De la clandestinidad al desborde popular: crónica del exilio y el regreso de María Corina Machado

Una multitud desbordó la autopista Valle-Coche al caer la noche de este domingo 25 de octubre de 2026. Entre los faros de los vehículos y las luces de los teléfonos celulares, miles de personas buscaban ver de cerca un rostro que no tenían ante sí desde enero de 2025: María Corina Machado volvía a Caracas. Horas antes, tras anunciar en X que estaba en Venezuela, la líder opositora había reaparecido en el santuario de la Divina Pastora, en Santa Rosa, Barquisimeto. Allí rezó, abrazó a los feligreses y emprendió una caravana hacia la capital.

La coordinadora nacional de Vente Venezuela recorrió casi 400 kilómetros acompañada por ciudadanos que se sumaron espontáneamente a su paso en carros, motos, camiones y hasta a caballo.

Desde Yaracuy, atravesó Chivacoa; siguió por Valencia y Guacara, en Carabobo, y cruzó Aragua por la Autopista Regional del Centro. En el peaje de Tazón, en Miranda, otra multitud salió a recibirla. El recorrido desembocó en la autopista Valle-Coche, donde cientos de personas aguardaban desde temprano para presenciar su regreso.

Machado tenía casi dos años sin contacto con la gente tras una clandestinidad provocada por la persecución política. Y diez meses sin estar físicamente en el territorio nacional, desde que arriesgó su vida el pasado mes de dicienbre a bordo de un peñero clandestino que cortaba las olas del mar Caribe en medio de la oscuridad para poder llegar a recibir su Premio Nobel de la Paz.

Su retorno pone fin a un exilio forzado de 10 meses en el que mantuvo una intensa ofensiva diplomática global, entregó su medalla del Nobel a Donald Trump y sorteó múltiples bloqueos para ingresar nuevamente a su país. A continuación, algunos hitos de su resistencia frente al chavismo y de este período fuera del país.

Décadas confrontando al chavismo

María Corina Machado fue una de las fundadoras en el año 2002 de Súmate, organización que promovió el referéndum revocatorio contra Hugo Chávez. Cuatro años después de fundar Vente Venezuela, llegó a la Asamblea Nacional, donde confrontó al mandatario en enero de 2012 con una frase que marcó su trayectoria política: «Expropiar es robar». Su postura crítica le valió ataques del oficialismo y, en 2014, fue despojada de su investidura parlamentaria tras aceptar representar a Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

El enfrentamiento se intensificó en 2023, cuando Machado ganó las primarias opositoras con más de 2,5 millones de votos. En junio de ese año, la Contraloría General de la República anunció su inhabilitación para ejercer cargos públicos durante 15 años, una medida que le impidió competir en las presidenciales de 2024. Lejos de retirarse, recorrió el país para reanimar la participación ciudadana y mantener unida a la oposición en torno a la ruta electoral.

Tras la negativa oficial a permitir la candidatura de la académica Corina Yoris, la oposición inscribió al diplomático Edmundo González Urrutia. Machado asumió entonces el liderazgo de la campaña y movilizó a miles de personas en una gira nacional que convirtió sus concentraciones en expresiones de esperanza y descontento. Su apuesta desembocó en la jornada del 28 de julio de 2024, cuando una extensa red de testigos y ciudadanos recopiló y digitalizó las actas electorales para contrastar los resultados anunciados por el Consejo Nacional Electoral (CNE).

La publicación de las actas en la plataforma Resultados Con Venezuela permitió sostener, con base en esos documentos, que González Urrutia había derrotado a Nicolás Maduro. Mientras el CNE se negaba a divulgar los comprobantes de votación, la evidencia recopilada por la oposición recibió respaldo internacional y el Centro Carter concluyó que los comicios no cumplieron los estándares internacionales de integridad electoral.

