Natalio Cosoy / BBC Mundo
“Es mejor poquito pero bien comido aquí en Colombia”, decía un resignadamente optimista Jairo Rivera mientras hacía fila días atrás para recibir ayudas del gobierno colombiano en Cúcuta.
Hasta entonces había vivido del lado de Venezuela, país al que emigró unos 10 años atrás buscando una vida mejor.
Y según dijo a BBC Mundo por bastante tiempo lo logró, gracias a una economía más boyante, un menor temor a grupos irregulares armados y los beneficios del Estado asistencialista característico de la Venezuela de la llamada revolución bolivariana.
Hoy está solo en Cúcuta, del otro lado quedó su esposa venezolana con el hijo de ambos.
Su caso ejemplifica cómo la crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela ha sacado a la superficie otra cuestión más allá de las tensiones bilaterales y la emergencia humanitaria: la migración económica que ha existido durante décadas desde Colombia a Venezuela.
Rivera es uno de los más de 18.000 colombianos -según Naciones Unidas- que, sin ser deportado, decidió en los últimos 20 días volver a Colombia por miedo a serlo o a ser blanco de las autoridades venezolanas.
La canciller colombiana María Ángela Holguín reconocío hace pocos días que al otro lado de la frontera habían atractivos para muchos de sus conciudadanos.
“Unos se fueron por la situación del conflicto, otros se fueron porque son gente trabajadora (que migró para ayudar a sus familiares en Colombia), otros se fueron por promesas”, dijo Holguín en una rueda de prensa.
Esas “promesas”, que la diplomática reconoció siempre fueron cumplidas en Venezuela, eran acceso a vivienda, educación y otros planes sociales que el gobierno venezolanoa bautizó como Misiones.
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