No comparto las reacciones violentas de quienes, mientras tanto, gobiernan el país, pero las entiendo. La desastrosa gestión, el desabastecimiento, la inseguridad, deben causar exaltaciones en los enchufados. Los apagones, la falta de divisas, la fragilidad interna del PSUV, la escasez de liderazgo, entre otros elementos, hacen difícil aspirar a un gobierno tranquilo. Y por si fuera poco, se han unido a la crisis las peores de las penas, el cuestionamiento de legitimidad, la unidad opositora y el liderazgo de Capriles.
Pero, por más desconcertante que pueda llegar a ser el discurso de Nicolás Maduro, hay algo que resulta difícil de descifrar. En cada alocución, Maduro encuentra la manera de fabricar una excusa que le permita declarar su amor filial a Fidel Castro. Nicolás utiliza con frecuencia ciertos desvíos en el frágil hilo de su discurso. Desvíos que desembocan, como quien no quiere la cosa, en una alabanza sin contexto.
El mundo opositor, es decir, la oposición y el chavismo, y el mundo oficialista, es decir, los maduristas y los enchufados, constatan a diario la penosa realidad de las carencias de Maduro. Y es que ciertamente, Nicolás no es Chávez. Pero su desconexión con la realidad va más allá. Su admiración por Fidel es incontenible, haciéndolo ignorar los consejos de sus asesores. Su pasión le impide dejar de nombrarlo, de agradarlo en la distancia. A Fidel Castro, un hombre que ha fracturado miles de familias por más de medio siglo. Aquel que controla un imperio a través del entreguismo de un grupo de presidentes latinoamericanos. Aquel de quien huyen en balsas endebles. Y Maduro, como si tal cosa le sirviera de amuleto ante la adversidad, continúa su línea de adulancia permanente, que de paso ni le favorece ni le luce.
Cuando todo esto llegue a su punto de inflexión, que los enchufados se han empeñado en aproximar, la tarea más urgente será la de desmontar el cubanismo que han intentado implantar. Se deberá retomar el orgullo de ser venezolanos y reconstruir el país con nuestros propios talentos, muy superiores a los de Fidel.
Francisco Gámez Arcaya
@GamezArcaya




