Gerardo Blyde, autor en Runrun

Esta es la ponencia de Gerardo Blyde para el foro de democracia que canceló Maduro

maduro

 

Este 8 de noviembre fue suspendido un foro sobre gobierno y democracia que había sido organizado por Vladimir Villegas y Germán Ferrer, conductores de programas Vladimir a la 1 y Criterios en Globovisión. En dicho foro participarían variados expositores, entre ellos el alcalde del municipio Baruta, Gerardo Blyde, y culminaría con la ponencia del exministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres. De acuerdo a Nelson Bocaranda, un tuit del exministro, donde propone un gobierno de consenso como salida a la crisis política, fue el causante de que el mismo presidente Maduro llamara a Germán Ferrer para suspender el foro.

 

A continuación la ponencia de Gerardo Blyde:

1.- Maduro Recién Electo Presidente:

El 18 de diciembre del año 2013, todos los alcaldes de oposición acudimos a Miraflores citados por el recién electo Presidente Nicolás Maduro. Me tocó realizar la intervención de cierre. Le expresé a todo el gobierno nacional que a todos nos tocaba respetar el orden constitucional.

Dije que la Constitución Nacional se había convertido en un verdadero pacto social no cuando fue aprobada aquel 15 de diciembre de 1999, si no cuando pretendió ser reformada en más de un tercio de su contenido pocos años después; el pueblo opositor acudió a defender su vigencia y el pueblo chavista se abstuvo para que la misma no fuera modificada. Maduro respondió públicamente que él no había pensado en eso, pero me dio la razón.

No dijimos aquello como un mero ejercicio intelectual o como tesis jurídica, lo dijimos como un claro mensaje político, pues el derecho constitucional es el que contiene la división del Poder Público, las atribuciones de competencias y la estructura misma del Estado. Una Constitución aceptada por todos es el pacto normativo de convivencia de un pueblo. Si sus normas son acatadas por todos, se constituye en el marco que permite la convivencia, la paz social, el desarrollo de los derechos y el respeto al ciudadano por parte del Estado. Sólo así una sociedad puede conseguir bienestar para todos. El mensaje era claro: Cumplamos todos la Constitución ya que, por fin, todos hemos defendido su vigencia.

 

2.- ¿Qué sucedió?

Sería muy extenso narrar todos los hechos sucedidos en estos casi tres (3) años de aquella reunión. Procedimientos inconstitucionales terminaron de manera anticipada con mandatos de alcaldes presentes allí, en desconocimiento el debido proceso y a la soberanía popular, entre tantas otras cosas que omitiré en este escrito.

El 6 de diciembre pasado los venezolanos acudimos a los centros electorales y elegimos a los nuevos diputados para el nuevo período de la Asamblea Nacional. Luego de dos (2) años en el gobierno, el Presidente Maduro, el PSUV y la Revolución que representan, sufrió una estrepitosa derrota. Ciento doce diputados fueron proclamados por el C.N.E. como la nueva mayoría calificada a favor de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). El Péndulo del reloj de la historia había cambiado de dirección. El gobierno se quedaba sin la mayoría parlamentaria que desde agosto del año 2000 había detentado.

El escaso margen con el que Maduro había ganado las elecciones fue el primer campanazo popular de que las cosas no iban nada bien. El gobierno y sus líderes no lo escucharon.

La elección parlamentaria fue entonces el grito del pueblo ante una dirigencia oficial a la que le gusta oírse a sí misma y pensar que lo que ellos dicen y piensan es lo que el pueblo piensa.

Un gobierno que supiera leer los hechos políticos de inmediato hubiera hecho política: ante la nueva realidad debía recomponerse de inmediato, buscar refrescarse en todo su tren ministerial, buscar puentes con los actores políticos opositores que encabezaron tal derrota electoral; hubiera producido además, un cambio inmediato del modelo de polarización hasta ahora utilizado, que se había agotado, y, por supuesto, un gran giro en materia económica. Nada de esto hizo.

El gobierno reconoció “de palabra” la derrota, pero la saliente Asamblea Nacional se apuró en nombrar magistrados violando los plazos y procedimientos legales (lo digo con conocimiento pues fui partícipe en la redacción de la Ley del T.S.J. que desarrollo los procedimientos constitucionales para el nombramiento d magistrados, cuando estuve como diputado).

Desde ese momento equivocó por completo la estrategia política que un demócrata hubiera ejecutado. Decidió blindarse en la Institucionalidad ante la carencia de la mayoría electoral.

  • Amazonas

Tres (3) diputados del Estado Amazonas, proclamados por el C.N.E. y por tanto con inmunidad parlamentaria desde su proclamación (como lo establece la C.N.) fueron mediante decisión “cautelar” suspendidos de sus cargos, inaudita parte, sin ante-juicio de méritos, con la única y calculada intención de que no se conformara el 5 de enero, la mayoría calificada de 2/3 partes votada por el pueblo. Vale decir que hasta este parcializado C.N.E. en los escritos presentados ante el T.S.J. ha defendido sus actos de proclamación; ha señalado que no existió fraude electoral en el Estado Amazonas. Once meses más tarde siguen “suspendidos” los diputados. ¿Quién subvierte el orden constitucional y la voluntad del pueblo soberano?

Ese hecho gravísimo fue el primero de una cadena que ha, mediante sentencias, judicializado la política durante todo el año. El T.S.J., se convirtió no en el intérprete de la C.N. sino en el poder reformista de su articulado, de sus principios, de sus normas atributivas de competencias y del equilibrio del Poder Público.

  • Estado de Excepción

Así, también mediante sentencia, fue eliminada la facultad de control parlamentario. El caso más grave sin duda lo constituye el control parlamentario sobre los Estados de Excepción, en específico sobre el Decreto de Emergencia Económica. Violando la C.N. y la Ley Sobre Estados de Excepción, el T.S.J. declaró nulo e inexistente el control parlamentario sobre lo más delicado que puede hacer solo de manera excepcional un Presidente, como lo es, la desaplicación temporal y controlada de normas constitucionales para hacerle frente a hechos o circunstancias también excepcionales.

