Cómo se vive con un salario mínimo de 0,33 centavos de dólar al mes

Luis Eduardo Martínez* cree firmemente en que todos los días “hay que salir a ganarse la vida”, incluso cuando su salario mensual  —congelado desde hace cuatro años en 130 bolívares, unos 0.33 centavos de dólar— no le alcance ni siquiera para satisfacer sus necesidades más básicas.

Desde hace 15 años, Martínez trabaja en la estatal Corpoelec y, desde entonces, mantiene la misma rutina: se levanta a las cinco de la mañana, prepara el café, se enfunda su uniforme azul desgastado y baja del barrio José Félix Ribas, en Petare, a enfrentarse con el tumulto del Metro de Caracas para, finalmente, llegar a La Yaguara y cumplir con su labor de solventar las fallas que se generen. 

Esa vestimenta que en algún momento representó para Martínez y los suyos estabilidad económica y orgullo, hoy en día es un símbolo de lucha y resistencia que a diario le recuerda que la nevera está vacía, que hay necesidades que suplir y cuentas por pagar. 

Maromas para sobrevivir

Luis Eduardo Martínez es padre de dos adolescentes que están estudiando y quieren ir a la universidad. Aunque el tema salarial lo mortifica, agradece a su padre que le enseñó a arreglar televisores, microondas, cafeteras y hasta lavadoras. Con eso, asegura, resuelve varias cosas, porque tiene muchos clientes. 

“Yo no me quedo esperando, yo me enfrento a la vida diariamente y le busco lo positivo a todo, si no es por una cosa hago dinero por otra, sé reparar electrodomésticos, sé de albañilería y carpintería, me gano la vida honradamente y, aunque es difícil porque todo está muy costoso, principalmente la comida, uno va resolviendo y echando pa´lante”, dijo Martínez.

El empleado de Corpoelec reconoce que en ocasiones le resulta agobiante tener que hacer tantas cosas para llevar la comida a su casa. Añora aquellos años cuando su sueldo le alcanzaba para todo incluso ahorrar. 

Luis Eduardo comenta que desde hace varios años se han privado de vacaciones, viajes, y algunos lujos por la situación económica del país. Expresó que el dinero solo alcanza para la alimentación y que no todos los días comen carne o proteínas para “ahorrar”.  

Pide a Dios que no ocurra alguna emergencia o imprevisto de salud a ningún miembro de su familia porque “ahí se complicaría la cosa”.

Desde el 25 marzo de 2022 —último aumento anunciado por el gobierno del expresidente Nicolás Maduro— el salario mínimo de los trabajadores en Venezuela se mantiene estancado en Bs. 130 mensuales, lo que en ese entonces equivalía a 30 dólares, hoy en día son 0.33 centavos de dólar, una cifra que está muy por debajo del umbral de pobreza extrema recientemente actualizado por el Banco Mundial, que establece que una persona necesita al menos tres dólares diarios para no ser considerada en esa condición.

De acuerdo a cifras emitidas por el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), el costo de la canasta básica se ubicó en enero de 2026 en 677,17 dólares, es decir, un trabajador necesita más de 2000 meses de salario mínimo para cubrir un mes de alimentación. 

Según el Cendas, el aumento mensual fue de 19,4%, mientras que la variación anual alcanzó 681,1% en bolívares y 42% en dólares. Para cubrir la canasta básica del mes de enero se necesitaron 1.719 salarios mínimos.

“Los bonos ayudan al momento”

Para paliar la crisis de los sueldos y salarios, el Ejecutivo entrega mensualmente un bono discrecional de $120 mensuales para los trabajadores de la administración pública, el mismo no tiene incidencia en prestaciones y tampoco genera pasivos laborales. 

Sobre los bonos que recibe, Martínez afirma que “ayudan al momento” pero sabe que no es el deber ser. “Los bonos no suman a la hora de pedir las prestaciones o vacaciones, ayudan a solventar cosas, pero al final es un pañito de agua tibia, me importa más que mejoren el sueldo y todas las bonificaciones que establece la ley”, aseveró. 

