Un plan para Venezuela (primera parte)

Con este artículo inicio una serie de trabajos cortos sobre lo que hay que hacer en Venezuela si de verdad se quiere cambiar y llegar a recuperar lo que en algún momento fuimos: un país en el que los extranjeros venían a quedarse y hacer familia y un país en el que los venezolanos sentían que había futuro y que ese futuro era promisorio.

Es necesario entender que las soluciones inmediatas y fáciles no existen, y menos en un país que ha sido destruido. La poca institucional que tuvimos no existe, la precaria industrialización que se armó antes de la década de los 80 en Venezuela no existe, y las empresas que el gobierno de Carlos Andrés Pérez en los 70 tampoco puede ser reflotadas de la noche a la mañana. Además el gobierno no cuenta con los capitales para hacerlo.

El segundo punto que hay que entender es que el gasto del gobierno no es, como afirman los economistas, el generador de la dinamización económica. Y como es difícil hacer entender esto a las personas comunes, y a los mismos colegas, les invito a ver el siguiente gráfico, donde represento en color azul la proporción de gasto con el producto interno bruto, y en color rojo el crecimiento del mismo producto interno bruto. 

Ambos están en el mismo eje numérico para que observen dos cosas: la primera es que, si el gobierno aumenta el gasto, la economía disminuye su crecimiento; y lo otro es que parece que en Venezuela lo que me enseñaron en mi carrera es falso: el gasto gubernamental no multiplica el crecimiento, lo divide. 

Pueden preguntar ¿y por qué? Bueno, Venezuela, como dijo en algún momento Ernesto Peltzer, tiene una estructura de producción fragmentada. Eso significa, de manera coloquial, es que produce algunas materias primas y consume, pero lo que consume no lo produce; en el medio hay que importar el bien final que se consume, o hay que importar los insumos con los que se produce ese bien de consumo. Como los gobiernos consumen, y el nuestro lo hace, termina directa o indirectamente importando, lo que estimula a todos los países que producen cosas que nosotros compramos y no apoya el crecimiento venezolano.

Por tanto, no es con crecimiento del gasto que se crece. También explica por qué un país austero como lo fue el anterior a Marcos Pérez Jiménez y el anterior a su colombroño Carlos Andrés Pérez (1974-1979), el país crecía más. Mis colegas economistas pueden observar que en esa gráfica las dos variables parecen moverse con correlación negativa. Otra cosa que puede intrigar es por qué el gráfico llega hasta 1998. Bueno, los datos con los que se construye el gráfico llegan hasta ahí, cuando aparezcan nuevos datos, podremos extender la gráfica.

Lo que grita el gráfico es que hay que reducir el gasto del Gobierno de manera urgente. Eso, por supuesto, no es decirlo y hacerlo; hay que escoger de forma concienzuda qué debe ser eliminado. Y lo más doloroso es que hay que causar desempleo gubernamental, por lo que esto no puede ser en el corto plazo, sino que debe aparejar la privatización de empresas que siguen en manos del gobierno y oficinas innecesarias con la reducción de la nómina del gobierno.

Ese es un proceso largo y complicado, pero hay que hacerlo y, sobre todo, hay que ir instruyendo a los venezolanos para que entiendan por qué se hace. Lo otro es que, si queremos crecer, hay que bajar las tasas de impuestos (aranceles, IVA, ISLR, incluso los impuestos municipales) para dar estímulo a la inversión.

En Venezuela no hay capitales, por lo que hay que atraerlos, y convencerlos de que es mejor que pongan su dinero aquí que en otras partes. Así como en 1958 Venezuela elevó los impuestos a las trasnacionales petroleras, y se convirtió en el primer país en cobrar impuestos leoninos a las trasnacionales, tenemos que convertirnos en los líderes de la reducción del impuesto.

Hay que preguntarse si nosotros quisiéramos invertir en un país lleno de incertidumbres, y además con las mismas tasas de impuesto o mayores que en cualquier otro. Respondan esa pregunta y sabrán qué hay que hacer.

Otro elemento del cual hablaremos más adelante es la deuda. Hoy estamos en default, es decir, no la pagamos, pero eso debe ser resuelto y renegociado, por lo que eso añadirá más leña al problema fiscal venezolano.

