Crónica de un país hipotecado y saqueado a un país redimido y educado
La revolución iraní de 1979 produjo el segundo gran shock petrolero. El precio internacional volvió a subir fuertemente y la renta petrolera venezolana alcanzó el 35,9 % del PIB y 33,6 % en [1979/80]. Insiste la borrachera de los petrodólares, pero en una estructura económica diferente.
Veníamos de la era faraónica de CAP I. El Estado intensificó su endeudamiento, se acostumbró al reparto y al clientelismo. La ansiedad del gasto público, consumismo y hábitos sauditas no cesaron. Y explotó el país. El barril de petróleo subió de USD 2 el barril [1972] a USD 18 [1979], pasando de ingresos de 4000 millones de dólares a 12 000 millones de dólares.
El presupuesto nacional aumentó de 4200 millones de dólares a 40 000 millones, creando además un endeudamiento del sector no petrolero por el orden de los 12 billones de dólares. El déficit fiscal, que en 1975 estaba en cero, llegó a un consolidado del 10 % en 1979, llevando la deuda pública al 39 % del PIB.
Lo que venía era resaca, revolución y quiebre. Era previsible. Pero la borrachera no nos dejaba ver. Y chocamos con la historia.
Luis Herrera: “He recibido un país hipotecado”
En su alocución de toma de posesión, Luis Herrera Campins [12/3/1979] lanza esta pelusa: “He recibido un país hipotecado”. Durante los gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera I se mantuvo casi en cero la deuda pública. Durante el primer mandato de CAP, alcanzó unos 15.000 millones de dólares. Luis Herrera duplicó el endeudamiento a 30 billones.
Pero durante Chávez, solo en el 2012 se llegaron a 97 000 millones de dólares en ingresos, el déficit fiscal consolidado alcanzó el 17.8 % o el 50 % del PIB. La irresponsabilidad del gobierno de Chávez no tiene parangón histórico en la región. Después de un festín en 10 años con ingresos que superaron el trillón de dólares [un millón de millones de dólares: 2003/2013] el país pasó de un endeudamiento de 35 billones de dólares a 5 veces más, la moneda se desintegró [$ 1=87 billones de bolívares anteriores/Chávez Maduro] y la inflación registró 1.370.000 % en 2018, cifra récord según el FMI.
Con Luis Herrera un bolívar estable, un gasto público represado y divisas petroleras, estimularon las importaciones. Retuvo la liquidez y generó un fuerte escape de divisas, que hizo inevitable la devaluación del bolívar [por primera vez desde Gómez], generando una dañina perversión cambiaria [RECADI]. Se quemaron dólares preferenciales, indiscriminadamente.
RECADI es el padre de CADIVI, dos caporales de corrupción que produjeron riquezas exprés solo comparables a las grandes fortunas de Palo Alto o los Emiratos. RECADI fue el resultado del del Viernes Negro [1983]. Un sistema que introdujo múltiples tipos de cambio y subsidios implícitos a importaciones a dedo.
Así se consolidó un vicio embriagador de la economía venezolana: una elevada [y artificiosa] capacidad de importar que no estaba acompañada por un crecimiento de la productividad interna. La renta financiaba el consumo, con bienes de capital e importaciones a rabiar, pero también generaba grotescas rentas cambiarias. En lugar de que cada dólar petrolero se transformara en producción, se convertía en divisas baratas que financiaban whisky, viajes y boato.
Luis Herrera recibió un país hipotecado, pero deja uno devaluado y en ruinas. Inauguró el metro de Caracas [1983], el Teatro Teresa Carreño [1983], la promulgación de la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público y la construcción del complejo Hidroeléctrico Uribante-Caparo. Pero la deuda externa pasó de 12 billones a 35 billones de dólares, un 60 % del PIB, conservando un superávit del + 0.9 %. Aunque podíamos pagar deuda, en realidad se trataba de pagar la rentabilidad cambiaria de RECADI.
Lusinchi: administrar la escasez
Cuando Jaime Lusinchi asumió el mando, el precio del petróleo no compensaba las distorsiones acumuladas. El país tenía una deuda elevada, control cambiario y un gasto difícil de reducir. Éramos 17,5 millones de habitantes en 1985. La inversión pública continuó, pero en medio de un palmario deterioro. Un ejemplo ilustrativo fue la infraestructura vial. La construcción de la autopista hacia oriente –presupuestada en unos 3 millardos de bolívares– terminó multiplicando varias veces su costo, permaneciendo inconclusa durante décadas.
Lusinchi no aumentó el endeudamiento, pero suspendió el servicio de pago de la deuda externa.
Al final de su gobierno aumentó el gasto público, los subsidios salariales, bonos. El déficit fiscal sube al 7 % y la inflación al 60 %. Las reservas bajan a niveles mínimos. CAP II recibe un país con apenas 750 millones de dólares en reservas, servicio de deuda suspendido [unos 30 billones de dólares] inflación galopante y fuerte déficit fiscal.
