Narco remembranzas. No es el primero, ni será el último. Caso Makled/Aponte Aponte por Pedro Prado

En nuestra sociedad existe una “aseveración” que reza, que como pueblo, el venezolano es de memoria “muy escaza”. Tal creencia parece verse reforzada con el escándalo de las declaraciones del ex magistrado Eladio Aponte Aponte y su relación con Walid Makled, personaje detenido por su supuesta actividad como narcotraficante, sicario, “empresario local” y quien- para muchos- pudiera convertirse en una bomba de tiempo si le da por soltar la lengua sobre sus contubernios políticos con personajes ligados al gobierno.

La relación Makled-Aponte Aponte es sólo un caso de cómo el poderoso narcotráfico puede penetrar los Estados y sus instituciones, sea en gobiernos con poderes democráticos cimentados, en regímenes autoritarios, dictaduras, autocracias, monarquías, revoluciones o cualquier otro tipo de sistema. Venezuela no es la excepción, ni lo será. Para nuestra desgracia en estos últimos años hemos tenido casos que revelan como “el imperio de la droga” nos está minando sin que las espasmódicas acciones gubernamentales hagan mella en tan gigantesco enemigo.

En esta nota no pretendemos inmiscuirnos en el debate sobre si estamos combatiendo o no el narcotráfico ni tampoco en la diatriba sobre quienes son los culpables, las naciones consumidoras o las productoras. Nuestra única intensión es tratar de apelar a la memoria reciente para tratar de demostrar que el caso Makled-Aponte Aponte es un capítulo de una macabra novela que se ha venido escribiendo con trazos lesivos que todavía (como en los caso de Colombia, México y algunos países de Centroamérica) no ha dejado correr ríos de sangre de seres humanos, inocentes o no.

Con el fin de dar sustento a lo que afirmamos, dedicaremos las siguientes líneas a recordar algunos hechos en los cuales se devela cómo el narcotráfico no es un accidente en Venezuela producto de nuestras relaciones fronterizas y ubicación geográfica en el continente. En adelante, buscaremos dejar en claro que el viejo argumento de que “somos un país de tránsito para el tráfico y comercio de estupefacientes” es cosa del pasado. Aunque nos toca precisar que, y ojalá siempre sea así, todavía no llegamos a los niveles de otros países en los cuales este mal “reina” con todo su poderío.

EL LIC. VÍCTOR CONTRERAS TAPIAS

Durante el mes de septiembre del año 2006 el entonces ministro de Interior y Justicia del gobierno nacional, Jesse Chacón, comunicó al Presidente Chávez sobre un operativo realizado en la urbanización La Lagunita en el cual resultó capturado “el segundo narcotraficante más buscado en Colombia”. De inmediato el mismo Jefe de Estado hizo el anuncio y preconizó sobre las bondades de su gobierno en la lucha contra el tráfico de drogas “gracias a que ya no trabajamos con la DEA”, puntualizó.

El personaje capturado portaba documentos “oficiales” que los identificaban como el licenciado Víctor Contreras Tapias quien, entre otras cosas, tenía en su poder un pasaporte diplomático en el que se determinaba que era “asesor del Ministerio de Finanzas”. Este y otros datos estallaron como bomba cuando se supo que el aprehendido en realidad era el conocido narco Farid Domínguez, un importante coordinador de rutas aéreas de los carteles colombianos hacia Centroamérica, México y Estados Unidos. En verdad no formaba parte de la élite de los capos de la droga pero si estaba siendo buscado por las autoridades policiales internacionales desde el año 2004.

El gobierno continuó usando la captura de Domínguez para alabar su labor policial antidrogas pero no esperaba que, luego de su deportación a Colombia en el 2007, el narcotraficante hiciera públicos detalles de cómo estuvo, por un largo tiempo, “supuestamente” vinculado con militares y funcionarios del Estado venezolano quienes le facilitaron su estadía y trabajo en nuestro país. Sus declaraciones encendieron un polvorín pero extrañamente las mismas no tuvieron consecuencias internas inmediatas y dejaron varias interrogantes que nadie en el gobierno, hasta nuestros días, ha querido despejar.

