Más sobre la canonización: Delegaciones que asistirán y La ética de Juan XXIII y Juan Pablo II

 

 

La celebración se llevará a cabo este domingo y será presidida por el papa Francisco; la misa será celebrada por 150 cardenales y mil obispos.

 

Unas 90 delegaciones oficiales, 17 de ellas de países latinoamericanos, participarán en la ceremonia durante la cual serán declarados santos Juan Pablo II y Juan XXIII, el domingo en la Plaza de San Pedro.

El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, ofreció detalles de la celebración que presidirá el Papa Francisco la mañana del 27 de abril próximo y en la cual se espera la asistencia de más de 800 mil personas.

Precisó que, hasta ahora, confirmaron su presencia unos 24 jefes de Estado, entre presidentes y soberanos. Si se cuentan los primeros ministros y gobernadores, asciende a 35 el número de delegaciones de alto nivel de representación.

El resto de los grupos serán guiados por ministros, embajadores y otras personalidades. Las comitivas más importantes y numerosas serán aquellas de los países de los dos nuevos santos, Italia y Polonia.

La misa será concelebrada por 150 cardenales y unos mil obispos; ellos se ubicarán a la izquierda del altar, sobre el atrio de la Basílica de San Pedro. Más abajo se reservó un espacio particular para más de seis mil sacerdotes.

Unos 600 serán los sacerdotes que darán la comunión en la plaza vaticana y otros 200 diáconos harán lo propio en la Via della Conciliazione, la ancha avenida que une San Pedro con el río Tiber.

Lombardi puntualizó que la Sede Apostólica “no transmite invitaciones para este evento”, sólo se limita a informar, a través del cuerpo diplomático, que es una celebración en la cual, quien lo desee, puede participar.

“Por eso quienes vienen, deciden asistir en base a esta información que les es dada. Los representantes de los diversos pueblos son bienvenidos, pero no se puede hablar de invitaciones específicas a participar mandadas por la Santa Sede”, indicó.

Una consideración similar hizo con los representantes de otras religiones los cuales, insistió, son todos bienvenidos.

Confirmó que asistirán grupos de ortodoxos, anglicanos y judíos, pero precisó que no se trata de delegaciones oficiales.

 

Joaquín Navarro Valls: “La ética de Juan XXIII y Juan Pablo II influyó en la historia”

“La doble canonización recordará lo inevitable para el ser humano del tema de Dios”, asegura el portavoz de la Santa Sede durante el pontificado de Karol Wojtyla | “El papa Francisco no es entusiasta del estilo barroco al que nos habíamos habituado”, opina | “Un concilio como ese no se agota en una o dos generaciones; hay que profundizar más”, dice sobre el Concilio Vaticano II

 

Durante 22 años, la mayor parte del pontificado de Juan Pablo II, el español Joaquín Navarro Valls ejerció de portavoz de la Santa Sede, y tuvo contacto estrecho con uno de los dos papas que la Iglesia católica canonizará este domingo. Al lado de Karol Wojtyla narró viajes, encíclicas, enfermedades, fallecimiento y funerales, pero no el atentado sufrido por el Papa polaco en 1981, pues no ocupaba aún ese puesto. En cambio, Navarro Valls (Cartagena, 1936), médico y periodista, era veinteañero cuando Angelo Roncalli, elegido Papa, decidió llamarse Juan XXIII y al poco convocó el concilio Vaticano II. Al concluir Navarro Valls a mediados del 2006 su tarea al frente de la Oficina de Prensa vaticana -que desde entonces dirige el jesuita Federico Lombardi-, se quedó a vivir en Roma. Aquí preside el consejo asesor de la Universidad Campus Bio-Médico, vinculada al Opus Dei.

Los dos papas más carismáticos del siglo XX van a ser canonizados juntos, en una ceremonia que se espera multitudinaria. ¿Qué aporta esta doble canonización a los retos de la Iglesia católica del siglo XXI?

En primer lugar, la inevitabilidad para el ser humano de enfrentarse con el tema de Dios; y la multitud que será presente en San Pedro lo confirmará de nuevo. Los dos dedicaron sus vidas no sólo a decir qué cosa es la bondad, sino a enseñar a ser bueno. Y no es una paradoja que en una época un poco triste, desolada, que ríe poco, estos dos Papas hayan mostrado tan elocuentemente el valor humano y espiritual de la alegría: los son recordados por su constante buen humor.