La respuesta del gobierno fue una ola represiva que dejó al menos 29 muertos, miles de detenidos y dirigentes opositores encarcelados. Machado pasó a la clandestinidad, mientras las autoridades la acusaban de delitos vinculados con las protestas y la denuncia del resultado electoral.

El 9 de enero de 2025 reapareció en una manifestación en Chacao, donde, fue interceptada y retenida durante aproximadamente media hora antes de ser liberada tras presiones internacionales. Después volvió a ocultarse, desde donde continuó denunciando las violaciones de derechos humanos y articulando contactos con gobiernos extranjero.

El anuncio del Nobel de la Paz

El 10 de octubre de 2025, el Comité Noruego del Nobel desde su sede oficial en Oslo, Noruega, anunció que concedía el premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, en reconocimiento a sus esfuerzos para promover la democracia en Venezuela, especialmente tras su papel clave en la movilización ciudadana y la recolección paralela de actas para demostrar el resultado real de las elecciones presidenciales de julio de 2024.

Kristian Berg Harpviken (director del Instituto Nobel noruego) se comunicó con Machado de madrugada, para notificarle que harían el anuncio. La emotiva llamada que conmovió tanto a la política como al representante del Nobel se viralizó en todo el mundo.

Diciembre 2025: la salida para recibir el Premio Nobel

Perseguida por el Estado y acorralada en la clandestinidad, Machado inició su evacuación secreta desde territorio venezolano. Fue un operativo fragmentado y con detalles resaltantes que incluyó viajes terrestres de madrugada hacia las costas, un peñero rápido enfrentando al fuerte oleja y esquivando radares hasta una isla del Caribe neerlandés, la escolta disuasoria de cazas F-18 de EE. UU. en el espacio aéreo internacional y un vuelo transatlántico comercial.

Mientras ella cruzaba husos horarios para burlar el cerco, y debido a las complejidades del trayecto que le impidió estar a tiempo para la apertura de los eventos formales, su hija, Ana Corina Sosa, subía al estrado del Ayuntamiento de Oslo, en Noruega, para recibir el Premio Nobel de la Paz y leer el discurso oficial.

Horas después, y apenas al llegar a la capital noruega, la líder opositora se asomó al balcón del Grand Hotel de Oslo en la madrugada para saludar a los simpatizantes congregados.

El quiebre del 3 de enero

Después de la intervención militar estadounidense del 3 de enero que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos, Machado emitió un pronunciamiento inmediato. Calificó el suceso como el cierre definitivo de un ciclo autoritario, exigió el respeto irrestricto a la soberanía popular expresada en las urnas y urgió a restablecer el orden constitucional. Su principal demanda fue humana y política: la liberación inmediata de los presos políticos que aún llenaban los calabozos del país.

Diplomacia con medallas

Washington se convirtió en la nueva parada de Machado. Apenas 12 días después de la extracción de Nicolás Maduro, la opositora se reunió con el presidente de EE.UU., Donald Trump, a quien entregó su medalla del Premio Nobel de la Paz, gesto que fue cuestionado desde algunos sectores y que ella justificó afirmando que era un reconocimiento a su compromiso con la libertad de su país.

“Creo que hoy es un día histórico para nosotros los venezolanos”, expresó Machado tras ese encuentro. Mientras que Trump luego afirmó en sus redes sociales que la medida era “un maravilloso gesto de respeto mutuo”. El Comité del Nobel aclaró posteriormente que el premio en sí no era transferible.

A finales de enero y luego en marzo de 2026, Machado se sentó a puerta cerrada con el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. Sobre la mesa reposaban los planos de una transición pacífica y las listas de detenidos. Trascendió que luego en abril equipos de trabajo de Machado y del secretario de Estado programaron reuniones de seguimiento (como las planificadas en Chicago) para definir plazos y detalles sobre el proceso electoral en Venezuela

¿Distanciamiento, diferencias o ruptura?

