Y a este artículo le damos la voz de… ¡play ball!
Cuando consigues a un español o un chileno que no sabe nada de béisbol, ya sabes que serán dos horas de evangelización a ver si ganas un nuevo adepto. Eso sí, no le explicas el balk o el infield fly o lo pierdes.
Cuando discutes con alguien en la calle, lo haces cara a cara como con un umpire.
No dices que te dieron un ultimátum, sino que te pusieron en 3 y 2.
A todos tus candados les pones la clave 6-4-3.
Esperando que se caliente un plato en el microondas, juntas las manos y haces swings imaginarios.
No dices que aceptas un compromiso, sino que te llegas de cabeza.
Agarras los tubos verticales del metro como si fuesen bates.
No echas la ropa a la lavadora, sino que la pichas. Y si entra, es strike.
No dices que te interrogaron, sino que te lanzaron recta pegadita.
Cuando estás con tu familia en un sitio con mucho ruido, no alzas la voz. Haces señas de coach de tercera.
Frente a tu clóset tienes una silla cual vestidor de grandes ligas.
No dices que tuviste una noche de pasión, sino que anoche llegaste a home.
Cuando tienes un reto no dices que te esforzarás. Dices que Reuben Morales dará el 110 % por la camiseta y la fanaticada.
No te gusta que te abran la puerta de un edificio con el botón. Prefieres que te tiren las llaves cual fly.
No dices que una persona tiene amante. Dices que tiene a alguien en el bull pen para jugar doble play.
A tu hijo lo bautizas con nombres como Babe, Wade, Ronald, Barry, Shohei o Ichiro.
Entre ir al estadio o ir a una cita con tu pareja, obviamente prefieres la cita… pero en el estadio.
No dices que en la vida te está yendo bien, sino que estás bateando .300.
Eres de los pocos seres humanos que ve un partido de béisbol completo… y lo sientes corto.
Ese partido lo viste por televisión… pero en mute porque prefieres escuchar la narración del circuito radial de tu equipo.
No dices que te movieron un compromiso, sino que te cambiaron la seña.
No comes chía, quinua o ajonjolí. Solo semillas de girasol.
Para animar a tus amigos no les das un espaldarazo, sino una palmada por las nalgas.
De tus finanzas personales no haces contabilidad. Haces cibermétricas.
En el gimnasio no cuentas las series en uno, dos o tres… Mentalmente piensas: “Llevo 13 repeticiones, como el número de Guillén”.
No motivas a alguien diciéndole que le eche pierna. Le dices que la saque del estadio.
Tus juegos de béisbol favoritos son los que no le gustan a nadie: los cerraditos de pocas carreras.
Cuando toca guardar ropa en la casa, se la pasan como si fuese un doble play.
Sabes que el pecado más grande de la moda es usar gorras con visera plana. Porque la visera va arqueada.
Con tus primos no juegas papelito o Pictionary. Juegas “Adivina quién batea así”.
Combates la desmotivación de los lunes viendo la repetición del último pitcheo de Palencia para coronar a Venezuela como campeón del mundo.
Y cuando llega ese momento de culminar un artículo, no dices que aquí concluye todo. Dices que finalmente llegó el out 27.
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