La Ley Sobre Estados de Excepción fue de las poquísimas leyes aprobadas por unanimidad en la A.N. del 2000 al 2005. Chávez la vetó alegando que si la A.N. le decía que NO al Decreto Presidencial, este debía dejar de tener vigencia por completo y no aceptó nuestra propuesta de que pudiera la A.N. aprobar el decreto parcialmente, es decir, algunas medidas si y otras no. Al final, también por unanimidad, todos los diputados aceptamos el veto presidencial: Si la A.N. no aprueba el decreto, este deja de existir, y es un control diferente a la constitucionalidad que revisa el T.S.J. (Por cierto Chávez nunca dictó un Estado de Excepción).

Desde el primer decreto, su prórroga, y los decretos sucesivos, el derecho constitucional viene cuesta abajo en la rodada, usándose como si un Estado de Excepción pudiera ser permanente (por excepcional es temporal), y a su vez lo transformaron en una habilitante presidencial para, mediante decreto, gobernar solo sin Poder Legislativo, llegándose al colmo de aprobar la Ley de Presupuesto de la Nación por decreto. Los parlamentos nacieron en el derecho constitucional, para justamente controlar los gastos del Rey dado que los ingresos lo constituían los impuestos del pueblo. Los representantes electos por el pueblo controlan los gastos. Hasta esa función primaria del Parlamento fue suprimida este año bajo el Decreto de Emergencia Económica.

Por vía de sentencia (de interpretación constitucional o cautelares) al Poder Legislativo Nacional se le ha vaciado de sus competencias constitucionales: No puede legislar, no puede constituirse válidamente con todos los diputados electos, no puede ejercer funciones de control y prácticamente lo han reducido al ejercicio del debate político.

  • El Revocatorio

Luego de haberse recorrido el tortuoso y muy dilatado camino reglamentado por el C.N.E. para llegar al momento en que finalmente se fijó la fecha para dar cumplimiento al único requisito constitucional para el ejercicio del derecho revocatorio del mandato presidencial, jueces penales de instancia, sin competencia electoral, otra vez inaudita parte y mediante decisiones cautelares, suspenden en varios estados del país de manera orquestada, el proceso de recolección del 20% de manifestaciones de voluntad para solicitar el Referéndum Revocatorio.

El Poder Electoral, a sabiendas de la incompetencia en razón de la materia de los jueces penales, y en pleno conocimiento de que las firmas objeto de esas acciones penales (de un supuesto fraude no probado ni sentenciado) ya habían sido descontadas y no están dentro del 1% de firmas validadas que su reglamentación exigió, de manera rauda y veloz se amarró a estas cautelares y suspendió el proceso revocatorio, trancando el camino político a la salida constitucional electoral y pacífica.

 

3.- ¿Dónde Estamos?

Mediadores internacionales con la incorporación del Vaticano han convidado a las partes al Diálogo, luego de la arremetida brutal contra el Referéndum Revocatorio y la reacción dura del liderazgo opositor.

El gobierno basa su posición de fuerza y su desconocimiento del orden constitucional en el control institucional.

La oposición basa su fuerza en el apoyo popular que si bien no es completamente suyo, si capitalizaría en cualquier medición, tanto la de sus partidarios, como la de todos aquellos que sin serlo de manera militante, expresarían mediante el voto su descontento y rechazo al gobierno.

Las partes sostuvieron un primer encuentro del cual a profundidad no se nos ha informado.

  • Diálogo

El Diálogo no es una solución en sí mismo para la crisis política de la dimensión que vivimos. El diálogo es una herramienta que debe llevar a que se restablezca todo aquello del orden constitucional que se ha dejado de lado. El Diálogo no puede ser para negociar pedazos de ese orden constitucional que, como narré al inicio, se convirtió en las normas de convivencia aceptadas de todos los venezolanos.

Es importante el respeto al debido proceso, la presunción de inocencia y la liberación de los presos políticos; es también importante el restablecimiento pleno de las facultades legislativas y contraloras de la A.N.; pero lo más importante de ese orden constitucional que debe restablecerse y que tiene entre sus fines esenciales el ejercicio democrático de la voluntad popular, como manifestación de la soberanía que no reside en quienes ocupamos cargos públicos sino que reside intransferiblemente en el pueblo, que se deje de impedir el ejercicio del derecho a revocar, basados en que el gobierno debe ser siempre democrático, participativo y de mandatos revocables. (Constitución dix)

En consecuencia, el primer punto de cualquier diálogo debería ser: Que el Poder Electoral termine con la inconstitucional suspensión que declaró y fije cuanto antes la nueva fecha para que el pueblo venezolano manifieste su voluntad de convocar a un Referéndum Revocatorio Presidencial.

Y digo es lo más importante porque se corre el riesgo de que solo se obtengan acuerdos y logros en materia de respeto a poder constituido representado en la Asamblea Nacional, o en materia de liberación parcial o medidas sustitutivas a presos políticos, descuidando lo que constituye la esperanza real de producir un cambio en la forma de conducción del país ante un modelo de confrontación constante que se agotó.

El Revocatorio prendió en la mayoría de los venezolanos como una posibilidad de cambiar a futuro un modelo que ha traído consigo un inmenso empobrecimiento del pueblo en general, la ausencia de productos alimenticios y de medicinas.

Un modelo que nos trajo una inmensa crisis económica y social que busca salidas en la política. No es al contrario.

  • La Política

Si la política no produce las salidas, difícilmente se solventará la crisis económica y social que vivimos. Y si la política sólo se ocupa de los asuntos políticos parciales de una tendencia u otra, o de las tendencias dentro de las tendencias, se alejará cada día más del gran pueblo que sufre y pierde las esperanzas.

La salida pacífica prevista para la solución de las crisis políticas profundas, es la consulta al pueblo. Si para llegar a materializar esa consulta se tuviere que ceder u otorgar algunas garantías a quienes hoy detentan el poder y le niegan la consulta al pueblo porque saben que saldrían del poder, pues habrá que otorgarlas, sin que ello implique claudicar en los principios. Siempre será mejor ceder en algo para lograr que el poder constituyente se exprese, que el soberano hable, a llegar a un enfrentamiento entre hermanos de una misma patria.