El programa de actividades para esta canonización es más escueto que el que vimos en abril del 2011 con la beatificación de Juan Pablo II. ¿Está naciendo un estilo Francisco de ceremonias de canonización?

Quizás nos habíamos acostumbrado indebidamente a pensar que la única forma expresiva del cristianismo era el estilo barroco. El papa Francisco no es muy entusiasta de este estilo, pero eso no quiere decir que la ceremonia prevista vaya a ser menos digna que otras precedente. Yo creo, sin embargo, que quizás también habría que preguntárselo al alcalde de Roma, que no sabe cómo gestionar la movilidad de algunos millones de peregrinos estos días y en esta ciudad urbanísticamente tan compleja.
Desde un punto de vista histórico, Juan Pablo II fue el Papa del fin del comunismo en la Europa del Este, y Juan XXIII fue el Papa del concilio Vaticano II y también el de la crisis de los misiles en Cuba. ¿Están los papas condenados a ser analizados en clave geopolítica?
Sería una simplificación histórica inadmisible. Naturalmente, la acción ética de estos dos papas tuvo influencias decisivas en la historia. Los historiadores hoy concuerdan en reconocer el papel de Juan Pablo II en los cambios históricos que modificaron la vida de millones de personas en Europa. Pero el análisis de esos cambios resulta incomprensible si sólo se invocan elementos políticos. ¿Era sólo geopolítica hablar de la dignidad humana, como hizo Juan Pablo II entre 1979 y 1989, cuando cayó el muro de Berlín?
Suele haber dos interpretaciones del concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII: la del acontecimiento rompedor (proceso no completado, según quienes defienden esta visión, sobre todo teólogos del ala eclesial progresista), y la de la renovación (proceso también aún en curso, según defendían Juan Pablo II y Benedicto XVI). ¿Perviven en la era Francisco adjetivos como preconciliar, conciliar o posconciliar, y tienen el mismo sentido ahora?
Creo que esos ambiguos conceptos que usted recuerda comienzan a esfumarse, y están condenados a desaparecer. Lo que no ha desaparecido es la necesidad de profundizar más en el rico patrimonio de ideas conciliares. Un concilio como ese no se agota en una o dos generaciones.

Durante años usted tuvo trato cotidiano con Juan Pablo II. ¿Qué recuerdos tiene como narrador de los últimos días de quien será proclamado santo?
Son recuerdos muy personales, pero me di cuenta ya entonces de que no podía guardarlos sólo para mí, ya que, literalmente, el mundo entero los estaba reclamando. Cada vez que hacía un briefing o una comunicación a la prensa, se conectaban en directo todas las televisiones del mundo, incluidas aquellas de países sin católicos o con pocos católicos, como Al Yazira, por ejemplo. Era para mí una situación no cómoda: vivir simultáneamente la esfera privada y la pública. Y comunicar contenidos públicos sin emociones privadas; no fue fácil.

Usted inició la página web del Vaticano en varias lenguas. Ahora habrá una ceremonia de canonización con presencia masiva de las redes sociales. ¿Cómo lo ve? ¿Se siente pionero?
También en ese campo, y no fue el único, hubo que ser pionero. Recuerdo aún la conversación que tuve con Juan Pablo II cuando internet comenzaba a ser accesible. Me preguntó si ya teníamos allí una presencia. Al día siguiente, comenzábamos… Eran todavía los años ochenta.

Esta doble canonización trae una novedad de procedimiento: Angelo Roncalli será proclamado santo sin reconocimiento de un milagro. ¿Cabe esperar que el papa Francisco recurra de nuevo a este mecanismo en el caso de la causa de beatificación de monseñor Romero?
Dispensar del requisito del milagro en un proceso de canonización es prerrogativa personal del Papa, y la puede aplicar cuando lo decida. Por tanto, podría también decidir en este sentido en el caso de monseñor Romero.
Los papas difuntos están resultando muy mediáticos. ¿La canonización los hace iconos también para no creyentes?
Quizás sí para el no creyente, pero no debería ser así para el creyente. A un icono no se le puede imitar; a un santo se le debería tratar de imitar. Precisamente para eso le hacen santo.

