Autodestrucción Por Tony Bianchi

autodestrucción

Mas allá de las crecientes manifestaciones callejeras, de las barricadas  y de los problemas sociales y políticos del país está la economía, inexorablemente dominada por nuestra única fuente de ingreso que nos queda: el petróleo.

Sin un decente ingreso petrolero no hay “revolución” ni democracia ni cualquier otra combinación política o aparente solución  que cuente que permita a Venezuela administrar  sus problemas económicos y sociales y  se vuelve  en la abreviación latina sine qua non.

En una reciente conferencia llevada a cabo en Houston organizada por la publicación Platts Oilgram dos panelistas, Alberto Cisneros, de Global Business Consultants de Caracas y Ramón Espinasa un especialista petrolero de Banco Interamerican de Desarrollo (BID) coincidieron que las largas colas de ciudadanos venezolanos que buscan productos alimenticios o de primera necesidad pasan a ser de secundaria importancia al lado del  desmoronamiento del la industria petrolera nacional.

Al preguntarles  sobre la posibilidad que PDVSA cambie de rumbo  y pueda propiciar, aunque sea, a una “mini-apertura” para atraer capital extranjero y dar vida a un plan de recuperación que pondría fin a la caída libre de la producción que en los últimos quince años se ha reducido de 3.6 millones de barriles diarios  (mbd) a los actuales  2.1 mbd, sin ninguna hesitación los expertos pronosticaron  “el colapso total de la industria.”

Como factor de primera importancia,  indica Cisneros, son los acuerdos de Venezuela con China basados sobre  un gigantesco préstamos superior a 30 millardos de dólares a cambio del suministro de petróleo a razón de un promedio de 400.000 bd.  El precio pagado por Pequín de alrededor de US$ 90 por barril no sería tan  malo si no fuera que este tiene que incluir el costoso flete  (CIF) que pagar Venezuela.

Debido a lo largo de la travesía del Pacífico (35 a 45 días) comparado a los 7 días  de Venezuela a Estados Unidos y del hecho que el petróleo que se envía a China es más pesado y más voluminoso que el tipo liviano destinado a los puertos norteamericanos, lo que le queda a Venezuela es un ingreso reducido que varios expertos calculan que es inferior a  US$60 por barril.

Esta ganancia perdida  constituye la diferencia entre una entrada que podría resolver muchos de los problemas económicos del país y una economía asfixiada.

Además afirma Cisneros, que es equivalente  a hipotecar nuestro petróleo por muchos años  bajo acuerdos que castigan a Venezuela. Más valdría  no reducir las exportaciones de crudo  a los Estados Unidos que si respetan los precios internacionales y traería beneficios.

En cuanto a  Espinasa el experto señala que la Faja del Orinoco podría ayudar la causa venezolana  pero que los proyectos de explotación  implican la construcción de plantas de mejoramiento del crudo pesado (Orimulsión) que cuestan entre 8 y 10  millardos de dólares de los cuales el 60% tiene que ser aportado por Venezuela y  dado que el gobierno no cuenta  con estos recursos PDVSA se ve obligada a solicitar préstamos pagaderos con más petróleo a futuro, factor que merma las entradas petroleras de la nación.

Por otro lado señala que luego de la explosión de la refinería de Amuay  PDVSA no ha logrado sino recuperar el 60% de su producción y ha obligado  Venezuela a comprar derivados y gasolina para suplir la necesidad interna a precio internacional.

Lo lógico, tal como se ha mencionado en varias oportunidades, sería de aumentar el precio de la gasolina  para compensar la pérdida causada por las compras en el exterior y el bajísimo costo a los consumidores  ( 2.5 ȼ -centavos de dólar- por litro) y del contrabando en las fronteras pero Espinasa cree que debido a la ola de protestas y manifestaciones  callejeras a esta altura un aumento sería como  “echarle gasolina al fuego.”

Al gobierno se le están acabando el dinero y las excusas. Mientras que  Nicolás Maduro pueda ser que logre todavía convencer a algunos venezolanos que la escasez de  comida y productos básicos es en parte culpa del sector productivo nacional y “parte de un boicot orquestado por el Imperio,” no cabe duda que el pueblo se está dando cuenta que la falta de dólares para las importaciones  y la falta de ingresos  petroleros son estrictamente debidos a  los quince años de mala administración  de PDVSA  y de política económica equivocada.

Por eso que las “guarimbas”, la barricadas, las marchas, las manifestaciones, aunque no muy efectivas,  ha pasado de ser un enfrentamiento político y se han convertido en un movimiento del pueblo que reclama lo esencial  para sobrevivir.

