El asesinato de Robert Serra por Andrés Volpe

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La oposición parece unos carritos chocones, todos se dan contra todos

Robert Serra

“Este mundo de odios […] había de estallar con tal violencia que, cuando la Independencia rompe el orden secular, de los 825 mil habitantes que tenía Venezuela para aquel momento, perecen más de doscientos mil, y no por la acción bélica en sí, sino como efecto de una criminalidad espantable como no hay antecedentes ni en los mismos pueblos vecinos.”

Así reza el prólogo a la edición española de la obra de Francisco Herrera Luque, “En la casa del pez que escupe el agua” en su edición publicada por Alfaguara. Es una visión escalofriante, ya que las muertes no fueron causadas directamente por el combate de la liberación del territorio nacional, sino por los efectos de la criminalidad. Un fenómeno que ocurría en los tiempos más heroicos de la historia venezolana, cuando se presume que existía virtud cívica y de la cual los venezolanos nos vanagloriamos sin miramientos. La cifra pone bajo juicio la glorificación del espíritu histórico independentista y lo reduce tan solo a unos cuantos individuos que lucharon por la causa justa, mientras acusa a una gran mayoría de criminales.

 

De ser aquello cierto, ¿qué podemos decir del presente?

 

El Diputado Robert Serra por el PSUV ha sido asesinado el miércoles, 1 de octubre. El hecho ha despertado el horror y la denuncia por parte del gobierno, ya que es considerado un acto vil, cruel, monstruoso e inhumano. Seguidamente, se han activado los debidos organismos y mecanismos del Estado para dar con los culpables y así reclamar nuevamente el monopolio de la violencia y ejercer justicia.

Pero, ¿qué ocurrirá con las otras 38 personas promedio que fueron asesinadas ese mismos día, de acuerdo con cifras publicadas por diversos medios nacionales?

En un artículo publicado por otro periódico nacional el 4 de mayo de 2014, se confirman 4.680 homicidios en los primero cuatro meses del año. No obstante, estas cifras no brindan una fiel representación de la realidad, ya que fueron obtenidas de manera extraoficial. Es decir, nadie sabrá sobre la totalidad de muertes anónimas que ni siquiera obtienen la dignidad de ser registradas y cuantificadas. En su mayoría, la muerte del venezolano es una muerte anónima.

Por ende, si el gobierno entiende de dolor y de indignación ante tan vil acción, el asesinato diario de venezolanos debe ser tomado con tanta seriedad y horror como el asesinato del Diputado Robert Serra. Ya que resulta inaudito que la muerte diaria no es misterio ni es dolorosa para el gobierno, pero cuando es asesinado un Diputado por el PSUV es misterio y es dolorosa y el Estado entero se indigna y da caza feroz a los asesinos y se hacen declaraciones de dolor.

La muerte es quizás el fenómeno más igualitario para el ser humano, porque al morir la piel se pudre de igual manera sin importar cargo, rango e inclinación política. No obstante, el asesino si hace diferencia y escoge a sus víctimas. Allí resta entonces la acusación para el gobierno, ya que su política de fomentar la violencia en el país es la causa del asesinato del Diputado Robert Serra y los demás 38  asesinados en promedio ese mismo día.

La muerte anónima es la más dolorosa, porque se sufre en silencio. Esa es la muerte que la mayoría de las familias venezolanas padecen y lloran.

Es momento de exhortar al gobierno para que empiece a realizar políticas públicas eficaces para la eliminación de la violencia en el país y quizás así puedan verdaderamente honrar la muerte de su compañero camarada, Diputado Robert Serra.

 

@andresvolpe

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La oposición parece unos carritos chocones, todos se dan contra todos

Robert Serra

“Este mundo de odios […] había de estallar con tal violencia que, cuando la Independencia rompe el orden secular, de los 825 mil habitantes que tenía Venezuela para aquel momento, perecen más de doscientos mil, y no por la acción bélica en sí, sino como efecto de una criminalidad espantable como no hay antecedentes ni en los mismos pueblos vecinos.”

Así reza el prólogo a la edición española de la obra de Francisco Herrera Luque, “En la casa del pez que escupe el agua” en su edición publicada por Alfaguara. Es una visión escalofriante, ya que las muertes no fueron causadas directamente por el combate de la liberación del territorio nacional, sino por los efectos de la criminalidad. Un fenómeno que ocurría en los tiempos más heroicos de la historia venezolana, cuando se presume que existía virtud cívica y de la cual los venezolanos nos vanagloriamos sin miramientos. La cifra pone bajo juicio la glorificación del espíritu histórico independentista y lo reduce tan solo a unos cuantos individuos que lucharon por la causa justa, mientras acusa a una gran mayoría de criminales.

 

De ser aquello cierto, ¿qué podemos decir del presente?

 

El Diputado Robert Serra por el PSUV ha sido asesinado el miércoles, 1 de octubre. El hecho ha despertado el horror y la denuncia por parte del gobierno, ya que es considerado un acto vil, cruel, monstruoso e inhumano. Seguidamente, se han activado los debidos organismos y mecanismos del Estado para dar con los culpables y así reclamar nuevamente el monopolio de la violencia y ejercer justicia.

Pero, ¿qué ocurrirá con las otras 38 personas promedio que fueron asesinadas ese mismos día, de acuerdo con cifras publicadas por diversos medios nacionales?

En un artículo publicado por otro periódico nacional el 4 de mayo de 2014, se confirman 4.680 homicidios en los primero cuatro meses del año. No obstante, estas cifras no brindan una fiel representación de la realidad, ya que fueron obtenidas de manera extraoficial. Es decir, nadie sabrá sobre la totalidad de muertes anónimas que ni siquiera obtienen la dignidad de ser registradas y cuantificadas. En su mayoría, la muerte del venezolano es una muerte anónima.

Por ende, si el gobierno entiende de dolor y de indignación ante tan vil acción, el asesinato diario de venezolanos debe ser tomado con tanta seriedad y horror como el asesinato del Diputado Robert Serra. Ya que resulta inaudito que la muerte diaria no es misterio ni es dolorosa para el gobierno, pero cuando es asesinado un Diputado por el PSUV es misterio y es dolorosa y el Estado entero se indigna y da caza feroz a los asesinos y se hacen declaraciones de dolor.

La muerte es quizás el fenómeno más igualitario para el ser humano, porque al morir la piel se pudre de igual manera sin importar cargo, rango e inclinación política. No obstante, el asesino si hace diferencia y escoge a sus víctimas. Allí resta entonces la acusación para el gobierno, ya que su política de fomentar la violencia en el país es la causa del asesinato del Diputado Robert Serra y los demás 38  asesinados en promedio ese mismo día.

La muerte anónima es la más dolorosa, porque se sufre en silencio. Esa es la muerte que la mayoría de las familias venezolanas padecen y lloran.

Es momento de exhortar al gobierno para que empiece a realizar políticas públicas eficaces para la eliminación de la violencia en el país y quizás así puedan verdaderamente honrar la muerte de su compañero camarada, Diputado Robert Serra.

 

@andresvolpe

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