Cuerpos bajo los escombros: la búsqueda que llegó tarde

Las huellas de buscar a siete familiares bajo los escombros todavía se pueden ver en las manos de Yojan Hernández. Están hinchadas, casi no puede empuñarlas; tienen rasguños, cortadas y costras que aún no han terminado de sanar. Sus pies muestran el mismo desgaste: inflamados, agrietados y llenos de un hongo que le apareció por pasar días y noches enteros —con los mismos zapatos— sumergido en la montaña de ruinas que dejó el desplome de la edificación OPP 25, en Caraballeda, estado La Guaira.

Yojan y varios de sus familiares pasaron más de un mes removiendo escombros, cavando túneles, apartando tierra, rompiendo amasijos de hierro y cabillas con herramientas rudimentarias. Usaban palas, picos, martillos, seguetas y barras; trabajaron con las manos, con lo que tenían, con la fuerza de varios hombres juntos y, al mismo tiempo, solos: sin maquinarias ni equipos especializados y sin la asistencia técnica que se necesita en esos casos. 

En las largas jornadas improvisadas, Yojan y sus familiares alumbraban con sus teléfonos para intentar ver entre las grietas lo que había entre los espacios de aire que dejó el derrumbe de la estructura. El primer rescate lo hicieron así, por una abertura mínima, y con la linterna del celular de Yojan. 

“Era un niño, lo sacamos como a un cachorro, después vinieron los otros rescates, pocos con vida, otros sin signos vitales, pero fuimos nosotros mismos, 24/7 ahí metidos. Siete fallecidos, y uno no lo conseguimos que es mi sobrino de ocho años”.

Esa sensación de abandono no fue solo de Yojan. Daniela Pereira, quien perdió a su hermano, su sobrino y su cuñada en la OPP 33, afirmó que la maquinaria pesada llegó cuarenta días después del doble terremoto, cuando la comunidad ya había removido buena parte de los escombros por su cuenta y ya habían hecho los rescates de las personas que lograron salir con vida. “Nosotros empezamos solos, la maquinaria llegó cuando sabía que ya solo quedaban cuerpos por rescatar. Aún falta que rescaten el cuerpo de mi cuñada, a mi hermano y mi sobrino lo rescataron el día 47”, dijo Pereira. 

El proceso para recuperar los cuerpos que aún permanecen bajo los escombros cambió por completo entre los primeros días de la tragedia y el día 50. La búsqueda pasó de ser comunitaria e improvisada a un operativo técnico, con procedimientos y protocolos establecidos, delimitación de las áreas, con presencia policial y personal especializado.

“Proceso minucioso”

Ronndany Terán, uno de los miembros de Protección Civil (PC) Trujillo que vino a La Guaira para apoyar en las labores de rescate, explicó que una vez que ingresan los equipos especializados a la estructura colapsada, el procedimiento se ajusta a los protocolos establecidos para estos casos.

De acuerdo con Terán, el proceso de extracción cuando se detecta un cuerpo es “minucioso”. La maquinaria va haciendo una limpieza cuidadosa y con mucha delicadeza, junto a un personal que está observando todos los detalles. Al detectar un cuerpo, la maquinaria se detiene para hacer un trabajo de arqueología, que es descubrir el cuerpo con mucho cuidado para tratar de preservarlo en su totalidad.

Luego de que descubren un cuerpo, los familiares son llamados para que hagan la identificación. En la mayoría de los casos, según comentó Terán, los parientes logran identificarlos por las prendas o joyas que llevaban puestas, tatuajes, la ropa y pertenencias con las que fueron hallados. 

Según el funcionario de Protección Civil Trujillo, al momento de la extracción, las personas deben colocarse un traje de bioseguridad para reconocer el cadáver. Una vez identificado el cuerpo, es trasladado a la morgue en bolsas especiales para continuar con el proceso legal correspondiente.

Terán comentó que, a 50 días de los terremotos, el estado de los cuerpos hallados es distinto al que muchos imaginan. Según explicó, los cadáveres que han encontrado en los pisos inferiores “están en mejores condiciones que los que encontraron días antes”. 

“La zona donde están los cadáveres —pisos bajos— no les pega el sol y tienen poco oxígeno, están como en una cápsula, aparte tienen tierra que los cubre lo que ralentiza el proceso de descomposición”, explicó.

Angels Andrade, habitante de la zona y empleada del Ministerio de Obras Públicas, confirmó que el operativo técnico para la recuperación de cadáveres —aunque llegó retrasado— es un trabajo que, si bien no ha sido rápido, tampoco puede considerarse lento porque “cada movimiento se está haciendo con mucho cuidado para entregar los cuerpos lo más completos posible”. 

Aseguró que en el lugar trabajan la Guardia Nacional Bolivariana, los bomberos de La Guaira, Protección Civil y los voluntarios de la comunidad. Según sus estimaciones, aún quedan alrededor de 30 cuerpos por rescatar en la OPP 25, un trabajo que podría extenderse por al menos 15 días más por las condiciones climáticas y del terreno.