El referendo revocatorio es la salida constitucional más directa y apropiada como solución política, para que la política se ponga al servicio de lo económico y lo social.

  • Elecciones Generales

Hemos escuchado todos los venezolanos una propuesta supuestamente proveniente de alguno de los mediadores conforme a la cual podría plantearse un proceso adelantado de elecciones generales como producto del diálogo. Varios de los voceros del oficialismo le han salido al paso a este planteamiento con argumentos que resultan completamente incoherentes con lo que hasta hoy había sido su discurso por años. Señalan que esa posibilidad de adelanto de elecciones generales es imposible por no estar contemplada en la constitución. Hay que recordarles los hechos que ellos han apoyado y que no están en los textos constitucionales.

El primero de ellos fue el referendo para convocar a la Asamblea Nacional Constituyente, que no lo contemplaba la Constitución de 1961. Siempre sostuvieron que el soberano estaba por encima de la Constitución, en ejercicio de esa soberanía esa necesario consultar al poder constituyente. El referendo se realizó.

El segundo hecho acaba de suceder. El presidente Maduro se trasladó a Cartagena Colombia para apoyar el acuerdo de Paz suscrito entre el gobierno colombiano y las FARC. Apoyó incluso la consulta popular al pueblo Colombiano pues las disposiciones de ese acuerdo contenían condiciones de justicia transaccional fuera de lo permitido por la constitución colombiana. Si el pueblo colombiano hubiera aprobado el Acuerdo, sus disposiciones contrarias a la Constitución colombiana se hubieran ejecutado, Maduro y todos los del PSUV lo hubieran aplaudido.

¿Cómo entonces, bajo la vigencia de la Constitución de 1999, que consagra la participación popular y el ejercicio directo de la soberanía por parte del pueblo, ahora pretenden amarrar el ejercicio de esa soberanía a solo aquello que como mecanismo electoral esté establecido en la Carta Magna, pero además niegan el ejercicio del derecho a revocar, que sí está establecido?

Hay que exigir coherencia. El pueblo no es sabio solo cuando te apoya e ignorante y manipulado cuando deja de hacerlo.

  • Consensos

En todo caso, nuestro país requiere de un amplio consenso para lograr una salida electoral y que sea el pueblo soberano quien decida. Sin seguridad jurídica, sin respeto al estado de derecho, sin respeto al mandato del soberano, y sin seguridad para la vida de los ciudadanos, nuestro Estado no podrá lograr el milagro económico deseado por el pueblo. Ese milagro demanda que lo público, lo privado y el pueblo trabajen mancomunadamente para la recuperación sustentable de nuestra patria y dejar de hacerla dependiente de la lotería de precios de nuestro único bien exportable: el petróleo.

Nuestra crisis es global. No se puede superar mirando sólo una parte pequeña de ella. Estamos obligados a ver el tablero completo o seguirá cada quien arrinconado en su pequeño cuadro jugando a posiciones inamovibles mientras la crisis se profundiza y se hunde aún mas nuestro pueblo.

Feb 13, 2015 | Actualizado hace 5 años
Seis preguntas en busca de respuesta por Gerardo Blyde

BCV..

Lograrán abastecer el mercado de bienes y servicios? ¿Lograrán que consiga-mos comida y remedios? ¿Seguirán amedrentando y aterrorizando, como política de Estado, a quienes aún producen o comercializan? ¿Cómo carrizo con lo que un empleado gana en bolívares podrá acceder a algo de lo que no esté subsidiado con dólar preferencial a 6,30? ¿Cómo asegura su carrito viejo, cómo repara su nevera o su cocina si se dañan, o su moto, o su bicicleta, o su máquina de coser? ¿Cómo pretende el Gobierno que los ciudadanos de a pie enfrenten el tsunami inflacionario que inevitablemente se va a desatar?

Son apenas seis preguntas, que buscan respuesta. Son las preguntas que se hacen los ciudadanos de a pie y que deberían hacerse quienes toman las decisiones en el gobierno nacional. Son preguntas para las que han evitado dar respuesta.

Vimos con mucha atención la declaración del presidente del BCV, Nelson Merentes, y del ministro de Finanzas, Marco Rodolfo Torres. Huelga decir que llevábamos meses esperando estos anuncios. Llegan tarde e incompletos. Y además sin permitir la suficiente cantidad de preguntas de los periodistas presentes, quienes vienen a hacer las traducciones de lo que dicen los personeros gubernamentales.

Dudas

Por supuesto que el país necesita información y análisis. De lo contrario, tomar decisiones es misión imposible. Merentes y Torres dijeron poco con sus palabras y mucho con sus gestos. Con ambos lenguajes no generaron confianza, que es por mucho el bien más escaso en la Venezuela de nuestros días. Disipar el clima de incertidumbre debió ser su objetivo primordial. No fue así. Y a juzgar por la reacción de la gente normal y corriente, las dudas tuvieron cría.

Los economistas intentan primero metabolizar los anuncios y luego explicarnos. Casi todos los especialistas independientes concluyen que las medidas no alcanzan para solucionar los problemas o mitigar las calamidades. Advierten que no atacan las enfermedades sino que vienen a ser, cuanto mucho, unos pañitos calientes o más bien tibios. Apuntan, una vez más, que sin enfrentar la crisis por todos los flancos solo se conseguirá correr unos centímetros más la arruga.

En la declaración de Merentes y Torres estuvo ausente la verdad. La verdad de un país que no produce para alimentar a sus habitantes, cuyas industrias y empresas han sufrido ataques barbáricos que han diezmado su capacidad de producción, con una corrupción ya incalculable que ha producido multimillonarios a costa de la salud, la educación, la seguridad, la movilidad, la alimentación y todo aquello que es necesario para ser una sociedad sana.

No dijeron los altos personeros cuánto van a costar estas medidas en términos de destrucción de empleos y cuánto van a fomentar la informalidad y la pobreza.

No queda nada claro cuánto será el incremento en el costo de los insumos que necesitan los gobiernos regionales y municipales para la prestación de tantos servicios a las comunidades. O cuándo van a cancelar las inmensas deudas a empresas nacionales e internacionales a las cuales se les prometen fechas y montos que nunca se cumplen, poniéndolas a caminar permanentemente por el desfiladero de la quiebra.