La política de la Casa Blanca luego de capturar a Maduro mutó a una estrategia de pragmatismo energético y estabilidad institucional, más que a concretar un cambio político estructural en Venezuela. A pocas horas de la detención de Maduro el propio Donald Trump causó malestar entre los seguidores de Machado tras afirmar que la dirigente opositora no contaba con el “apoyo necesario” para encabezar una transición.

“Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No cuenta con el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no goza del respeto necesario”, explicó Trump sobre Machado en una rueda de prensa celebrada en su residencia personal de Mar-a-Lago.

Con la entrega de la medalla del Nobel se pensó que podría variar la actitud del estadounidense, pero Washington avanzó en una agenda bilateral que marginó las exigencias inmediatas de Machado y ha preferido interactuar y pactar directamente con Delcy Rodríguez al punto de avalar que siga al frente del poder en el país de espaldas a lo que dicta la Constitución.

Juristas señalan que Delcy Rodríguez ejerce la presidencia interina de manera ilegítima debido al vencimiento del plazo constitucional de 180 días, el cual expiró el pasado 4 de julio de 2026 tras cumplirse los 90 días iniciales de falta temporal y su prórroga máxima. Al superarse este límite sin el retorno de Nicolás Maduro, los expertos afirman que constitucionalmente se configuró una “falta absoluta”. Esto obligaba legalmente a traspasar el poder al presidente de la Asamblea Nacional y a convocar elecciones presidenciales en un lapso de 30 días, un mecanismo que el gobierno omitió. Para justificar su permanencia, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) recurrió a la figura de la “ausencia forzada”, un concepto que los constitucionalistas denuncian por no existir en el ordenamiento jurídico venezolano y ser inventado para evadir el llamado a las urnas.

Cuando se conocieron las conversaciones impulsadas con mediación de Estados Unidos para concretar reformas institucionales en el país que permitieran la transición, Machado aseguró que ella no participaba directamente en dichas reuniones, pero enfatizó que no sería un obstáculo para los esfuerzos que lograran resultados concretos o elecciones libres para Venezuela. Voceros estadounidenses señalaron que su partido político sí recibió una invitación para participar en las negociaciones, aunque eso no garantizaba su inclusión persona. La mesa de negociación arrancó en agosto sin la participación de Machado, y con una representación de un sector opositor representado por quien fuera la última presidente de la AN electa en 2015, Dinorah Figuera, entre otros parlamentarios de ese mismo grupo.

El punto de mayor fricción ha sido el mega-acuerdo energético promovido por Washington, mediante el cual se otorgaron licencias y control sobre una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas. Machado rompió el silencio cuestionando la opacidad del acuerdo, al tiempo que sentencio que el patrimonio del suelo venezolano “no le pertenece a un régimen ilegítimo” y que los contratos de gran envergadura solo deberían firmarse bajo un gobierno democrático y soberano.

Machado ha rechazado abiertamente la presencia de Alejandro Betancourt como socio clave legitimado por la administración Trump. Lo señalo como “uno de los principales responsables” del colapso del sistema eléctrico nacional debido a contratos milmillonarios sin licitación obtenidos en el pasado. Y advirtió de manera tajante que, en un eventual gobierno bajo su mando, Betancourt no sería considerado un socio comercial viable ni aceptable para el Estado venezolano.

Las siete puertas cerradas

Para María Corina Machado, regresar al país que la vio nacer y del que sigue siendo ciudadano no era cuestión de comprar un boleto. Lo intentó siete veces entre enero y octubre de 2026. Siete ocasiones en la que distintos bloqueos se lo impidieron. Coordinó vuelos chárter desde Centroamérica. Todos fueron abortados a última hora por “imprevistos mecánicos” o restricciones súbitas del espacio aéreo.

Planificó rutas marítimas. Coordinó trayectos en barco desde las islas de Aruba y Curazao para desembarcar discretamente en las costas venezolanas. Las embarcaciones nunca zarparon; las presiones logísticas frenaron los motores. En la mesa de negociación, los voceros diplomáticos le pedían paciencia. Le sugirieron aplazar su viaje hasta que existiera un marco de seguridad blindado para su entrada.

