¿Un nuevo disfraz de cordero?


Es inevitable referirse a lo ocurrido el pasado día sábado en el Palacio Federal Legislativo. Después de transcurridos 5 años, el Presidente debía dirigir su discurso anual de gestión 2010 ante un parlamento más plural y ya eso de por sí genero gran interés en el mundo político. Los que nos atrevimos a ver la alocución completa, ya sabemos que no se trató de una presentación en la que se le rindió cuentas al país. Fue más bien una larga lista de promesas y algo más…

Mientras el personaje ubicado en la tribuna de oradores le dedicó horas a reflexionar sobre la historia y a relatar historias poco trascendentes, los venezolanos que estaban escuchando esperaban que se les dijera qué hizo este gobierno –alojado en el poder desde hace más de una década– en materia de combate a la inseguridad, abatimiento de la inflación, construcción de vivienda y generación de empleos, por mencionar algunos de los temas que más le generan angustias a la ciudadanía en su día a día. Pero sobre eso, o se habló muy poco o no se habló. Varias veces escuchamos excusas y más excusas. Sin embargo, el objetivo comunicacional del discurso pronunciado fue claramente otro: se trató de una “pausa” planteada por Chávez en su indefectible camino a la “transición al socialismo”.

Todo indica, que al menos durante algunos días el Gobierno pretende vestirse con un  nuevo disfraz de cordero. Ya lo ha hecho antes, y esta vez vuelve a las andadas.

Objetivo: la comunidad internacional

Con su conocida habilidad histriónica y capacidad para generar empatía, Chávez le planteó a la oposición allí presente una suerte de “reto”: les pidió diálogo, reconocimiento mutuo, dejarse de llamar enemigos para llamarse ahora adversarios y entendimiento. También presentó entre sus acostumbradas “sorpresas” la oferta de recortar su habilitación para legislar por decreto durante 18 meses. Dijo que lo único que necesitaba era un plazo de 5 meses.

El setting de las comunicaciones también tenía un propósito muy claro: reforzar una imagen en la que se veía a un Presidente queriendo “tender puentes” con sus “adversarios”, mientras se mostraba a una oposición cruzada de brazos renuente a dialogar y a reconocer al otro. Pero más importante aún es la necesidad de señalar que el meta-mensaje de este episodio tenía una audiencia muy clara: la opinión internacional. La alocución pretendió mostrar ante el mundo a un Presidente que reconoce (y sobre todo, respeta) a su oposición, que tiene voluntad para rectificar (veto a leyes), que promueve el debate y que además, por si fuera poco, está dispuesto a negociar una nueva habilitación para esta vez sí, poder legislar en un corto tiempo y sólo para “el beneficio de los damnificados”.

¿Es esto creíble para la comunidad internacional?, ¿es verosímil? Mientras algunos intentan responder esto, en el plano táctico el mensaje parece al menos haberse colocado en la prensa internacional, a juzgar por la lectura de algunos de estos cables: “Chavez calls for conciliation between rivals” AP, “Venezuela’s Chavez says may return decree powers early” CNN, “Chávez dice que renunciará a sus poderes especiales” EFE. En todo caso, el tono adoptado por Chávez el pasado sábado tiene una explicación muy clara: la presión internacional (poca o mucha), ha surtido su efecto. Al menos de forma momentánea.

De otro modo, esta “suavización” no tendría sentido. Es más, parece que esta disminución en las posiciones radicales es previsible que se mantenga. El propio Aristóbulo Istúriz ya ha dicho que en las rendiciones de cuenta ministeriales, se generarán oportunidades para interpelar a estos altos funcionarios. No nos debe extrañar que similares “gestos” se multipliquen en los días por venir. De eso precisamente se trata el disfraz.

¿Quiere decir esto que el chavismo abandonará la senda del radicalismo y busca reconectarse con los sectores medios de opinión? Lamentablemente me temo que no y digo lamentable, pues quisiera que en mi país existiese una dinámica genuinamente democrática. Pero para que eso ocurra deben cambiar demasiadas cosas de las que estoy seguro el oficialismo no se retractará. Para mí es un táctico que durará hasta tanto lo permita la ventana de oportunidad y además para intentar mostrar que la Oposición no cree de verdad en esa “política de diálogo”.