Las colas

Recurrieron sí al expediente de anunciar, casi con bombos y platillos, que se mantienen los 3 mil dólares de cupo para los viajeros. Y los 300 dólares para las compras internacionales por Internet. Eso se venía bonito en la declaración. Y tuvieron buen cuidado de dejar para el final, al pasar, que los dólares que se podrán adquirir libremente en bancos y las antiguamente llamadas casas de cambio, en la modalidad de un sistema llamado Simadi, solo podrán ser adquiridos a razón de un máximo de 300 dólares diarios, y que para hacer esa operación es imprescindible tener una cuenta en dólares en los bancos determinados por el Gobierno. ¿Cuántos venezolanos de a pie tienen tarjeta de crédito? ¿Cuántos tienen una cuenta en dólares abierta en los bancos especificados por el Estado? En cualquier caso, cabe imaginar desde ya las colas para comprar dólares y los vivos con información privilegiada vendiendo los puestos en esas colas.

Cada día nos parecemos más a Cuba. Nada de este disparate podría emprenderlo el Gobierno si no contará con la obsecuencia de una Asamblea Nacional en la cual una mayoría está rendida a los pies de Miraflores y los enchufados. Un Parlamento serio le pondría freno a la hoguera de vanidades.

Así que, amigo lector, prepare su cédula y sus dedos. Que este año hay que sacarle la alfombra legislativa al Gobierno.

@gerardoblyde

El Universal 

Feb 06, 2015 | Actualizado hace 5 años
Cómo duele la Patria por Gerardo Blyde

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La insistencia en una pretendida guerra económica para tratar de ocultar lo que no se ahorró, lo que se dilapidó, lo que no se invirtió y con todo lo que se acabó, está llegando a extremos irracionales. El Gobierno Nacional decidió lanzarse por el camino de agudizar la crisis económica y tratar de endosarle las culpas a todo aquel que se pueda, mientras no sea a él mismo. ¿A dónde va con esta conducta que nos resulta incompresible a la mayoría de los ciudadanos?

La causa está en el desmantelamiento de nuestro aparato productivo y nuestra dependencia absoluta de lo importado; un modelo que consagró un Estado nuevo rico que pensó que lo sería eternamente. Un gobierno que malbarató esa riqueza y para el cual era más importante el control político de la sociedad y de todas las instituciones del Estado, que generar riqueza con esfuerzo propio.

La reaparición de Giordani con su frase “¡Ya somos casi el hazmerreír de América Latina!”, fue la guinda que le faltaba a la torta. Dos correcciones: el “casi” sobra y, cambiemos “de América Latina” por “del mundo” para ser más exactos. Para Giordani, somos el hazmerreír; para mí una vergüenza, un caso que debe estudiarse en todas las escuelas de economía del mundo como el país que en dos oportunidades se ganó la lotería y botó el premio en espejismos.

La frase no vino sola; fue acompañada de varias otras declaraciones memorables: “Nosotros no hemos podido hacerle un cariñito a la burocracia ni a la tecnocracia venezolana. No la hemos impactado… Y ahora creamos vicepresidencias a granel, ministerios y viceministerios que, por cierto, no existen: son puras invenciones, dado que el ministerio es uno solo. Pero sí hay monasterios, misterios… y esperemos que no se transformen en cementerios”. Pero el gobierno al que apoyó Giordani (Chávez) creó ese monstruoso Estado y el actual no pretende por nada del mundo disminuirlo, pues vive de ese clientelismo político traducido en el más ramplón populismo.

Otra de Giordani: “Entonces viene la crisis. Que llegue, a ver si adquirimos conciencia de los límites. ¡Qué bueno! Para que tengamos conciencia y nos ajustemos los cinturones, porque no hay dólares ni bolívares…”. Cuando los había los botaron y, ahora que no los hay, el gobierno nos anuncia nuevos planes faraónicos y nos dice que tiene los recursos tanto en divisas como en bolívares para ejecutarlos. ¿Hasta dónde llegará la mentira oficial?

Giordani dixit: “Al presidente Hugo Chávez le dije una vez: Presidente, el ‘regalado’ se debe acabar. De allí lo que teníamos que hacer a partir del 7 de octubre del 2012…”. Pero el gobierno anuncia que Petrocaribe seguirá igual y que también lo que se regala en viviendas y otros cientos de cosas permanecerá igual. El “regalado” es la norma, el esfuerzo propio la excepción en el modelo revolucionario que crearon, y Giordani estuvo allí.

Y también dijo: “El principal problema político de Venezuela es la distribución de la renta petrolera. ¿Cómo vamos a construir una sociedad socialista con esos perforadores de la renta enquistados en el sistema financiero?…”. Con ellos no se puede construir ni una economía socialista ni capitalista ni de ninguna índole. No son sanos en ningún modelo. Han desangrado a Venezuela, pero allí siguen.

Y agregó: “Hay que hacer una ley draconiana contra la corrupción. ¿Por qué no aprobamos esa ley como una primera medida? El pueblo de Venezuela la va a aplaudir. ¿Quiénes no la van a permitir? ¡Los que están en ese proceso, involucrados en el fenómeno de la corrupción!…”. ¡Exactamente! Estaban y siguen enquistados en el poder o vinculados directamente a él. Expoliaron miles de millones de dólares y lo seguirán haciendo. No se trata de leyes, ya las hay, se trata de instituciones independientes que las apliquen y los coloquen tras las rejas. Qué daño tan inmenso le han hecho a la democracia al colonizar los poderes públicos, consagraron la impunidad.

Y también debemos parar la oreja, dice Giordani: “Oye, ¡dejemos de importar alimentos! ¡Vamos a producir! ¡No te metas en lo que está funcionando! Parece que fuéramos el Rey Midas al revés. Pon a funcionar a Pdvsa, al Seniat, al BCV, al comercio exterior, al sistema financiero. Pongamos a funcionar la electricidad, las empresas de Guayana, las telecomunicaciones, los servicios públicos. Que la gente tenga medicinas y alimentación, y lo pequeño y mediano que funcione bien, déjalo tranquilo…”. ¡Cuánta lucidez tardía!, luego de haber acabado con todo lo que tocaron.