Entre las perlas que dejó caer Domínguez en la opinión pública venezolana está el relato de que él actuaba gracias al amparo de militares y funcionarios de “alto nivel gubernamental”. El detenido expuso que algunos militares en Venezuela tienen el control del narcotráfico que sale de nuestro país a distintos destinos. “Aprendieron de los colombianos el negocio…” aseguró Farid en su declaración ante las autoridades de su país.

Pero en su extensa revelación el narcotraficante confesó que, supuestamente, él coordinó la salida del vuelo de un DC-9 que habría partido de la Rampa Uno (de uso exclusivo para el avión presidencial) con un cargamento de cinco toneladas de cocaína con rumbo a México. Dicha aeronave fue descubierta por las autoridades mejicanas en el estado de Tabasco y sus pasajeros y tripulantes detenidos en abril de 2006.

Como si la anterior no fuera suficientemente grave, Domínguez puso la guinda en la torta al detallar los nombres de quienes le facilitaron su trabajo, estadía y seguridad en el país hasta que fue capturado. Farid expuso que el entonces Director de la Onidex (Dirección de Identificación y Extranjería) Hugo Cabezas fue quien “personalmente” le ofreció ordenar la tramitación de su cédula y pasaporte venezolano. “Vas a nacer en Venezuela”, le habría dicho Cabezas al narco para garantizarle la obtención de sus documentos venezolanos. Como se sabe Hugo Cabezas pasó de la Onidex a ser secretario del Presidente de La República y hoy es gobernado de Trujillo.

El narcotraficante Farid Domínguez también señaló al comisario Marcos Chávez (entonces Director del CICPC) como “su amigo”. También citó al Gral. GN Jesús Rodríguez, a Jesús Intriago (para la fecha Jefe Antidrogas del CICPC), al ex directivo de la Oficina Nacional Antidrogas, Luis Correa, y otros funcionarios como parte de su círculo de conexiones durante su permanencia en Venezuela. El narcotraficante colombiano no cerró la boca sin antes decir que: “los militares del Cartel de los Soles (organización en la cual los capos son militares venezolanos) se quedan con grandes cargamentos y ellos son los que luego los trafican o trasiegan”.

Este caso de Farid Domínguez es más que revelador pero lo que llama la atención es lo poco que las autoridades venezolanas han dicho sobre el particular. Que sepamos nadie está investigado, y mucho menos detenido, a pesar de lo expuesto por el narcotraficante que en la actualidad paga condena en Estados Unidos. La voz de la Fiscalía, los tribunales, la Asamblea o el Ejecutivo poco, o nada, se oyeron en su momento y ahora tampoco.

La historia de Farid Domínguez quizás fue “olvidada” porque su jerarquía es de rango medio pero no deja de evidenciar cuán lejos puede llegar el narcotráfico en una nación tan vulnerable como Venezuela, sobre todo cuando la impunidad pareciera ser ley. Sin embargo, en el caso que reseñaremos a continuación no hablaremos de un “capo tapa amarilla” sino de uno que estuvo en la élite del la organización del tráfico de drogas y quien vivía en Venezuela ante la mirada complaciente de nuestras autoridades.

CUANDO ¨EL JABON¨ LAVA NO LA CARA.

Cuando el propietario del Hotel “Fresh Air”, ubicado en el estado Mérida, se enteró que en una de las habitaciones de su negocio habían sido encontrado los cuerpos sin vida de dos hombres, nunca imaginó que ese hecho tendría la trascendencia continental que le dio el que uno de los ajusticiados fuera un importantísimo capo de los carteles de la droga a nivel mundial. El posadero, quizás, pensó en un principio que se trataba de un hecho violento más de los que semana a semana vivimos en esta Venezuela de hoy. Cuan equivocado estaba el señor.

Con la llegada de las autoridades policiales las primeras indagaciones señalaban que uno de los dos hombres asesinados a balazos respondía- según sus documentos “venezolanos”- al nombre de José Antonio Pérez Chacón. Hasta allí todo parecía “normal”. No obstante, partiendo de algunos detalles que llamaron la atención de las autoridades, al profundizar más sobre crimen y la identidad de los fallecidos los cuerpos policiales descubrieron que Pérez Chacón (cual personaje salido del “Pedro Navaja”de Rubén Blades) no era quien decía sus papeles de identificación sino el buscado capo, y exlíder del Cartel de Norte del Valle Colombia, Wilber Varela, mejor conocido como “El Jabón”.

