El Modus Operandi de Gadafi es demasiado parecido a otros que conocemos

Un trabajo de investigación de la periodista Maite Rico en la edición de hoy del diario español El País da cuenta de lo que en medio de este efecto dominó -¿Democrático o Fundamentalista estará por verse?- en el mundo árabe es la enorme interrogante que siempre ha existido en torno a las fortunas que estos dictadores han de tener escondidas.

Si vimos hace un mes al ex dictador haitiano Jean Claude Duvalier regresar a su pobre y desvencijado país no como figura de salvación o de redención de sus culpas sino como un negociante que regresaba, tras dos décadas, para conseguir que el régimen actual le levantara el embargo que sobre unos 25 millones de dólares  de su fortuna están congelados en un banco de Suiza desde que fue echado del poder.

Mientras el dictador libio se resiste  a dejar el poder con la excusa que él no tiene cargo publico pues solamente es “el fundador de la Republica” su país se muestra ya en medio de una cruenta represión por parte de sus fuerzas que han utilizado desde aviones de guerra hasta helicópteros artillados para acabar con los manifestantes bajo las ordenes de Gadafi que ha pedido condenas de muerte para sus enemigos “pues la amenaza que tenemos no solo es de los imperios sino también de los fundamentalistas islámicos que como Al Qaeda quieren cogerse a Libia y sus riquezas petroleras”.

Muy bueno el reporte que hace Rico, que casualidad su apellido cuando va a averigua  las fortunas de los “ricos” depuestos o a punto de ser depuestos, sobre lo que ha llamado LAS FORTUNAS DE LA CLEPTOCRACIA.

En este trabajo detalla como estos dictadores a través de las décadas en las que han gobernado han amasado ingentes fortunas, que ahora salen al descubierto, cuando los gobiernos que surgen tras sus salidas exigen la congelación de las cuentas que se les conocen.

Reproduzco aquí las líneas de Maite Rico en El País.

LAS FORTUNAS DE LAS CLEPTOCRACIAS: LOS GADAFIS COMO LOS BEN ALI Y LOS MUBARAK, CONTROLABAN LOS PRINCIPALES SECTORES ECONÓMICOS  DE SUS PAISES

Las revoluciones que están haciendo caer como fichas de dominó a las dictaduras árabes tienen como efecto inevitable la fiscalización de las fortunas amasadas por los autócratas y sus allegados. Ahora le toca el turno a Muamar el Gadafi, cuyos negocios familiares, particularmente opacos, tienen su fuente principal en el petróleo. Los expertos no dan cifras, pero no dudan de que el expolio perpetrado por el clan Gadafi a las arcas libias asciende a “miles de millones de dólares”, a tenor de los faltantes anuales entre los ingresos estatales y el gasto público. Y sospechan de la existencia de abultadas cuentas secretas en Dubái, el sudeste asiático y varios países del Golfo.

Según los cables de la diplomacia estadounidense filtrados por Wikileaks, la familia del dictador ha perpetrado una constante sangría de ingresos en la Compañía Nacional de Petróleo. Sus tentáculos alcanzan también los sectores de las telecomunicaciones, la construcción y la hostelería. Los despachos diplomáticos dan cuenta de comportamientos poco edificantes de los hijos de Gadafi, como las disputas entre tres de ellos por la franquicia de Coca-Cola, o la exigencia de Mutasim, el cuarto de sus vástagos, de 880 millones de euros a la petrolera estatal para establecer su propia milicia. Mutasim, consejero de seguridad de su padre, es famoso por contratar en sus fiestas privadas a celebridades como Mariah Carey o Beyoncé.

Además, el Estado libio como tal ha invertido en el extranjero cerca de 70.000 millones de euros a través de la Autoridad Libia de Inversiones. Según el diario The Guardian, el portafolio de este fondo soberano, creado en 2006, incluye varias empresas estratégicas italianas -desde la petrolera ENI a la industria aeroespacial- y un centro comercial en Londres. Claro que, como siempre, las fronteras entre “el Estado” libio y los bolsillos de los Gadafi son difusas. De las inversiones privadas de la familia se conocen dos hoteles de lujo y dos plantas embotelladoras de agua en Italia.

En realidad, el patrón de enriquecimiento de los Gadafi es el habitual en los regímenes autoritarios, y no solo en Oriente Próximo: el líder se mantiene aparentemente al margen, pero permite que su familia y allegados manejen el país como su feudo, de forma más o menos ostentosa. O incluso grotesca. Tal es el caso de Leila Trabelsi, esposa del derrocado presidente tunecino Zine Ben Ali, cabeza de una auténtica cleptocracia que, según Transparencia Internacional, controlaba entre el 30% y el 40% de la economía de Túnez, y que en su precipitada huida aún tuvo tiempo de pasarse por el Banco Central para llevarse 1,5 toneladas de oro en lingotes.

En el caso del egipcio Hosni Mubarak, algunos expertos creen que las cifras aventuradas sobre su fortuna (entre 40.000 y 70.000 millones de dólares) son exageradas. “Sobran uno o dos ceros”, declaraba recientemente a la emisora France 24 Jean-Noël Ferrié, director del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. Los Mubarak participaron en negocios, recibieron comisiones y acumulan bienes raíces en EE UU y Reino Unido. Pero mientras en Túnez el clan Trabelsi y sus amigos controlaban toda la riqueza, en Egipto, explica Ferrié, “la corrupción salpicaba a toda la sociedad”, siguiendo un esquema clientelista. Mubarak, como hizo su antecesor Sadat, permitía que amplios sectores (militares, funcionarios) sacaran tajada para garantizarse su apoyo al régimen.

