Los Juegos Del Hambre

Escasez

Photo: Guatafoc

No quiero ni pensarlo, pero no puedo dejar de plantearlo. Veo posible el desarrollo de un escenario de “juegos del hambre” en el cual el régimen mantendría un abastecimiento mínimo en las áreas pobres a punta de importaciones, mientras que caería la disponibilidad de alimentos en las zonas de clase media. Aterra imaginarlo. Sin embargo, como en todo ejercicio de estrategia, hay que proyectar las situaciones posibles para actuar en consecuencia.

Voceros del régimen ya han asomado la factibilidad de estos “juegos del hambre”. Con la excusa que las “guarimbas impiden el abastecimiento”, ya asoman el escenario macabro del apartheid alimentario, nueva forma de discriminación que se sumaría a las tantas otras formas de discriminación que el régimen ha implantado desde los tiempos de Chávez.

Esa política de amedrentamiento por el hambre inducida contra la clase media es coherente con la visión global que el régimen tiene de sus relaciones con la sociedad. Esto incluye la creación por la vía de los hechos de zonas de exclusión, como las que existen en Caracas y en otras ciudades, es la que los manifestantes de la oposición no pueden entrar. El propio Maduro lo ha repetido últimamente. “No entrarán a Caracas”, ha dicho, implicando que Caracas es sólo el centro y el oeste de la ciudad. Se ha creado así una especie de muro virtual, con toda la carga psicológica y simbólica que estos muros divisores han tenido en la historia de los países y de las regiones en conflicto.

Otra manifestación de este apartheid contra los que piensan diferente se expresa en los medios de comunicación oficiales y sus satélites, en los que las voces críticas opositoras e incluso chavistas no tienen cabida. La justificación de esta política anticonstitucional, como tantas otras, es que los “opositores tienen sus medios”, posición que hoy resulta altamente cínica, cuando muchas televisoras, radios y periódicos se pliegan a la censura oficial y oficiosa.

La cara más cruenta de esta política de apartheid es la represión de quienes protestan contra el régimen. A los grupos paramilitares, malandros pagados por el gobierno con licencia para matar, el aparato represivo y judicial del Estado no los toca ni con el pétalo de una rosa. A los jóvenes que se manifiestan, a veces con la vehemencia de los rebeldes, los arrestan, golpean, e incluso, asesinan.

Los “juegos del hambre” que asoman Maduro y sus esbirros pueden ser sólo un estratagema del miedo.  De todos modos, vale la pena estirar la imaginación para entender la dimensión de la tragedia venezolana, y empezar a vislumbrar cómo, a partir del reencuentro de todos los venezolanos, podemos invocar la fraternidad republicana para volver a convivir en paz.

Isaac Nahón Serfaty

 *Periodista venezolano y profesor en la Universidad de Ottawa (Canadá)

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Photo: Guatafoc

No quiero ni pensarlo, pero no puedo dejar de plantearlo. Veo posible el desarrollo de un escenario de “juegos del hambre” en el cual el régimen mantendría un abastecimiento mínimo en las áreas pobres a punta de importaciones, mientras que caería la disponibilidad de alimentos en las zonas de clase media. Aterra imaginarlo. Sin embargo, como en todo ejercicio de estrategia, hay que proyectar las situaciones posibles para actuar en consecuencia.

Voceros del régimen ya han asomado la factibilidad de estos “juegos del hambre”. Con la excusa que las “guarimbas impiden el abastecimiento”, ya asoman el escenario macabro del apartheid alimentario, nueva forma de discriminación que se sumaría a las tantas otras formas de discriminación que el régimen ha implantado desde los tiempos de Chávez.

Esa política de amedrentamiento por el hambre inducida contra la clase media es coherente con la visión global que el régimen tiene de sus relaciones con la sociedad. Esto incluye la creación por la vía de los hechos de zonas de exclusión, como las que existen en Caracas y en otras ciudades, es la que los manifestantes de la oposición no pueden entrar. El propio Maduro lo ha repetido últimamente. “No entrarán a Caracas”, ha dicho, implicando que Caracas es sólo el centro y el oeste de la ciudad. Se ha creado así una especie de muro virtual, con toda la carga psicológica y simbólica que estos muros divisores han tenido en la historia de los países y de las regiones en conflicto.

Otra manifestación de este apartheid contra los que piensan diferente se expresa en los medios de comunicación oficiales y sus satélites, en los que las voces críticas opositoras e incluso chavistas no tienen cabida. La justificación de esta política anticonstitucional, como tantas otras, es que los “opositores tienen sus medios”, posición que hoy resulta altamente cínica, cuando muchas televisoras, radios y periódicos se pliegan a la censura oficial y oficiosa.

La cara más cruenta de esta política de apartheid es la represión de quienes protestan contra el régimen. A los grupos paramilitares, malandros pagados por el gobierno con licencia para matar, el aparato represivo y judicial del Estado no los toca ni con el pétalo de una rosa. A los jóvenes que se manifiestan, a veces con la vehemencia de los rebeldes, los arrestan, golpean, e incluso, asesinan.

Los “juegos del hambre” que asoman Maduro y sus esbirros pueden ser sólo un estratagema del miedo.  De todos modos, vale la pena estirar la imaginación para entender la dimensión de la tragedia venezolana, y empezar a vislumbrar cómo, a partir del reencuentro de todos los venezolanos, podemos invocar la fraternidad republicana para volver a convivir en paz.

Isaac Nahón Serfaty

 *Periodista venezolano y profesor en la Universidad de Ottawa (Canadá)

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