Dos de las 3 acepciones de la palabra “diálogo” en el diccionario de la Real Academia indican lo siguiente: 1. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos, y 2. Discusión o trato en busca de avenencia. Lo primero puede decirse que se dio. Dos grupos de personas que por turnos, aunque con los comentarios inapropiados del moderador, iban planteando sus argumentos. Lo segundo quizás no tanto. Habría que conocer cuánto interés hubo realmente en buscar un encuentro.
Parte de los ciudadanos que conforman la masa opositora tenían, y quizás sigan teniendo, sus reservas con respecto al diálogo. Sus argumentos tenían solidez, por ejemplo, ¿Cómo sentarse a dialogar si una de las partes reprime? ¿Cómo dialogar con presos políticos en prisión? ¿Cómo dialogar durante la persecución a partidos y dirigentes de oposición? ¿Cómo dialogar sabiendo que faltan sillas y actores en ese encuentro?
Hay razón en todo ello, pero luego de ver la cadena, habría que coincidir en que se aprovechó una oportunidad como pocas en 15 años. En Venezuela desapareció el debate desde la llegada de la revolución. El diálogo tiene unas características que se acercan más al monólogo violento que a la posibilidad de escucharse, porque al final, el arte de hablar es saber escuchar. En Venezuela, se ha ignorado a la mitad de la población por mucho tiempo, demasiado.
El jueves en la noche Venezuela se encadenó voluntariamente para ver un espectáculo extraordinario, por lo poco frecuente, en el que la oposición tuvo la ocasión de hablar a todo un país. Quizás por primera vez para muchos ciudadanos, escucharon de dirigentes políticos una parte de la verdad que no escuchan en los medios oficiales, pero que se parece más a lo que viven a diario en sus comunidades.
Las carencias reales y las necesidades cotidianas, son mucho más elocuentes que conceptos como: democracia, libertad y petróleo, tan importantes como etéreos.
¿El país amaneció distinto? NO. Siguen las protestas, continúa el desabastecimiento, la inseguridad probablemente pase su factura semanal en los próximos días, las colas seguirán donde siempre, el alto costo de la vida, la diatriba política y quizás hasta los insultos. Lo prematuro es decir que este diálogo no tuvo efecto.
Vuelvo a la Real Academia, su diccionario agrega otros dos conceptos sobre el “diálogo”. Diálogo de Besugos, cuando hay conversación sin coherencia lógica. Eso quizás aplique en algunos de los voceros. Y Diálogo de Sordos, en el que durante la conversación los interlocutores no se prestan atención. Ojalá esto no haya ocurrido, por el bien del país y de la paz.
Román Lozinski