Toda la declaración de Giordani es, sin duda, la confesión más importante de la burla que ha significado este modelo socialista (sólo de nombre) que ha convertido en muy ricos a pocos y ha multiplicado la pobreza en millones. Cómo duele la Patria al ver estos resultados.

@GerardoBlyde

El Universal 

Ene 30, 2015 | Actualizado hace 5 años
Ese que está a tu lado por Gerardo Blyde

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Nada resulta más peligroso para un gobernante que aparezcan en altísimos porcentajes de la población a la que gobierna, emociones como la inconformidad, la desesperación, la frustración constante, la ansiedad y la reprobación. Los seres humanos necesitamos sentirnos motivados y esperanzados. Cuando sucede lo contrario los psicólogos hablan del síndrome de Brunout.

Así como un individuo puede estar afectado por este síndrome cuando no se siente satisfecho consigo mismo o con lo que ha logrado en la vida y puede derivar en depresión, me atrevo a decir -con la venia de los profesionales de la psiquiatría- que un pueblo, un colectivo, también puede sentirse frustrado, inconforme, ansioso, a la deriva e insatisfecho con lo logrado hasta ahora, pero, lo que es aún peor, sin esperanzas de que en un futuro cercano esa realidad que lo agobia sufra cambios importantes que lo reanimen.

La esperanza, ese estado de confianza o certeza consistente en la convicción interna de que vendrán o sucederán mejores cosas que las que ocurren en el presente, está cada día más reducida en la población venezolana. Existe, sí, por el contrario, un sentimiento colectivo de que las cosas irán a peor en el corto plazo.

Adonde quiera que voy las frases -y sobre todo las caras- de la gran mayoría son las mismas: “¿hasta cuándo esto?” o “¿qué vamos a hacer?

Seguro estoy que ni el Presidente ni sus ministros, ni todos los cientos de altos funcionarios gubernamentales que han tomado como bandera la supuesta existencia de una guerra económica como excusa a lo que estamos viviendo, se han paseado por un abasto, un mercado o una farmacia. No salen de ambientes controlados o de actos muy bien montados donde sólo se rodean de un grupo de personas dependientes de los beneficios del Estado para recibir aplausos a cada frase que digan contra el imperio, contra la oposición, contra los empresarios y comerciantes, y contra el mundo entero que, según ellos, conspira para vernos más pobres a todos los venezolanos.

No hay publicidad oficial o cadena gubernamental que pueda ocultar lo que en nuestros pueblos y ciudades está ocurriendo. El síndrome de Brunout nos está abrazando como una niebla oscura que se va colando por todas partes. Aunque algunos se esfuercen en ocultarla, en no quererla ver, aunque cierren todas las ventanas y puertas de sus despachos ministeriales o de Miraflores, esa niebla se cuela incisiva por las rendijas, por debajo de las puertas y avanza peligrosamente por todos los rincones.

Ese portero que cuida la entrada del lujoso despacho ministerial, o ese soldado que está custodiando la garita de cualquier gran edificio gubernamental, tiene mujer e hijos en casa a los que la leche no llega sin tener que hacer una cola de horas o sin tener que pagar un sobreprecio enorme al revendedor de la zona. Ese mismo que tienes tan cerca, tú que estás empoderado y enamorado del alto cargo gubernamental que ejerces, está igual que el taxista en la calle o el chofer de metrobús, o el obrero de la fábrica, o el empleado de una oficina. Está allí callado escuchándote hablar sobre una guerra económica, sobre los abusadores acaparadores, sobre los chinos y los rusos, sobre los árabes y el imperio. Ese mismo se está preguntando qué nos pasó. Pero no encuentra respuesta.

A ese le dijiste que éramos ricos, que los fondos para todas nuestras necesidades estaban asegurados, que nos convertiríamos en una súper potencia. Ese -que tienes tan cerca de ti- ya no te cree. Y, lo peor, ya no cree en nadie.

¿Te volvería a creer si le hablaras con la verdad, si reconocieras todos los errores, si rectificaras en el modelo fracasado, si le señalaras que vienen tiempos difíciles que tendremos que atravesar en colectivo para recuperar una patria productiva para todos? Quizás te volvería a creer, no lo sé con certeza, pero lo que sí se siente y, sobre todo, se ve en los rostros de millones de venezolanos, es que ahora no te está creyendo.

Hace falta que nazca en todos nosotros un ideal colectivo, un sentimiento compartido, que se indique un camino claro al futuro con una conducción sólida y responsable, que señale sin ambages que lo que viene será duro, difícil, pero que tenemos futuro como país, como colectivo. Que dentro de ese futuro colectivo también está incluida la aspiración personal de cada individuo, de cada ciudadano. Hace falta una esperanza común.

Mientras insistan en culpar a todos, la desesperanza seguirá aumentando. Un pueblo defraudado y deprimido termina reaccionando. Esa reacción colectiva no está escrita en ninguna parte. Si el rechazo a todo es demasiado profundo, será un rechazo a todos, a ustedes e incluso a nosotros, para que nazca algo nuevo que sí tenga la capacidad de volver a enamorar.

@GerardoBlyde

El Universal 

Ene 23, 2015 | Actualizado hace 5 años
Rodando cuesta abajo por Gerardo Blyde

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De regreso este año a esta columna, que ya lleva trece años los viernes, al ser la primera de este 2015 pensé en dedicarla a comparar dos discursos presidenciales ante sus respectivos parlamentos: el expresado el martes pasado por Obama y el dado el miércoles por Maduro. Rindieron cuentas y hablaron de sus proyectos futuros. Yo, que no soy precisamente nada fan de Obama (pienso se desinfló en el ejercicio del cargo), debo reconocerle que jugó duro y lanzó con inteligencia la pelota a la ahora mayoría republicana que domina el Congreso yanqui. Pero tratar de compararlo con lo que escuchamos todos aquí en nuestra patria del presidente Maduro simplemente no me es posible, pues su alocución fue confusa, desordenada, sin juego político de estadista e inundó la atmósfera nacional de pesimismo y sentimiento de asfixia.

