Hijo, la vida me ha enseñado en muchísimas ocasiones, que siempre hay un peldaño inferior al inferior, y también uno superior al superior, y una persona puede hacerse a sí mismo feliz o miserable, independientemente de lo que esté sucediendo “afuera”, tan sólo cambiando los contenidos de su conciencia. Todos conocemos individuos que pueden transformar situaciones desesperadas en desafíos a superar, simplemente por la fuerza de su conciencia. Esta capacidad de perseverar a pesar de los obstáculos y los retrocesos, es la cualidad que la gente más admira en los demás; y con justicia; porque es probablemente el rasgo más importante no sólo para tener éxito en la vida, sino para disfrutarla.
Sin embargo; hay mucha gente que le echa la culpa a “la suerte”, sin darse cuenta que no hay nada más mediocre que apelar a la suerte, para explicar el éxito de los demás o el fracaso de uno mismo. ¡Hijo, los ganadores buscan soluciones, los perdedores excusas! Por consiguiente, trata de prestarle atención a tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Préstale atención a tus palabras porque se convierten en tus acciones. Préstale atención a tus acciones porque se convertirán en tus hábitos. Préstale atención a tus hábitos porque se convertirán en tu carácter. Préstale atención a tu carácter, porque ese será precisamente tu destino hijo mío. Mi padre, siempre me solía contar que si le ponemos a un chico una pulsera de plomo en su muñeca, estaremos hostigando a ese brazo, y todo le va a costar mucho más, desde lavarse los dientes, correr y hasta saludar. Si después de un año lo liberamos de ese peso extra, notaremos que ese brazo es mucho más fuerte que el otro. El brazo hostigado creció mucho más y es más fuerte que el brazo no hostigado. Hemos agredido, hemos profanado ese músculo, pero lo hemos hecho crecer.
Por eso, a las dificultades, nos las llames dificultades, llámalas experiencias, llámalas maestros; porque son precisamente esas dificultades las que te ayudarán a madurar, y a crecer vigoroso y feliz, no importa cuán adversas parezcan las mismas. Los obstáculos, siempre descorazonarán a los débiles y a los no merecedores del éxito; pero casi siempre incentivan a los que quieren ser fuertes y mejorar.
La vida no es fácil para la gran mayoría. ¿Pero qué hay con eso? Debemos tener perseverancia; y sobre todo, confianza en nosotros mismos, ya que si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo el recoger sus frutos. ¡El simple deseo de progresar ya representa en sí mismo un gran progreso! Por consiguiente, trata de superarte siempre; y durante toda tu vida, ya que el progreso, el éxito y la felicidad en cualquier forma, requieren de constantes esfuerzos, sin darte nunca el lujo de inventar excusas, o de pensar que algo no se puede hacer.
Mi madre, cuando me quejaba de algo, o de la mala suerte que había tenido en determinada situación, siempre me respondía: “Carlos, ¿sabes cuántas personas en el planeta desearían estar en tu lugar? Sé siempre agradecido con lo que tienes; y desde lo que eres y tienes, inicia el cambio trabajando muy duro hacia algo mejor, pues siempre habrá delante nuevos logros para que tú puedas crecer. Pero cuidado si no los inicias, ya que la alternativa será: estar peor, y otros que estaban peor y lucharon, estarán contentos de estar en tu lugar”.
Curiosamente hijo, expresiones como las anteriores, las escuchaba cuando vivía con tus abuelos en la habitación alquilada de una pensión, ubicada en el barrio “El Cementerio”.
Carlos Dorado
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