 

 

La Vanguardia  

Milenio

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La celebración se llevará a cabo este domingo y será presidida por el papa Francisco; la misa será celebrada por 150 cardenales y mil obispos.

 

Unas 90 delegaciones oficiales, 17 de ellas de países latinoamericanos, participarán en la ceremonia durante la cual serán declarados santos Juan Pablo II y Juan XXIII, el domingo en la Plaza de San Pedro.

El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, ofreció detalles de la celebración que presidirá el Papa Francisco la mañana del 27 de abril próximo y en la cual se espera la asistencia de más de 800 mil personas.

Precisó que, hasta ahora, confirmaron su presencia unos 24 jefes de Estado, entre presidentes y soberanos. Si se cuentan los primeros ministros y gobernadores, asciende a 35 el número de delegaciones de alto nivel de representación.

El resto de los grupos serán guiados por ministros, embajadores y otras personalidades. Las comitivas más importantes y numerosas serán aquellas de los países de los dos nuevos santos, Italia y Polonia.

La misa será concelebrada por 150 cardenales y unos mil obispos; ellos se ubicarán a la izquierda del altar, sobre el atrio de la Basílica de San Pedro. Más abajo se reservó un espacio particular para más de seis mil sacerdotes.

Unos 600 serán los sacerdotes que darán la comunión en la plaza vaticana y otros 200 diáconos harán lo propio en la Via della Conciliazione, la ancha avenida que une San Pedro con el río Tiber.

Lombardi puntualizó que la Sede Apostólica “no transmite invitaciones para este evento”, sólo se limita a informar, a través del cuerpo diplomático, que es una celebración en la cual, quien lo desee, puede participar.

“Por eso quienes vienen, deciden asistir en base a esta información que les es dada. Los representantes de los diversos pueblos son bienvenidos, pero no se puede hablar de invitaciones específicas a participar mandadas por la Santa Sede”, indicó.

Una consideración similar hizo con los representantes de otras religiones los cuales, insistió, son todos bienvenidos.

Confirmó que asistirán grupos de ortodoxos, anglicanos y judíos, pero precisó que no se trata de delegaciones oficiales.

 

Joaquín Navarro Valls: “La ética de Juan XXIII y Juan Pablo II influyó en la historia”

“La doble canonización recordará lo inevitable para el ser humano del tema de Dios”, asegura el portavoz de la Santa Sede durante el pontificado de Karol Wojtyla | “El papa Francisco no es entusiasta del estilo barroco al que nos habíamos habituado”, opina | “Un concilio como ese no se agota en una o dos generaciones; hay que profundizar más”, dice sobre el Concilio Vaticano II

 

Durante 22 años, la mayor parte del pontificado de Juan Pablo II, el español Joaquín Navarro Valls ejerció de portavoz de la Santa Sede, y tuvo contacto estrecho con uno de los dos papas que la Iglesia católica canonizará este domingo. Al lado de Karol Wojtyla narró viajes, encíclicas, enfermedades, fallecimiento y funerales, pero no el atentado sufrido por el Papa polaco en 1981, pues no ocupaba aún ese puesto. En cambio, Navarro Valls (Cartagena, 1936), médico y periodista, era veinteañero cuando Angelo Roncalli, elegido Papa, decidió llamarse Juan XXIII y al poco convocó el concilio Vaticano II. Al concluir Navarro Valls a mediados del 2006 su tarea al frente de la Oficina de Prensa vaticana -que desde entonces dirige el jesuita Federico Lombardi-, se quedó a vivir en Roma. Aquí preside el consejo asesor de la Universidad Campus Bio-Médico, vinculada al Opus Dei.

Los dos papas más carismáticos del siglo XX van a ser canonizados juntos, en una ceremonia que se espera multitudinaria. ¿Qué aporta esta doble canonización a los retos de la Iglesia católica del siglo XXI?

En primer lugar, la inevitabilidad para el ser humano de enfrentarse con el tema de Dios; y la multitud que será presente en San Pedro lo confirmará de nuevo. Los dos dedicaron sus vidas no sólo a decir qué cosa es la bondad, sino a enseñar a ser bueno. Y no es una paradoja que en una época un poco triste, desolada, que ríe poco, estos dos Papas hayan mostrado tan elocuentemente el valor humano y espiritual de la alegría: los son recordados por su constante buen humor.