(Esto continuará…).

@daniellahoud

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Con este artículo inicio una serie de trabajos cortos sobre lo que hay que hacer en Venezuela si de verdad se quiere cambiar y llegar a recuperar lo que en algún momento fuimos: un país en el que los extranjeros venían a quedarse y hacer familia y un país en el que los venezolanos sentían que había futuro y que ese futuro era promisorio.

Es necesario entender que las soluciones inmediatas y fáciles no existen, y menos en un país que ha sido destruido. La poca institucional que tuvimos no existe, la precaria industrialización que se armó antes de la década de los 80 en Venezuela no existe, y las empresas que el gobierno de Carlos Andrés Pérez en los 70 tampoco puede ser reflotadas de la noche a la mañana. Además el gobierno no cuenta con los capitales para hacerlo.

El segundo punto que hay que entender es que el gasto del gobierno no es, como afirman los economistas, el generador de la dinamización económica. Y como es difícil hacer entender esto a las personas comunes, y a los mismos colegas, les invito a ver el siguiente gráfico, donde represento en color azul la proporción de gasto con el producto interno bruto, y en color rojo el crecimiento del mismo producto interno bruto. 

Ambos están en el mismo eje numérico para que observen dos cosas: la primera es que, si el gobierno aumenta el gasto, la economía disminuye su crecimiento; y lo otro es que parece que en Venezuela lo que me enseñaron en mi carrera es falso: el gasto gubernamental no multiplica el crecimiento, lo divide. 

Pueden preguntar ¿y por qué? Bueno, Venezuela, como dijo en algún momento Ernesto Peltzer, tiene una estructura de producción fragmentada. Eso significa, de manera coloquial, es que produce algunas materias primas y consume, pero lo que consume no lo produce; en el medio hay que importar el bien final que se consume, o hay que importar los insumos con los que se produce ese bien de consumo. Como los gobiernos consumen, y el nuestro lo hace, termina directa o indirectamente importando, lo que estimula a todos los países que producen cosas que nosotros compramos y no apoya el crecimiento venezolano.

Por tanto, no es con crecimiento del gasto que se crece. También explica por qué un país austero como lo fue el anterior a Marcos Pérez Jiménez y el anterior a su colombroño Carlos Andrés Pérez (1974-1979), el país crecía más. Mis colegas economistas pueden observar que en esa gráfica las dos variables parecen moverse con correlación negativa. Otra cosa que puede intrigar es por qué el gráfico llega hasta 1998. Bueno, los datos con los que se construye el gráfico llegan hasta ahí, cuando aparezcan nuevos datos, podremos extender la gráfica.

Lo que grita el gráfico es que hay que reducir el gasto del Gobierno de manera urgente. Eso, por supuesto, no es decirlo y hacerlo; hay que escoger de forma concienzuda qué debe ser eliminado. Y lo más doloroso es que hay que causar desempleo gubernamental, por lo que esto no puede ser en el corto plazo, sino que debe aparejar la privatización de empresas que siguen en manos del gobierno y oficinas innecesarias con la reducción de la nómina del gobierno.

Ese es un proceso largo y complicado, pero hay que hacerlo y, sobre todo, hay que ir instruyendo a los venezolanos para que entiendan por qué se hace. Lo otro es que, si queremos crecer, hay que bajar las tasas de impuestos (aranceles, IVA, ISLR, incluso los impuestos municipales) para dar estímulo a la inversión.

En Venezuela no hay capitales, por lo que hay que atraerlos, y convencerlos de que es mejor que pongan su dinero aquí que en otras partes. Así como en 1958 Venezuela elevó los impuestos a las trasnacionales petroleras, y se convirtió en el primer país en cobrar impuestos leoninos a las trasnacionales, tenemos que convertirnos en los líderes de la reducción del impuesto.

Hay que preguntarse si nosotros quisiéramos invertir en un país lleno de incertidumbres, y además con las mismas tasas de impuesto o mayores que en cualquier otro. Respondan esa pregunta y sabrán qué hay que hacer.

Otro elemento del cual hablaremos más adelante es la deuda. Hoy estamos en default, es decir, no la pagamos, pero eso debe ser resuelto y renegociado, por lo que eso añadirá más leña al problema fiscal venezolano.

