Vergüenza Entre Perdigones Y Tanquetas Por José Antonio Puglisi

Protestas en Venezuela 2014

 

Vergüenza. Ese es el sentimiento que genera la actuación de la Guardia Nacional en las últimas semanas. Son comunes los videos en los que se observan cómo los funcionarios ―que deberían velar por el bienestar de la población― se quitan el casco para golpear a una manifestante en el rostro, utilizan manoplas para romperle la cabeza a un estudiante o utilizan sus armas de fuego con la finalidad de lastimar a otro venezolano que sólo ha salido a la calle a exigir sus derechos.

De poco sirve que Nicolás Maduro aparezca en televisión nacional aplaudiendo la labor de la Guardia Nacional. Sus palabras son una demostración más del espíritu represivo y agresor del Gobierno de Venezuela. ¿Cómo se reconoce la labor de una institución que es acusada, diariamente, de cometer nuevos abusos de poder y torturas?, ¿cómo se habla de “paz” cuando se niegan los crímenes cometidos y, sin pruebas, se asegura que “prácticamente todas las denuncias son falsas. Son montajes de Twitter”?

Cuando Nicolás Maduro asegura que los miembros de la Guardia Nacional han actuado con “mucha paciencia” ante los insultos de los manifestantes, está respaldando los actos violentos y hasta de muerte ocasionados por sus funcionarios. Resulta indignante que se premie una conducta agresiva que ha tenido como objetivo asesinar manifestantes, tal como queda evidenciado en el tipo de lesiones registradas durante las protestas. No por casualidad cinco de los fallecidos recibieron tiros en el cráneo, así como muchos otros han sido lesionados en la misma zona.

El criminólogo y abogado, Javier Gorriño, ha explicado a El Nacional que “no disparan para dispersar, sino para ocasionar daño. No se lanzan tiros de perdigones al aire, sino en contra de personas. Se busca herirlas en zonas vulnerables del cuerpo”, agregando que “hay personas en las Fuerzas Armadas Nacionales que me dicen que los grupos que han actuado en materia de orden público no parecen guardias nacionales, sino mercenarios”. Esa es la actuación “pacífica” que aplaude Maduro y el resto de los representantes oficialistas.

Además, si la Guardia Nacional se siente acongojada por los insultos de unas cuantas semanas, ¿cómo se deberían sentir los venezolanos que durante años han sido insultados públicamente y calificados de “lacayos, cachorros del imperio, fascistas, imperialistas y apátridas”?

Cuando se observa la realidad de Venezuela y se compara con la del resto del mundo se observan importantes diferencias. Una de ellas, quizás una de las más importantes, es la capacidad de admitir los errores. Mientras la Guardia Nacional sigue lastimando a sus compatriotas, al otro lado del mundo, un centenar de policías antidisturbios ucranianos se pusieron de rodillas y pidieron perdón por haber actuado en contra del pueblo.

A pesar de que “errar es humano y rectificar es de sabios”, la Guardia Nacional no muestra ninguna señal de remordimiento por su atroz comportamiento. Por el contrario, su actuación ha evidenciado, una vez más, la politización del organismo y su escaso compromiso en la protección de la población venezolana. Nadie que quiera cuidarte se escuda detrás de un vehículo blindado, persiguiéndote y gritando por un altavoz: “Corran pues, corran mamaguevos”.

Los venezolanos han sido testigos de cómo una organización que nació para cuidarles y protegerles se corrompe por los intereses personales y políticos hasta convertirse en la guardia pretoriana, junto con los ‘colectivos’, del Gobierno. Un uniforme que debería infundir respeto ahora ha quedado manchado por la sangre de los venezolanos, el miedo y la opresión. El verde se ha escurrido ante la deshonra de apuntar a los ciudadanos y se ha desteñido por la deslegitimación de un comportamiento soez. Entre las filas de la Guardia Nacional ya no queda la valentía y la defensa de los valores democráticos, sino una vergüenza ajena que se pasea entre perdigones y tanquetas.