Los errores

“No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” fue la expresión de Churchill al asumir como primer ministro para enfrentar los retos históricos de su época. Hubiera preferido mil veces que Maduro hubiera -con valentía- admitido los errores cometidos que nos han traído a esta crisis sin precedentes en nuestros tiempos, que hubiera reconocido el fracaso de un modelo económico errado basado en gastar sin producir y en repartir sin valorar el trabajo y el esfuerzo personal. Hubiera preferido que nos invitara a todos los venezolanos a generar un ideal colectivo e individual en unidad para enmendar los errores, reconciliarnos como pueblo, trabajar duro con sudor propio para reactivar campos e industrias, devolverle a quienes saben ser productivos con sus tierras y fábricas para que vuelva a nacer el orgullo de consumir lo “Hecho en Venezuela”.

Muy lejos de eso, diría que a años luz de cualquier cosa semejante, destinó su alocución a sembrar más desunión, más desconfianza, a buscar todo tipo de culpables lavándose las manos cual Pilatos, a anunciarnos más repartición de dinero incluyendo nuevo aumento del salario, sin señalarnos de dónde saldrá lo que el país requiere para funcionar. El asunto es simple: ni él mismo sabe de dónde saldrá. Dios proveerá, nos dijo. Dios nos proteja, fue lo que me vino de inmediato a la mente.

Ninguna de las medidas anunciadas -a medias- es suficiente para llenar el tremendo hueco fiscal existente. Ninguna genera confianza para atraer inversiones. Ni las tres bandas cambiarias, ni el aumento de la gasolina -que no se atrevió a soltar por completo y que delegó en Arreaza- ni las tímidas medidas de reformas impositivas contenidas en las leyes habilitantes son suficientes.

Quedó claro que nada logró para inyectarle dinero a nuestra economía en su largo periplo. Somos, de alguna manera, como el que se gana la lotería y mientras tiene plata todo el mundo busca y halaga. Pero cuando ha despilfarrado todo el premio, aquellos que lo buscaban, le sacan el cuerpo o lo reciben con lástima. ¿Cómo nos van a prestar los rusos si, tal como lo dijo Obama, su economía también está en ruinas? ¿Qué decir de los chinos, si son ellos la potencia que ejerce con mayor dureza en el mundo un capitalismo de Estado que sólo busca retribuciones y ganancias?

Por segunda vez

Hemos botado, por segunda vez en nuestra historia (esta vez con un fracaso aún más rotundo), la verdadera posibilidad de dejar de ser un país del tercer mundo y haber conquistado niveles de desarrollo y bienestar para todos nuestros ciudadanos. Hemos despilfarrado la mayor riqueza petrolera que jamás soñamos en tener, que se mantuvo por años y que no se ahorró. Hemos perdido de nuevo el tren a la modernidad y al progreso. El balance verdadero de nuestro país es esa cruda y fuerte realidad.

Un estadista en la Presidencia de la República hubiera asumido con todas sus letras y palabras la verdad. Una vez asumida esa verdad, hubiera trazado un rumbo, un camino, un modelo. Ese modelo debía ser austero, ese camino debía ser de esfuerzos, ese rumbo debía ser de crecimiento medido paso a paso. Un líder en la presidencia conduce, asume errores, corrige, rectifica y unifica.

Quedó más que claro que en estos dos años no se tomaron las medidas que se requerían a tiempo por dos razones: miedo a tomarlas por sus consecuencias y un fantasioso acto de fe en que el precio del petróleo se mantendría por siempre alto para seguir gastando sin producir nada.

Triste mensaje el de Maduro, triste futuro el de nuestra Venezuela, en manos de quienes lucen aún con terror de actuar como deberían hacerlo. “Sangre, sudor y lágrimas” unieron a un pueblo porque detrás estaba la esperanza de pasar ese camino para llegar a la estabilidad y el progreso. Aquí nos vende mentiras y espejismos que ya sólo algunos pocos creen que podrán detener la caída en barrena por donde vamos rodando.

@GerardoBlyde

El Universal 

Dic 19, 2014 | Actualizado hace 5 años
Nuevos poderes y nuevo año por Gerardo Blyde

Poderepu

En los próximos días la Asamblea Nacional producirá el nombramiento de varios magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (aunque no de la Sala Constitucional, pues sus siete magistrados aún no tienen sus períodos vencidos), algunos rectores del CNE y la trilogía constituida por quienes encabezarán la Fiscalía General de la República, la Contraloría y la Defensoría del Pueblo.

Mucho se ha dicho sobre la falta de independencia de los poderes públicos desde la entrada en vigencia de la Constitución de 1999, siempre resaltándose sus actuaciones en casos emblemáticos.

Algunos han señalado que esto es afirmado sólo por la notoriedad de algunos casos, pero que en su actividad cotidiana de control de la constitucionalidad o legalidad de los actos emanados del Gobierno Nacional o de la propia Asamblea Nacional, los poderes públicos sí han actuado con independencia para restablecer el orden infringido.

Un concienzudo estudio redactado a cuatro manos por los abogados Canova, Herrera, Rodríguez y Graterol demuestra que no es cierto que haya habido generalizaciones interesadas para dañar la imagen de los poderes. Al profundizarse en cómo ha decidido el Tribunal Supremo de Justicia los casos en los cuales se ha demandado al Estado alegando ilegalidades o inconstitucionalidades en sus actuaciones, este estudio revela verdades muy crudas. Ya está publicado bajo el título “El TSJ al servicio de la Revolución”(recomiendo particularmente su lectura, pues nos sitúa frente a la realidad existente).

Sólo algunas cifras tomo de este extraordinario trabajo a manera de ejemplo. Entre los años 2005 y 2013 la Sala Constitucional conoció de 1.732 demandas sobre control de los poderes públicos de las cuales sólo 116 fueron declaradas con lugar (es decir, a favor del accionante), lo que equivale al 7%. Al discriminarlas por tipo de procedimiento, las cifras que revela el estudio señalan lo siguiente: Amparo contra actos, 570 decisiones, sólo 12 con lugar (2%); Amparo contra leyes, 26 decisiones, ninguna con lugar; Recurso de Interpretación, 166 decisiones, sólo 23 con lugar (14%); Recurso de Nulidad, 495 decisiones, sólo 60 con lugar (12%); Recurso de colisión, 44 decisiones, 1 con lugar (2%); Controversia constitucional, 11 decisiones, ninguna con lugar; Omisiones de los poderes públicos, 40 decisiones, sólo 2 con lugar (5%); Avocamiento, 130 decisiones, 11 con lugar (8%); Protección de derechos colectivos, 53 decisiones, sólo 6 con lugar (11%); y, finalmente, Hábeas data, 197 decisiones, 1 con lugar.