Con CAP II pasamos de la borrachera a la anomia absoluta de Chávez.
Carlos Andrés Pérez II: coronación, shock y autogol
1989. Venezuela tiene casi 20 millones de habitantes. El precio petrolero era muy inferior al de la segunda bonanza, y la economía arrastraba controles y subsidios. CAP II intentó corregir el modelo. Su programa de gobierno llamado El gran viraje, eliminó el control cambiario, liberalizó precios, redujo subsidios y abrió la economía. Eliminó RECADI encarando una devaluación cercana al 200 %. El Caracazo [Febrero/1989] se presenta como el costo social de la corrección. Pero quienes defienden el denominado “paquete de shock económico” sostienen que la revuelta no la generó el aumento de los precios de la gasolina [que fue ínfimo], sino la falta de consenso político y el saboteo.
El problema económico era real. Iba más allá de un Caracazo. Venezuela había construido durante años una estructura de consumo parasitaria. La corrección fue demasiado rápida para una población habituada a los subsidios. En todo caso, el PIB decrece en 1989 [primer año de CAP II] pero rebota en un 6 % en 1990, 10.4 % en 1991, 7 % en 1992 y -1 % 1993 [salida]. Justo anotar y subrayar que, por primera vez en la historia, la economía registra un fuerte crecimiento sin dependencia a la renta petrolera.
La renegociación de deuda externa fue el mayor logro financiero de CAP II [cubrió aproximadamente 19 700 millones de deuda externa]. El exministro Miguel Rodríguez –quien lidera el refinanciamiento– es elocuente al decir: “Un ministro de 35 años de edad, y 750 dólares de salario, renegoció para el país una deuda que superaba los 30 billones de dólares, ajustando una quita de intereses de unos 6.6 billones de dólares o 32 % de la deuda”.
El gobierno de CAP II transcurrió en superávit fiscal [1989-1991]. La turbulencia política del 4F-1992 [golpe de Estado] y defenestración de CAP II [entre “Notables”, ajustes de cuenta vía Corte Suprema de Justicia y conjuras soterradas/1993], nos llevan a un salto histórico en retroceso, sin precedentes.
Pasamos de un Estado embriagado de dolores, controles y presidencialismo, a lo peor del siglo XIX: viejas rencillas, polarización, militarismo a lo chapo piedra, rentismo desbordado, socialismo y muerte.
Un autogol que nos costó quedarnos anclados en la III república [porque ni la IV terminó de consolidarse y la V no existió], mar de fondo; sangre, dolor y hambre.
Chávez, el regreso del taita redentor
Cuando Chávez asume la presidencia [1999], el petróleo estaba alrededor de USD 10 por barril. La situación cambió rápidamente. El precio subió superando los USD 130 por barril [2008] y permaneció elevado durante una década. La renta petrolera alcanzó aproximadamente el 23,1 % del PIB en 2004, 28,1 % en 2006, 26,8 % en 2008 y 21,6 % en 2012.
En 2013 Venezuela tenía unos 30 millones de habitantes. La magnitud del ingreso fue excepcional. El gobierno recibió aproximadamente USD 900 000 millones de ingresos petroleros entre [1999 y 2015]. Una parte importante se destinó al gasto social. Las misiones ampliaron salud, alimentación, educación y transferencias. La pobreza disminuyó durante los años de expansión. Pero la composición del gasto fue crucial. Una proporción creciente de PDVSA dejó de financiar exclusivamente inversión petrolera y pasó a financiar gasto social, infraestructura y programas políticos.
La diferencia respecto de los años sesenta y setenta es que ahora la escala de recursos era mucho mayor.
Una PDVSA que fue la segunda empresa de explotación más importante del planeta, la convierten en un sellado de 5 y 6. Y una nómina de excelencia y talento de primera es despedida a punta de silbatos y humillaciones públicas. Más de 20 000 empleados y ejecutivos desalojados como borregos. No es exageración, es historia.
¿Qué construyó cada modelo? Esta es probablemente la comparación más útil. En el periodo 1958–1976 el petróleo financió SIDOR, Guri, Macagua, CADAFE, EDELCA, petroquímica, cementeras, carreteras, sistemas de riego, universidades, escuelas, hospitales, telecomunicaciones, industria automotriz, empresas metalmecánicas.
En 1970 el 78 % de la población urbana tenía agua corriente en su vivienda y el 42 % tenía cloacas. Diversas estimaciones históricas sitúan la cobertura de agua potable alrededor del 84 %, cloacas en 67 % y electricidad en torno al 93 % para 1998. La infraestructura era imperfecta, pero había una expansión cuantificable.