El programa de actividades para esta canonización es más escueto que el que vimos en abril del 2011 con la beatificación de Juan Pablo II. ¿Está naciendo un estilo Francisco de ceremonias de canonización?

Quizás nos habíamos acostumbrado indebidamente a pensar que la única forma expresiva del cristianismo era el estilo barroco. El papa Francisco no es muy entusiasta de este estilo, pero eso no quiere decir que la ceremonia prevista vaya a ser menos digna que otras precedente. Yo creo, sin embargo, que quizás también habría que preguntárselo al alcalde de Roma, que no sabe cómo gestionar la movilidad de algunos millones de peregrinos estos días y en esta ciudad urbanísticamente tan compleja.
Desde un punto de vista histórico, Juan Pablo II fue el Papa del fin del comunismo en la Europa del Este, y Juan XXIII fue el Papa del concilio Vaticano II y también el de la crisis de los misiles en Cuba. ¿Están los papas condenados a ser analizados en clave geopolítica?
Sería una simplificación histórica inadmisible. Naturalmente, la acción ética de estos dos papas tuvo influencias decisivas en la historia. Los historiadores hoy concuerdan en reconocer el papel de Juan Pablo II en los cambios históricos que modificaron la vida de millones de personas en Europa. Pero el análisis de esos cambios resulta incomprensible si sólo se invocan elementos políticos. ¿Era sólo geopolítica hablar de la dignidad humana, como hizo Juan Pablo II entre 1979 y 1989, cuando cayó el muro de Berlín?
Suele haber dos interpretaciones del concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII: la del acontecimiento rompedor (proceso no completado, según quienes defienden esta visión, sobre todo teólogos del ala eclesial progresista), y la de la renovación (proceso también aún en curso, según defendían Juan Pablo II y Benedicto XVI). ¿Perviven en la era Francisco adjetivos como preconciliar, conciliar o posconciliar, y tienen el mismo sentido ahora?
Creo que esos ambiguos conceptos que usted recuerda comienzan a esfumarse, y están condenados a desaparecer. Lo que no ha desaparecido es la necesidad de profundizar más en el rico patrimonio de ideas conciliares. Un concilio como ese no se agota en una o dos generaciones.

Durante años usted tuvo trato cotidiano con Juan Pablo II. ¿Qué recuerdos tiene como narrador de los últimos días de quien será proclamado santo?
Son recuerdos muy personales, pero me di cuenta ya entonces de que no podía guardarlos sólo para mí, ya que, literalmente, el mundo entero los estaba reclamando. Cada vez que hacía un briefing o una comunicación a la prensa, se conectaban en directo todas las televisiones del mundo, incluidas aquellas de países sin católicos o con pocos católicos, como Al Yazira, por ejemplo. Era para mí una situación no cómoda: vivir simultáneamente la esfera privada y la pública. Y comunicar contenidos públicos sin emociones privadas; no fue fácil.

Usted inició la página web del Vaticano en varias lenguas. Ahora habrá una ceremonia de canonización con presencia masiva de las redes sociales. ¿Cómo lo ve? ¿Se siente pionero?
También en ese campo, y no fue el único, hubo que ser pionero. Recuerdo aún la conversación que tuve con Juan Pablo II cuando internet comenzaba a ser accesible. Me preguntó si ya teníamos allí una presencia. Al día siguiente, comenzábamos… Eran todavía los años ochenta.

Esta doble canonización trae una novedad de procedimiento: Angelo Roncalli será proclamado santo sin reconocimiento de un milagro. ¿Cabe esperar que el papa Francisco recurra de nuevo a este mecanismo en el caso de la causa de beatificación de monseñor Romero?
Dispensar del requisito del milagro en un proceso de canonización es prerrogativa personal del Papa, y la puede aplicar cuando lo decida. Por tanto, podría también decidir en este sentido en el caso de monseñor Romero.
Los papas difuntos están resultando muy mediáticos. ¿La canonización los hace iconos también para no creyentes?
Quizás sí para el no creyente, pero no debería ser así para el creyente. A un icono no se le puede imitar; a un santo se le debería tratar de imitar. Precisamente para eso le hacen santo.

 

 

La Vanguardia  

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