El pasado 8 de abril fue publicado en Gaceta Oficial el Reglamento de la Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones. Entre las novedades que presenta, destacan las normas relativas al desarme voluntario, una iniciativa que se ha aplicado con éxito en otros países de la región. Sin embargo, el procedimiento establecido y la comprobada falta de voluntad política del gobierno nacional (la anterior Ley Desarme de 2002 nunca se ejecutó), dificultan que hoy en Venezuela se puedan alcanzar resultados positivos en esta materia.
Las políticas de desarme voluntario no van dirigidas a los peligrosos delincuentes activos, por eso su alcance siempre es limitado. Sería ingenuo pensar que un criminal que utiliza el arma de fuego para secuestrar o robar, la va a entregar a la autoridad por un pequeño incentivo. Quienes sí lo pudieran hacer, son algunas personas que por determinadas circunstancias se ven en posesión de un arma de fuego, que les termina resultando incomoda (viudas o madres de delincuentes fallecidos, por ejemplo). Asimismo, en el desarrollo de una necesaria campaña de concientización, muchas personas comprenden lo contraproducente que puede resultar portar o poseer un arma de fuego para defenderse de los criminales y deciden desprenderse de ella.
En Brasil, entre los años 2004 y 2005, se lograron recuperar y destruir cerca de 460.000 armas de fuego mediante la entrega voluntaria (la experiencia fue reeditada en años posteriores). En Argentina, a partir de 2007, las autoridades de ese país lograron que los ciudadanos consignaran cerca de 110.000 armas de fuego al Estado. Un arma menos en la calle, puede significar una vida salvada. Por eso creo que vale la pena intentar este tipo de iniciativas.
El reglamento de la Ley Desarme contempla que las personas que lo deseen podrán entregar las armas de fuego en unos centros de recolección de armas y municiones (no se han creado), donde serán recibidos por un funcionario de la Fuerza Armada o de la policía correspondiente. Esto es un error ya demostrado en las experiencias de otros países: la mayoría de los ciudadanos, así se les garantice el anonimato, sienten temor de entregar sus armas de fuego ante un funcionario de seguridad del Estado. El plan exitoso en Brasil se ejecutó con la colaboración de la Iglesia, ONG (la denominada Viva Río, principalmente) y otros entes de la sociedad civil.
Sería otro error entregar dinero por las armas de fuego recibidas (posibilidad que queda abierta en el reglamento), ya que la experiencia de otros países indica que muchos delincuentes pueden utilizar estos ingresos para adquirir otras nuevas y de mayor potencia. Lo ideal es que el incentivo consista en el otorgamiento de otros bienes o servicios sociales
Sí el plan de desarme voluntario es aplicado hoy en el país (todavía no tiene fecha de inicio), va a ser muy difícil que sea exitoso. Para que una iniciativa de este tipo logre motivar a la población, se necesita un gobierno que genere confianza y credibilidad, algo que en la actualidad no existe en Venezuela.
Luis Izquiel
@LuisIzquiel




