Sector Universitario pide unión a partidos políticos - Runrun

Sector Universitario pide unión a partidos políticos

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Por causa de las erradas políticas del gobierno el estado de la economía del país es tal que las capas medias profesionales han sido conducidas a la pobreza, los pobres a la mendicidad y la industria petrolera al colapso técnico, como se evidencia en la reducción de su producción a la mitad de la existente hace un lustro. El aparato productivo privado ha sido demolido deliberadamente y la hiperinflación convirtió la moneda nacional en una ficción inútil con los previsibles efectos en la destrucción de sueldos, salarios y ahorros de los trabajadores, así como en la alimentación, la salud, el transporte, el agua, la educación y los demás servicios públicos básicos para la población. Solo la élite política gobernante y pequeños grupos enriquecidos obscenamente al amparo de la corrupción gubernamental escapan a este funesto cuadro.

Beneficiarios únicos de la “revolución que vino para quedarse”, según le gustaba proclamar a Chávez, el régimen y sus cómplices siempre han estado resueltos a perpetuarse en el poder. Al favor de las circunstancias y de hábiles maniobras dominaron el escenario electoral hasta la derrota aplastante que sufrieron en 2015, cuando la oposición ganó la mayoría de la Asamblea Nacional. A partir de entonces el gobierno se propuso no celebrar elecciones sino para ganarlas, acentuando su verdadera naturaleza autoritaria y haciendo de la represión y la violación de los derechos humanos de los opositores política de Estado.

Si se examina el funcionamiento institucional de la República encontraremos que la Constitución de 1999 ha sido violada de todas las maneras posibles y su articulado sustituido por las órdenes del presidente, los fallos del Tribunal Supremo de Justicia y las decisiones de una Asamblea Nacional Constituyente convocada y elegida anticonstitucionalmente y contra toda lógica jurídica. Una institucionalidad paralela, a la medida de las conveniencias del gobierno, ha sido puesta en pie.

Es razonable suponer que las diferentes fuerzas democráticas concordarán en lo esencial con la caracterización precedente. Si esto es así se impone la conclusión de que el éxito de la lucha, tanto política como social, depende de que aquellas puedan construir una gran fuerza nacional que incluya a los partidos pero también a las organizaciones de la sociedad civil con base en la convicción de que no habrá solución para el país si no se cambia el gobierno actual.

La tarea de construir esa fuerza debe partir del reconocimiento de que el objetivo común admite diversas estrategias. Así, por ejemplo, en lugar de contraponer las opciones electoral y no electoral, se trataría de aprovecharlas según las circunstancias habida cuenta de que el creciente aislamiento internacional forzará al gobierno a tratar de legitimarse electoralmente. Participar o no en los comicios en vez de ser pura cuestión de principios debe resultar además de una evaluación de las situaciones políticas. Por otro lado, la participación no consiste necesariamente en presentar candidatos sino en no obstinarse en ignorar el escenario electoral y procurar rentabilizarlo incluso mediante la denuncia de su ilegitimidad. En todo caso, para las organizaciones políticas y sociales que estén dispuestas al esfuerzo unitario proveerse de estrategias claras susceptibles de combinarse eficazmente en función de las circunstancias constituye un desafío ineludible.

Y entre las que estén dispuestas al entendimiento y aquellas que opten por actuar en forma independiente las relaciones han de ser respetuosas, no renunciando a la crítica pero sí a la descalificación, como exige el hecho de tener un adversario común de cuya sed de poder no cabe esperar diferencias de trato, tantas han sido las pruebas que ha dado de intolerancia para la convivencia con los que piensan de otro modo.   En una perspectiva de futuro no lejano, todas las fuerzas democráticas tendrán que tomar parte conjuntamente en la reconstrucción del país. Manejar las divergencias actuales con sabiduría y ecuanimidad contribuirá al éxito del venidero esfuerzo común. No obra en cambio a su favor la pretensión de obtener rédito grupal o personal a expensas de los demás mediante el usufructo de ventajas coyunturales, como ha sido deplorable tradición, y que los acontecimientos de estos días parecen confirmar. Esta conducta es aún más desafortunada en el cuadro de resurgimiento de la protesta social de las últimas semanas en casi todo el país, esfuerzo generoso cuya suerte está en no escasa medida asociada a la disposición unitaria de que deberían dar prueba creíble las organizaciones políticas.

Desde el sector universitario pensamos que las líneas básicas para un programa mínimo de acción concertada entre las fuerzas y factores democráticos políticos y sociales de cara a la recuperación institucional, económica, política y social del país pudieran ser las siguientes:

  1. Consolidar una vasta unidad nacional que cierre filas frente a los enemigos de la democracia y de la libertad.
  2. Diseñar una estrategia general basada en la visión integral de la situación del país que dé sentido a las acciones concretas y ofrezca a la población un horizonte de objetivos claros que haga renacer la esperanza de futuro real y la confianza en las propias fuerzas para alcanzarlo.
  3. Definir las etapas principales del itinerario del cambio: primero, participar en los escenarios políticos que, con el complemento fundamental de una activa movilización ciudadana, fuercen la salida del gobierno; segundo, período de transición con un gobierno de unidad nacional que adopte las medidas urgentes en los ámbitos más sensibles de la vida de la población y en el orden institucional; tercero, debate nacional sobre las reformas del sistema político para asegurar la probidad de las instituciones jurídica y electoral a fin de prevenir regresiones autoritarias; y cuarto, celebración de elecciones generales para el advenimiento de una nueva era democrática.

Caracas 23 de julio de 2018

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