Al mismo tiempo, el secretario de Estado Marco Rubio negaba que Washington estuviera pidiendo a ningún país que impidiera el regreso de María Corina Machado, calificando esos rumores o reportes como “noticias falsas” .

La epopeya del regreso

La espera por el retorno de Machado, que muchos de los asistentes a la protesta del 24 de octubre en Caracas pensaban que tendría fin ese día, terminó la mañana del domingo 26 de octubre. No se conoce el trayecto que oficialmente recorrió para ingresar al país de nuevo, pero reportes de algunos medios indican que voló en un avión privado desde Panamá hasta Colombia y cruzó la frontera terrestre. Un corto mensaje en sus redes confirmó que había pisado territorio venezolano. “Estoy aquí, con ustedes”.

Machado reapareció en el santuario de la Divina Pastora en Santa Rosa (Barquisimeto) desatando el júblio de los feligreses, tras lo cual inició horas de camino hacia Caracas acompañada en cada punto del trayecto de cientos de personas.

La respuesta desde Estados Unidos, por algunos matices, ha generado diversas lecturas sobre el verdadero rol de Washington en este proceso y el panorama político venezolano.

Cuando la prensa le consultó en la Casa Blanca sobre el regreso de la líder opositora, el presidente Donald Trump se mostró inicialmente distante y afirmó que “no sabía nada” al respecto. No obstante, expresó palabras de cortesía y buenos deseos diciendo: “Es una mujer muy agradable. Me entregó su Premio Nobel [de la Paz], así que ¿qué otra cosa puedo decir? Espero que esté a salvo”. De forma elíptica, Trump cerró su intervención restando urgencia al asunto y aludiendo al statu quo actual: “Pero nos está yendo realmente bien en Venezuela”.

El secretario de Estado Marco Rubio, en una línea institucional y distante de Machado -contrario a la cercanía que expresó hacia ella en años previos- sostuvo que las condiciones de seguridad para su vuelta fueron fruto de la mediación y conversaciones de reconciliación respaldadas por EE. UU. Y matizó su mensaje con palabras que algunos calificaron de advertencia, sobre la necesidad de que se respeten los plazos y el plan de tres fases que su gobierno planificó para Venezuela.

“Estados Unidos espera que las libertades de todos los sectores de la política venezolana sigan siendo respetadas. Asimismo, esperamos que todos los actores políticos apoyen estas conversaciones, que representan la mejor oportunidad que Venezuela ha tenido en treinta años de lograr pacíficamente no solo una elección libre y justa, sino una democracia duradera”.

Por su parte, la Oficina Internacional de María Corina Machado optó por una lectura de total sintonía y emitió un comunicado agradeciendo públicamente a Trump y a Rubio por su “compromiso y liderazgo” para hacer posible su regreso seguro. Con esto, el equipo de la opositora busca blindar políticamente su retorno a Caracas y posicionar su presencia como el inicio de un “gran acuerdo nacional” amplio enfocado en lograr elecciones verificables.

En paralelo a los discursos políticos, los venezolanos volvieron a las calles para acompañar la caravana que atravesó seis estados. Miles de personas salieron a tramos de distintas autopistas y celebraron el retorno de Machado.

La euforia desembocó finalmente en la autopista Valle-Coche de Caracas. Desde los edificios aledaños, estallaron cacerolas, cornetas y gritos por la libertad. La celebración contenida también se expresó con fuegos artificiales.

