Cómplice necesaria - Runrun
A. Nieto Jun 23, 2014 | Actualizado hace 5 años

Justicia

 

La jueza Marjorie Calderón Guerrero actúa como “cómplice necesaria” de un Gobierno que manipula el poder judicial para usarlo como arma de intimidación

Señora Marjorie Calderón Guerrero, el 03 de abril del 2009, en su condición de Jueza y haciendo honor a su historia de abusos – empoderados y respaldados por este Gobierno represivo- me condenó a la pena máxima equivalente a treinta años de presidio.

¿La excusa?Adjudicarme el ser “Cómplice necesario” en los hechos acaecidos el día 11 de abril. ¿La razón? Sentar un precedente histórico que sirva de ejemplo para todo aquel que no siga su línea chavistoide. ¿El resultado? Un sentencia ilícita -basada en un juicio cargado de pruebas manipuladas- que equivale a una pena de muerte en cámara lenta. Señora Marjorie Calderón. Basta con esta sinopsis para darse cuenta que los roles están invertidos en esta acusación.

A saber, tal parece que la única “Cómplice necesaria” para armar este parapeto es Usted. “Cómplice necesaria” de un Gobierno que manipula el poder judicial para usarlo como arma de intimidación y así tratar de “reducir” a todo aquel que el Gobierno considere un posible opositor de nivel. Tratando de legalizar la injusticia.

Olvidando que aun así siempre será ilegítimo. Señora Marjorie Calderón, me pregunto si no siente Usted aunque sea un poco de vergüenza al saberse “cómplice necesaria” de todas las extemporáneas , anti jurídicas y ridículas peticiones de la Fiscalía General de la República, específicamente en la persona de la Fiscal Haifa El Aissami. En la cadena de poder, es Usted tan sólo un pobre peón más.

Señora Marjorie Calderón usted es una “Cómplice necesaria” de los acusadores privados, quienes solicitaron para nuestro caso la pena máxima, sin tomar en cuenta los argumentos presentados por nuestros abogados cada uno de los cuales nos exculpaban de toda responsabilidad en los hechos del 11-A.

Actuando como verdugo a sueldo y no como Juez , acabó con la vida de 9 hombres inocentes y de sus familias. Acabó con la esperanza de justicia de un pueblo. Pues si esto nos sucede a nosotros hoy, mañana puede sucederle a cualquiera. Incluso a Usted, cuando ya no sea el tonto útil del momento.

Fíjese a su alrededor y verá varios ejemplos. Señora Marjorie Calderón, al igual que en todas sus decisiones pertinentes a este caso, esta sentencia demoró más de lo debido. El pueblo venezolano, atendiendo a la manera en la cual Usted opera, debe estar seguro que no había dictado la sentencia antes, pues no hay manera fácil de justificar lo injustificable, a menos que una vez más Usted tuerza la Ley a favor de los objetivos de este régimen dictatorial. Como en efecto sucedió.

Todo esto es, historia viva de un país y en unos años pasará a los libros como un ejemplo de exceso. Gracias a su obra, su nombre no podrá ser olvidado. Señora Marjorie Calderón, usted ha sido “Cómplice necesaria” de la sistemática violación de mis derechos humanos, afectando mis condiciones físicas a niveles extremos.

Igualmente, gracias a su complicidad, las denuncias sobre los ataques realizados en contra de mi familia no progresan. Ha violentado una y otra vez lo establecido en el Art. 272 de la Constitución Nacional (respeto a los derechos humanos), así como lo establecido en el Art 83 de nuestra Constitución, relativo a la salud de las personas privadas de la libertad y más específicamente a lo pautado en el Art. 22 de la Declaración Universal de Los Derechos Humanos y los Art. 61 y 62 del Reglamento de Régimen Penitenciario en lo pertinente a la atención médica.

En tal sentido, he acordado con mis abogados ejercer todas las diligencias internacionales posibles hasta agotarlas, con el único objeto de que Usted sea juzgada por cada uno de los delitos que ha cometido.

Finalmente, en la calma que solo gozamos quienes no tenemos nada más que perder, le digo que mis hijos crecerán -conmigo o sin mí- siendo excelentes ciudadanos, porque mi esposa y yo hemos sido el mejor ejemplo de amor, principios y valores. Algo que, definitivamente, ninguno de sus hijos podrán experimentar jamás.

 

 

 

Iván Simonovis

@Simonovis

El Diario las Americas