Una lamentable historia llena de engaños

Para tener claro con quien se trata hay que tener claro de dónde venimos y qué ha ocurrido. La historia reciente nos enseña que alguien que durante años emplea el insulto como arma oficial y que desconoce sistemáticamente al otro, no es digno de gozar de la confianza de los venezolanos. Hace más de una década que la categoría “enemigo” llegó para instalarse en el proceder de este gobierno. Esa es la verdad.

¿Quién pidió diálogo al momento de promulgar leyes habilitantes en 2.001 lo cumplió? ¿Es creíble una oferta de alguien que dijo estar arrepentido con un crucifijo en mano un 14 de abril de 2002 y que luego hizo todo lo que hizo? ¿Cuánta confianza puede depositarse en alguien que habiendo ganado el voto popular por la vía democrática, pretende que ese respaldo es un cheque en blanco para instalar un socialismo empobrecedor? Más aún ¿Cómo poder tomar como cierta una oferta de alguien que perdiendo en 2.007, de todas formas impone de manera ilegal lo mismo que lo que el pueblo negó en las urnas? Esta lista podría ser todavía más larga y estoy seguro que usted recordará más episodios que automáticamente minan la credibilidad de este “giro táctico”.

Por supuesto, los sectores opositores no están “libres de culpa” en este pasado, pero entablar un diálogo franco y abierto debe ser una responsabilidad de quien gobierna y que sólo puede construirse con muestras claras y fehacientes que demuestran que el propósito de rectificar es genuino. En este sentido, “obras son amores”. Esas demostraciones no sólo deben ser discursivas, sino tangibles. Esa es precisamente la oportunidad que tiene frente a sí la Oposición, ya sea para avanzar o desnudar la estratagema del adversario. En cualquiera de los dos escenarios gana.

Tomar la oferta y desnudar la maniobra

Los sectores de la Oposición deben tomar la oferta presidencial de manera decidida, pero no con una mera declaración de “tomarle la palabra a Hugo Chávez” y “reconocer los buenos deseos”. No, “tomar la oferta” significa proponer una agenda de discusión clara, relevante para la ciudadanía y realizada de manera transparente. Los temas están muy claros: de los que no se habló el pasado sábado. ¿Estará el gobierno a debatir sobre sus fallas en materia de combate al crimen y en haber logrado la inflación más alta del mundo? La lógica indica que no, pero si lo hace, pues, cae en su propia trampa.

¿Por qué se gana en cualquier escenario? Pues veamos un sencillo ejemplo: si el oficialismo está dispuesto a “abrirse”, entonces debe cumplir a cabalidad su palabra de que ocurrirán interpelaciones ministeriales en los que la oposición tendrá la oportunidad de formular preguntas y pedir cuentas. Si ello ocurre, los ministros seguramente quedarán muy mal al no tener respuestas y los grandes casos de corrupción podrán ser ventilados con propiedad; en el caso contrario, habrá una clara oportunidad para denunciar la falsedad de la maniobra y deslegitimar a quien engañosamente la propuso. Otro ejemplo: La oposición debería proponer que se convoque a un encuentro en los próximos días entre el Presidente de la República y Gobernadores y Alcaldes Opositores. La agenda de discusión sería muy clara: pago de recursos adeudados y devolución de competencias despojadas a los mandatarios regionales, por mencionar sólo dos. Si el gobierno cumple, muy bien, los gobernadores y alcaldes ganan; si se incumple, pues lo mismo: desmontaje de las falsas intenciones y de la “retórica amigable”.

Vista así las cosas, parece que disfrazarse de cordero, podría no ser el mejor movimiento para Hugo Chávez. Al momento de incumplir su palabra quedará peor de lo que ya estaba antes, pero necesario es obligarlo a que se contradiga, no dejándole campo de acción. No tomar la oferta es darle la oportunidad al oficialismo para que éste diga: “es la Oposición la que no quiere el diálogo”. Esa película ya le hemos visto antes. Aprendamos de esos episodios.

