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La justicia internacional, por Luis de Lion

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La absolución del líder ultranacionalista serbio, el pasado jueves 31, por el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY) nos sorprendió a todos. Vojislav Seselj, estaba acusado de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra durante las guerras de Bosnia y de Croacia, durante los años 1990. Pero los jueces, estimaron que, no había pruebas suficientes.

Sin duda, un veredicto chocante, que toca respetar, pero que a su vez el procurador puede apelar.

Hace apenas una semana, ese mismo Tribunal, había condenado a líder serbio de Bosnia, Radovan Karadzic, culpable de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, durante la guerra de Bosnia. Fue juzgado culpable de la masacre de Srebrenica, y deberá cumplir una pena de 40 años de presidio.

La sentencia, se ha dictado 20 años después de los hechos, lo cual es sin dudarlo, un veredicto histórico que resalta cuán lenta puede ser la justicia. Una tardanza, que no la hace menos necesaria.

Es importante, en un sistema internacional que promueve los derechos humanos y que se niega a dejar que sea la fuerza bruta la que dicte las normas, que los autores de crímenes imprescriptibles sean juzgados.

Más allá de la condena en sí misma, del hombre, del autor, del criminal como tal, la instrucción del proceso, seguido del veredicto afirman la dignidad humana, cualquiera que sea su nacionalidad y su religión.

El TPIY habrá jugado su papel. La continuidad ha quedado asegurada por la Corte Penal Internacional (CPI) creada en el 2002.

Es evidente, que una sentencia no calma el dolor y el sufrimiento provocados por la guerra. Pero, puede ayudar a cicatrizar muchas heridas que permanecen abiertas.

Nos queda esperar, que los muchos conflictos que en el presente siguen rasgando a la humanidad, desembocarán igualmente en el enjuiciamiento de sus responsables.

Una suerte que, a decir de sus edades respe de abril e la admiración mundial de la que gozan, no correrán los hermanos Castro. Sin embargo, otros genocidas como, el presidente sirio Bachar Al Assad y el autoproclamado califa del Estado Islámico, Abou Bakr al Bagdadi, sin duda alguna han hecho méritos suficientes para ser condenados, tarde o temprano, por la Corte Penal Internacional.

@ldelion
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La absolución del líder ultranacionalista serbio, el pasado jueves 31, por el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY) nos sorprendió a todos. Vojislav Seselj, estaba acusado de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra durante las guerras de Bosnia y de Croacia, durante los años 1990. Pero los jueces, estimaron que, no había pruebas suficientes.

Sin duda, un veredicto chocante, que toca respetar, pero que a su vez el procurador puede apelar.

Hace apenas una semana, ese mismo Tribunal, había condenado a líder serbio de Bosnia, Radovan Karadzic, culpable de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, durante la guerra de Bosnia. Fue juzgado culpable de la masacre de Srebrenica, y deberá cumplir una pena de 40 años de presidio.

La sentencia, se ha dictado 20 años después de los hechos, lo cual es sin dudarlo, un veredicto histórico que resalta cuán lenta puede ser la justicia. Una tardanza, que no la hace menos necesaria.

Es importante, en un sistema internacional que promueve los derechos humanos y que se niega a dejar que sea la fuerza bruta la que dicte las normas, que los autores de crímenes imprescriptibles sean juzgados.

Más allá de la condena en sí misma, del hombre, del autor, del criminal como tal, la instrucción del proceso, seguido del veredicto afirman la dignidad humana, cualquiera que sea su nacionalidad y su religión.

El TPIY habrá jugado su papel. La continuidad ha quedado asegurada por la Corte Penal Internacional (CPI) creada en el 2002.

Es evidente, que una sentencia no calma el dolor y el sufrimiento provocados por la guerra. Pero, puede ayudar a cicatrizar muchas heridas que permanecen abiertas.

Nos queda esperar, que los muchos conflictos que en el presente siguen rasgando a la humanidad, desembocarán igualmente en el enjuiciamiento de sus responsables.

Una suerte que, a decir de sus edades respe de abril e la admiración mundial de la que gozan, no correrán los hermanos Castro. Sin embargo, otros genocidas como, el presidente sirio Bachar Al Assad y el autoproclamado califa del Estado Islámico, Abou Bakr al Bagdadi, sin duda alguna han hecho méritos suficientes para ser condenados, tarde o temprano, por la Corte Penal Internacional.

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