Este es apenas un cuadro de todo lo que contiene este revelador libro. Valdría la pena realizar estudios similares con las actuaciones de cada uno de los otros poderes públicos.

Para que exista un Estado Democrático de Derecho y de Justicia, tal como reza nuestra Constitución, debe haber instancias a las que los ciudadanos puedan acudir a solicitar protección y tutela de sus derechos. Esas instancias deben, de manera imparcial y bajo el examen directo de los hechos y el derecho alegados, decidir sobre el restablecimiento del orden jurídico infringido por el Estado. Si esas instancias sirven al poder y no a los ciudadanos, han confundido y equivocado completamente su razón de ser, la causa misma de sus propias existencias. Han tergiversado quién es en democracia el verdadero soberano, que no es otro que el pueblo constituido por ciudadanos libres.

La división del poder existe sólo para proteger al ciudadano del poder mismo, para que exista un esquema institucional de pesos y contrapesos que pongan límites a excesos, abusos, actuaciones arbitrarias, ilegales o inconstitucionales. Cuando hablamos de independencia de poderes, hablamos esencialmente de un sistema que garantice que el orden jurídico establecido a favor de los ciudadanos -no del gobernante- tenga quien lo cuide, salvaguarde y lo haga prevalecer.

Por lo que se dice, amaneceremos el próximo año con nuevos integrantes en estos poderes. ¿Tendrán el valor de actuar de manera autónoma para garantizarles a los venezolanos el imperio de la ley? Si nos guiamos por la conducta asumida durante los últimos años por la mayoría de los que ahora ocupan los altos cargos, no tenemos muchas esperanzas de que eso suceda.

El 2015 será un año duro tanto en lo económico como en lo social. Ello derivará en profundización de la crisis política. Necesitaremos instituciones fuertes, comprometidas con el orden democrático y constitucional, independientes y defensoras del ciudadano.

Nota

Esta es nuestra última columna del año. Pasemos todos una Navidad en familia; recordemos a quienes no podrán hacerlo con los suyos. Que Dios nos ayude a superar toda esta crisis. Nos reencontraremos de nuevo en el 2015 en este mismo recuadro de los viernes.

@GerardoBlyde

El Universal 

Dic 12, 2014 | Actualizado hace 5 años
Robo, fuga o hurto de talentos por Gerardo Blyde

Fugadecerebros

 

Fugarse significa escapar, huir. Robar quiere decir tomar para sí lo ajeno de manera coactiva, con violencia o intimidación. Hurtar es tomar o retener bienes ajenos, sin intimidación en las personas ni fuerza en las cosas.

En la reciente Cumbre de Iberoamérica que tuvo lugar en Veracruz, México, lo que más ha destacado la prensa referido a la intervención que allá hizo el vicepresidente Arreaza ha sido su declaración señalándole a los demás gobernantes participantes que “queremos poner una alerta sobre la movilidad, porque la hemos sufrido. En Venezuela no solo sufrimos de fuga de cerebros… , también sufrimos del robo de cerebros… “.

No sé quiénes estarían presentes en el auditorio pero no me resulta difícil imaginar las caras de varios de los mandatarios que pudieron haber escuchado aquello.

Imagino la cara de sorpresa de la Sra. Bachelet, por ejemplo, a cuyo querido Chile han emigrado numerosos venezolanos muy bien preparados, que han encontrado allá trabajos dignos en prósperas empresas a las que han ayudado a mejorar con sus talentos.

Imagino también la cara de “qué le pasó a este cuate” del muy controversial presidente mexicano Peña Nieto, pues a esas tierras han ido a parar numerosos jóvenes -y no tan jóvenes- talentos venezolanos que se han incorporado a la industria petrolera y a otros diferentes sectores de la empresa privada de su país, aportando profesionalismo, conocimientos, experiencia y productividad.

No me es difícil imaginar la cara de póker que debe haber puesto el presidente Correa al recordar en ese instante la cantidad de valiosos venezolanos que han emigrado a tierras ecuatorianas para incorporarse activamente al desarrollo de este bolivariano país, contribuyendo a que allá tengan una economía productiva, sin escasez, sin inflación y sin control de cambios.

Y qué decir de la cara de paisa que debe haber puesto el presidente Santos, a cuya conflictuada Colombia ha emigrado un nutrido contingente de venezolanos que han echado a andar, con sus conocimientos y seriedad, una industria petrolera que hoy le produce importantes ingresos en divisas. A su país además han migrado capitales para fortalecer la industria de la construcción y el comercio, teniendo seguridades jurídicas que aquí han venido desapareciendo ante confiscaciones, expropiaciones e intervenciones ilegales.

Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Brasil… Todos han sido receptores durante la última década de miles de venezolanos que han encontrado en esas tierras seguridades laborales y personales que aquí dejaron de tener. Por supuesto, Estados Unidos también, pero ese ya era sabido. Últimamente hasta Canadá, Australia, Nueva Zelanda y varios países árabe han recibido nuestros talentos.

Rajoy, por el contrario, debe haber pensado que se llevaría ese discurso a su natal España para, desde la Moncloa, reclamarle a Ángela Merkel que se ha estado robando los más talentosos jóvenes españoles que en su patria no consiguen oportunidades de empleo y que se están incorporando a las diversas industrias alemanas. O quizás pensó que ojala Pablo Iglesias haya escuchado aquella declaración de Arreaza y se la copie para que baje en las encuestas ibéricas.

¿Es que algún Presidente o empresario extranjero nos ha robado talentos, es decir, ha intimidado o secuestrado a alguno de nuestros jóvenes profesionales para que se marchen de Venezuela y se incorporen a la fuerza productiva de sus países?