¿Qué opina usted? En mi cuenta twitter estaré a su disposición para que lo conversemos personalmente

TelegramWhatsAppFacebookX


Es inevitable referirse a lo ocurrido el pasado día sábado en el Palacio Federal Legislativo. Después de transcurridos 5 años, el Presidente debía dirigir su discurso anual de gestión 2010 ante un parlamento más plural y ya eso de por sí genero gran interés en el mundo político. Los que nos atrevimos a ver la alocución completa, ya sabemos que no se trató de una presentación en la que se le rindió cuentas al país. Fue más bien una larga lista de promesas y algo más…

Mientras el personaje ubicado en la tribuna de oradores le dedicó horas a reflexionar sobre la historia y a relatar historias poco trascendentes, los venezolanos que estaban escuchando esperaban que se les dijera qué hizo este gobierno –alojado en el poder desde hace más de una década– en materia de combate a la inseguridad, abatimiento de la inflación, construcción de vivienda y generación de empleos, por mencionar algunos de los temas que más le generan angustias a la ciudadanía en su día a día. Pero sobre eso, o se habló muy poco o no se habló. Varias veces escuchamos excusas y más excusas. Sin embargo, el objetivo comunicacional del discurso pronunciado fue claramente otro: se trató de una “pausa” planteada por Chávez en su indefectible camino a la “transición al socialismo”.

Todo indica, que al menos durante algunos días el Gobierno pretende vestirse con un  nuevo disfraz de cordero. Ya lo ha hecho antes, y esta vez vuelve a las andadas.

Objetivo: la comunidad internacional

Con su conocida habilidad histriónica y capacidad para generar empatía, Chávez le planteó a la oposición allí presente una suerte de “reto”: les pidió diálogo, reconocimiento mutuo, dejarse de llamar enemigos para llamarse ahora adversarios y entendimiento. También presentó entre sus acostumbradas “sorpresas” la oferta de recortar su habilitación para legislar por decreto durante 18 meses. Dijo que lo único que necesitaba era un plazo de 5 meses.

El setting de las comunicaciones también tenía un propósito muy claro: reforzar una imagen en la que se veía a un Presidente queriendo “tender puentes” con sus “adversarios”, mientras se mostraba a una oposición cruzada de brazos renuente a dialogar y a reconocer al otro. Pero más importante aún es la necesidad de señalar que el meta-mensaje de este episodio tenía una audiencia muy clara: la opinión internacional. La alocución pretendió mostrar ante el mundo a un Presidente que reconoce (y sobre todo, respeta) a su oposición, que tiene voluntad para rectificar (veto a leyes), que promueve el debate y que además, por si fuera poco, está dispuesto a negociar una nueva habilitación para esta vez sí, poder legislar en un corto tiempo y sólo para “el beneficio de los damnificados”.

¿Es esto creíble para la comunidad internacional?, ¿es verosímil? Mientras algunos intentan responder esto, en el plano táctico el mensaje parece al menos haberse colocado en la prensa internacional, a juzgar por la lectura de algunos de estos cables: “Chavez calls for conciliation between rivals” AP, “Venezuela’s Chavez says may return decree powers early” CNN, “Chávez dice que renunciará a sus poderes especiales” EFE. En todo caso, el tono adoptado por Chávez el pasado sábado tiene una explicación muy clara: la presión internacional (poca o mucha), ha surtido su efecto. Al menos de forma momentánea.

De otro modo, esta “suavización” no tendría sentido. Es más, parece que esta disminución en las posiciones radicales es previsible que se mantenga. El propio Aristóbulo Istúriz ya ha dicho que en las rendiciones de cuenta ministeriales, se generarán oportunidades para interpelar a estos altos funcionarios. No nos debe extrañar que similares “gestos” se multipliquen en los días por venir. De eso precisamente se trata el disfraz.

¿Quiere decir esto que el chavismo abandonará la senda del radicalismo y busca reconectarse con los sectores medios de opinión? Lamentablemente me temo que no y digo lamentable, pues quisiera que en mi país existiese una dinámica genuinamente democrática. Pero para que eso ocurra deben cambiar demasiadas cosas de las que estoy seguro el oficialismo no se retractará. Para mí es un táctico que durará hasta tanto lo permita la ventana de oportunidad y además para intentar mostrar que la Oposición no cree de verdad en esa “política de diálogo”.