La noticia del asesinato de Varela corrió como pólvora en medios colombianos y continentales pero en Venezuela el gobierno fue más bien parco en el tratamiento informativo de este hecho que revelaba que un capo de la droga, peso pesado, tenía a nuestro país como refugio y centro de operaciones. A “El Jabón” lo habrían asesinado junto a su mano derecha (alias Grasoso) sicarios contratados por sus enemigos. ¿Pero qué hacía este importante narcotraficante en Venezuela? ¿Por qué escogió nuestro país pudiendo ir a otro lugar? ¿Sabían o no las autoridades venezolanas de la presencia en nuestro territorio del buscado delincuente? Estas son algunas de las interrogantes que hasta hoy pocas respuestas han tenido.

La muerte de Varela se produjo en el 2008 pero informes de las autoridades policiales internacionales reflejan que el sanguinario narcotraficante mantenía negocios en nuestro país desde la década de los noventa y que decidió instalarse en Venezuela desde el 2004. Tales datos resultan llamativos ya que es complicado creer que gobierno alguno no tenga información sobre las actividades de un bandolero por el cual las autoridades norteamericanas pagaban $ 5 millones por su captura.

Para precisar el peso que tenía Wilber Varela en el mundo del narcotráfico es menester acotar que en principio fue un miembro de los cuerpos policiales colombianos y con el tiempo su ambición lo llevó a incorporarse al mundo de las drogas. Como suele suceder, fungió como sicario ligado al famoso Cartel de los hermanos Rodríguez Orejuela (hoy presos en USA) hasta que logró- conjuntamente con otros- independizarse y formar parte de la jerarquía del Cartel del Valle del Norte, organización que vino a suplir a los legendarios carteles de Medellín y Cali en el negocio del tráfico de drogas a nivel universal.

Con el transcurrir del tiempo los problemas afloraron entre los jefe del Cartel del Norte, desatándose una guerra entre ellos ( “Rastrojos” contra “Machos”)la cual sembró de miles de cadáveres a esa zona colombiana. El sangriento enfrentamiento de “El Jabón” con sus enemigos, “Don Diego” y “Chupeta”, obligó a Varela a escapar para salvar su vida. Debido a “lo bien que siempre le fue por estos lados”, seleccionó a Venezuela como su refugio.

Al llegar al país, aproximadamente en el 2004, Varela hizo los contactos necesarios para hacerse de una identidad venezolana, adquirió bienes en varias partes de nuestro territorio y desplegó toda su actividad para continuar con su negocio de tráfico de drogas a varias partes del mundo. De acuerdo con nuestras fuentes, “El Jabón” operaba un corredor comprendido entre los andes venezolanos y el oriente del país que le facilitaba la ruta del tráfico de drogas, sobre todo, hacia Europa. Las mismas fuentes señalan que Varela contaba con la colaboración de las autoridades antidrogas del CICPC-oriente- en especial de un comisario de apellido Ibarreto.

En las investigaciones independientes que derivaron de la muerte de Wilber Varela, es conoció que el capo de la droga habría contado con una amplia custodia que le brindaban, supuestamente, cuerpos de seguridad de los estados Anzoátegui y Sucre. Llama la atención que la presencia de “El Jabón” en Venezuela no era tan “clandestina” ya que- al margen de los informes que autoridades colombianas remitían a sus pares nacionales- la prensa alertó sobre sus actividades en nuestro territorio pero la respuesta gubernamental fue la inmediata negación y descalificación de las versiones de los medios y comunicadores.

Es particularmente paradójico, por decir lo menos, que frente a las informaciones de prensa sobre la estancia de Varela en el país, una connotada figura política ligada al gobierno, como el Dr. José Vicente Rangel, así como los Jefes de la ONA, desmintieran con vehemencia que el capo del Cartel del Norte estuviera en suelo patrio. Rangel llegó a exponer en su programa televisivo que estas versiones obedecían al interés de los enemigos de la revolución de crear un expediente, tipo Rafael Noriega, en contra del gobierno de Chávez. Después de tal argumento, al poco tiempo asesinan a “El Jabón”.