¿Es que los han convencido con artilugios, con publicidad engañosa y una vez que llegan allá, permanecen en otras tierras obligados con prohibición de salida de todos esos países y no pueden regresar?

El Vicepresidente no tiene razón para acusar a nadie de robarnos talentos. No hay ni robo ni hurto. Lo que sí hay es fuga, evasión, huida.

Cuando un profesor universitario con doctorados gana más como empleado medio de una compañía en el extranjero que como docente en cualquiera de nuestras universidades, se fuga.

Cuando un joven profesional en un país extraño puede con su salario producto de su trabajo comprar una vivienda, un automóvil, casarse, tener y mantener a su propia familia, cuando aquí un salario en bolívares no le alcanza ni para cubrir sus necesidades más básicas porque el modelo económico fracasado ha producido inflación, escasez e imposibilidad de soñar con un futuro estable, emigra, huye, se va.

Quienes le están robando el futuro a Venezuela no son ni los gobiernos ni los empresarios extranjeros. Todos sabemos quiénes son. Cuando nuestros nacionales se van y no somos capaces ya de ser atractivos para nadie (ni para los médicos cubanos que han huido por decenas), es hora de ponerse el espejo en la cara, mirarse con sinceridad y reconocer el fracaso, como inicio de que las cosas deben cambiar.

@GerardoBlyde

El Universal 

Dic 05, 2014 | Actualizado hace 5 años
El inicio del cambio por Gerardo Blyde

Hemiciclo

 

En nuestra sufrida Venezuela, durante el último año, la fragmentación de los dos sectores políticos ha venido ocurriendo aceleradamente, de manera visible en muchos casos y oculta en otros.

Divisiones

En el sector gubernamental, las divisiones internas que tanto tratan de ocultar, sí existen. A la postre, nadie quiere ser el responsable del desastre económico que vive hoy el país y mucho menos quiere pagar el costo político que esta situación generará a futuro. Unos se apartan o critican por convicción; otros lo hacen por simple oportunismo. Los segundos han desarrollado un agudo sentido del olfato político y sienten los vientos de cambio que se comienzan a formar en las propias bases del chavismo, donde crece cada día el descontento. Resulta que esos dirigentes ya tienen vasta experiencia en eso de olfatear cambios; lo hicieron antes y se volvieron chavistas desde aquel célebre “por ahora”, apostando que aquel comandante insurrecto llegaría más tarde al poder.

Las aguas en ese sector están movidas, la unidad es un deseo de muchos pues la saben fundamental para su subsistencia en el poder, pero las divisiones se están dando y se seguirán dando. El factor unitario era un solo hombre: Chávez. La historia de sus divisiones era una crónica anunciada a raíz de su desaparición física. Demasiado habían tardado, quizás por el inmenso aparato comunicacional controlado desde el poder y también, por qué no decirlo, por errores cometidos desde la propia oposición que los aglutinó aún sin soportarse.

Fracturas

Del lado opositor, las fracturas son también evidentes y conocidas. Se han producido dos sectores enfrentados públicamente, pero realmente existen tres. A unos los denominan los “radicales”, a otros los “colaboracionistas”. En el medio ha surgido otro que busca crear puentes y condiciones para el encuentro de sus políticas, conscientes de que sólo unidos se podrán tener resultados exitosos.

No creo que la oposición tenga instintos suicidas, pero sí pienso que está tardando demasiado en dar respuestas concretas a la inmensa cantidad de ciudadanos descontentos ante la ya asfixiante crisis económica y política, que se avizora aún peor para el próximo año. Más allá de las agendas particulares de las fuerzas políticas que integran la unidad opositora, cada una con perfecto derecho a proponerlas e incluso a tratar de ejecutarlas, por más que con algunas de ellas no estemos de acuerdo, hay un hecho cierto que ocurrirá el 2015 (muy posiblemente de manera adelantada): la elección de diputados para la Asamblea Nacional. En ella todos los partidos están interesados en participar. Esa elección puede convertirse en el inicio verdadero de un cambio hacia el progreso y la modernidad. No es el cambio, pero sin duda pueden ser el inicio de algo nuevo.

Participar en las actuales condiciones de desunión, divididos en bloques, es jugar a la estrategia del partido de gobierno. Me preocupa que he escuchado a algunos importantes dirigentes plantear que vayamos separados. Inmenso e inexcusable error que creará abstención y distancia con el pueblo. El que necesita a una oposición dividida ante sus propias fragilidades es el gobierno.

Unos plantean primarias para todos los cargos, otros proponen acuerdos e incluso ya tienen maquetas de cómo encabezar las listas estatales. En nuestro criterio, ninguna de las dos fórmulas puede aplicarse de manera absoluta. Bienvenidas las primarias en los circuitos azules (aquellos en los que la oposición siempre gana cómodamente). Bienvenidos los acuerdos en aquellos circuitos rojos, en los que gana el gobierno de manera constante. En éstos más bien hay que lanzar buenos y sacrificados nombres que puedan arrastrar votos para empujar las listas estatales. A estos candidatos que casi con seguridad perderán esos circuitos ¿se les va a pedir además que vayan primero a unas primarias a gastar dinero y esfuerzos? No tiene sentido alguno.

Intermedios

Finalmente, hay circuitos intermedios que se han ganado o se pueden ganar por cortas diferencias y que, de ganarse, harían que la correlación de fuerzas en el Parlamento se inclinara a nuestro favor. Posiblemente en unas primarias opositoras ganaría un nombre con mucha fuerza dentro de nuestro sector, pero, ¿ese nombre arrastraría consigo el voto del sector chavista descontento? Hay que pensarlo muy bien y ver cada caso en cada sitio. Lo que nos interesa es ganar la mayoría en la Asamblea Nacional, no ganar unas primarias y perder luego un circuito.

Sé que no es fácil, pero ya estamos tarde. Cada partido debe sacrificar parte de sus aspiraciones, sobre todo los más grandes, para ser inclusivos y producir este mes el acuerdo de los métodos que nos permitan presentarnos unidos dentro de nuestra propia pluralidad.

 

@GerardoBlyde

El Universal