Al analizar la memoria y cuenta del Ministerio de Interior y Justicia correspondiente al año 2013, se puede comprobar fácilmente la deshonestidad con la que el Gobierno nacional maneja las estadísticas criminales de nuestro país. Desde el poder se intenta ocultar la grave situación delictiva que sufre Venezuela, pero ninguna manipulación numérica puede solapar la realidad.
El ministro Rodríguez Torres ha afirmado en diversas oportunidades que la tasa de homicidios del país fue de 39/100.000 habitantes en 2013 (EU28/12/2013), pero los datos de la memoria y cuenta del organismo que dirige evidencian que esto no es cierto. En la introducción de este documento se indica que el año pasado hubo una reducción de 17% con respecto a los 16.072 asesinatos perpetrados oficialmente en 2012. Pues bien, una simple operación matemática refleja que, de ser esto cierto, la tasa de homicidios de Venezuela sería de 44,7/100.000hab y no de 39/100.000hab. Pero esto no es todo, sino que en la página 48 de este informe del MIJ se señala que la reducción de los homicidios con respecto a 2012 no fue en realidad de 17%, sino de 12%, lo que reflejaría entonces un índice de 47,4 asesinatos por cada 100.000hab. De esta forma tan poco seria se está manejando el tema de la inseguridad en el país.
La determinación de la tasa oficial de asesinatos de un país es algo muy importante porque, entre otros aspectos, esta cifra es utilizada por organismos internacionales como una especie de termómetro para medir la situación de criminalidad general en un territorio. Hay que recordar que en el último informe de la ONU, publicado hace pocos días, Venezuela quedó ubicada como la segunda nación con mayor índice de homicidios en el mundo.
La memoria y cuenta del MIJ no solo presenta contradicciones en relación a la tasa de homicidios, sino también en lo relativo a la cantidad de secuestros que se ejecutan en Venezuela. En la introducción de este documento se menciona que en 2013 se produjo una reducción de 50% en este delito, en comparación con lo ocurrido en 2012, pero luego, en la página 48, se afirma que la disminución fue realmente de 25%. Incongruencias similares se presentan también en los números correspondientes a la incidencia del robo y hurto de vehículos. Un verdadero desastre estadístico.
El BID ha afirmado que una de las principales enseñanzas que surge del análisis de los distintos programas de seguridad ciudadana aplicados en América Latina, es que “los países deben contar con sistemas de información sólidos y confiables que permitan medir el impacto de los planes que se ejecutan”. La ONU también se ha pronunciado en el mismo sentido. Elaborar precisas estadísticas delictivas, permite diseñar con un criterio realista las políticas públicas para combatir la criminalidad.
Negar la existencia de un problema representa un gran obstáculo para el encuentro de su posible solución. Los homicidios y el resto de los delitos no van a disminuir porque se mienta en un papel oficial. El sol no se puede tapar con un dedo.
Luis Izquiel