Una lamentable historia llena de engaños

Para tener claro con quien se trata hay que tener claro de dónde venimos y qué ha ocurrido. La historia reciente nos enseña que alguien que durante años emplea el insulto como arma oficial y que desconoce sistemáticamente al otro, no es digno de gozar de la confianza de los venezolanos. Hace más de una década que la categoría “enemigo” llegó para instalarse en el proceder de este gobierno. Esa es la verdad.

¿Quién pidió diálogo al momento de promulgar leyes habilitantes en 2.001 lo cumplió? ¿Es creíble una oferta de alguien que dijo estar arrepentido con un crucifijo en mano un 14 de abril de 2002 y que luego hizo todo lo que hizo? ¿Cuánta confianza puede depositarse en alguien que habiendo ganado el voto popular por la vía democrática, pretende que ese respaldo es un cheque en blanco para instalar un socialismo empobrecedor? Más aún ¿Cómo poder tomar como cierta una oferta de alguien que perdiendo en 2.007, de todas formas impone de manera ilegal lo mismo que lo que el pueblo negó en las urnas? Esta lista podría ser todavía más larga y estoy seguro que usted recordará más episodios que automáticamente minan la credibilidad de este “giro táctico”.

Por supuesto, los sectores opositores no están “libres de culpa” en este pasado, pero entablar un diálogo franco y abierto debe ser una responsabilidad de quien gobierna y que sólo puede construirse con muestras claras y fehacientes que demuestran que el propósito de rectificar es genuino. En este sentido, “obras son amores”. Esas demostraciones no sólo deben ser discursivas, sino tangibles. Esa es precisamente la oportunidad que tiene frente a sí la Oposición, ya sea para avanzar o desnudar la estratagema del adversario. En cualquiera de los dos escenarios gana.

Tomar la oferta y desnudar la maniobra

Los sectores de la Oposición deben tomar la oferta presidencial de manera decidida, pero no con una mera declaración de “tomarle la palabra a Hugo Chávez” y “reconocer los buenos deseos”. No, “tomar la oferta” significa proponer una agenda de discusión clara, relevante para la ciudadanía y realizada de manera transparente. Los temas están muy claros: de los que no se habló el pasado sábado. ¿Estará el gobierno a debatir sobre sus fallas en materia de combate al crimen y en haber logrado la inflación más alta del mundo? La lógica indica que no, pero si lo hace, pues, cae en su propia trampa.

¿Por qué se gana en cualquier escenario? Pues veamos un sencillo ejemplo: si el oficialismo está dispuesto a “abrirse”, entonces debe cumplir a cabalidad su palabra de que ocurrirán interpelaciones ministeriales en los que la oposición tendrá la oportunidad de formular preguntas y pedir cuentas. Si ello ocurre, los ministros seguramente quedarán muy mal al no tener respuestas y los grandes casos de corrupción podrán ser ventilados con propiedad; en el caso contrario, habrá una clara oportunidad para denunciar la falsedad de la maniobra y deslegitimar a quien engañosamente la propuso. Otro ejemplo: La oposición debería proponer que se convoque a un encuentro en los próximos días entre el Presidente de la República y Gobernadores y Alcaldes Opositores. La agenda de discusión sería muy clara: pago de recursos adeudados y devolución de competencias despojadas a los mandatarios regionales, por mencionar sólo dos. Si el gobierno cumple, muy bien, los gobernadores y alcaldes ganan; si se incumple, pues lo mismo: desmontaje de las falsas intenciones y de la “retórica amigable”.

Vista así las cosas, parece que disfrazarse de cordero, podría no ser el mejor movimiento para Hugo Chávez. Al momento de incumplir su palabra quedará peor de lo que ya estaba antes, pero necesario es obligarlo a que se contradiga, no dejándole campo de acción. No tomar la oferta es darle la oportunidad al oficialismo para que éste diga: “es la Oposición la que no quiere el diálogo”. Esa película ya le hemos visto antes. Aprendamos de esos episodios.

¿Qué opina usted? En mi cuenta twitter estaré a su disposición para que lo conversemos personalmente

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.