 

Tony Bianchi

TelegramWhatsAppFacebookX

autodestrucción

Mas allá de las crecientes manifestaciones callejeras, de las barricadas  y de los problemas sociales y políticos del país está la economía, inexorablemente dominada por nuestra única fuente de ingreso que nos queda: el petróleo.

Sin un decente ingreso petrolero no hay “revolución” ni democracia ni cualquier otra combinación política o aparente solución  que cuente que permita a Venezuela administrar  sus problemas económicos y sociales y  se vuelve  en la abreviación latina sine qua non.

En una reciente conferencia llevada a cabo en Houston organizada por la publicación Platts Oilgram dos panelistas, Alberto Cisneros, de Global Business Consultants de Caracas y Ramón Espinasa un especialista petrolero de Banco Interamerican de Desarrollo (BID) coincidieron que las largas colas de ciudadanos venezolanos que buscan productos alimenticios o de primera necesidad pasan a ser de secundaria importancia al lado del  desmoronamiento del la industria petrolera nacional.

Al preguntarles  sobre la posibilidad que PDVSA cambie de rumbo  y pueda propiciar, aunque sea, a una “mini-apertura” para atraer capital extranjero y dar vida a un plan de recuperación que pondría fin a la caída libre de la producción que en los últimos quince años se ha reducido de 3.6 millones de barriles diarios  (mbd) a los actuales  2.1 mbd, sin ninguna hesitación los expertos pronosticaron  “el colapso total de la industria.”

Como factor de primera importancia,  indica Cisneros, son los acuerdos de Venezuela con China basados sobre  un gigantesco préstamos superior a 30 millardos de dólares a cambio del suministro de petróleo a razón de un promedio de 400.000 bd.  El precio pagado por Pequín de alrededor de US$ 90 por barril no sería tan  malo si no fuera que este tiene que incluir el costoso flete  (CIF) que pagar Venezuela.

Debido a lo largo de la travesía del Pacífico (35 a 45 días) comparado a los 7 días  de Venezuela a Estados Unidos y del hecho que el petróleo que se envía a China es más pesado y más voluminoso que el tipo liviano destinado a los puertos norteamericanos, lo que le queda a Venezuela es un ingreso reducido que varios expertos calculan que es inferior a  US$60 por barril.

Esta ganancia perdida  constituye la diferencia entre una entrada que podría resolver muchos de los problemas económicos del país y una economía asfixiada.

Además afirma Cisneros, que es equivalente  a hipotecar nuestro petróleo por muchos años  bajo acuerdos que castigan a Venezuela. Más valdría  no reducir las exportaciones de crudo  a los Estados Unidos que si respetan los precios internacionales y traería beneficios.

En cuanto a  Espinasa el experto señala que la Faja del Orinoco podría ayudar la causa venezolana  pero que los proyectos de explotación  implican la construcción de plantas de mejoramiento del crudo pesado (Orimulsión) que cuestan entre 8 y 10  millardos de dólares de los cuales el 60% tiene que ser aportado por Venezuela y  dado que el gobierno no cuenta  con estos recursos PDVSA se ve obligada a solicitar préstamos pagaderos con más petróleo a futuro, factor que merma las entradas petroleras de la nación.

Por otro lado señala que luego de la explosión de la refinería de Amuay  PDVSA no ha logrado sino recuperar el 60% de su producción y ha obligado  Venezuela a comprar derivados y gasolina para suplir la necesidad interna a precio internacional.

Lo lógico, tal como se ha mencionado en varias oportunidades, sería de aumentar el precio de la gasolina  para compensar la pérdida causada por las compras en el exterior y el bajísimo costo a los consumidores  ( 2.5 ȼ -centavos de dólar- por litro) y del contrabando en las fronteras pero Espinasa cree que debido a la ola de protestas y manifestaciones  callejeras a esta altura un aumento sería como  “echarle gasolina al fuego.”

Al gobierno se le están acabando el dinero y las excusas. Mientras que  Nicolás Maduro pueda ser que logre todavía convencer a algunos venezolanos que la escasez de  comida y productos básicos es en parte culpa del sector productivo nacional y “parte de un boicot orquestado por el Imperio,” no cabe duda que el pueblo se está dando cuenta que la falta de dólares para las importaciones  y la falta de ingresos  petroleros son estrictamente debidos a  los quince años de mala administración  de PDVSA  y de política económica equivocada.

Por eso que las “guarimbas”, la barricadas, las marchas, las manifestaciones, aunque no muy efectivas,  ha pasado de ser un enfrentamiento político y se han convertido en un movimiento del pueblo que reclama lo esencial  para sobrevivir.

 

Tony Bianchi

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.