Gestión digna de cadáveres

Lo que describe el funcionario de Protección Civil coincide con las recomendaciones internacionales establecidas por Organismos como el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud en el manejo adecuado y digno de los cadáveres luego de catástrofes naturales. 

Considerado como un pilar fundamental de la respuesta humanitaria, los lineamientos establecidos sugieren que la recuperación de los cuerpos debe ser cuidadosa, contar con documentación e identificación precisa que les permita a sus familiares saber qué pasó con sus seres queridos. 

Los estándares señalan que la pronta recuperación de los cadáveres es prioritaria para mitigar la carga psicológica de los sobrevivientes y sus familiares. Sin embargo, familias como las de Yojan y Daniela pasaron más de seis semanas esperando por los organismos competentes para recuperar los cuerpos de sus allegados. Muchos hoy siguen desaparecidos. 

El exdirector de Protección Civil, Antonio Rivero explicó que la tardanza y las consecuencias de la recuperación tardía de los cuerpos de las víctimas tras los terremotos se puede analizar desde el punto de vista operativo y humanitario. 

Para Rivero es “sumamente doloroso, trágico y vergonzoso” la tardanza del gobierno a la hora de recuperar los cuerpos de los fallecidos. Además de que hasta el momento no ha informado la cifra exacta de desaparecidos, lo que a su juicio constituye una “grave falla gubernamental”. 

El exdirector de Protección Civil recalcó que el Estado tiene una altísima responsabilidad en el deber de rescatar y buscar personas que son señaladas como desaparecidas. Agregó que cuando se producen tantos fallecimientos por ese tipo de catástrofes naturales es “obligatorio” la recuperación de todos los cuerpos después de un fallecimiento de esa naturaleza. 

Las cifras oficiales y las estimaciones internacionales sobre las personas desaparecidas no coinciden. El 25 de junio, el gobierno informó que 157 personas no habían sido encontradas. Mes y medio después,  el gobernador del estado La Guaira, José Alejandro Terán, elevó el número a 1579 desaparecidos. Por su parte, las Naciones Unidas estimó que el número de personas desaparecidas por los terremotos podría rondar los 50 000.

La ausencia de este dato ha sido denunciado por familiares que continúan buscando a sus allegados y por organizaciones de derechos humanos que advierten que sin una cifra oficial es imposible dimensionar el impacto real de la emergencia.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país 

El proceso para recuperar los cuerpos que aún permanecen bajo los escombros cambió por completo entre los primeros días de la tragedia y el día 50. La búsqueda pasó de ser comunitaria e improvisada a un operativo técnico, con procedimientos y protocolos establecidos, delimitación de las áreas, con presencia policial y personal especializado
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Las huellas de buscar a siete familiares bajo los escombros todavía se pueden ver en las manos de Yojan Hernández. Están hinchadas, casi no puede empuñarlas; tienen rasguños, cortadas y costras que aún no han terminado de sanar. Sus pies muestran el mismo desgaste: inflamados, agrietados y llenos de un hongo que le apareció por pasar días y noches enteros —con los mismos zapatos— sumergido en la montaña de ruinas que dejó el desplome de la edificación OPP 25, en Caraballeda, estado La Guaira.

Yojan y varios de sus familiares pasaron más de un mes removiendo escombros, cavando túneles, apartando tierra, rompiendo amasijos de hierro y cabillas con herramientas rudimentarias. Usaban palas, picos, martillos, seguetas y barras; trabajaron con las manos, con lo que tenían, con la fuerza de varios hombres juntos y, al mismo tiempo, solos: sin maquinarias ni equipos especializados y sin la asistencia técnica que se necesita en esos casos. 

En las largas jornadas improvisadas, Yojan y sus familiares alumbraban con sus teléfonos para intentar ver entre las grietas lo que había entre los espacios de aire que dejó el derrumbe de la estructura. El primer rescate lo hicieron así, por una abertura mínima, y con la linterna del celular de Yojan. 

“Era un niño, lo sacamos como a un cachorro, después vinieron los otros rescates, pocos con vida, otros sin signos vitales, pero fuimos nosotros mismos, 24/7 ahí metidos. Siete fallecidos, y uno no lo conseguimos que es mi sobrino de ocho años”.

Esa sensación de abandono no fue solo de Yojan. Daniela Pereira, quien perdió a su hermano, su sobrino y su cuñada en la OPP 33, afirmó que la maquinaria pesada llegó cuarenta días después del doble terremoto, cuando la comunidad ya había removido buena parte de los escombros por su cuenta y ya habían hecho los rescates de las personas que lograron salir con vida. “Nosotros empezamos solos, la maquinaria llegó cuando sabía que ya solo quedaban cuerpos por rescatar. Aún falta que rescaten el cuerpo de mi cuñada, a mi hermano y mi sobrino lo rescataron el día 47”, dijo Pereira. 