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Un trabajo de investigación de la periodista Maite Rico en la edición de hoy del diario español El País da cuenta de lo que en medio de este efecto dominó -¿Democrático o Fundamentalista estará por verse?- en el mundo árabe es la enorme interrogante que siempre ha existido en torno a las fortunas que estos dictadores han de tener escondidas.

Si vimos hace un mes al ex dictador haitiano Jean Claude Duvalier regresar a su pobre y desvencijado país no como figura de salvación o de redención de sus culpas sino como un negociante que regresaba, tras dos décadas, para conseguir que el régimen actual le levantara el embargo que sobre unos 25 millones de dólares  de su fortuna están congelados en un banco de Suiza desde que fue echado del poder.

Mientras el dictador libio se resiste  a dejar el poder con la excusa que él no tiene cargo publico pues solamente es “el fundador de la Republica” su país se muestra ya en medio de una cruenta represión por parte de sus fuerzas que han utilizado desde aviones de guerra hasta helicópteros artillados para acabar con los manifestantes bajo las ordenes de Gadafi que ha pedido condenas de muerte para sus enemigos “pues la amenaza que tenemos no solo es de los imperios sino también de los fundamentalistas islámicos que como Al Qaeda quieren cogerse a Libia y sus riquezas petroleras”.

Muy bueno el reporte que hace Rico, que casualidad su apellido cuando va a averigua  las fortunas de los “ricos” depuestos o a punto de ser depuestos, sobre lo que ha llamado LAS FORTUNAS DE LA CLEPTOCRACIA.

En este trabajo detalla como estos dictadores a través de las décadas en las que han gobernado han amasado ingentes fortunas, que ahora salen al descubierto, cuando los gobiernos que surgen tras sus salidas exigen la congelación de las cuentas que se les conocen.

Reproduzco aquí las líneas de Maite Rico en El País.

LAS FORTUNAS DE LAS CLEPTOCRACIAS: LOS GADAFIS COMO LOS BEN ALI Y LOS MUBARAK, CONTROLABAN LOS PRINCIPALES SECTORES ECONÓMICOS  DE SUS PAISES

Las revoluciones que están haciendo caer como fichas de dominó a las dictaduras árabes tienen como efecto inevitable la fiscalización de las fortunas amasadas por los autócratas y sus allegados. Ahora le toca el turno a Muamar el Gadafi, cuyos negocios familiares, particularmente opacos, tienen su fuente principal en el petróleo. Los expertos no dan cifras, pero no dudan de que el expolio perpetrado por el clan Gadafi a las arcas libias asciende a “miles de millones de dólares”, a tenor de los faltantes anuales entre los ingresos estatales y el gasto público. Y sospechan de la existencia de abultadas cuentas secretas en Dubái, el sudeste asiático y varios países del Golfo.

Según los cables de la diplomacia estadounidense filtrados por Wikileaks, la familia del dictador ha perpetrado una constante sangría de ingresos en la Compañía Nacional de Petróleo. Sus tentáculos alcanzan también los sectores de las telecomunicaciones, la construcción y la hostelería. Los despachos diplomáticos dan cuenta de comportamientos poco edificantes de los hijos de Gadafi, como las disputas entre tres de ellos por la franquicia de Coca-Cola, o la exigencia de Mutasim, el cuarto de sus vástagos, de 880 millones de euros a la petrolera estatal para establecer su propia milicia. Mutasim, consejero de seguridad de su padre, es famoso por contratar en sus fiestas privadas a celebridades como Mariah Carey o Beyoncé.

Además, el Estado libio como tal ha invertido en el extranjero cerca de 70.000 millones de euros a través de la Autoridad Libia de Inversiones. Según el diario The Guardian, el portafolio de este fondo soberano, creado en 2006, incluye varias empresas estratégicas italianas -desde la petrolera ENI a la industria aeroespacial- y un centro comercial en Londres. Claro que, como siempre, las fronteras entre “el Estado” libio y los bolsillos de los Gadafi son difusas. De las inversiones privadas de la familia se conocen dos hoteles de lujo y dos plantas embotelladoras de agua en Italia.

En realidad, el patrón de enriquecimiento de los Gadafi es el habitual en los regímenes autoritarios, y no solo en Oriente Próximo: el líder se mantiene aparentemente al margen, pero permite que su familia y allegados manejen el país como su feudo, de forma más o menos ostentosa. O incluso grotesca. Tal es el caso de Leila Trabelsi, esposa del derrocado presidente tunecino Zine Ben Ali, cabeza de una auténtica cleptocracia que, según Transparencia Internacional, controlaba entre el 30% y el 40% de la economía de Túnez, y que en su precipitada huida aún tuvo tiempo de pasarse por el Banco Central para llevarse 1,5 toneladas de oro en lingotes.

En el caso del egipcio Hosni Mubarak, algunos expertos creen que las cifras aventuradas sobre su fortuna (entre 40.000 y 70.000 millones de dólares) son exageradas. “Sobran uno o dos ceros”, declaraba recientemente a la emisora France 24 Jean-Noël Ferrié, director del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. Los Mubarak participaron en negocios, recibieron comisiones y acumulan bienes raíces en EE UU y Reino Unido. Pero mientras en Túnez el clan Trabelsi y sus amigos controlaban toda la riqueza, en Egipto, explica Ferrié, “la corrupción salpicaba a toda la sociedad”, siguiendo un esquema clientelista. Mubarak, como hizo su antecesor Sadat, permitía que amplios sectores (militares, funcionarios) sacaran tajada para garantizarse su apoyo al régimen.

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