En otra curiosa reacción de los representantes del gobierno respecto al asesinato de Varela en el país, el tristemente célebre ex ministro Rodríguez Chacín ofreció unas declaraciones a la prensa mostrando una computadora que encontraron junto al cadáver del narco colombiano. El funcionario se limitó, seguramente tratando de desviar la atención, a decir que en ordenador habían encontrado información que vinculaba al antiguo Jefe policial de Colombia, el Gral. Oscar Naranjo, con el narcotráfico y que el entonces ministro de la defensa de ese país, Juan Manuel Santos, fue sobornado por los carteles para que el citado militar ocupara el cargo policial en el vecino país.

La exposición mediática de Rodríguez Chacín no dijo nada sobre otros detalles de la presencia de “El Jabón” en Venezuela, sobre sus actividades, conexiones y las responsabilidades que habrían tenido supuestos funcionarios gubernamentales que ayudaron al capo a vivir a salvo en nuestro país por años. Tampoco quiso el ministro hacer referencia a lo revelado por fuentes colombianas según las cuales en la computadora del exlíder del Cartel del Norte del Valle se encontraron mensajes codificados que precisaban las relaciones de Wilber Varela con autoridades venezolanas, sus nombre, cargos y qué tipo de participación tuvieron en su estructura de tráfico de drogas.

La muerte de este importante jefe de la droga sigue rodeada de un sinfín de misterios y dudas hasta la fecha y a nadie parece interesarle que esta tenebrosa historia se esclarezca. Lo que si parece cierto es que el narcotráfico tocó nuestras puertas hace bastante tiempo y hay personas que lo han invitado a pasar. Con este caso y el de Domínguez, el escándalo de Makled-Aponte Aponte luce coherente, por lo menos. Walid Makled no es un capo de la droga como lo fue El Jabón ni operaba en los niveles de Farid. No obstante llegó a tocar el Olimpo del poder y seguramente no será el último, para nuestra desgracia.

Los dos casos que hemos citado son parte de una trama que elabora el narcotráfico que es la más poderosa organización de opera en el mundo entero y frente a la cual ningún gobierno ha tenido buenos resultado. El nuestro deberían ser más vigilante y no tomar al episodio Makled-Aponte Aponte como carne de cañón político. Bueno sería que empezáramos a vernos en los macabros espejos de las experiencias vividas en Colombia y México. Los narcos no tienen ideologías…

 

Por Pedro Prado

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En nuestra sociedad existe una “aseveración” que reza, que como pueblo, el venezolano es de memoria “muy escaza”. Tal creencia parece verse reforzada con el escándalo de las declaraciones del ex magistrado Eladio Aponte Aponte y su relación con Walid Makled, personaje detenido por su supuesta actividad como narcotraficante, sicario, “empresario local” y quien- para muchos- pudiera convertirse en una bomba de tiempo si le da por soltar la lengua sobre sus contubernios políticos con personajes ligados al gobierno.

La relación Makled-Aponte Aponte es sólo un caso de cómo el poderoso narcotráfico puede penetrar los Estados y sus instituciones, sea en gobiernos con poderes democráticos cimentados, en regímenes autoritarios, dictaduras, autocracias, monarquías, revoluciones o cualquier otro tipo de sistema. Venezuela no es la excepción, ni lo será. Para nuestra desgracia en estos últimos años hemos tenido casos que revelan como “el imperio de la droga” nos está minando sin que las espasmódicas acciones gubernamentales hagan mella en tan gigantesco enemigo.

En esta nota no pretendemos inmiscuirnos en el debate sobre si estamos combatiendo o no el narcotráfico ni tampoco en la diatriba sobre quienes son los culpables, las naciones consumidoras o las productoras. Nuestra única intensión es tratar de apelar a la memoria reciente para tratar de demostrar que el caso Makled-Aponte Aponte es un capítulo de una macabra novela que se ha venido escribiendo con trazos lesivos que todavía (como en los caso de Colombia, México y algunos países de Centroamérica) no ha dejado correr ríos de sangre de seres humanos, inocentes o no.

Con el fin de dar sustento a lo que afirmamos, dedicaremos las siguientes líneas a recordar algunos hechos en los cuales se devela cómo el narcotráfico no es un accidente en Venezuela producto de nuestras relaciones fronterizas y ubicación geográfica en el continente. En adelante, buscaremos dejar en claro que el viejo argumento de que “somos un país de tránsito para el tráfico y comercio de estupefacientes” es cosa del pasado. Aunque nos toca precisar que, y ojalá siempre sea así, todavía no llegamos a los niveles de otros países en los cuales este mal “reina” con todo su poderío.

