remataba su amarga queja. Alguien le contestó, recordándole que “así es como ustedes han ‘debatido’ con el resto de los venezolanos todos éstos años”.
Lamentablemente es cierto aunque no es la hora -y nunca debe serlo- de hacer revanchismo sino de tender la mano, comprender las legítimas razones del otro, sumar y abrir encuentros. El “aquí cabemos todos” es fundamental para reconstruir un país con progreso. Condición clave para hacer una nueva mayoría sólida.
La clase política gobernante se ha “relacionado” y confrontado con millones de venezolanos todos éstos años no con ideas sino con ofensas, expresiones cargadas de desprecio y descalificaciones: “apátridas, escuálidos, majunches, oligarcas, cochinos” y un largo etcétera que es seguido de amenazantes etiquetas como “golpistas, desestabilizadores”. Debemos recalcar que los insultos, descalificaciones y definiciones que criminalizan son doblemente graves cuando se emiten desde el poder, y mas si ese poder controla todo y usa a su antojo a las instituciones. Cierto que desde una parte de la “otra acera” también le han respondido con expresiones semejantes, totalmente carentes de contenido, inaceptables, desagradables, aunque afortunadamente el liderazgo político de la Unidad Democrática ha sido duro políticamente mas no con agravios ni ofensas.
Varias veces he escrito que además del talante cuartelario y no-democrático de unos cuantos jerarcas, ese método tuvo un propósito político: sembrar una profunda división en el pueblo, signada por el odio y que impidiera el diálogo a ningún nivel pero sobre todo en las bases. Que no se escucharan entre sí, ni razonen sobre denuncias, reclamos, protestas ni argumentos. Que lo que se dijera disparara de inmediato la tecla bloqueadora: “eres un majunche, escuálido, apátrida”. Así como criminalizar toda protesta o lucha social y política, ante la cual el amenazante estribillo: “es un plan golpista, desestabilizador” se le aplicó también a los suyos cuando reclaman y luchan, pretendiendo que fueran sumisos. Pero el estruendoso fracaso social, económico y político del gobierno, las irritantes contradicciones de la gran corrupción de los jerarcas aunado al discurso duro y claro, pero incluyente de la MUD, de sus dirigentes y de quien fue su candidato en dos elecciones, han ido quebrando, poco a poco, ese bloqueo o parte de él. Siembra a la largo plazo.
“Traidores, comeflores, vendidos”, se dice y escribe con extrema ligereza reproduciendo aquel estilo. Ufff. Además de ser falso. Ningún cambio será posible si se reproduce lo que se quiere cambiar. Por mas angustia legítima que sienta alguien. Es igual que cuando se contesta con revanchismo al ex chavista que protesta en la calle, sacándole en cara sus anteriores aplausos. Además de torpe y contraproducente, esa actitud nada tiene que ver con los valores democráticos. O cuando se hacen generalizaciones por demás injustas e incorrectas. Los trabajadores de Sidor protestan intensamente y no falta quien recrimine que alguna vez aplaudieron. Doblemente injusto e incorrecto. Haber visto a varios cientos aplaudiendo al gobierno no debe usarse para generalizar. Otros cientos no lo hacían aunque no se les veía en las imágenes que transmitía el canal 8. Y muchos nunca dejaron de denunciar la ruina. ¿O como creen que en ésta columna hemos podido denunciar tantas cosas todos éstos años de no ser por cientos de sidoristas denunciantes y dolientes legítimos de su empresa?. Y en todo caso, los que aplaudían tenían sus razones que deben ser respetadas como legítimas. La intolerancia excluyente además de torpe, es repetir la conducta que nos indignó una y mil veces. Aquellos “moralmente superiores” tan repudiables. Y si algunos aplaudieron y ahora protestan… ¡bienvenidos sean!.
Damián Prat