El regreso de la Nobel de la Paz mostró al mundo una realidad ineludible en el país: el clamor por apurar la transición, sacarla de los despachos e incluir a la gente -que está recuperando la calle- en ella.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Tras 10 meses de un exilio forzoso que comenzó huyendo en un peñero por el Caribe para recibir el Nobel de la Paz, María Corina Machado regresó a Venezuela. Cruzó a pie desde Colombia y desbordó las vías desde Lara hasta Caracas. Atrás quedaron siete intentos de retorno bloqueados y meses de diplomacia en Washington tras el quiebre político del 3 de enero
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Una multitud desbordó la autopista Valle-Coche al caer la noche de este domingo 25 de octubre de 2026. Entre los faros de los vehículos y las luces de los teléfonos celulares, miles de personas buscaban ver de cerca un rostro que no tenían ante sí desde enero de 2025: María Corina Machado volvía a Caracas. Horas antes, tras anunciar en X que estaba en Venezuela, la líder opositora había reaparecido en el santuario de la Divina Pastora, en Santa Rosa, Barquisimeto. Allí rezó, abrazó a los feligreses y emprendió una caravana hacia la capital.

La coordinadora nacional de Vente Venezuela recorrió casi 400 kilómetros acompañada por ciudadanos que se sumaron espontáneamente a su paso en carros, motos, camiones y hasta a caballo.

Desde Yaracuy, atravesó Chivacoa; siguió por Valencia y Guacara, en Carabobo, y cruzó Aragua por la Autopista Regional del Centro. En el peaje de Tazón, en Miranda, otra multitud salió a recibirla. El recorrido desembocó en la autopista Valle-Coche, donde cientos de personas aguardaban desde temprano para presenciar su regreso.

Machado tenía casi dos años sin contacto con la gente tras una clandestinidad provocada por la persecución política. Y diez meses sin estar físicamente en el territorio nacional, desde que arriesgó su vida el pasado mes de dicienbre a bordo de un peñero clandestino que cortaba las olas del mar Caribe en medio de la oscuridad para poder llegar a recibir su Premio Nobel de la Paz.

Su retorno pone fin a un exilio forzado de 10 meses en el que mantuvo una intensa ofensiva diplomática global, entregó su medalla del Nobel a Donald Trump y sorteó múltiples bloqueos para ingresar nuevamente a su país. A continuación, algunos hitos de su resistencia frente al chavismo y de este período fuera del país.

Décadas confrontando al chavismo

María Corina Machado fue una de las fundadoras en el año 2002 de Súmate, organización que promovió el referéndum revocatorio contra Hugo Chávez. Cuatro años después de fundar Vente Venezuela, llegó a la Asamblea Nacional, donde confrontó al mandatario en enero de 2012 con una frase que marcó su trayectoria política: «Expropiar es robar». Su postura crítica le valió ataques del oficialismo y, en 2014, fue despojada de su investidura parlamentaria tras aceptar representar a Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

El enfrentamiento se intensificó en 2023, cuando Machado ganó las primarias opositoras con más de 2,5 millones de votos. En junio de ese año, la Contraloría General de la República anunció su inhabilitación para ejercer cargos públicos durante 15 años, una medida que le impidió competir en las presidenciales de 2024. Lejos de retirarse, recorrió el país para reanimar la participación ciudadana y mantener unida a la oposición en torno a la ruta electoral.

Tras la negativa oficial a permitir la candidatura de la académica Corina Yoris, la oposición inscribió al diplomático Edmundo González Urrutia. Machado asumió entonces el liderazgo de la campaña y movilizó a miles de personas en una gira nacional que convirtió sus concentraciones en expresiones de esperanza y descontento. Su apuesta desembocó en la jornada del 28 de julio de 2024, cuando una extensa red de testigos y ciudadanos recopiló y digitalizó las actas electorales para contrastar los resultados anunciados por el Consejo Nacional Electoral (CNE).

La publicación de las actas en la plataforma Resultados Con Venezuela permitió sostener, con base en esos documentos, que González Urrutia había derrotado a Nicolás Maduro. Mientras el CNE se negaba a divulgar los comprobantes de votación, la evidencia recopilada por la oposición recibió respaldo internacional y el Centro Carter concluyó que los comicios no cumplieron los estándares internacionales de integridad electoral.

