Hace poco más de una semana, el presidente venezolano, Hugo Chávez, insistió en la necesidad de aumentar la producción nacional de caraotas con la finalidad de no recurrir a importaciones del rubro. El Ministerio de Agricultura y Tierra prevé en su plan bienal (2011-2012) incrementar 187% la producción del grano. Sin embargo, en días pasados la Cancillería venezolana anunció que importará caraotas de China con el fin de “garantizar el acceso a los productos de manera continua y sin ningún tipo de dificultad”, tal como lo expresó el ministro de alimentación, Carlos Osorio.
Vaya contradicción tiene el propio Gobierno. Una cara que presenta un supuesto aumento de la producción nacional del rubro y otra que firma acuerdos de importación para “llevarle la máxima suma de felicidad posible” tomando las palabras de Osorio una vez hecho el pacto con China.
Pareciera que la mayor felicidad de la gente no está en la importación. Habría más alegría si se desarrollaran políticas serias para reactivar el aparato productivo nacional y generar más empleo. Tendríamos más estabilidad si el productor nacional no se sintiese amenazado de perder su propiedad o verse en desventaja ante acuerdos insólitos como el de las caraotas cuando típicamente somos productores de este rubro.
En teoría, las caraotas asiáticas llegarán en 45 días y se espera que estén en reservas alimentarias por 3 meses. Sin embargo, considerando que el plan nacional no se está trabajando con suficiente antelación como lo han exigido los productores nacionales, no nos extrañemos de estar escuchando en cualquier abasto, ¡Me da un pote de caraotas chinas, por favor!
David Smolansky
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