Bloomberg Businessweek: Dentro del complot fallido para derrocar a Nicolás Maduro
Bloomberg Businessweek: Dentro del complot fallido para derrocar a Nicolás Maduro

Foto: Carlos Becerra / Anadolu Agency / Getty Images

 

La conspiración para enjuiciar a Maduro fue frustrada el mes pasado, y docenas de arrestos le siguieron

 

Por Ethan Bronner, Andrew Rosati y Fabiola Zerpa

Artículo original de Bloomberg Businessweek 

Traducido por Runrun.es

 

El complot, de nombre código “Operación Constitución”, involucraba a cantidades de capitanes, coroneles y generales, provenientes de todas los componentes de las Fuerzas Armadas venezolanas. El objetivo era directo y sísmico – capturar el Presidente, Nicolás Maduro, y llevarlo a juicio. Se suponía que los conspiradores, utilizando brazaletes azules marcados “OC”, asaltarían el Palacio Presidencial y la principal base militar, y detendrían la elección presidencial del 20 de mayo. Parte de la logística tuvo lugar en Bogotá, pero autoridades colombianas y estadounidenses, que supuestamente conocían del complot y miraron hacia otro lado, se negaron a proveer apoyo activo.

 

Después algo salió mal. A mediados de mayo, varias docenas de militares, incluyendo a una mujer, como también un par de civiles, fueron arrestados secretamente – algunos han sido acusados de traición – y encarcelados por el tribunal militar. Varios dicen que han sido torturados. Los conspiradores creen haber sido traicionados, posiblemente por un doble-agente. Esta reconstrucción del complot está basado en entrevistas con un coordinador que logró escapar del arresto, dos personas que atendieron sesiones de planificación, y abogados y familiares de los acusados. Todos hablaron en condición de anonimidad, temiendo por su seguridad. Bloomberg también observó un reporte de un tribunal militar que establece la versión del gobiernos de los eventos, que corrobora muchos de los detalles de los conspiradores.

 

Detalles del golpe fallido, probablemente la amenaza más grande a Maduro en sus cinco años de presidencia, no han sido reportados antes, aunque un blogger militar venezolano lo ha aludido. Una vez rica y relativamente democrática, la Venezuela socialista ha seguido un camino regresivo, y se ha vuelto en un petro-estado disfuncional y autoritario. El país es acosado por la hiperinflación y escasez severa de alimentos y medicina. Cientos de miles han huido a su vecina Colombia, que por décadas batalló guerrillas Marxistas apoyadas por Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, que también dirigió un golpe de estado fallido en 1992. Una década después, como Presidente de la República, él venció un golpe.

 

Algunos miembros de la milicia venezolana dicen que la única esperanza para retornar a la estabilidad es reemplazar a Maduro por la fuerza. Eso se mantiene improbable después del fracaso del golpe. El Presidente mantiene su influencia sobre todas las principales instituciones; nunca fue un militar, pero ha trabajado duro para ganar la lealtad del alto mando. Aunque se reelección en mayo ha sido ampliamente condenada como fraudulenta, reafirmó el sentimiento que está firmemente en el poder. Aún así, el intento a un golpe de estado indica que partes de las fuerzas armadas están descontentas – y Maduro se ha dado cuenta. En un desfile militar el 23 de Junio declaró, “¡Es hora de cerrar filas y hacerse fuerte en contra de la traición! Necesitamos una milicia unida leal al glorioso país de Venezuela y su legítimo comandante en jefe!”.

 

El reporte del tribunal militar del complot, según los participantes, contiene una combinación entre realidad y ficción. Su afirmación principal no es negada: En mayo, oficiales de rango alto de todas los cuatro componentes de las fuerzas armadas intentaron llevar a cabo una insurrección. Aún así, aquellos entrevistados niegan los detalles más dramáticos, incluyendo que los gobiernos colombianos y estadounidenses proveyeron apoyo financiero. También niegan la existencia de una segunda conspiración, “Operación Armagedón”, que indicaba que asesinarían a Maduro en un desfile militar en Julio del 2017.