Durante Chávez también hubo construcción. Sería incorrecto decir que todo el gasto fue improductivo. Se construyeron viviendas, hospitales, centros educativos, sistemas de transporte y obras públicas. Pero la comparación debe hacerse contra el tamaño extraordinario de la renta y los costos de obra cuestionables. La principal empresa del país PDVSA, comenzó a perder capital humano y autonomía técnica. La inversión petrolera no siguió adecuadamente las necesidades de mantenimiento y expansión.
La industria manufacturera perdió participación. Las importaciones crecieron. La economía se volvió vorazmente dependiente del petróleo que afianzó el despojo y la política expropiadora. En 2013 el gasto social representaba el 40 % del PIB frente al 28 % en 2000. Esto permitió una redistribución importante, pero insostenible.
Cuba y Petrocaribe: fiesta en el Caribe, sea usted el juez
Cuba llegó a recibir alrededor de 100 000 barriles de petróleo diarios por orden de Chávez durante más de 20 años. Una matemática conservadora arroja por lo menos un cálculo de 50 billones de dólares en petróleo, el cual, por cierto, no llegó a las manos, ni al tanque ni a los generadores de luz del pueblo cubano, sino a los bolsillos de la revolución.
Petrocaribe agregó otros aproximadamente 90.000–100.000 b/d o 30 billones más entre donaciones y “facilidades de pago”. No había diplomacia capaz de competir con los votos comprados en el Caribe. ¿Qué habría producido Venezuela si una parte de esos recursos se hubiera destinado a agua, electricidad, hospitales, mantenimiento de carreteras, universidades, vivienda, ferrocarriles, agricultura, refinerías, mantenimiento de PDVSA? Sea usted el juez.
Después de 2014, Maduro desapareció buena parte de la renta extraordinaria. La producción petrolera cae y el precio se desploma. La población comenzó a disminuir por desplazamiento y hambre. El PIB per cápita nominal pasó de USD 4776 en 2000 a USD 11 000 en 2008 y USD 860 hoy [USD 80 mes]. Así llegó la crisis humanitaria compleja. Más de 11 millones de venezolanos en hambruna. Insólito e inédito en un país rico donde el petróleo hasta ayer había generado la mayor movilidad social y desarrollo urbano en Latinoamérica.
El bolívar ya no sirve ni de papel higiénico. La inflación nos condujo a una dieta de arroz con mango y yuca. Vivimos el mayor desplazamiento del planeta [superior al de sirios y ucranianos], y una represión brutal a lo régimen antillano.
La otra historia de Venezuela algún día deberá ser contada y deberá ser escrita con sangre, dolor y lágrimas. No de honor sino de miseria, pobreza y graves injusticias.
Trump-Venezuela: ¿qué debe medirse?
Las informaciones publicadas indican que North American Blue Energy Partners recibió derechos sobre 17 campos con aproximadamente 65.000 millones de barriles, mientras que EE. UU. tendría una participación del 35 % y derechos preferenciales sobre parte de la producción. La duración del acuerdo petrolero es de 25 años renovables hasta 100.
Se habla de inversiones por el orden de USD 100.000 millones y de USD 209.000 millones en regalías e impuestos durante los primeros 25 años. El problema, a nuestro juicio, no es el alcance del contrato y las partes. El verdadero criterio de evaluación es nuestra cultura política. Quién administra, cómo lo hace, quién rinde cuentas, cómo se ejecuta y qué poder concede al administrador de turno.
Si USD 100.000 millones de inversión consiguen reconstruir, con la producción petrolera, refinerías, oleoductos, electricidad, agua, carreteras, universidades, hospitales, pan y seguridad en cada niño y en cada estómago venezolano, habremos logrado un salto histórico que supera lo institucional y da pulmón a una democracia moderna. Quiero subrayar, diversificada, sanamente embriagada de tecnología y crecimiento no petrolero.
Por el contrario, si la inversión se limita a extraer petróleo y transferir la mayor parte del valor hacia el exterior, permitiendo el afianzamiento de un régimen bajo esquemas de dejar hacer y dejar pasar, por conveniencia e interés del Estado tutor, la historia de desgracias y desarraigo se repetirá inclementemente.
El problema entonces no fue el petróleo. Fue humano, cultural. La prueba de fuego del acuerdo Trump-Venezuela, no es medir si estamos preparados para una elección, sino para reconducir y administrar un país. ¿Lo estamos?
No dudo que talento sobra. El tema es que ese talento sepa comprender que el pueblo no quiere “más petróleo en sus bolsillos”, sino más afecto, inclusión y oportunidades. Ahí la educación es la base, pero con maestros bien pagados y niños bien alimentados.
Pero ese es otro inmenso tema de largos pergaminos, que aún estamos por asimilar y resolver… y que, digerido y resuelto, nos acreditará una merecida distinción: estamos preparados.
En vez de recibir un país hipotecado, podremos decir, he recibido un país redimido y educado. ¡Gloria a Dios…!
@ovierablanco – vierablanco@gmail.com | Activista de DD. HH. / Abogado / Exembajador en Canadá.
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