Entre una cosa y la otra es necesario no olvidar que una de las causas y banderas de la protesta estudiantil ha sido por el derecho a la libertad de expresión. Es pertinente recordar que el creciente cerco que se le ha impuesto a los medios de comunicación por distintas vías ha sido parte de la estrategia de poder absoluto de eso que para ahorrarnos explicaciones denominamos chavismo, y un tema recurrente de sus críticos y opositores.
La evidente maniobra de cesura informativa por parte de las plantas de televisión a la ola nacional de protestas y la supresión de la señal por cable de un canal extranjero, alimentaron la indignación ciudadana y han contribuido a cimentar la imagen internacional del gobierno de Maduro como un régimen al que cada vez es más difícil no denominarlo como una dictadura.
Cancelación de concesiones, multas, cambios legales, restricciones en el acceso a las divisas para la adquisición de papel periódico, persecución contra periodistas y dueños de medios, pasando por la compra de otros por parte del propio Estado o de grupos económicos cercanos al poder, ha sido desde hace años parte del coctel orientado a imponer la “hegemonía comunicacional” en Venezuela.
Pero nada de eso sería efectivo sin el concurso directo de personas como Eleazar Díaz Rangel ejerciendo el papel de censores.
En este punto el amable lector se habrá percatado a que viene todo esto: el trabajo de la periodista Laura Weffer a propósito de las denominadas “guarimbas” que debía ser publicado 16 de marzo de 2014 en el diario Últimas Noticias, y que fue censurado por él como director de ese medio.
A lo largo de su dilatada trayectoria como comunicador social y académico, Díaz Rangel se ganó fama como prestigioso profesional, que sin dejar de ser personalmente afable (me consta que lo es) era un serio critico de los gobiernos de turno, siempre consecuente con su posición de izquierda.
Buena parte de su trabajo académico y de formación de opinión pública, así como su actividad como dirigente del gremio de periodistas, se orientó a criticar los defectos de los medios de comunicación social de propiedad y gestión privada, mediatizados por sus propietarios, la publicidad y los grupos de poder político.
No obstante, lo anterior no le ha impedido desempeñar un polémico papel como director de Ultimas Noticias desde 2001, con una serie de incidentes que revelan la continua lucha que se da en todos medios de comunicación en todas partes: quién manda realmente.
Y es evidente que en un medio de comunicación el poder no sólo lo ejercen dueños y anunciantes. También lo ejercen quienes poseen la información que le interese al público o que la sepan buscar. Pero también quienes tengan la potestad de decidir si esa información se publica o no.
Esa es la lucha que se ha dado en la redacción de Ultimas Noticias desde hace varios años.
En el caso del trabajo de Laura Weffer, Díaz Rangel aplicó un criterio muy distinto al que, por ejemplo, recurrió en ocasión de analizar los saqueos de febrero de 1989. Para él se trataba entonces de contribuir en todo lo que fuera necesario para socavar al “régimen democrático y representativo” (Rómulo Betancourt dixit), más que al gobierno de turno. Hoy su idea es censurar todo aquello que puede perjudicar a este. El doble rasero.
Sin embargo, creo que Díaz Rangel ha sido consecuente.
Me explico: no creo que haya cambiado en su punto de vista, sigue siendo el mismo, sólo que de un tiempo para acá se ha puesto en evidencia que el adversario que combatía no eran la las fallas y errores de la libertad de expresión, sino la libertad misma.
La libertad de expresión fue buena mientras le fue útil.
Cualquiera que de buena fe lea el trabajo de Laura Weffer concluirá que no es “una exaltación a las guariambas”, sino un esfuerzo por exponer de manera equilibrada una realidad, aunque resulte complicado poner en una misma balanza a unos muchachos armados con piedras enfrentados a un aparato militar. Pero eso no fue suficiente para Díaz Rangel.
Porque resulta ser que esa realidad es una cachetada al proyecto político que tiene quince años en el poder, en tanto y cuanto pone de manifiesto un aspecto de la enorme crisis en que está sumergido nuestro país.
Cualquier trabajo periodístico profesional y objetivo (y ese los es) que analice la Venezuela de hoy no puede sino destacar eso. Es lo que el señor Díaz Rangel se niega a admitir, pero por más que censure no puede ocultar.
Pedro Benítez




