Ányelo Quintero Rivas: el último muerto de las #Protestas2017
Ányelo Quintero Rivas: el último muerto de las #Protestas2017
El último muerto de las protestas 2017 no solo fue víctima de la violencia y la represión, también sufrió por el desabastecimiento y la escasez de medicinas e insumos que hay en el país

 

@yeannalyfermin

ERA LA TARDE DEL MIÉRCOLES 28 DE JUNIO DE 2017, cuando comenzó la tragedia para Ányelo Quintero Rivas y su familia. Un impacto de proyectil en la cabeza que perforó el hueso parietal y le produjo pérdida de masa encefálica, fue el resultado de la violencia empleada por efectivos policiales y militares que controlaban la protesta de decenas de ciudadanos que exigían la anulación a la convocatoria de la asamblea nacional constituyente (ANC).

Entre abril y julio del año 2017, 158 personas perdieron la vida durante las protestas. Solo en el estado Mérida, 16 hombres fueron asesinados con armas de fuego. De ellos, seis fueron impactados en la cabeza, cinco fueron baleados entre abdomen y tórax, dos recibieron el impacto en el cuello y otros tres se desconoce en qué parte del cuerpo les dispararon. Las víctimas tenían edades comprendidas entre los 23 y 52 años de edad.

Angelo se encontraba en la calle San Isidro del sector Trapichito, en Ejido, estado Mérida, cuando recibió un disparo. Iba a visitar a su hijo, eso le dijo a su madre cuando salió de la casa a las cinco de la tarde.

Yurlexi Rivas, enfermera y hermana de Ányelo, horas antes lo llamó a su celular para decirle que no fuera a visitar al niño porque la cosa en esa calle estaba muy fea con la guardia y la policía, pero no hizo caso y se fue.

“A las siete de la noche recibí una llamada del celular de mi hermano, pero no era él, era otra voz, aseguraba ser un comandante y me informó que Ányelo estaba en la emergencia del Hospital Universitario de Los Andes. Me pidió que me fuera para allá, pero no me dijo qué le había pasado”, comentó Yurlexi.

“Yo no sé si mi hermano estaba en ese momento en la protesta, pero él sí me decía que había que salir a luchar, a hacer algo por un mejor país”, dijo su hermana.

Yurlexi relató que una semana antes de que le dispararan a Ányelo, él mismo llegó a la casa con unos perdigonazos en la mano porque se metió a defender a un joven que estaba siendo golpeado por la policía de Mérida en una protesta.

La carrera por salvarle la vida

Desde que hirieron a Ányelo, comenzó una carrera por salvarle la vida. Un amigo del joven quien trabajaba en primeros auxilios, le comentó a Yurlexi que tuvieron que secuestrar un carro para poder llevarlo al hospital porque no había ambulancia.

“Cuando llegué al hospital, mi mamá estaba en el piso llorando. Todos los enfermeros que son compañeros míos me miraban, pero ninguno me decía nada. Entré a una sala y ví a mi hermano entubado y un doctor me preguntó si era familiar mío y le dije que sí, él solo me respondió: fuerza, acompaña a tu mamá y ayúdanos, porque sabes que en el hospital no hay nada”, dijo Yurlexi.

La hermana de Ányelo comenta que esa noche la angustia y la desesperación la invadieron porque no tenían dinero para costear todos los medicamentos que necesitaba el joven. Confiesa que se secó las lágrimas, sacó fuerzas de donde no tenía y empezó a solicitar ayuda a través de las redes sociales.

Estando en el hospital, a Yurlexi se le acercó mucha gente para ofrecerle su ayuda, pero también llegó la policía científica para interrogarla y preguntarle por el estado de salud de Ányelo. Ella les respondió que en ese momento no iba a hablar porque estaba muy mal y necesitaba conseguir varias medicinas para su hermano.

“Esa noche no pudimos ni siquiera hacerle la tomografía a Ángelo. Estaba tan mal que tuvieron que pasarlo a trauma shock y en ese momento, cuando lo ví así, no aguanté. Nunca me imaginé como personal de salud que iba a ver a mi hermano en ese estado y ahí pensé que no iba a salir de esa”, dijo Yurlexi.

Al siguiente día y gracias a la ayuda de muchas personas desconocidas pudieron  hacerle la tomografía a Ányelo. Cuando regresaron al hospital, el doctor le explicó a Yurlexi que iban a tratar de llegar hasta donde estaba la bala, pero que no le aseguraba nada porque estaba muy complicado.

“En el momento de la operación volvió a llegar la policía. Ellos insistían en entrar al quirófano pero yo no se los permití, les dije que ellos no eran médicos”, dijo la hermana de Ányelo.

La cirugía duró ocho horas. Cuando finalizó, contó Yurlexi, el médico le mostró lo que le habían extraído de la cabeza. “Era algo como de goma, como de caucho”, explicó.