La respuesta del gobierno fue una ola represiva que dejó al menos 29 muertos, miles de detenidos y dirigentes opositores encarcelados. Machado pasó a la clandestinidad, mientras las autoridades la acusaban de delitos vinculados con las protestas y la denuncia del resultado electoral.

El 9 de enero de 2025 reapareció en una manifestación en Chacao, donde, fue interceptada y retenida durante aproximadamente media hora antes de ser liberada tras presiones internacionales. Después volvió a ocultarse, desde donde continuó denunciando las violaciones de derechos humanos y articulando contactos con gobiernos extranjero.

El anuncio del Nobel de la Paz

El 10 de octubre de 2025, el Comité Noruego del Nobel desde su sede oficial en Oslo, Noruega, anunció que concedía el premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, en reconocimiento a sus esfuerzos para promover la democracia en Venezuela, especialmente tras su papel clave en la movilización ciudadana y la recolección paralela de actas para demostrar el resultado real de las elecciones presidenciales de julio de 2024.

Kristian Berg Harpviken (director del Instituto Nobel noruego) se comunicó con Machado de madrugada, para notificarle que harían el anuncio. La emotiva llamada que conmovió tanto a la política como al representante del Nobel se viralizó en todo el mundo.

Diciembre 2025: la salida para recibir el Premio Nobel

Perseguida por el Estado y acorralada en la clandestinidad, Machado inició su evacuación secreta desde territorio venezolano. Fue un operativo fragmentado y con detalles resaltantes que incluyó viajes terrestres de madrugada hacia las costas, un peñero rápido enfrentando al fuerte oleja y esquivando radares hasta una isla del Caribe neerlandés, la escolta disuasoria de cazas F-18 de EE. UU. en el espacio aéreo internacional y un vuelo transatlántico comercial.

Mientras ella cruzaba husos horarios para burlar el cerco, y debido a las complejidades del trayecto que le impidió estar a tiempo para la apertura de los eventos formales, su hija, Ana Corina Sosa, subía al estrado del Ayuntamiento de Oslo, en Noruega, para recibir el Premio Nobel de la Paz y leer el discurso oficial.

Horas después, y apenas al llegar a la capital noruega, la líder opositora se asomó al balcón del Grand Hotel de Oslo en la madrugada para saludar a los simpatizantes congregados.

El quiebre del 3 de enero

Después de la intervención militar estadounidense del 3 de enero que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos, Machado emitió un pronunciamiento inmediato. Calificó el suceso como el cierre definitivo de un ciclo autoritario, exigió el respeto irrestricto a la soberanía popular expresada en las urnas y urgió a restablecer el orden constitucional. Su principal demanda fue humana y política: la liberación inmediata de los presos políticos que aún llenaban los calabozos del país.

Diplomacia con medallas

Washington se convirtió en la nueva parada de Machado. Apenas 12 días después de la extracción de Nicolás Maduro, la opositora se reunió con el presidente de EE.UU., Donald Trump, a quien entregó su medalla del Premio Nobel de la Paz, gesto que fue cuestionado desde algunos sectores y que ella justificó afirmando que era un reconocimiento a su compromiso con la libertad de su país.

“Creo que hoy es un día histórico para nosotros los venezolanos”, expresó Machado tras ese encuentro. Mientras que Trump luego afirmó en sus redes sociales que la medida era “un maravilloso gesto de respeto mutuo”. El Comité del Nobel aclaró posteriormente que el premio en sí no era transferible.

A finales de enero y luego en marzo de 2026, Machado se sentó a puerta cerrada con el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. Sobre la mesa reposaban los planos de una transición pacífica y las listas de detenidos. Trascendió que luego en abril equipos de trabajo de Machado y del secretario de Estado programaron reuniones de seguimiento (como las planificadas en Chicago) para definir plazos y detalles sobre el proceso electoral en Venezuela

¿Distanciamiento, diferencias o ruptura?