EL LIC. VÍCTOR CONTRERAS TAPIAS

Durante el mes de septiembre del año 2006 el entonces ministro de Interior y Justicia del gobierno nacional, Jesse Chacón, comunicó al Presidente Chávez sobre un operativo realizado en la urbanización La Lagunita en el cual resultó capturado “el segundo narcotraficante más buscado en Colombia”. De inmediato el mismo Jefe de Estado hizo el anuncio y preconizó sobre las bondades de su gobierno en la lucha contra el tráfico de drogas “gracias a que ya no trabajamos con la DEA”, puntualizó.

El personaje capturado portaba documentos “oficiales” que los identificaban como el licenciado Víctor Contreras Tapias quien, entre otras cosas, tenía en su poder un pasaporte diplomático en el que se determinaba que era “asesor del Ministerio de Finanzas”. Este y otros datos estallaron como bomba cuando se supo que el aprehendido en realidad era el conocido narco Farid Domínguez, un importante coordinador de rutas aéreas de los carteles colombianos hacia Centroamérica, México y Estados Unidos. En verdad no formaba parte de la élite de los capos de la droga pero si estaba siendo buscado por las autoridades policiales internacionales desde el año 2004.

El gobierno continuó usando la captura de Domínguez para alabar su labor policial antidrogas pero no esperaba que, luego de su deportación a Colombia en el 2007, el narcotraficante hiciera públicos detalles de cómo estuvo, por un largo tiempo, “supuestamente” vinculado con militares y funcionarios del Estado venezolano quienes le facilitaron su estadía y trabajo en nuestro país. Sus declaraciones encendieron un polvorín pero extrañamente las mismas no tuvieron consecuencias internas inmediatas y dejaron varias interrogantes que nadie en el gobierno, hasta nuestros días, ha querido despejar.

Entre las perlas que dejó caer Domínguez en la opinión pública venezolana está el relato de que él actuaba gracias al amparo de militares y funcionarios de “alto nivel gubernamental”. El detenido expuso que algunos militares en Venezuela tienen el control del narcotráfico que sale de nuestro país a distintos destinos. “Aprendieron de los colombianos el negocio…” aseguró Farid en su declaración ante las autoridades de su país.

Pero en su extensa revelación el narcotraficante confesó que, supuestamente, él coordinó la salida del vuelo de un DC-9 que habría partido de la Rampa Uno (de uso exclusivo para el avión presidencial) con un cargamento de cinco toneladas de cocaína con rumbo a México. Dicha aeronave fue descubierta por las autoridades mejicanas en el estado de Tabasco y sus pasajeros y tripulantes detenidos en abril de 2006.

Como si la anterior no fuera suficientemente grave, Domínguez puso la guinda en la torta al detallar los nombres de quienes le facilitaron su trabajo, estadía y seguridad en el país hasta que fue capturado. Farid expuso que el entonces Director de la Onidex (Dirección de Identificación y Extranjería) Hugo Cabezas fue quien “personalmente” le ofreció ordenar la tramitación de su cédula y pasaporte venezolano. “Vas a nacer en Venezuela”, le habría dicho Cabezas al narco para garantizarle la obtención de sus documentos venezolanos. Como se sabe Hugo Cabezas pasó de la Onidex a ser secretario del Presidente de La República y hoy es gobernado de Trujillo.

El narcotraficante Farid Domínguez también señaló al comisario Marcos Chávez (entonces Director del CICPC) como “su amigo”. También citó al Gral. GN Jesús Rodríguez, a Jesús Intriago (para la fecha Jefe Antidrogas del CICPC), al ex directivo de la Oficina Nacional Antidrogas, Luis Correa, y otros funcionarios como parte de su círculo de conexiones durante su permanencia en Venezuela. El narcotraficante colombiano no cerró la boca sin antes decir que: “los militares del Cartel de los Soles (organización en la cual los capos son militares venezolanos) se quedan con grandes cargamentos y ellos son los que luego los trafican o trasiegan”.