El proceso para recuperar los cuerpos que aún permanecen bajo los escombros cambió por completo entre los primeros días de la tragedia y el día 50. La búsqueda pasó de ser comunitaria e improvisada a un operativo técnico, con procedimientos y protocolos establecidos, delimitación de las áreas, con presencia policial y personal especializado.

“Proceso minucioso”

Ronndany Terán, uno de los miembros de Protección Civil (PC) Trujillo que vino a La Guaira para apoyar en las labores de rescate, explicó que una vez que ingresan los equipos especializados a la estructura colapsada, el procedimiento se ajusta a los protocolos establecidos para estos casos.

De acuerdo con Terán, el proceso de extracción cuando se detecta un cuerpo es “minucioso”. La maquinaria va haciendo una limpieza cuidadosa y con mucha delicadeza, junto a un personal que está observando todos los detalles. Al detectar un cuerpo, la maquinaria se detiene para hacer un trabajo de arqueología, que es descubrir el cuerpo con mucho cuidado para tratar de preservarlo en su totalidad.

Luego de que descubren un cuerpo, los familiares son llamados para que hagan la identificación. En la mayoría de los casos, según comentó Terán, los parientes logran identificarlos por las prendas o joyas que llevaban puestas, tatuajes, la ropa y pertenencias con las que fueron hallados. 

Según el funcionario de Protección Civil Trujillo, al momento de la extracción, las personas deben colocarse un traje de bioseguridad para reconocer el cadáver. Una vez identificado el cuerpo, es trasladado a la morgue en bolsas especiales para continuar con el proceso legal correspondiente.

Terán comentó que, a 50 días de los terremotos, el estado de los cuerpos hallados es distinto al que muchos imaginan. Según explicó, los cadáveres que han encontrado en los pisos inferiores “están en mejores condiciones que los que encontraron días antes”. 

“La zona donde están los cadáveres —pisos bajos— no les pega el sol y tienen poco oxígeno, están como en una cápsula, aparte tienen tierra que los cubre lo que ralentiza el proceso de descomposición”, explicó.

Angels Andrade, habitante de la zona y empleada del Ministerio de Obras Públicas, confirmó que el operativo técnico para la recuperación de cadáveres —aunque llegó retrasado— es un trabajo que, si bien no ha sido rápido, tampoco puede considerarse lento porque “cada movimiento se está haciendo con mucho cuidado para entregar los cuerpos lo más completos posible”. 

Aseguró que en el lugar trabajan la Guardia Nacional Bolivariana, los bomberos de La Guaira, Protección Civil y los voluntarios de la comunidad. Según sus estimaciones, aún quedan alrededor de 30 cuerpos por rescatar en la OPP 25, un trabajo que podría extenderse por al menos 15 días más por las condiciones climáticas y del terreno.

Gestión digna de cadáveres

Lo que describe el funcionario de Protección Civil coincide con las recomendaciones internacionales establecidas por Organismos como el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud en el manejo adecuado y digno de los cadáveres luego de catástrofes naturales. 

Considerado como un pilar fundamental de la respuesta humanitaria, los lineamientos establecidos sugieren que la recuperación de los cuerpos debe ser cuidadosa, contar con documentación e identificación precisa que les permita a sus familiares saber qué pasó con sus seres queridos. 

Los estándares señalan que la pronta recuperación de los cadáveres es prioritaria para mitigar la carga psicológica de los sobrevivientes y sus familiares. Sin embargo, familias como las de Yojan y Daniela pasaron más de seis semanas esperando por los organismos competentes para recuperar los cuerpos de sus allegados. Muchos hoy siguen desaparecidos. 

El exdirector de Protección Civil, Antonio Rivero explicó que la tardanza y las consecuencias de la recuperación tardía de los cuerpos de las víctimas tras los terremotos se puede analizar desde el punto de vista operativo y humanitario. 

Para Rivero es “sumamente doloroso, trágico y vergonzoso” la tardanza del gobierno a la hora de recuperar los cuerpos de los fallecidos. Además de que hasta el momento no ha informado la cifra exacta de desaparecidos, lo que a su juicio constituye una “grave falla gubernamental”. 

El exdirector de Protección Civil recalcó que el Estado tiene una altísima responsabilidad en el deber de rescatar y buscar personas que son señaladas como desaparecidas. Agregó que cuando se producen tantos fallecimientos por ese tipo de catástrofes naturales es “obligatorio” la recuperación de todos los cuerpos después de un fallecimiento de esa naturaleza. 

Las cifras oficiales y las estimaciones internacionales sobre las personas desaparecidas no coinciden. El 25 de junio, el gobierno informó que 157 personas no habían sido encontradas. Mes y medio después,  el gobernador del estado La Guaira, José Alejandro Terán, elevó el número a 1579 desaparecidos. Por su parte, las Naciones Unidas estimó que el número de personas desaparecidas por los terremotos podría rondar los 50 000.

La ausencia de este dato ha sido denunciado por familiares que continúan buscando a sus allegados y por organizaciones de derechos humanos que advierten que sin una cifra oficial es imposible dimensionar el impacto real de la emergencia.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país 

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