La política de la Casa Blanca luego de capturar a Maduro mutó a una estrategia de pragmatismo energético y estabilidad institucional, más que a concretar un cambio político estructural en Venezuela. A pocas horas de la detención de Maduro el propio Donald Trump causó malestar entre los seguidores de Machado tras afirmar que la dirigente opositora no contaba con el “apoyo necesario” para encabezar una transición.

“Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No cuenta con el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no goza del respeto necesario”, explicó Trump sobre Machado en una rueda de prensa celebrada en su residencia personal de Mar-a-Lago.

Con la entrega de la medalla del Nobel se pensó que podría variar la actitud del estadounidense, pero Washington avanzó en una agenda bilateral que marginó las exigencias inmediatas de Machado y ha preferido interactuar y pactar directamente con Delcy Rodríguez al punto de avalar que siga al frente del poder en el país de espaldas a lo que dicta la Constitución.

Juristas señalan que Delcy Rodríguez ejerce la presidencia interina de manera ilegítima debido al vencimiento del plazo constitucional de 180 días, el cual expiró el pasado 4 de julio de 2026 tras cumplirse los 90 días iniciales de falta temporal y su prórroga máxima. Al superarse este límite sin el retorno de Nicolás Maduro, los expertos afirman que constitucionalmente se configuró una “falta absoluta”. Esto obligaba legalmente a traspasar el poder al presidente de la Asamblea Nacional y a convocar elecciones presidenciales en un lapso de 30 días, un mecanismo que el gobierno omitió. Para justificar su permanencia, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) recurrió a la figura de la “ausencia forzada”, un concepto que los constitucionalistas denuncian por no existir en el ordenamiento jurídico venezolano y ser inventado para evadir el llamado a las urnas.

Cuando se conocieron las conversaciones impulsadas con mediación de Estados Unidos para concretar reformas institucionales en el país que permitieran la transición, Machado aseguró que ella no participaba directamente en dichas reuniones, pero enfatizó que no sería un obstáculo para los esfuerzos que lograran resultados concretos o elecciones libres para Venezuela. Voceros estadounidenses señalaron que su partido político sí recibió una invitación para participar en las negociaciones, aunque eso no garantizaba su inclusión persona. La mesa de negociación arrancó en agosto sin la participación de Machado, y con una representación de un sector opositor representado por quien fuera la última presidente de la AN electa en 2015, Dinorah Figuera, entre otros parlamentarios de ese mismo grupo.

El punto de mayor fricción ha sido el mega-acuerdo energético promovido por Washington, mediante el cual se otorgaron licencias y control sobre una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas. Machado rompió el silencio cuestionando la opacidad del acuerdo, al tiempo que sentencio que el patrimonio del suelo venezolano “no le pertenece a un régimen ilegítimo” y que los contratos de gran envergadura solo deberían firmarse bajo un gobierno democrático y soberano.

Machado ha rechazado abiertamente la presencia de Alejandro Betancourt como socio clave legitimado por la administración Trump. Lo señalo como “uno de los principales responsables” del colapso del sistema eléctrico nacional debido a contratos milmillonarios sin licitación obtenidos en el pasado. Y advirtió de manera tajante que, en un eventual gobierno bajo su mando, Betancourt no sería considerado un socio comercial viable ni aceptable para el Estado venezolano.

Las siete puertas cerradas

Para María Corina Machado, regresar al país que la vio nacer y del que sigue siendo ciudadano no era cuestión de comprar un boleto. Lo intentó siete veces entre enero y octubre de 2026. Siete ocasiones en la que distintos bloqueos se lo impidieron. Coordinó vuelos chárter desde Centroamérica. Todos fueron abortados a última hora por “imprevistos mecánicos” o restricciones súbitas del espacio aéreo.