Este caso de Farid Domínguez es más que revelador pero lo que llama la atención es lo poco que las autoridades venezolanas han dicho sobre el particular. Que sepamos nadie está investigado, y mucho menos detenido, a pesar de lo expuesto por el narcotraficante que en la actualidad paga condena en Estados Unidos. La voz de la Fiscalía, los tribunales, la Asamblea o el Ejecutivo poco, o nada, se oyeron en su momento y ahora tampoco.

La historia de Farid Domínguez quizás fue “olvidada” porque su jerarquía es de rango medio pero no deja de evidenciar cuán lejos puede llegar el narcotráfico en una nación tan vulnerable como Venezuela, sobre todo cuando la impunidad pareciera ser ley. Sin embargo, en el caso que reseñaremos a continuación no hablaremos de un “capo tapa amarilla” sino de uno que estuvo en la élite del la organización del tráfico de drogas y quien vivía en Venezuela ante la mirada complaciente de nuestras autoridades.

CUANDO ¨EL JABON¨ LAVA NO LA CARA.

Cuando el propietario del Hotel “Fresh Air”, ubicado en el estado Mérida, se enteró que en una de las habitaciones de su negocio habían sido encontrado los cuerpos sin vida de dos hombres, nunca imaginó que ese hecho tendría la trascendencia continental que le dio el que uno de los ajusticiados fuera un importantísimo capo de los carteles de la droga a nivel mundial. El posadero, quizás, pensó en un principio que se trataba de un hecho violento más de los que semana a semana vivimos en esta Venezuela de hoy. Cuan equivocado estaba el señor.

Con la llegada de las autoridades policiales las primeras indagaciones señalaban que uno de los dos hombres asesinados a balazos respondía- según sus documentos “venezolanos”- al nombre de José Antonio Pérez Chacón. Hasta allí todo parecía “normal”. No obstante, partiendo de algunos detalles que llamaron la atención de las autoridades, al profundizar más sobre crimen y la identidad de los fallecidos los cuerpos policiales descubrieron que Pérez Chacón (cual personaje salido del “Pedro Navaja”de Rubén Blades) no era quien decía sus papeles de identificación sino el buscado capo, y exlíder del Cartel de Norte del Valle Colombia, Wilber Varela, mejor conocido como “El Jabón”.

La noticia del asesinato de Varela corrió como pólvora en medios colombianos y continentales pero en Venezuela el gobierno fue más bien parco en el tratamiento informativo de este hecho que revelaba que un capo de la droga, peso pesado, tenía a nuestro país como refugio y centro de operaciones. A “El Jabón” lo habrían asesinado junto a su mano derecha (alias Grasoso) sicarios contratados por sus enemigos. ¿Pero qué hacía este importante narcotraficante en Venezuela? ¿Por qué escogió nuestro país pudiendo ir a otro lugar? ¿Sabían o no las autoridades venezolanas de la presencia en nuestro territorio del buscado delincuente? Estas son algunas de las interrogantes que hasta hoy pocas respuestas han tenido.

La muerte de Varela se produjo en el 2008 pero informes de las autoridades policiales internacionales reflejan que el sanguinario narcotraficante mantenía negocios en nuestro país desde la década de los noventa y que decidió instalarse en Venezuela desde el 2004. Tales datos resultan llamativos ya que es complicado creer que gobierno alguno no tenga información sobre las actividades de un bandolero por el cual las autoridades norteamericanas pagaban $ 5 millones por su captura.

Para precisar el peso que tenía Wilber Varela en el mundo del narcotráfico es menester acotar que en principio fue un miembro de los cuerpos policiales colombianos y con el tiempo su ambición lo llevó a incorporarse al mundo de las drogas. Como suele suceder, fungió como sicario ligado al famoso Cartel de los hermanos Rodríguez Orejuela (hoy presos en USA) hasta que logró- conjuntamente con otros- independizarse y formar parte de la jerarquía del Cartel del Valle del Norte, organización que vino a suplir a los legendarios carteles de Medellín y Cali en el negocio del tráfico de drogas a nivel universal.

Con el transcurrir del tiempo los problemas afloraron entre los jefe del Cartel del Norte, desatándose una guerra entre ellos ( “Rastrojos” contra “Machos”)la cual sembró de miles de cadáveres a esa zona colombiana. El sangriento enfrentamiento de “El Jabón” con sus enemigos, “Don Diego” y “Chupeta”, obligó a Varela a escapar para salvar su vida. Debido a “lo bien que siempre le fue por estos lados”, seleccionó a Venezuela como su refugio.