 

E.E.U.U tiene “ninguna intención para desestabilizar o derrocar al gobierno venezolano”, dijo un representante del Departamento de Estado, pero quiere “el retorno a la Venezuela estable, próspera y democrática”. En Texas, en febrero, el ex-Secretario de Estado de E.E.U.U, Rex Tillerson destacó que los militares en Latinoamérica tienden a involucrarse en tiempos de crisis. “Si la cocina se le calienta mucho [a Maduro], estoy seguro que tiene amigos en Cuba que le podrían dar una bonita hacienda en la playa,” dijo. Colombia y Venezuela ambos se negaron a dar algún comentario.

 

El fiscal militar afirmó que María Corina Machado, una de las líderes de la oposición, participó en el complot. Ella y participantes negaron esto, indicando que es ficción, en un intento para incriminarla y encarcelarla. “Este régimen está una vez más intentando incriminarme”, dijo Machado en una entrevista en Caracas. “No tengo conexión alguna a estas conspiraciones. Quieren silenciar mi voz, porque los he etiquetado como una narco-dictadura. Quiero ser clara: quiero a Nicolás Maduro fuero del poder inmediatamente. Pero quiero que sea expulsado vivo, para que se enfrente a la justicia que su régimen le ha negado a los venezolanos.” El gobierno y los conspiradores tienen razón para exagerar o minimizar lo ocurrido: Los conspiradores quieren apoyo extranjero y más oficiales que se unan al próximo intento y esperar proteger a aquellos que han sido capturados. El gobierno busca justificar una purga, que ya empezó, mientras que afirman estar en control.

 

Los participantes dicen que el golpe originalmente fue planificado para Abril del 2017, para detener a Maduro en su expansión de poder sobre la legislación de Venezuela, pero una rebelión militar no relacionada y mucho más pequeña que esta causó que los participantes abortaran la misión. La planificación continuó hasta 2018, con reuniones secretas en casas de áreas exclusivas de Caracas. En un punto, un participante cruzó la frontera entre Colombia y Venezuela utilizando identificación falsa y un bigote de mentira.

 

Elementos de descontento entre las fuerzas armadas empezaron a aparecer alrededor de hace un año, cuando Oscar Pérez, un oficial de policía y piloto, agarró un helicóptero y lanzó granadas a edificios gubernamentales. Maduro culpó al Mayor General Miguel Rodríguez Torres, un ex-jefe de inteligencia que rompió con el gobierno en 2015. Posteriormente, Pérez fue asesinado en una incursión. En enero, empezaron los arrestos de tenientes de fuerzas especiales. En marzo, Rodríguez Torres y algunos comandantes de batallones blindados fueron arrestados por insurrección. Sigue detenido.

 

El grupo más grande de arrestos ocurrieron alrededor la reelección de Maduro. Participantes y sus abogados dicen que las autoridades detuvieron un ciudadano colombiano, el médico novio de la única mujer que participó en el atentado. Dicen que ha sido torturado, aunque no sabía nada del complot.

 

Maduro ha cultivado cuidadosamente su relación con la milicia. El año pasado, cuando más de un millón de personas se unieron a las protestas anti-gubernamentales, dependió de sus fuerzas de seguridad para sofocar los disturbios. Desde la muerte de Chávez en 2013, Maduro le ha dado gran parte de la economía a los militares, incluyendo altos cargos en la petrolera nacional y el control sobre la distribución de los alimentos. Ha ascendido a cientos de generales y almirantes, y oficiales militares (activos y retirados) tienen nueve de 34 puestos en el gabinete minsterial.

 

Sin embargo, una persona con conocimiento de las fuerzas armadas dice que las encuestas realizadas por el servicio de inteligencia encuentraron que el índice de aprobación de María Corina Machado entre los oficiales es especialmente alto. Esto podría explicar por qué el gobierno ha tratado de conectarla al complot. Rocío San Miguel, presidente de la organización Control Ciudadano, dice que Maduro también mantiene control a través del miedo, regularmente deteniendo o purgando otros oficiales y soldados.

 

“No creo en esta idea que Maduro está colgando de un hilo”, dice San Miguel. “Maduro ha desarrollado una política de estado de persecución y monitorear entre las fuerzas armadas. Es paranoico. El gobierno está creando una pared de fuego.”