Durante la intervención del joven, la policía no dejaba de hacer preguntas y Yurlexi accedió a hablar con ellos. La interrogaron durante varios minutos y ella les contó la versión que le dieron varias personas: fue la Guardia Nacional la que le disparó.

“Un joven que trabajaba en un autolavado vio quién le disparó a mi hermano. Él, en un principio, me dijo que iba a declarar. Pero después se lo llevaron preso. No sé qué le hicieron, pero después no quiso hablar. Los videos del autolavado los borraron”, aseguró la hermana de Ányelo. Con la primera médico que atendió al muchacho, sucedió algo similar. La policía amenazó a su familia y ella se negó a declarar sobre el caso.

Un día, a Yurlexi se le acercó un joven que quería ver a Angelo, ella le preguntó que quién era y él solo le contó cómo habían sucedido las cosas.

Escuche el relato de cómo fue el momento cuando asesinaron a Ányelo:

 

Siete meses de angustia y dolor  

“Mi hermano estuvo internado en el hospital durante siete meses y medio. Cuando estuvo en cuidados intensivos se la vio muy mal, tuvo presión intracraneal, un absceso pulmonar. Pensé, Ányelo no va a aguantar mucho”, dijo Yurlexi.

La hermana del joven comentó que cuando él tenía un mes en la UCI, su sistema respiratorio comenzó a  responder. Durante el tiempo que estuvo allí, le hicieron tres operaciones, le sacaron líquido de la columna, le pusieron un traqueostomo y un injerto de piel en la cabeza.

Ányelo evolucionó bastante rápido, aunque seguía con su traqueostomo ya estaba en una habitación: “Yo enseñé a mi familia a bañarlo a limpiarlo, a voltearlo, a hacerle ejercicios y hasta a aspirarlo porque a mi hermano había que hacerle todo”.

“Angelo se recuperaba y se empeoraba. En total, a mi hermano lo operaron 10 veces”, afirmó Yurlexi.

Víctima de la represión y escasez de medicinas

“Yo le agradezco mucho a todas esas personas que nos ayudaron con dinero y medicinas, gracias a ellos mi hermano duró vivo”, afirmó la enfermera.

Yurlexi aseguró que recibió donaciones de extranjeros y de venezolanos que estaban en Ecuador, Perú y Colombia, quienes conocieron el caso cuando la familia pidió ayuda por redes sociales.

Después de una larga lucha para salvarle la vida, Angelo falleció por la falta de un antibiótico que nunca se consiguió por más que se hicieron diligencias y que se contactó a personas de otros países.

“Ányelo contrajo una bacteria, una pseudomona que se le alojó en los pulmones, y por más que se le administraban otros antibióticos, no eran los adecuados para tratar la infección y por eso se contaminó, explicó la enfermera.

 

Escuche el audio donde la hermana de Ányelo explica porque murió:

 

 

El día que Ányelo falleció, el caso fue tomado por los médicos forenses. “Me hicieron declarar durante varias horas”, comentó la hermana.

 

Escuche el audio donde Yurlexi comenta cómo fue el día cuándo su hermano falleció:

 

 

“Ányelo dejó un bebé de dos años y cuando falleció nos enteramos que la novia estaba embarazada y a punto de dar a luz. Mi hermano falleció el 12 de febrero y la muchacha dio a luz el día siguiente”, contó.

Los culpables

Del caso de Ányelo, el último muerto de las protestas, no se supo más nada. Comenta Yurlexi que un mes después del entierro le llegó una citación del Ministerio Público para que su hermano se presentara a declarar. La familia Quintero Rivas solo confía en la “justicia divina” y decidió dejar el asesinato “en manos de Dios”. Están seguros de que tarde o temprano los responsables pagarán por lo que le hicieron a su hermano.

Cuatro años después

Ányelo Rafael Quintero Rivas falleció un 12 de febrero de 2018. El mismo día, pero cuatro años después, que asesinaron a Bassil Alejandro Da Costa Frías y Robert Redman en las protestas de febrero de 2014 en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

Bassil Da Costa  recibió un disparo en la cabeza que le causó la muerte cuando se encontraba en la esquina de Tracabordo, durante los hechos de violencia acaecidos en la parroquia Candelaria de Caracas. Su homicida, el comisario del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) José Ramón Perdomo Camacho fue condenado a 29 años de prisión.

Robert Redman fue asesinado la noche del 12 de febrero en la avenida Arturo Uslar Pietri del municipio Chacao, en Caracas. Ese mismo día ayudó a cargar a Bassil Da Costa cuando cayó herido. Horas más tarde, en una protesta nocturna convocada por la oposición, el parrillero de una moto le disparó en la cabeza. Su caso aún está en fase de investigación.