(Esto continuará…).

@daniellahoud

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Hay que preguntarse si nosotros quisiéramos invertir en un país lleno de incertidumbres, y además con las mismas tasas de impuesto o mayores que en cualquier otro
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Es necesario entender que las soluciones inmediatas y fáciles no existen, y menos en un país que ha sido destruido. La poca institucional que tuvimos no existe, la precaria industrialización que se armó antes de la década de los 80 en Venezuela no existe, y las empresas que el gobierno de Carlos Andrés Pérez en los 70 tampoco puede ser reflotadas de la noche a la mañana. Además el gobierno no cuenta con los capitales para hacerlo.

El segundo punto que hay que entender es que el gasto del gobierno no es, como afirman los economistas, el generador de la dinamización económica. Y como es difícil hacer entender esto a las personas comunes, y a los mismos colegas, les invito a ver el siguiente gráfico, donde represento en color azul la proporción de gasto con el producto interno bruto, y en color rojo el crecimiento del mismo producto interno bruto. 

Ambos están en el mismo eje numérico para que observen dos cosas: la primera es que, si el gobierno aumenta el gasto, la economía disminuye su crecimiento; y lo otro es que parece que en Venezuela lo que me enseñaron en mi carrera es falso: el gasto gubernamental no multiplica el crecimiento, lo divide. 

Pueden preguntar ¿y por qué? Bueno, Venezuela, como dijo en algún momento Ernesto Peltzer, tiene una estructura de producción fragmentada. Eso significa, de manera coloquial, es que produce algunas materias primas y consume, pero lo que consume no lo produce; en el medio hay que importar el bien final que se consume, o hay que importar los insumos con los que se produce ese bien de consumo. Como los gobiernos consumen, y el nuestro lo hace, termina directa o indirectamente importando, lo que estimula a todos los países que producen cosas que nosotros compramos y no apoya el crecimiento venezolano.

Por tanto, no es con crecimiento del gasto que se crece. También explica por qué un país austero como lo fue el anterior a Marcos Pérez Jiménez y el anterior a su colombroño Carlos Andrés Pérez (1974-1979), el país crecía más. Mis colegas economistas pueden observar que en esa gráfica las dos variables parecen moverse con correlación negativa. Otra cosa que puede intrigar es por qué el gráfico llega hasta 1998. Bueno, los datos con los que se construye el gráfico llegan hasta ahí, cuando aparezcan nuevos datos, podremos extender la gráfica.

Lo que grita el gráfico es que hay que reducir el gasto del Gobierno de manera urgente. Eso, por supuesto, no es decirlo y hacerlo; hay que escoger de forma concienzuda qué debe ser eliminado. Y lo más doloroso es que hay que causar desempleo gubernamental, por lo que esto no puede ser en el corto plazo, sino que debe aparejar la privatización de empresas que siguen en manos del gobierno y oficinas innecesarias con la reducción de la nómina del gobierno.

Ese es un proceso largo y complicado, pero hay que hacerlo y, sobre todo, hay que ir instruyendo a los venezolanos para que entiendan por qué se hace. Lo otro es que, si queremos crecer, hay que bajar las tasas de impuestos (aranceles, IVA, ISLR, incluso los impuestos municipales) para dar estímulo a la inversión.

En Venezuela no hay capitales, por lo que hay que atraerlos, y convencerlos de que es mejor que pongan su dinero aquí que en otras partes. Así como en 1958 Venezuela elevó los impuestos a las trasnacionales petroleras, y se convirtió en el primer país en cobrar impuestos leoninos a las trasnacionales, tenemos que convertirnos en los líderes de la reducción del impuesto.

Hay que preguntarse si nosotros quisiéramos invertir en un país lleno de incertidumbres, y además con las mismas tasas de impuesto o mayores que en cualquier otro. Respondan esa pregunta y sabrán qué hay que hacer.

Otro elemento del cual hablaremos más adelante es la deuda. Hoy estamos en default, es decir, no la pagamos, pero eso debe ser resuelto y renegociado, por lo que eso añadirá más leña al problema fiscal venezolano.

(Esto continuará…).

@daniellahoud

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