Al llegar al país, aproximadamente en el 2004, Varela hizo los contactos necesarios para hacerse de una identidad venezolana, adquirió bienes en varias partes de nuestro territorio y desplegó toda su actividad para continuar con su negocio de tráfico de drogas a varias partes del mundo. De acuerdo con nuestras fuentes, “El Jabón” operaba un corredor comprendido entre los andes venezolanos y el oriente del país que le facilitaba la ruta del tráfico de drogas, sobre todo, hacia Europa. Las mismas fuentes señalan que Varela contaba con la colaboración de las autoridades antidrogas del CICPC-oriente- en especial de un comisario de apellido Ibarreto.

En las investigaciones independientes que derivaron de la muerte de Wilber Varela, es conoció que el capo de la droga habría contado con una amplia custodia que le brindaban, supuestamente, cuerpos de seguridad de los estados Anzoátegui y Sucre. Llama la atención que la presencia de “El Jabón” en Venezuela no era tan “clandestina” ya que- al margen de los informes que autoridades colombianas remitían a sus pares nacionales- la prensa alertó sobre sus actividades en nuestro territorio pero la respuesta gubernamental fue la inmediata negación y descalificación de las versiones de los medios y comunicadores.

Es particularmente paradójico, por decir lo menos, que frente a las informaciones de prensa sobre la estancia de Varela en el país, una connotada figura política ligada al gobierno, como el Dr. José Vicente Rangel, así como los Jefes de la ONA, desmintieran con vehemencia que el capo del Cartel del Norte estuviera en suelo patrio. Rangel llegó a exponer en su programa televisivo que estas versiones obedecían al interés de los enemigos de la revolución de crear un expediente, tipo Rafael Noriega, en contra del gobierno de Chávez. Después de tal argumento, al poco tiempo asesinan a “El Jabón”.

En otra curiosa reacción de los representantes del gobierno respecto al asesinato de Varela en el país, el tristemente célebre ex ministro Rodríguez Chacín ofreció unas declaraciones a la prensa mostrando una computadora que encontraron junto al cadáver del narco colombiano. El funcionario se limitó, seguramente tratando de desviar la atención, a decir que en ordenador habían encontrado información que vinculaba al antiguo Jefe policial de Colombia, el Gral. Oscar Naranjo, con el narcotráfico y que el entonces ministro de la defensa de ese país, Juan Manuel Santos, fue sobornado por los carteles para que el citado militar ocupara el cargo policial en el vecino país.

La exposición mediática de Rodríguez Chacín no dijo nada sobre otros detalles de la presencia de “El Jabón” en Venezuela, sobre sus actividades, conexiones y las responsabilidades que habrían tenido supuestos funcionarios gubernamentales que ayudaron al capo a vivir a salvo en nuestro país por años. Tampoco quiso el ministro hacer referencia a lo revelado por fuentes colombianas según las cuales en la computadora del exlíder del Cartel del Norte del Valle se encontraron mensajes codificados que precisaban las relaciones de Wilber Varela con autoridades venezolanas, sus nombre, cargos y qué tipo de participación tuvieron en su estructura de tráfico de drogas.

La muerte de este importante jefe de la droga sigue rodeada de un sinfín de misterios y dudas hasta la fecha y a nadie parece interesarle que esta tenebrosa historia se esclarezca. Lo que si parece cierto es que el narcotráfico tocó nuestras puertas hace bastante tiempo y hay personas que lo han invitado a pasar. Con este caso y el de Domínguez, el escándalo de Makled-Aponte Aponte luce coherente, por lo menos. Walid Makled no es un capo de la droga como lo fue El Jabón ni operaba en los niveles de Farid. No obstante llegó a tocar el Olimpo del poder y seguramente no será el último, para nuestra desgracia.

Los dos casos que hemos citado son parte de una trama que elabora el narcotráfico que es la más poderosa organización de opera en el mundo entero y frente a la cual ningún gobierno ha tenido buenos resultado. El nuestro deberían ser más vigilante y no tomar al episodio Makled-Aponte Aponte como carne de cañón político. Bueno sería que empezáramos a vernos en los macabros espejos de las experiencias vividas en Colombia y México. Los narcos no tienen ideologías…

 

Por Pedro Prado

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