El pasado mes de febrero, la organización Monitor Sindical Venezuela, plataforma de acción y denuncia de las organizaciones sindicales y gremiales autónomas del país, señaló que una propuesta de salario mínimo a 200 dólares “ya es insuficiente”.

A través de su cuenta en X, la organización argumentó que la inflación galopante “ha pulverizado el poder adquisitivo de todos los venezolanos” por lo que exigen un aumento de salario mínimo de, al menos, 300 dólares.

Derechos vulnerados 

La historia de Luis Eduardo Martínez es la de millones de venezolanos que, a diario, deben hacer maromas para subsistir. Un salario mínimo congelado desde 2022, no solo afecta su bolsillo, también vulnera sus derechos humanos y viola las leyes establecidas en la Constitución y en tratados internacionales.

El artículo 91 de la Constitución establece que “todo trabajador tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”. Además, ordena que el salario sea ajustado anualmente tomando como referencia el costo de la canasta básica.

En el artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos queda claro que “toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana”.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), de igual manera, establece que los salarios de los trabajadores deben “garantizar las necesidades del trabajador y su familia”.

Un salario que equivale a 0.33 centavos de dólar viola derechos fundamentales como el derecho al trabajo digno, el derecho a un salario suficiente, a una alimentación adecuada, a una salud de calidad, a un nivel de vida adecuado y también el derecho a la igualdad y no discriminación debido a que la brecha salarial entre el sector público y privado es bastante amplia. 

Aunque el optimismo de Luis Eduardo le gana a la adversidad, las carencias que genera un salario mínimo insuficiente dejan en él y en todos los venezolanos huellas emocionales que podrían traducirse en frustración, estrés y cansancio acumulado. 

“El salario tienen que ajustarlo tarde o temprano, pero lo que hemos vivido los trabajadores es una huella imborrable. Han sido muchos años resolviendo para sobrevivir. Espero que todo cambie rápido”, finalizó Martínez.

*El nombre del entrevistado fue cambiado para evitar represalias laborales.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La historia de Luis Eduardo Martínez es la de millones de venezolanos que, a diario, deben hacer maromas para subsistir. Un salario mínimo congelado desde 2022, no solo afecta su bolsillo, también vulnera sus derechos humanos y viola las leyes establecidas en la Constitución y en tratados internacionales
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Luis Eduardo Martínez* cree firmemente en que todos los días “hay que salir a ganarse la vida”, incluso cuando su salario mensual  —congelado desde hace cuatro años en 130 bolívares, unos 0.33 centavos de dólar— no le alcance ni siquiera para satisfacer sus necesidades más básicas.

Desde hace 15 años, Martínez trabaja en la estatal Corpoelec y, desde entonces, mantiene la misma rutina: se levanta a las cinco de la mañana, prepara el café, se enfunda su uniforme azul desgastado y baja del barrio José Félix Ribas, en Petare, a enfrentarse con el tumulto del Metro de Caracas para, finalmente, llegar a La Yaguara y cumplir con su labor de solventar las fallas que se generen. 

Esa vestimenta que en algún momento representó para Martínez y los suyos estabilidad económica y orgullo, hoy en día es un símbolo de lucha y resistencia que a diario le recuerda que la nevera está vacía, que hay necesidades que suplir y cuentas por pagar. 

Maromas para sobrevivir

Luis Eduardo Martínez es padre de dos adolescentes que están estudiando y quieren ir a la universidad. Aunque el tema salarial lo mortifica, agradece a su padre que le enseñó a arreglar televisores, microondas, cafeteras y hasta lavadoras. Con eso, asegura, resuelve varias cosas, porque tiene muchos clientes. 

“Yo no me quedo esperando, yo me enfrento a la vida diariamente y le busco lo positivo a todo, si no es por una cosa hago dinero por otra, sé reparar electrodomésticos, sé de albañilería y carpintería, me gano la vida honradamente y, aunque es difícil porque todo está muy costoso, principalmente la comida, uno va resolviendo y echando pa´lante”, dijo Martínez.

El empleado de Corpoelec reconoce que en ocasiones le resulta agobiante tener que hacer tantas cosas para llevar la comida a su casa. Añora aquellos años cuando su sueldo le alcanzaba para todo incluso ahorrar. 

