La dictadura chavista, ese extraño artefacto político, que ahora conduce Maduro, se diferenció desde sus inicios del resto de las dictaduras vernáculas, en que tenía un proyecto político internacional y a tales fines iba a jugar, sin rubor alguno, un papel muy influyente en el ámbito internacional. Esa aspiración global, reflejaba la gran influencia que la tiranía cubana ejercía, sobre el hoy fallecido Teniente Coronel.
Muchas horas de vuelo, muchos discursos, muchos contratos, mucho petróleo, en fin, mucho dinero, para construir una plataforma de apoyo internacional, no a Venezuela, sino al proyecto personal de Hugo Chávez.
Un tinglado, que todavía resiste, un año después del fallecimiento de Chávez, y que le sirve de apoyo a Maduro, quien a pesar de tener hoy las manos empapadas de sangre de estudiantes venezolanos, sigue contando, si no con el soporte, al menos con el silencio cómplice de la comunidad internacional.
La OEA, UNASUR, la CELAC y la integralidad del socialista buena vista club de presidentes latinoamericanos, voltean la mirada, no solo ante las múltiples protestas que desde el 12 de febrero pasado sacuden a Venezuela, sino que además callan ante la criminal manera que ha utilizado el régimen venezolano para combatir el enorme descontento social.
“Tenemos hasta el momento 17 fallecidos y 261 heridos” declaraba el jueves la fiscal general, Luisa Ortega Díaz.
Los estudiantes protestan contra la incapacidad de Maduro de resolver los problemas de la elevada inflación, la delincuencia y la escasez de productos de primera necesidad, así como con los elevados niveles de corrupción y con la intimidación de los medios de comunicación y de la oposición democrática. A pesar de ello, Maduro hasta el momento, no ha retrocedido ni un centímetro.
No obstante, ante la sangrienta testarudez del régimen de Maduro, ha comenzado a abrirse una muy tímida, pero nada despreciable ranura, en la espesa tapadera internacional que protege la imagen del castrochavismo. Es así, como éste jueves el Parlamento Europeo por una abrumadora mayoría aprobó una resolución condenando “todos los actos de violencia y la trágica pérdida de vidas humanas durante las manifestaciones pacíficas en Venezuela”
En ese mismo orden, se pronunció el viernes pasado el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, al señalar que “no es inapropiado” que el Congreso estadounidense estudie imponer sanciones a Caracas.
De seguir la protesta ciudadana y de continuar la sangrienta represión del régimen, se corre el riesgo de romperse esa suerte de omertà de la diplomacia regional. Para evitarlo, el muy torpe Canciller Jaua, acaba de comenzar una gira por la comarca.
Un escenario nada alentador, el cual podría desembocar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Una instancia en la que, China y Rusia, aliados incondicionales del castromadurismo tienen, derecho a veto.
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