Venezuela En Su Encrucijada Por Orlando Alcívar Santos

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Al fascismo lo describe el Diccionario de la Lengua Española como un movimiento político y social “de carácter totalitario”, y al fascista como alguien “extremadamente autoritario” por lo que me llama la atención que el presidente venezolano Maduro califique a sus opositores de esta manera cuando, de acuerdo a las características detalladas, serían su gobierno y él personalmente quienes podrían ser identificados así. Los dictadores a secas –o los cuasi– tienen, todos, la desfachatez de atribuir a otros lo que ellos son, y ese es el caso al que me refiero, cuyo titular posee, además, la facultad extraña en una democracia de gobernar a través de “leyes habilitantes”, similares a los decretos-leyes que utilizaron en su momento dictadores aborrecidos como Pinochet y Videla. ¿Orígenes distintos pero métodos semejantes?

El pueblo de Venezuela pasa desde hace varias semanas por momentos extremadamente difíciles, absolutamente huérfano de paz social y de seguridad ciudadana, elementos sustanciales sin los cuales la vida diaria se trastorna, las familias se dispersan, el trabajo se rompe, las inquietudes crecen, los sistemas de salud y educativos, públicos y privados, colapsan, y en ese caos la anarquía prospera. Y lo más grave es que en tiempos de convulsión permanente como los que ahora padece la cuna de Bolívar, nadie es responsable de nada porque las instituciones no funcionan. Si en tiempos menos convulsionados no han operado adecuadamente, imagínense lo que estará ocurriendo ahora, en desmedro de toda la población porque el desabastecimiento de víveres, la carestía de medicinas y la monumental inflación no solo afectan a los opositores al régimen sino también a sus partidarios, nadie se salva del azote.

Otro de los serios agujeros en la democracia de la Venezuela de hoy y que ahonda los problemas de todo orden es la falta de una Función Judicial independiente del Ejecutivo, pues los jueces han demostrado gran sumisión y obsecuencia para perseguir y encarcelar a los críticos del “madurismo”, herencia ilegítima del chavismo.

La oposición en Venezuela representó en la última elección presidencial nada menos que el 49,12% de los votantes, o sea casi la mitad matemática, pero ese inmenso porcentaje de ciudadanos no es escuchado, no se gobierna para todos, elemento que es esencial para entender el conflicto, a lo que hay que agregar una cosa importantísima, la incapacidad del régimen para conducir la economía venezolana, la gran enemiga de Maduro, pues mi creencia personal es que antes que las manifestaciones políticas en las calles, al Gobierno lo derrotará la economía.

Europa, con buen juicio, ha condenado la barbarie gubernamental venezolana pero algunos países latinoamericanos respaldan a ese régimen por exhibir la única virtud de haber surgido de elecciones populares que oportunamente fueron cuestionadas por un supuesto fraude; mas aunque su origen fuera legal y legítimo, el ejercicio del poder y su ofensiva conducta para con sus conciudadanos, enturbió su nacimiento y descalificó sus acciones, que deberían ser censuradas.

Si la comunidad internacional quiere evitar un baño de sangre y una guerra civil en Venezuela debe intervenir de inmediato concitando un diálogo serio que permita un pacto social de emergencia en protección de la vida de sus ciudadanos que seguirán en las calles. No menciono a la OEA porque es un organismo que sirve para poco, al punto de que su inefable secretario general Miguel Insulza, siempre temeroso y eternamente dubitativo, que pintaba para buen ejecutivo cuando salió de Chile, se ha mostrado convencido de que la democracia no está amenazada en Venezuela. ¿Les suena inteligente, objetivo, sensato, real? ¿Vive Insulza en este planeta?

Orlando Alcívar Santos

El Universo

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Al fascismo lo describe el Diccionario de la Lengua Española como un movimiento político y social “de carácter totalitario”, y al fascista como alguien “extremadamente autoritario” por lo que me llama la atención que el presidente venezolano Maduro califique a sus opositores de esta manera cuando, de acuerdo a las características detalladas, serían su gobierno y él personalmente quienes podrían ser identificados así. Los dictadores a secas –o los cuasi– tienen, todos, la desfachatez de atribuir a otros lo que ellos son, y ese es el caso al que me refiero, cuyo titular posee, además, la facultad extraña en una democracia de gobernar a través de “leyes habilitantes”, similares a los decretos-leyes que utilizaron en su momento dictadores aborrecidos como Pinochet y Videla. ¿Orígenes distintos pero métodos semejantes?

El pueblo de Venezuela pasa desde hace varias semanas por momentos extremadamente difíciles, absolutamente huérfano de paz social y de seguridad ciudadana, elementos sustanciales sin los cuales la vida diaria se trastorna, las familias se dispersan, el trabajo se rompe, las inquietudes crecen, los sistemas de salud y educativos, públicos y privados, colapsan, y en ese caos la anarquía prospera. Y lo más grave es que en tiempos de convulsión permanente como los que ahora padece la cuna de Bolívar, nadie es responsable de nada porque las instituciones no funcionan. Si en tiempos menos convulsionados no han operado adecuadamente, imagínense lo que estará ocurriendo ahora, en desmedro de toda la población porque el desabastecimiento de víveres, la carestía de medicinas y la monumental inflación no solo afectan a los opositores al régimen sino también a sus partidarios, nadie se salva del azote.

Otro de los serios agujeros en la democracia de la Venezuela de hoy y que ahonda los problemas de todo orden es la falta de una Función Judicial independiente del Ejecutivo, pues los jueces han demostrado gran sumisión y obsecuencia para perseguir y encarcelar a los críticos del “madurismo”, herencia ilegítima del chavismo.

La oposición en Venezuela representó en la última elección presidencial nada menos que el 49,12% de los votantes, o sea casi la mitad matemática, pero ese inmenso porcentaje de ciudadanos no es escuchado, no se gobierna para todos, elemento que es esencial para entender el conflicto, a lo que hay que agregar una cosa importantísima, la incapacidad del régimen para conducir la economía venezolana, la gran enemiga de Maduro, pues mi creencia personal es que antes que las manifestaciones políticas en las calles, al Gobierno lo derrotará la economía.

Europa, con buen juicio, ha condenado la barbarie gubernamental venezolana pero algunos países latinoamericanos respaldan a ese régimen por exhibir la única virtud de haber surgido de elecciones populares que oportunamente fueron cuestionadas por un supuesto fraude; mas aunque su origen fuera legal y legítimo, el ejercicio del poder y su ofensiva conducta para con sus conciudadanos, enturbió su nacimiento y descalificó sus acciones, que deberían ser censuradas.

Si la comunidad internacional quiere evitar un baño de sangre y una guerra civil en Venezuela debe intervenir de inmediato concitando un diálogo serio que permita un pacto social de emergencia en protección de la vida de sus ciudadanos que seguirán en las calles. No menciono a la OEA porque es un organismo que sirve para poco, al punto de que su inefable secretario general Miguel Insulza, siempre temeroso y eternamente dubitativo, que pintaba para buen ejecutivo cuando salió de Chile, se ha mostrado convencido de que la democracia no está amenazada en Venezuela. ¿Les suena inteligente, objetivo, sensato, real? ¿Vive Insulza en este planeta?

Orlando Alcívar Santos

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