Planificó rutas marítimas. Coordinó trayectos en barco desde las islas de Aruba y Curazao para desembarcar discretamente en las costas venezolanas. Las embarcaciones nunca zarparon; las presiones logísticas frenaron los motores. En la mesa de negociación, los voceros diplomáticos le pedían paciencia. Le sugirieron aplazar su viaje hasta que existiera un marco de seguridad blindado para su entrada.

Al mismo tiempo, el secretario de Estado Marco Rubio negaba que Washington estuviera pidiendo a ningún país que impidiera el regreso de María Corina Machado, calificando esos rumores o reportes como “noticias falsas” .

La epopeya del regreso

La espera por el retorno de Machado, que muchos de los asistentes a la protesta del 24 de octubre en Caracas pensaban que tendría fin ese día, terminó la mañana del domingo 26 de octubre. No se conoce el trayecto que oficialmente recorrió para ingresar al país de nuevo, pero reportes de algunos medios indican que voló en un avión privado desde Panamá hasta Colombia y cruzó la frontera terrestre. Un corto mensaje en sus redes confirmó que había pisado territorio venezolano. “Estoy aquí, con ustedes”.

Machado reapareció en el santuario de la Divina Pastora en Santa Rosa (Barquisimeto) desatando el júblio de los feligreses, tras lo cual inició horas de camino hacia Caracas acompañada en cada punto del trayecto de cientos de personas.

La respuesta desde Estados Unidos, por algunos matices, ha generado diversas lecturas sobre el verdadero rol de Washington en este proceso y el panorama político venezolano.

Cuando la prensa le consultó en la Casa Blanca sobre el regreso de la líder opositora, el presidente Donald Trump se mostró inicialmente distante y afirmó que “no sabía nada” al respecto. No obstante, expresó palabras de cortesía y buenos deseos diciendo: “Es una mujer muy agradable. Me entregó su Premio Nobel [de la Paz], así que ¿qué otra cosa puedo decir? Espero que esté a salvo”. De forma elíptica, Trump cerró su intervención restando urgencia al asunto y aludiendo al statu quo actual: “Pero nos está yendo realmente bien en Venezuela”.

El secretario de Estado Marco Rubio, en una línea institucional y distante de Machado -contrario a la cercanía que expresó hacia ella en años previos- sostuvo que las condiciones de seguridad para su vuelta fueron fruto de la mediación y conversaciones de reconciliación respaldadas por EE. UU. Y matizó su mensaje con palabras que algunos calificaron de advertencia, sobre la necesidad de que se respeten los plazos y el plan de tres fases que su gobierno planificó para Venezuela.

“Estados Unidos espera que las libertades de todos los sectores de la política venezolana sigan siendo respetadas. Asimismo, esperamos que todos los actores políticos apoyen estas conversaciones, que representan la mejor oportunidad que Venezuela ha tenido en treinta años de lograr pacíficamente no solo una elección libre y justa, sino una democracia duradera”.

Por su parte, la Oficina Internacional de María Corina Machado optó por una lectura de total sintonía y emitió un comunicado agradeciendo públicamente a Trump y a Rubio por su “compromiso y liderazgo” para hacer posible su regreso seguro. Con esto, el equipo de la opositora busca blindar políticamente su retorno a Caracas y posicionar su presencia como el inicio de un “gran acuerdo nacional” amplio enfocado en lograr elecciones verificables.

En paralelo a los discursos políticos, los venezolanos volvieron a las calles para acompañar la caravana que atravesó seis estados. Miles de personas salieron a tramos de distintas autopistas y celebraron el retorno de Machado.

La euforia desembocó finalmente en la autopista Valle-Coche de Caracas. Desde los edificios aledaños, estallaron cacerolas, cornetas y gritos por la libertad. La celebración contenida también se expresó con fuegos artificiales.

El regreso de la Nobel de la Paz mostró al mundo una realidad ineludible en el país: el clamor por apurar la transición, sacarla de los despachos e incluir a la gente -que está recuperando la calle- en ella.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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