A un mes de la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la ONG Laboratorio de Paz presentó un análisis del hecho que alteró -por completo- el tablero político en Venezuela.
A través de un comunicado, la ONG advirtió que el proceso está lejos de haberse estabilizado y que la ciudadanía no puede limitarse a observar desde la distancia. “La pasividad expectante es una forma de delegar el futuro”, afirman, e insistieron en que el rumbo de Venezuela dependerá tanto de las presiones externas como de la acción interna.
En el documento, la ONG también publicó varias conclusiones de todo lo ocurrido el 3 de enero y el punto de inflexión. Aquí los 13 puntos del análisis:
1. El 3 de enero como paradoja
Destacan que el 3 de enero venezolano condensa una paradoja política difícil de resolver sin incomodidad. Visto desde fuera —y especialmente desde miradas no venezolanas— el énfasis suele ponerse en la transgresión del multilateralismo, el debilitamiento del derecho internacional, el precedente para otras regiones y el retorno de lógicas de fuerza que muchos creían superadas. Desde esa perspectiva, el hecho aparece como un problema para el orden global más que como una respuesta a una crisis nacional específica.
2. El silencio militar como síntoma
La ausencia de una respuesta militar eficiente frente al ataque y la detención del 3 de enero no puede leerse como contención estratégica ni como cálculo racional. Es, ante todo, “el resultado de un proceso prolongado de desinstitucionalización, corrupción y vaciamiento operativo de la Fuerza Armada venezolana“, afirman. Señalan que el aparato de las FANB durante años fue reorganizado para el “control interno, la lealtad política y la administración de rentas” y que perdió su capacidad real de defensa territorial.
3. El hecho de fuerza fuera del manual
Durante años, las teorías de cambio sobre Venezuela se apoyaron en la lógica de los incentivos: elevar los costos de permanecer en el poder y ofrecer salidas que hicieran racional una transición negociada. Ocho iniciativas de diálogo demostraron, sin embargo, no solo la dificultad de alcanzar acuerdos, “sino la imposibilidad de que estos fueran cumplidos por la élite bolivariana”, asegura Laboratorio de Paz. En su análisis consideran que el 3 de enero introduce así un “elemento incómodo” para el análisis de las transiciones contemporáneas: el “hecho de fuerza”. Un evento violento y exógeno que irrumpe allí donde los mecanismos clásicos de presión, negociación y sanción mostraron sus límites.
4. La huida hacia adelante del chavismo
El análisis plantea una hipótesis incómoda: que parte del chavismo pudo ver en la salida de Maduro una vía para resolver su propia crisis interna. Tras el fraude del 28J, Maduro se convirtió en un “lastre” para la coalición dominante. Opinan que desplazarlo permitió abrir un canal con Estados Unidos y buscar un nuevo equilibrio político y económico.
5. Convergencia provisional de dos agendas
Estados Unidos y el gobierno venezolano coinciden temporalmente en estabilizar el país, pero sus objetivos son distintos. Washington habla de transición; el oficialismo habla de convivencia. “Esa coincidencia permite avances, pero es frágil y puede romperse cuando sus intereses vuelvan a divergir”, advierten.
6. Militarización como dispositivo interno
A juicio de Laboratorio de Paz, el discurso bélico del gobierno —amenazas de invasión, entrenamiento de milicias, exhibición de armas— se reveló “como un montaje” y el 3E demostró que ese aparato no estaba diseñado para enfrentar enemigos externos, “sino para controlar a la población y sostener el miedo”.
7. El colapso simbólico del bolivarianismo
El antiimperialismo, columna vertebral del chavismo, se derrumbó tras el 3 de enero. “La alianza funcional con Estados Unidos evidencia que ya no existe un proyecto ideológico, sino un aparato dedicado a sobrevivir. El movimiento pierde su épica y queda reducido a gestión y cálculo”, sostiene Laboratorio de Paz.
8. La excarcelación como confirmación
Desde este grupo de organizaciones consideran que las liberaciones de presos políticos “son un alivio humano”, pero confirman que la prisión fue usada como herramienta de negociación: “Los detenidos eran fichas acumuladas para un momento como este. Sin cambios estructurales, esa práctica puede repetirse”.
9. La diplomacia después del fracaso
El regreso de la embajada de Estados Unidos introduce presión real y monitoreo efectivo. Pero otras diplomacias vuelven sin revisar por qué antes fueron ineficaces, lo que podría “facilitar la recomposición del autoritarismo”. En ese sentido, alertan que la calidad de la presencia internacional será clave.
10. Transición sin deliberación
El análisis resalta que la reforma petrolera se aprobó sin debate público, “en un país donde el miedo aún condiciona la expresión” y que esto representa un riesgo: que decisiones estratégicas se tomen sin participación ciudadana bajo el argumento de la urgencia. y que la excepcionalidad puede convertirse en método.
11. El control del relato como condición
Para Laboratorio de Paz, el chavismo no cederá en libertad de expresión, pues “necesita controlar la narrativa para mantener cohesión interna y administrar el sentido de lo ocurrido”. Como confirmación de esta aseveración mencionan las represalias contra: “la apertura tiene límites estrictos”, agregaron.
12. Las elecciones como problema político
No hay fecha ni garantías para elecciones. La legitimidad de Delcy Rodríguez proviene de un acuerdo político, no de la Constitución. El riesgo es que la excepcionalidad se normalice y que el tema electoral quede indefinidamente postergado.
13. Espera como forma de política
En el último punto del análisis, Laboratorio de Paz destaca que tras el shock del 3E, buena parte de la sociedad adoptó una actitud de espera, confiando en que Estados Unidos conducirá la transición. Al respecto, hacen una advertencia concluyente: “Sin acción interna, esa expectativa equivale a delegar el futuro. El rumbo dependerá de si la ciudadanía exige garantías, derechos y elecciones, o si permanece como espectadora”.
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