@Josepuglisi

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Protestas en Venezuela 2014

 

Vergüenza. Ese es el sentimiento que genera la actuación de la Guardia Nacional en las últimas semanas. Son comunes los videos en los que se observan cómo los funcionarios ―que deberían velar por el bienestar de la población― se quitan el casco para golpear a una manifestante en el rostro, utilizan manoplas para romperle la cabeza a un estudiante o utilizan sus armas de fuego con la finalidad de lastimar a otro venezolano que sólo ha salido a la calle a exigir sus derechos.

De poco sirve que Nicolás Maduro aparezca en televisión nacional aplaudiendo la labor de la Guardia Nacional. Sus palabras son una demostración más del espíritu represivo y agresor del Gobierno de Venezuela. ¿Cómo se reconoce la labor de una institución que es acusada, diariamente, de cometer nuevos abusos de poder y torturas?, ¿cómo se habla de “paz” cuando se niegan los crímenes cometidos y, sin pruebas, se asegura que “prácticamente todas las denuncias son falsas. Son montajes de Twitter”?

Cuando Nicolás Maduro asegura que los miembros de la Guardia Nacional han actuado con “mucha paciencia” ante los insultos de los manifestantes, está respaldando los actos violentos y hasta de muerte ocasionados por sus funcionarios. Resulta indignante que se premie una conducta agresiva que ha tenido como objetivo asesinar manifestantes, tal como queda evidenciado en el tipo de lesiones registradas durante las protestas. No por casualidad cinco de los fallecidos recibieron tiros en el cráneo, así como muchos otros han sido lesionados en la misma zona.

El criminólogo y abogado, Javier Gorriño, ha explicado a El Nacional que “no disparan para dispersar, sino para ocasionar daño. No se lanzan tiros de perdigones al aire, sino en contra de personas. Se busca herirlas en zonas vulnerables del cuerpo”, agregando que “hay personas en las Fuerzas Armadas Nacionales que me dicen que los grupos que han actuado en materia de orden público no parecen guardias nacionales, sino mercenarios”. Esa es la actuación “pacífica” que aplaude Maduro y el resto de los representantes oficialistas.

Además, si la Guardia Nacional se siente acongojada por los insultos de unas cuantas semanas, ¿cómo se deberían sentir los venezolanos que durante años han sido insultados públicamente y calificados de “lacayos, cachorros del imperio, fascistas, imperialistas y apátridas”?

Cuando se observa la realidad de Venezuela y se compara con la del resto del mundo se observan importantes diferencias. Una de ellas, quizás una de las más importantes, es la capacidad de admitir los errores. Mientras la Guardia Nacional sigue lastimando a sus compatriotas, al otro lado del mundo, un centenar de policías antidisturbios ucranianos se pusieron de rodillas y pidieron perdón por haber actuado en contra del pueblo.

A pesar de que “errar es humano y rectificar es de sabios”, la Guardia Nacional no muestra ninguna señal de remordimiento por su atroz comportamiento. Por el contrario, su actuación ha evidenciado, una vez más, la politización del organismo y su escaso compromiso en la protección de la población venezolana. Nadie que quiera cuidarte se escuda detrás de un vehículo blindado, persiguiéndote y gritando por un altavoz: “Corran pues, corran mamaguevos”.

Los venezolanos han sido testigos de cómo una organización que nació para cuidarles y protegerles se corrompe por los intereses personales y políticos hasta convertirse en la guardia pretoriana, junto con los ‘colectivos’, del Gobierno. Un uniforme que debería infundir respeto ahora ha quedado manchado por la sangre de los venezolanos, el miedo y la opresión. El verde se ha escurrido ante la deshonra de apuntar a los ciudadanos y se ha desteñido por la deslegitimación de un comportamiento soez. Entre las filas de la Guardia Nacional ya no queda la valentía y la defensa de los valores democráticos, sino una vergüenza ajena que se pasea entre perdigones y tanquetas.

@Josepuglisi

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