Pocas cosas son tan emocionantes como ver una pelota de beisbol alejarse del plato.
Nunca ha sido fácil conectar un cuadrangular, aunque a veces nos parezca, cuando vemos un bateador como Albert Pujols o Miguel Cabrera, que sacar la bola del parque es algo sencillo.
Nunca ha sido fácil llevar la pelota más allá de la cerca, se requiere buena vista, paciencia, mucha fuerza y seleccionar un buen lanzamiento. Muchas veces escuchamos que en la mayoría de los casos, un jonrón es un buen pitcheo bien conectado. La física podría explicarlo mejor, aunque un pelotero como Wladimir Guerrero ha sido capaz de desafiar todas las leyes de la ciencia y darle a una pelota lanzada de cualquier manera para desparecerla.
En sus primeros años, cuando solo eran pocas reglas, el beisbol “favorecía” a los lanzadores, estos podían intervenir las esféricas con todo tipo de resinas, las rasguñaban, la mojaban con saliva o sudor y así tenían ventaja frente al bateador.
Con el tiempo esas prácticas fueron desapareciendo sometidas por las nuevas reglas, pero nuevas formas de lanzar también se incorporaron para hacer más difícil el trabajo de los toleteros, tanto era así, que fue en la década de los treintas cuando el primer bateador de las Grandes Ligas pasó la barrera de los 500 jonrones -la leyenda Babe Ruth-, el que lo seguía no sería menos importante ni habilidoso siendo el primero en la liga nacional, su nombre, Mel Ott, el muchacho prodigio que se convirtió en Gigante.
Mel Ott nació un día como hoy, 2 de marzo de 1909 en Gretna, Los Ángeles, California.
Fue un jugador especial, un jovencito que comenzó en el beisbol semi-profesional con un equipo de Louisiana y quien prácticamente de inmediato fue firmado por los Gigantes de Nueva York, después de que el manager John McGraw descubrió su talento.
Era un prodigio para el juego, desde que llegó exhibió cualidades extraordinarias, más allá de su fuerza jugaba con mucha inteligencia y conocimiento de las estrategias como el más veterano, estilo que encajaba perfectamente con el juego de McGraw.
Debutó en el 1928 y al años siguiente se convirtió en el líder de los jonroneros de la Liga Nacional con 42 vuelacercas. Podía estar en los jardines y también en la antesala, lo más importante de Ott era su demoledor bateo.
Fue un jugador fundamental, junto al pitcher Carl Hubbell y el primera base Bill Terry para que los Gigantes consiguieran los campeonatos de Liga en 1933, 1936 y 1937 y la Serie Mundial de 1933.
En 1951 fue exaltado al Salón de la fama de Cooperstown y ocupa el puesto 23 de todos los jonroneros de todos los tiempos.
Club de 500 ó más
(fuente: Baseball reference)
1. Barry Bonds 762
2. Hank Aaron 755 (HOF)
3. Babe Ruth 714 (HOF)
4. Willie Mays 660 (HOF)
5. Ken Griffey 630
6. Alex Rodriguez 613
7. Sammy Sosa 609
8. Jim Thome 589
9. Frank Robinson 586 (HOF)
10. Mark McGwire 583
11. Harmon Killebrew 573 (HOF)
12. Rafael Palmeiro 569
13. Reggie Jackson 563 (HOF)
14. Manny Ramirez 555
15. Mike Schmidt 548 (HOF)
16. Mickey Mantle 536 (HOF)
17. Jimmie Foxx 534 (HOF)
18. Willie McCovey 521 (HOF)
Frank Thomas 521
Ted Williams 521 (HOF)
21. Ernie Banks 512 (HOF)
Eddie Mathews 512 (HOF)
23. Mel Ott 511 (HOF)
24. Gary Sheffield 509
25. Eddie Murray 504 (HOF)
(HOF) Salón de la Fama