Luis Eduardo comenta que desde hace varios años se han privado de vacaciones, viajes, y algunos lujos por la situación económica del país. Expresó que el dinero solo alcanza para la alimentación y que no todos los días comen carne o proteínas para “ahorrar”.  

Pide a Dios que no ocurra alguna emergencia o imprevisto de salud a ningún miembro de su familia porque “ahí se complicaría la cosa”.

Desde el 25 marzo de 2022 —último aumento anunciado por el gobierno del expresidente Nicolás Maduro— el salario mínimo de los trabajadores en Venezuela se mantiene estancado en Bs. 130 mensuales, lo que en ese entonces equivalía a 30 dólares, hoy en día son 0.33 centavos de dólar, una cifra que está muy por debajo del umbral de pobreza extrema recientemente actualizado por el Banco Mundial, que establece que una persona necesita al menos tres dólares diarios para no ser considerada en esa condición.

De acuerdo a cifras emitidas por el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), el costo de la canasta básica se ubicó en enero de 2026 en 677,17 dólares, es decir, un trabajador necesita más de 2000 meses de salario mínimo para cubrir un mes de alimentación. 

Según el Cendas, el aumento mensual fue de 19,4%, mientras que la variación anual alcanzó 681,1% en bolívares y 42% en dólares. Para cubrir la canasta básica del mes de enero se necesitaron 1.719 salarios mínimos.

“Los bonos ayudan al momento”

Para paliar la crisis de los sueldos y salarios, el Ejecutivo entrega mensualmente un bono discrecional de $120 mensuales para los trabajadores de la administración pública, el mismo no tiene incidencia en prestaciones y tampoco genera pasivos laborales. 

Sobre los bonos que recibe, Martínez afirma que “ayudan al momento” pero sabe que no es el deber ser. “Los bonos no suman a la hora de pedir las prestaciones o vacaciones, ayudan a solventar cosas, pero al final es un pañito de agua tibia, me importa más que mejoren el sueldo y todas las bonificaciones que establece la ley”, aseveró. 

El pasado mes de febrero, la organización Monitor Sindical Venezuela, plataforma de acción y denuncia de las organizaciones sindicales y gremiales autónomas del país, señaló que una propuesta de salario mínimo a 200 dólares “ya es insuficiente”.

A través de su cuenta en X, la organización argumentó que la inflación galopante “ha pulverizado el poder adquisitivo de todos los venezolanos” por lo que exigen un aumento de salario mínimo de, al menos, 300 dólares.

Derechos vulnerados 

La historia de Luis Eduardo Martínez es la de millones de venezolanos que, a diario, deben hacer maromas para subsistir. Un salario mínimo congelado desde 2022, no solo afecta su bolsillo, también vulnera sus derechos humanos y viola las leyes establecidas en la Constitución y en tratados internacionales.

El artículo 91 de la Constitución establece que “todo trabajador tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”. Además, ordena que el salario sea ajustado anualmente tomando como referencia el costo de la canasta básica.

En el artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos queda claro que “toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana”.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), de igual manera, establece que los salarios de los trabajadores deben “garantizar las necesidades del trabajador y su familia”.

Un salario que equivale a 0.33 centavos de dólar viola derechos fundamentales como el derecho al trabajo digno, el derecho a un salario suficiente, a una alimentación adecuada, a una salud de calidad, a un nivel de vida adecuado y también el derecho a la igualdad y no discriminación debido a que la brecha salarial entre el sector público y privado es bastante amplia. 

Aunque el optimismo de Luis Eduardo le gana a la adversidad, las carencias que genera un salario mínimo insuficiente dejan en él y en todos los venezolanos huellas emocionales que podrían traducirse en frustración, estrés y cansancio acumulado. 

“El salario tienen que ajustarlo tarde o temprano, pero lo que hemos vivido los trabajadores es una huella imborrable. Han sido muchos años resolviendo para sobrevivir. Espero que todo cambie rápido”, finalizó Martínez.

*El nombre del entrevistado fue cambiado para evitar represalias laborales.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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