Las guerras internas en Mincomercio atrasarán todo

En Enero, el día 27 para ser más precisos, sacaron a Richard Canán del Ministerio de Comercio. Rumores sobre su despido se centraron en el encontronazo que el Presidente Chávez tuvo con el presidente del Banco Provincial tras un montaje algo improvisado con una supuesta víctima del agiotista bancario y por otro lado con discrepancias con la funcionaria cubana que controla o coordina la acción del ministerio local con su par en La Habana. Luego vimos como Canán era recogido por el vicepresidente Elías Jaua nombrándolo en una de las direcciones de su despacho.

La designación de Edmée Betancourt como ministra de Comercio dio más fuerza al ministro rector de todo el desaguisado económico y financiero del régimen chavista: Jorge Giordani, actual ministro de Finanzas y Planificación.

La doctora Betancourt a había pasado por la cartera de comercio e industrias ligeras y también por la presidencia de Bandes, el banco de desarrollo social.

Tras el talibán Eduardo Samán que solo atinaba a recomendar expropiaciones, multas y cárcel para el sector privado y que se topó con la realidad -después de recomendarle a Chávez la expropiación de Supermercados Éxito- de tener el gobierno que “asociarse con los franceses el gobierno trajo a Canán para remendar su actuación.

La nueva ministra vino barriendo a quienes estaban con Canán al igual que éste lo hizo con la gente de Samán. El Mundo del 21 de febrero señalaba que en un mes ya llevan tres cambios de directiva. Desde la presidencia de Suvinca, empresa estatal del Min-Comercio encargada de comprar desde un clavo hasta un helicóptero hasta el Indepabis donde ahora Augusto Montiel sustituye a Aura Rosa Hernández una de las últimas colaboradoras del talibán Samán que aún quedaba en el ministerio. En el mismo diario Samán recomendaba a Montiel “o botara a nadie como había hecho la gestión anterior”.

Todo esto se ha reflejado en el accionar cotidiano del ministerio. Los atrasos en las autorizaciones, supervisiones, recomendaciones y decisiones importantes han vuelto al lento trapiche burocrático que anestesia al gobierno.

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En Enero, el día 27 para ser más precisos, sacaron a Richard Canán del Ministerio de Comercio. Rumores sobre su despido se centraron en el encontronazo que el Presidente Chávez tuvo con el presidente del Banco Provincial tras un montaje algo improvisado con una supuesta víctima del agiotista bancario y por otro lado con discrepancias con la funcionaria cubana que controla o coordina la acción del ministerio local con su par en La Habana. Luego vimos como Canán era recogido por el vicepresidente Elías Jaua nombrándolo en una de las direcciones de su despacho.

La designación de Edmée Betancourt como ministra de Comercio dio más fuerza al ministro rector de todo el desaguisado económico y financiero del régimen chavista: Jorge Giordani, actual ministro de Finanzas y Planificación.

La doctora Betancourt a había pasado por la cartera de comercio e industrias ligeras y también por la presidencia de Bandes, el banco de desarrollo social.

Tras el talibán Eduardo Samán que solo atinaba a recomendar expropiaciones, multas y cárcel para el sector privado y que se topó con la realidad -después de recomendarle a Chávez la expropiación de Supermercados Éxito- de tener el gobierno que “asociarse con los franceses el gobierno trajo a Canán para remendar su actuación.

La nueva ministra vino barriendo a quienes estaban con Canán al igual que éste lo hizo con la gente de Samán. El Mundo del 21 de febrero señalaba que en un mes ya llevan tres cambios de directiva. Desde la presidencia de Suvinca, empresa estatal del Min-Comercio encargada de comprar desde un clavo hasta un helicóptero hasta el Indepabis donde ahora Augusto Montiel sustituye a Aura Rosa Hernández una de las últimas colaboradoras del talibán Samán que aún quedaba en el ministerio. En el mismo diario Samán recomendaba a Montiel “o botara a nadie como había hecho la gestión anterior”.

Todo esto se ha reflejado en el accionar cotidiano del ministerio. Los atrasos en las autorizaciones, supervisiones, recomendaciones y decisiones importantes han vuelto al lento trapiche burocrático que anestesia al gobierno.

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Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.